En Blackland

21 de diciembre del 2141 / 01 de Mesidor del 12054

(00 horas - El Día R)

Doce de la noche.

Durante la última media hora Alfonso había caminado varias cuadras, recorriendo algunas calles de Citrin, meditando y reflexionando, ahora en soledad, haciendo algo de tiempo hasta que llegase la hora de contar la verdad.

Llegó el momento, y marchó hacía la casa en donde vivía Nakawé y Úrsula. Lierre e Indajani ya estaban allí, algo expectantes. Él ingresó, Lierre e Indajani lo recibieron con un abrazo, Nakawé le dio un beso en la mejilla, y Úrsula le brindó un vaso de jugo de naranja y una copa de vino, él solo tomó el jugo.

—La correspondencia que nos enviaste nos causó mucha intriga. Has dicho que hoy es un día especial para ti. ¿Cuál es el motivo? —pregunto Nakawé.

—Así como ustedes me han puesto en contexto cada vez que lo he precisado, ahora yo siento la necesidad de hacerlo, para luego explicar el auténtico quid de la cuestión.

—Toma asiento querido Alfonso —indicó Lierre.

Sin embargo, él prefirió quedarse de pie, negando al hombre amablemente con la cabeza, y continuó en esa posición. Realizó una larga exhalación, y tomó un largo trago del jugo, y mientras cerraba los ojos para armarse de valor recordó la sensación que tuvo al sentir el suelo en la planta de sus pies, luego el humo, las piedras y la pluma; y comenzó:

—He trabajado para la Organización Internacional por la Paz, como el ingeniero enviado para instalar cables interoceánicos que conecten las islas del sudeste asiático. El objetivo de la misión era restaurar la fluida comunicación entre casi todos los países del mundo. De esta manera podrían coordinar un plan global.

La urgencia por retornar a mi Europa, a mi tierra conllevó que nos arriesgáramos al dirigirnos de Filipinas hacia Japón en medio de una gran tormenta, una decisión que finalmente me condujo trágicamente a Blackland. Esa urgencia, por mi parte estaba absolutamente condicionada por el deseo que tengo de conocer a mi hija... —realizó una pausa, tomó otro sorbo del jugo, esta vez le costó algo de trabajo tragar— pero la causareal que me llevó precipitar el viaje fue la información que había recibido en Filipinas durante la realización de nuestra labor. La información que se estaba transmitiendo por los cables que habíamos instalado hablaba de un Día especial. Un Día que se venía preparando desde hacía unos años, a partir de un enorme esfuerzo diplomático, del cual éramos parte — consideró que en ese momento ya no sería pertinente explicar que había realizado la mayor parte del trabajo, sin el conocimiento del objetivo inicial, pero finalmente lo aclaró—. Aunque en un principio yo lo ignoraba.

Con la restauración de la comunicación, permitiríamos la coordinación para la llegada de ese día.

Lierre algo impaciente expresó.

— ¿Ese Día Especial es el quid de la cuestión?

—Exactamente —Alfonso tomó asiento para proseguir—. Durante ese día se realizaría simultáneamente un ataque global. Este día es el denominado Día R —Nakawé se puso de pie, y lo siguió escuchando ligeramente tenso—. En el Día R todas las naciones del mundo lanzarían un ataque simultáneo que derribaría a El Ojo, a DIOS —todos los allí presentes estaban paralizados, intentando digerir esta información—. De acuerdo a los cálculos realizados, la cantidad de misiles lanzados sobrepasaría su capacidad de defensa. Por lo que a pesar de que interceptara gran número de ellos, sus contramedidas no darían a basto, y al menos uno de los misiles impactaría con cada satélite que lo componen. En Filipinas decidí abortar mi misión, en ese país confirmé que faltaban solo treinta días para el acontecimiento, y quería estar ese día con mi familia.

En el Día R, Día Rocket, el Día de Misil, El Ojo sería destruido. El plan global de las Organización Internacional por la Paz, se cumpliría.

Mi ideología, mi manera de ver al mundo, mi realidad occidental me llevaba a desear el advenimiento de este día, siempre creí que a partir de entonces el oscurantismo comenzaría a desaparecer de Occidente. Desde mi llegada a esta isla comprendí que existe otra perspectiva para con DIOS, conocí el punto de vista de los habitantes de Blackland, por lo tanto, contarles esta información me resultaba cada vez más difícil.

Al escuchar esto, Lierre e Indajani comenzaron a llorar. Nakawé, algo más fría seguía escuchando, Úrsula la abrazaba desde atrás.

—Hoy es un día muy particular, hoy debería estar con mi familia, con mi hija, en Italia. Hoy es el Día R.

Lierre, con los ojos inyectados de sangre dijo.

—DIOS ha muerto —Se puso de pie, desconsolado, Indajani lo abrazaba.

—Eso es lo que teóricamente va a suceder, pero aún no tenemos confirmación de ningún tipo...

Lierre sin volver la mirada hacia el occidental, se retiró.

Nakawé se quedó.

—Alfonso, es una noticia que no solo afecta sentimentalmente a Lierre, también afectaría a muchas personas. Es una información muy delicada.

—Reitero, aun no tenemos la confirmación de que ese hecho...

Ella lo interrumpió.

— ¿Por qué no lo has dicho antes?

—Honestamente no podía confiar en ustedes, inicialmente me ocultaban la ubicación de Blackland, y no solo eso, lo que fundamentalmente me impedía revelarles esto, es que no podía digerir el hecho de que los fundadores de Blackland son los mismos que dieron lugar al Día del Arcoíris, toda la vida me inculcaron un odio profundo hacia Los terroristas. La situación me sobrepasaba, era más fuerte que yo. No confiaba en nadie aquí.

— ¿Y por qué has cambiado de opinión?

—Luego de convivir estas semanas con ustedes, observar su modo de vida, trabajar, conocerte a ti, recordar cómo me salvaste la vida, de cómo Blackland me salvó la vida y cómo habían comenzado a confiar en mí... luego de conocer y encariñarme con Lierre, con Sathiri, el saber que la eliminación de DIOS afectaría, y mucho, a las personas, hice un análisis de lo que fue toda mi estadía. En la capacitación en Aimitis, me vi cerca de ir a mi hogar, ahí recapacité, y confirmé que puedo confiar en los blacklanders.

El Día R era inevitable, por lo que cuando tomé la decisión de hacer pública esta situación, esperé hasta hoy para informarles.

Úrsula habló.

—Si ya sabias esto, también sabías que los aviones podrían circular luego de la desaparición de DIOS. ¿Por qué aprender a navegar y no esperar para aprender a volar aviones?

—Un avión que salga de este territorio sería peligroso para la confidencialidad de esta sociedad, sería muy difícil seguir manteniendo escondida la ubicación de la isla.

—Pero es cuestión de tiempo para que lleguen aquí.

—Si, pero ¿por qué arriesgarse?

Nakawé, aunque fría aún estaba impactada por la noticia, luego de unos segundos de mantenido silencio y reflexión volvió a intervenir.

—Te recomiendo que vuelvas al albergue, y mañana volvamos a hablar. Voy a informar a la asamblea. Mañana será otro día. Entiendo que puede ser una buena señal, quizá Occidente cure su enferma adicción a los conflictos, a la guerra, a resguardar su propiedad. Pero no te auguro buenas probabilidades. Tú sabes bien que quiero que vuelvas a tu tierra y más aún deseo que vuelvas a un mundo iluminado.

* * *

Alfonso, algo más relajado, pero aun conmovido, se dirigió al albergue. Imaginaba que tal información afectaría a los habitantes de Blackland. Probablemente el Consejo Regional convocaría algún tipo de Asamblea Extraordinaria. Tenía una sensación similar a la que sentía cuando iba a participar en la primera asamblea de Citrin. Los nervios y la ansiedad, nuevamente, comenzaron a apoderarse de él. Se recostó en la cama, quizá dormir lo ayudaría a relajarse. Daba vueltas, no podía conciliar el sueño. Era la una y media AM.

Golpearon la puerta de su habitación. Alfonso la abrió y se encontró con Roman. Ya le habrán contado la noticia. Como era de costumbre ¿Seguramente me hablará de las cuestiones burocráticas de la asamblea? Pensó.

—Vamos afuera, tenemos que hablar —imperó el recién llegado con una tonalidad de voz que Alfonso aun no le conocía.

Lo esperaba un automóvil, dentro estaba Nakawé. Estaban juntos El hombre tenía la impresión de que, de alguna manera, ésta presente situación los había aliado forzosamente. Subió al automóvil, al asiento que acompañaba al conductor, allí estaba Roman y Nakawé estaba en el asiento de atrás.

—Quiero decirles que me apena mucho el haber guardado este dato durante todos estos días —comenzó—. Lo lamento mucho —miró a los ojos de Roman—, sin embargo, supongo que ya te habrá dicho Nakawé por qué lo he hecho.

—Alfonso, hoy quiero serte muy claro, más claro que nunca —Roman había pasado por alto lo dicho por el otro hombre, prefirió comenzar a exponer su parlamento—. Nosotros somos parte del Comité Regional de Defensa. Este comité es el encargado de actuar cuando Occidente estableciera algún contacto con Blackland. Dentro de las hipótesis que barajábamos, este contacto se podría haber dado de manera aérea luego de la caída de DIOS; en algún tipo de travesía expedicionaria; o quizá podía realizarse mediante un contacto por azar, como sucedió.

Este comité actualmente forma parte del Comité de Transporte y Comunicación y Defensa, que había organizado el viaje del Vanuatu. Tu llegada pasó a nuestras manos, eres el primer contacto que hemos tenido desde el otro lado del mundo, y tuvimos que aplicar el protocolo. Este protocolo, tomó como base para su confección la realidad capitalista, individualista y autoritaria de Occidente, por tal, cualquier ser humano proveniente de allí sería considerado como un visitante hostil, lo cual conllevó a tomar contigo todas las medidas preventivas.

Desde que Nakawé te sacó de aquel semirrígido, siguió el protocolo al pie de la letra, y como medida inicial no debía confiar en ti —Roman dirigió su mirada a Nakawé pidiéndole así que prosiga.

—En el bote salvavidas —retomó ella— lo primero que dijiste fue tu nombre. Luego de observar a tu acompañante fallecido entraste en shock y comenzaste a llorar, yo te había sugerido descansar, sin embargo, lo que dijiste, antes de desvanecerte, fue extremadamente aterrador.

Se esforzó por recordar ese día, ya que nunca lo había hecho, inconscientemente lo había intentado reprimir. Miró el techo del auto, luego al suelo, como buscando el recuerdo, y consiguió llegar a él: Antes de desvanecerse la mente de Alfonso se envolvió en sus últimos recuerdos. El rostro de William, los tripulantes del Doce de junio, su equipo de trabajadores, sus hombres de seguridad, la prostituta, el presidente de Filipinas, la llamada de las Organización Internacional por la Paz. Solo quería llegar a Sicilia, solo pensaba llegar antes del Día R..

Día R —la voz de Nakawé temblaba—. Día R. Eso es lo que dijiste justo antes de desvanecerte.

Roman agregó.

—Nuestros fundadores nos habían señalado que Día R era el nombre clave original que la Unión tenía para el famoso Día del Arcoíris, antes de que la gente lo llamara de esa particular manera. El Comité de Defensa analizó estos dichos, concluyendo que ese Día R que habías mencionado estaba fuertemente vinculado al anterior. Necesitábamos saber, verdaderamente, a qué te referías.

—Para descubrir qué era lo que ocultaban tus palabras solo era necesario que despertaras. Pero lo que le agregó más misterio a lo anteriormente mencionado fue lo que balbuceaste cuando despertaste: Solo queríamos conectar al mundo, queríamos que la oscuridad desaparezca.

—Definitivamente debíamos tocar delicadamente la superficie de tus palabras —siguió Roman—. Era importante no espantarte, era importante esperar a que se aclarara tu mente, debíamos continuar con el protocolo.

—El Comité de Salud propuso no exigir una respuesta, por lo que la misma, debería salir solo de ti, tu verdad debía ser revelada sin influencias externas, sin alguien que te lo exigiera y sin estar alimentada por el miedo.

Alfonso recordaba las constantes charlas con Roman, con Bice con Nakawé, ellos les hacían muchas preguntas, querían tener la información.

Nakawé continuó.

—Cuando te encontramos en mar abierto, luego de que tomaste contacto conmigo, te desvaneciste. Posteriormente, al despertar en el centro de salud, yo te había dicho que habías descansado solo unos días. Sin embargo, la verdad es otra —Nakawé posó su mano derecha en el hombro izquierdo de Alfonso, éste la sintió tan pesada que deseó correr su hombro de ahí, pero lo dejó, aunque cambiando la posición de su cuerpo, como para poder mantenerla firme.

—Por favor intenten ser lo más concretos posible —se dirigía exclusivamente a Nakawé, aun confiaba en la claridad de sus palabras.

—Te dije que habías descansado durante solo unos días desde tu rescate —ella comenzó a titubear, sus ojos se habían inyectado, y se bañaron en lágrimas—. En verdad, cuando te desvaneciste en el semirrígido, no descansaste ese par de días, realmente caíste en un coma, en un coma profundo... y estuviste así... —posó su otra mano, la izquierda, en el hombro derecho de Alfonso—. Estuviste así, en coma por dos años.

¿Por dos años? Pensaba con incredulidad. Internamente estaba tratando de encajar todas las piezas, su mente era un campo de batalla, pero el silencio exterior era abrumador.

—No puede ser. Estuve observando el calendario constantemente. ¿Cómo es posible?

Nakawé no respondía, por lo que Roman tomó la palabra.

—Debemos confesar que cuando despertaste del coma lo hiciste en un momento inoportuno, era el mes de Germinal, por lo que, para alimentar la ficción, para no presionarte, para evitar una confusión extrema y el shock, se optó por inducirte el coma por dos meses más, hasta el 1 de Pradial. Para coincidir, así, con los días que ya venías anotando en el pequeño calendario que llevabas en el saco.

Sabíamos que eras esquemático con las fechas y con los números, estabas registrando mecánicamente todas las fechas. Por lo que, para extender la coartada, cuando tomamos un café, al terminar la Asamblea en Citrin intenté revelarte lo que habíamos tomado como punto de partida, como referencia, para comenzar con el año 12000. Ese día te dije que había sido...

—... La llegada del último grupo migratorio desde Occidente —Alfonso lo interrumpió mostrando que aun recordaba lo que le había dicho.

—Pero la realidad no es esa. El año 0, el año doce mil, el inicio del año del Holoceno no se da con la llegada del último grupo migratorio desde Occidente, si no que ese año 0 fue dado por el año del Día del Arcoíris.

Alfonso intentaba atar cabos, pero era mucha la información. Eran demasiados los números que debía administrar en su cabeza. Sin embargo, ahora entendía todo.

* * *

Sentía horror, incertidumbre, odio. Miraba al cielo se sentía solo ni siquiera percibía el peso del crucifijo en el cuello. El Comité de Defensa se encargó de no dejar nada librado al azar, construyeron un mecanismo milimétrico, que, con un funcionamiento, cual reloj, no dejara lugar a duda.

Bajó del vehículo, caminaba al lado del mismo, hacia adelante, giraba sobre si mismo y volvía, lo hacía con velocidad. Se detuvo en la ventanilla del lado del conductor.

—Me quitaron dos años, no puede ser —El cólera y la irracionalidad lo invadieron—. Todo fue una mentira. Todos me mintieron.

Roman intentó calmarlo.

—No Alfonso. La noticia de tu llegada había sido mantenida en secreto. Solo el Comité de Defensa y los tripulantes del Vanuatu lo sabían. No lo sabía ni Yavi ni Endive, ni los integrantes del Consejo Regional, ni Úrsula, ni Indajani. La noticia de tu llegada recién fue esparcida el 1 de Pradial, cuando te despertaste.

Lejos de calmarlo Roman había abierto una nueva puerta a la incertidumbre.

La asamblea del Vanuatu Recordó.

—Entre el día que me encontraron y el día que me desperté habían pasado dos años, y la asamblea del Vanuatu se había reunido por mí, el día que me desperté. Pasaron dos años entre un acontecimiento y el otro. No lo entiendo, ¿Fue toda una farsa?

Roman, lamentándose, se mordía la lengua pensando en qué decir, pero Nakawé habló primero.

—La verdad es la siguiente. Realmente te hemos encontrado en Vanuatu, pero en el primer viaje —Nakawé se detuvo miró el cielo oscuro, juntó coraje y prosiguió—. En verdad ese primer viaje fue el único viaje, nunca hubo segundo viaje. Te encontramos en ese único viaje, nunca volvimos a Vanuatu para recolectar toda aquella información de las instalaciones meteorológicas.

Alfonso golpeó violentamente el techo del vehículo. Más mentiras que seguían estructurando ese complejo entramado mecánico.

Nakawé continuó como si nada hubiera pasado.

—Contigo a bordo de la embarcación volvimos de inmediato a Blackland. Como el protocolo lo indica, cuando llegamos a tierra nos esperaban miembros del Comité de Defensa. Entre ellos estaba Roman.

Hubo una asamblea entre este comité y los cuarenta miembros de la tripulación del Vanuatu. Allí informé que mencionaste el Día R. Evidentemente estábamos ante una bomba de tiempo, una bomba que estaba en coma.

Ese día se decidió que hasta que no despertaras, tu presencia estaría oculta para todos los habitantes de Blackland.

El tiempo pasaba y no despertabas, por lo que al año del día de tu avistamiento, se desarrolló una asamblea secreta, en la que participamos las mismas personas que en la anterior; y allí se ideó un plan de contingencia, un plan que no lo iba a conocer ni el Consejo Regional. Este plan se efectivizó cuando despertaste.

Roman, asumía poco a poco la idea de que la información que había revelado Nakawé se hiciera pública, ya que hasta el momento era secreta para todos. Volvió a tener la palabra, con más confianza que antes.

—Como miembro del Comité de Defensa y a la vez miembro de la asamblea del Vanuatu Nakawé te estaba haciendo un seguimiento constante. En el mes de Germinal, cuando despertaste, todos los miembros de la embarcación Vanuatu fueron informados, por lo que se dirigieron a Rav. En ese momento comenzó a realizarse el plan de contingencia. Que se basaba en una simulación.

Nakawé que percibía como el occidental seguía abrumado por tanta información prefirió continuar en lugar de su par.

—Mientras estabas en el coma inducido, se simuló un viaje a Vanuatu. Una segunda expedición con el supuesto objetivo de recolectar aquellos datos climáticos que te habíamos dicho. En ese viaje fue cuando te encontramos, eso es lo que te dijimos a ti, eso es lo que le dijimos a todos.

—Prepararon un barco, zarparon, estuvieron en altamar ¿solo para la construcción de una mentira? —inquiría Alfonso, que estaba atento pero resignado y decidido a llegar al fondo del meollo.

—No fue tan así —Explicaba Roman— La tripulación del Vanuatu, estaba en Rav, y allí, hicieron una suerte de cuarentena en un albergue, en una zona alejada, preparada para tal fin, en donde estuvieron durante varios días hasta que llegó el mes de Pradial. En Pradial Nakawé te despertó, luego fuiste a la asamblea del Vanuatu y lo demás ya es historia conocida para ti.

Inmediatamente Nakawé salió del automóvil, se acercó a ofuscado hombre y lo abrazó, acariciándole la espalda. Mientras le decía en voz alta, pero en el oído.

—Te estuvimos supervisando desde que llegaste, te estuvimos cuidando a cada instante, no queríamos que caigas en shock, no queríamos perder la información. Tu mente necesitaba relajarse, tu mente pendía de un hilo.

Roman arremetió.

—La ciencia determinó nuestro proceder. Desde las Ciencias de la Salud se determinó que lo más saludable era llevar a cabo ese tratamiento para contener tu mente y a la vez contener la información importante; y desde la Ciencias Sociales se determinó que lo más saludable para los blacklanders era mantener determinada información a resguardo, para mantener cierto orden social.

—Pero alguien podía equivocarse, alguien podía cometer un error — replicó el occidental como para encontrar una respuesta que respondiera a su lógica mientras seguía recibiendo las caricias de la mujer.

—Ya te lo dijo Nakawé, el tratamiento debía realizarse con una constante supervisión. El Comité de Defensa se había hecho cargo de eso, se había hecho cargo de mantener el orden social. Nakawé y Lierre, ambos fueron tus asistentes en Citrin; Bice, Bumuri y yo lo fuimos en Aimitis; Kabil, de la oficina de Trabajo, él no podía enviarte al tren, allí no teníamos a nadie del comité, por lo que te envió al mantenimiento del puente y allí estaba Mario.

Todos eran parte del Comité, Roman, Nakawé, Lierre, Bice, Bumuri, Kabil, Mario y seguramente otros que desconozco. Siempre estuve estratégicamente acompañado, nadie me dejaba solo casi nunca. Seguía intentando encontrar su lógica.

Mario nunca osó dejarme solo con Sathiri —recordó Alfonso— él siempre estaba en el medio. El único día que estuve a solas con ella me abrió la cabeza, expandió mi percepción con la cuestión de DIOS.

La imagen de Mario se desvaneció. Inmediatamente su mente estaba gobernada por el rostro de su esposa.

—Pasaron dos años, solo tengo incertidumbre. Que será de su vida. Quiero verlas.

Nakawé seguía con la intención de calmarlo.

—Antes de que te vayas debemos realizar una asamblea para aclarar todo. Probablemente algunos nos culpen por ocultar tus dos últimos años. Pero como ya te dijimos, se decidió así. Fue por tu salud, fue por la salud de todos.

Alfonso alejo a Nakawé con sus brazos.

— ¡Cállate! confié mucho en ti.

Alfonso se alejó del auto y comenzó a correr.

La voz de Nakawé, sus gritos, se escuchaban a lo lejos.

— ¡Alfonso, Alfonso!

El automóvil comenzó a marchar.

Él se dirigió al Centro de Vehículos. Tomó la misma motocicleta que había usado el primer día de trabajo. El día que conoció a Sathiri. Sathiri no pertenece al Comité de Defensa, podrá entenderme, ella me ayudará, quizá ella aclare mi mente y me permita discernir y decidir cuál sería el siguiente paso a seguir..

Blackland es una perfecta sociedad, pero que no tiene motor. Necesita de un problema, necesita una razón de vivir de lo contrario se extinguirá. Mi llegada fue motor de vida. La muerte de DIOS es un motor de vida, tengo que enfrentarme a esto.

Marchó velozmente hacía el sur de Citrin. Había logrado perder el automóvil que lo seguía.

* * *

Por primera vez recorría el sector sur de la comunidad Citrin, solo había llegado hasta la linde del bosque. Le bastó con dirigirse a una mujer que estaba por entrar en una casa, para que le indicara donde vivía Sathiri. Le enseñó una casa azul, a dos calles de allí.

Luego de recorrer esas dos calles se encontró con una problemática. No encontró una casa azul, sino dos, y no había nadie más en la calle a quien consultar. Debía golpear la puerta de una de las casas así descubriría quien la habitaba. Ambas casas tenían las luces completamente apagadas, por lo cual esperaba llamar en la casa correcta, para no despertar en vano a otras personas. Sin embargo, un instante antes de golpear a la puerta, se encontró con algo que lo despejó de toda duda. La entrada de la casa en donde estaba por llamar, estaba acompañada por una fila de zapatos. Definitivamente era la casa que Sathiri.

Pero al observar la fila de zapatos, se encontró con algo que lo extrañó mucho. Uno de los pares de zapatos era negro, deportivo, con cordones rojos iguales a los que usaba Mario. Mario, un miembro del comité de defensa, probablemente ya habría sido avisado de la información que revelé hacía ya unas horas. No confío en él, no deseo que se entere de mi desesperada presencia en esa casa.

Comenzó algo dubitativo, pero cuando su mano llegó al picaporte, no lo dudó, giró e ingresó con el mayor cuidado posible. Caminó los primeros pasos y los mismos fueron resonantes, la madera que cubría el suelo crujió, por lo que decidió quitarse los zapatos para hacer menos ruido.

Luego de unos metros se encontró con la única puerta que estaba abierta. Era una habitación, iluminada por la luz de la luna, que ingresaba por una claraboya incrustada en el techo. Sus ojos solo se posaron en la cama. Sintió una fría transpiración recorrer su columna vertebral, al observar quienes dormían en ella. Alfonso fue abrazado por el desconcierto y lo dejó helado. De un lado de la cama estaba Sathiri desnuda, del otro lado de la cama había un hombre que él desconocía, probablemente sea su compañero, su pareja y en el medio de ellos, estaba Mario, desnudo, abrazando a Sathiri y a su vez abrazado por el hombre desconocido.

No podía, o no quería creer como una chica como Sathiri, tan jovial, tan despierta y pura podía relacionarse con esta persona tan poco transparente, un eslabón más en la gran cadena conspirativa que le mantuvo alejado de la verdad. Se sentía desilusionado, decepcionado, y aunque no entendía porque llegó a tener un sentimiento tan paternalista, aun consideraba que la chica le debía una explicación, lo había decepcionado.

El desconocido, que supuso era el compañero de la chica, movió su cuerpo para seguir durmiendo en otra posición, esta acción despertó a Alfonso de su letargo, y se retiró con prisa.

Deseaba que la imagen de la sonrisa de Sathiri que aún invadía su cabeza, se desvaneciera. La decepción le rasgaba el pecho, y comenzó a llorar. Ahora sí, realmente se sentía completamente solo, sentía que estaba hundiéndose, acercándose al final de una gran fosa marina, sin ánimos.

Pero ¿Por qué el suelo debería ser el final de la fosa? ¿Por qué simplemente no es el comienzo de una nueva carrera por sobrevivir? ¿Por qué ahora, que no hay más profundidad, usar este suelo, aunque inestable suelo al fin, e impulsarse hacía la superficie? Occidente, Italia, Sicilia, mi verdadero hogar Pensó.

Ahora la única razón que tenía para continuar en esa remota isla, era abastecerse, y utilizar la embarcación que le habían preparado para retornar a su mundo, a Occidente. Arrancó la moto y se dirigió hacía Turcaid, iría a su puerto nuevamente. Allí se aprovisionaría con comida, algo de ropa y luego utilizaría todo lo que aprendió durante esos pocos días de capacitación. Tenía la lógica incertidumbre que le daba el entender que no se había formado lo suficiente, aun necesitaba muchas horas de estudio y práctica. Pero consideraba la opción de marcharse de inmediato como la mejor. El barco ya está equipado con los instrumentos de navegación recordaba y los mecánicos ya habrían hecho los ajustes que le faltaban.

© Marcos Enrique, (552 palabras) Créditos