En Blackland

3 de Mesidor del 12054

(Dos años y dos días después del Día R)

Pasaron dos días desde el incidente en Turcaid. El centro asambleario de Citrin se encontraba mucho más concurrido que cuando se había realizado la presentación de Alfonso.

El pueblo ya había sido informado de la desaparición física de DIOS, lo cual había traído intensos debates dentro de las asambleas. Desde las mismas se enviaron varias propuestas y ese día se debatirían en la mesa, y se decidiría el siguiente paso.

En el recinto se encontraban los delegados de las siete comunidades, la asamblea había comenzado hacía cuatro horas. La puerta se abrió, todas las personas presentes dejaron de hablar. El silencio inundó el lugar. Había ingresado Alfonso en silla de ruedas, Nakawé lo acompañaba.

Todos los asientos, cercanos al estrado, habían sido ocupados a excepción de tres lugares, reservados para los recién llegados y un tercero para Roman.

Cuando el occidental se recuperó lo suficiente, una vez que su vida no corría peligro de muerte, se emitió un comunicado que fue transmitido a todas las comunidades. Él había certificado los dichos de Nakawé, por lo que ese día se definiría el futuro de Roman.

Endive, la co-secretaria del Consejo Regional tomó la palabra.

—Ya con Alfonso presente procedemos a comunicar el acuerdo que se tomó sobre la cuestión que concierne a la actualidad del compañero Roman. Él mismo certificó lo dicho por Nakawé —ojeó la carpeta que tenía delante suyo—, que habían atestiguado el intento de homicidio por parte de Lierre y una vil indiferencia por parte de Roman, sugiriendo, además, el abandono del herido para su muerte.

Por unanimidad, por parte de las Siete Comunidades se define que el ausente Roman sea vetado de toda actividad administrativa, no pudiendo integrar ningún tipo de Comité —murmullos y comentarios se escuchaban en el recinto—. En lo que respecta a su actividad académica, va a continuar con la misma, tal cual la venía haciendo. Seguirá trabajando, sigue siendo un habitante de Blackland.

Aunque la decisión fue unánime, había quienes no estaban cien por ciento de acuerdo con la decisión, Alfonso sentía el fervor de las personas y suponía que el deseo de las mismas era que Roman se hiciera presente.

Yavi tomó la palabra.

—Ya que hemos concluido con el último tema que debíamos tratar, vamos a proceder dejando asentado lo acordado en esta asamblea.

En primer término, por la caída de DIOS, se permitirá realizar vuelos, por lo que se conformará una escuela de aviación y se permitirá que voluntarios comiencen a aprender a volar. Para esto se convocará a los viejos pilotos con experiencia antes del Día del Arcoíris, para que nos ayuden en esta empresa. En segundo término, se creará una milicia armada de voluntarios para prevenir la potencial llegada de visitantes hostiles.

En tercer término, se formará un equipo expedicionario que hará contacto con Occidente, para que nos conozca e informe sobre la situación que se esté viviendo allí. Ese equipo será el encargado de escoltar a Alfonso hasta Italia.

Al escuchar esto Alfonso se llenó de regocijo. Su felicidad y excitación le hicieron resentirse de su herida. Observaba a Nakawé que desvelaba una anchurosa sonrisa, la más amplia y honesta que le había visto mostrar. Sentía que la había perdonado, ella le había dado el impulso para dirigirse hacia el barco, ella le había propuesto trabajar, por esto pudo conocer a Sathiri. Y para concluir, ella le había salvado la vida, dos veces. El rencor y la desconfianza habían quedado atrás.

—En cuarto término y último —finalizó Yavi—, se acuerda que el Comité de Defensa que antes estaba administrado por el Comité de Transporte y Comunicación, se desprenderá del mismo formando así el nuevo Comité de Protección, con miembros de todos los distritos y con una supervisión constante por parte del Consejo Regional. Proponemos a Nakawé y a Alfonso para que formen parte de ese Comité.

La asamblea había concluido y el asiento reservado para Roman aún seguía vacío. Al saber que Alfonso había sobrevivido al embate de Lierre, eligió alejarse en un autoimpuesto ostracismo.

* * *

Al salir de la Asamblea, Sathiri se encargó de trasladar a Alfonso en silla de ruedas hacia el comedor comunitario.

—Maldito occidental, creí que te iba a perder. Cuando ya puedas sentarte, por varias horas consecutivas, vamos a pasear por el bosque a tomar té.

—Perdí mucha sangre, pero tuve suerte con mis órganos. En cuestión de días al menos podré comenzar a tomar té.

Sathiri lo acomodaba al lado de una mesa.

—En el centro de salud de Turcaid me confesaste que te sentiste traicionado cuando supiste de mi relación con Mario.

—Una sensación algo paternalista, ¿verdad?

El hombre se sonrojó.

—Si así lo pensé.

—Es más, hasta creía que me debías una explicación.

Sathiri estalló en risas y prosiguió mientras le acercaba un vaso con agua.

—Mario me había pedido que no te revelara nada, ya que recién habíamos decidido comenzar a conocernos, y así lo hice.

—Supongo que, al formar parte del Comité de Defensa, debió actuar conmigo según los acuerdos que tomaron. ¿No?

—Ay Alfonso, tú sabes que te aprecia. Las cosas comenzaran a manejarse de otra manera.

—Necesito reposar, necesito descansar, necesito tiempo para analizar nuevamente mi situación.

La chica comenzó a tomar un café.

—El té en el bosque te espera.

—Un té a solas, si eres tan amable —bromeó—. Un té entre tú, yo y la Tierra madre...

Sathiri sonrió con algo de ternura.

—Madre Tierra.

© Marcos Enrique, (552 palabras) Créditos