Cuando el sarcófago se abrió por fin y A-Yon dio un paso al frente, lo primero que hizo fue mirar al sarcófago de Nadia. Su puerta se abría en ese momento dejando salir a una B-Lina sangrante. La vio adelantarse a la mesa y quitar la tapa del complejo vitamínico. Después lo miró ella a él con su único ojo. No sonrió.

—No me jodas... —empezó a decir.

Yon sí que sonrió.

—Hola, B-Lina —dijo.

La mujer entendió a medias lo que estaba ocurriendo, una multitud de hipótesis a cada cual más enloquecida asaltaron su todavía adormecida mente.

—Soy A-Lina —acertó a responder.

Entonces Yon soltó la carcajada.

—Ya quisieras.

Un miembro despertado del puente que miraba por el ventanal empezó a gritar.

—¡Jefe! ¡Jefe! ¡Venga aquí, mire esto!

Yon tomó su frasco de vitaminas y se aproximó a la ventana para ver qué ocurría. B-Lina lo siguió.

Afuera, a lo lejos, frente al lento amanecer del sol de Mundala, se veían edificios. Una ciudad. Las flores rojas habían desaparecido y en su lugar se observaban multitud, miles, de enormes cajas apiladas. También había personas. Mundanos. Como siempre, desnudos y armados con arcos y flechas. Algunos corrieron hacia la ciudad y otros se colocaron en formación delante de las cajas, con las flechas en los arcos. Preparados.

—Buff, sin el polvo rojo me va a costar entender lo que está pasando —dijo A-Yon antes de dar un trago de su complejo.

B-Lina afinó la vista de su único ojo.

—Mira, jefe, ahí veo algunas Nadias. Podrás hacer con ellas lo mismo que has hecho contigo para volver a ser humano. —Su tono de voz era el de reproche que A-Yon había odiado siempre.

—Con Nadia, no. Si Clara quiere, lo haré con ella.

Entonces B-Lina clavó su ojo en A-Yon.

—¿Pero cómo lo has hecho, cabrón?

A-Yon volvió a sonreir.

—No fui yo. Fue Dios.

El trato comercial

Los soldados zeta permanecían en formación. Portaban láseres con aspecto de subfusil de asalto, aunque estos apuntaban al suelo por orden de A-Yon.

Por su parte, multitud de copias mundanas hacían lo propio con sus arcos y flechas.

Ambos ejércitos se observaban frente a frente. Unos cubiertos con armaduras de exterior y los otros completamente desnudos.

A-Yon se adelantó y colocó delante de dos soldados. B-Lina permaneció detrás, usando su posición de consejera mientras esta durase.

—Ten cuidado, Yon —aconsejó B-Lina por una frecuencia privada.

—Cállate —aconsejó a su vez A-Yon.

La consejera cerró el canal para que A-Yon no pudiera oír su réplica.

Aparecieron varios mundanos, copias de Yon, Nadia y Clara. Esquivaron a los arqueros y se colocaron frente a A-Yon.

Fue el yon quien habló primero.

—Bueno, habéis regresado —dijo, con lento acento mundano.

—Claro —confirmó A-Yon.

—¿Cómo has vuelto a ser humano? —preguntó la nadia.

—Cosas de Hara. Ahora es Dios.

—Vaya, ¿en serio, el niñato psicópata? —se asombró la clara.

A-Yon se encogió de hombros.

—Cosas que pasan. Ya os contaré.

Quedaron en silencio unos segundos hasta que A-Yon se decidió a hablar.

—Bien, veo que habéis recogido y embalado la cosecha.

—Sabemos que es lo único que os importa, lo único que os hará regresar una y otra vez —dijo el yon.

A-Yon suspiró de forma audible, a propósito, para que todos pudieran oírlo.

—Tenéis un producto adictivo que necesitan en la Tierra para mantener la adicción. Al mismo tiempo, un Tercero, también Adicto, necesita el otro polvo para seguir soñando.

—¿Leíste el papel número 3? —preguntó la clara, interesada.

—Sí. La Hipótesis es correcta.

Unos segundos de silencio después, el yon habló:

—¿Entonces?

A-Yon miró a los ojos de la clara. Aun siendo una copia de mierda de la antigua Clara humana, conservaban la bella curiosidad que tanto le gustaba.

Sonrió ligeramente antes de responder.

—Entonces existiremos.

© Eduardo Delgado Zahino,
(652 palabras) Créditos Créditos