En Blackland

9 de diciembre del 2141 / 19 de Pradial del 12054

(Restan 12 días para el Día R)

Segundo día de trabajo, Alfonso esta vez había tomado el transporte en Citrin, Sathiri ya estaba viajando en el mismo.

Ese día tuvo más en claro cuál era su función, y al mismo tiempo, la practica en el uso del trompo había mejorado su capacidad de trabajar.

El almuerzo fue como el día anterior, ya que Mario se les unió desde el principio. Alfonso reía mucho con las bromas que Sathiri gastaba a Mario. Se comportaban como niños. No hubo charlas sobre religión ni nada semejante. Solo fue esparcimiento y descanso.

—Mario ¿tú donde vives?

—Actualmente estoy viviendo en Zafir, sin embargo, me estoy quedando en el campamento del Puente.

Mario le contó que cuando se realizaban grandes trabajos de construcción o reparación de infraestructuras, como por ejemplo el puente, o la extensión de las vías del ferrocarril, los obreros provenientes de comunidades lejanas se hospedaban en los campamentos. Este campamento no estaba conformado por carpas, ni por módulos portátiles que hacían las veces de vivienda, ni por un complejo de hoteles como los que Alfonso había utilizado durante su carrera como ingeniero, en la mayoría de las ciudades que visitaba. En Blackland llamaban campamentos de trabajo a pequeños poblados que ubicaban a pocos kilómetros de las obras. El campamento del Puente estaba a 15 kilómetros, era un pequeño pueblo junto al lago, en el que nadie residía permanentemente, pero la totalidad de sus viviendas eran constantemente mantenidas, como ya había visto con anterioridad desde que arribó en la isla.

Aquí hay superávit de viviendas, esto es increíble Reflexionó y luego comentó:

—En Occidente las personas batallaban por una sola vivienda.

—Con los modos de producción esclavista y también el feudal al menos te daban hogar y algo de alimento. Con el capitalismo el sistema no solo te explota, sino que encima los obreros son los propios responsables de conseguir, por propia cuenta, alimentos y hogar, esa es la libertad liberal —sumó Mario.

El occidental ofuscado, se resignó y asintió.

—Yo creí que vivías en Yakut —interrumpió Sathiri, fuera de lugar y tiempo, como solo ella podría hacer.

—¿Por qué creías eso? si nunca te lo había dicho.

—Es verdad, nunca me lo dijiste... —hizo una pausa, otra idea le vino a su mente—, de hecho, nunca me habías hablado, solo sobre temas de trabajo.

—Si, hemos hablado y varias veces —Mario se había detenido a pensar—, aunque creo que nunca habíamos hablado sobre los lugares de donde proveníamos.

—¿Hace cuánto que están trabajando juntos? —intercedió Alfonso.

—Hace dos meses aproximadamente —contestó Sathiri.

—Tres meses para ser precisos —reparó Mario—. ¿Por qué creías que yo venía del Norte?

—Porque cuando no trabajas llevas puestos zapatos deportivos con esos cordones rojos y siempre he creído que los de Yakut usan el calzado más estrambótico de toda la región.

Alfonso algo curioso, observaba los zapatos de Mario, unos tenis negros con cordones rojos y con el logotipo de la empresa fabricante arrancado.

—¿Los habitantes de Yakut tienen mejor calzado?

Mario respondió.

—En Yakut se encontraba una fábrica de calzado deportivo de marca alemana, y hace unos años se encontró un depósito, estaba intacto, con miles de zapatillas. Se repartieron por toda la región, pero algunos dicen que los habitantes de dicha comunidad se quedaron con las deportivas de cordones de colores. Sin embargo, estas las conseguí en Zafir, en la época en que se repartieron.

—Igual creo que mientes, eres de Yakut, y lo de los zapatos no es un simple mito.

Mario rió, la insistencia, que según él era cómicamente algo inmadura y sin fundamento, de Sathiri le daba gracia, a lo que contestó con sarcasmo.

—Yo soy de Yakut, y abrazo a los árboles todas las noches —Alfonso entendía que se estaba refiriendo a la relación espiritual que tenía Sathiri con la naturaleza, y de la cual se hablaba entre los compañeros que trabajaban en el puente.

Sathiri le arrojó una piedra mientras reía.

—Te recomiendo que de verdad abraces al menos a un árbol antes de que mueras, así descargas malas energías —luego se puso de pie y tomó con sus manos más rocas del suelo, y dijo con un tono amenazante, pero a la vez risueño—. ¿De eso hablan cuando me voy a comer a solas en el bosque?

—Si, de eso y también hablamos del día que invitaste a Lilo a la casa en donde vives e inmediatamente que ingresó, de improvisto, lo echaste del lugar.

Sathiri arrojó, efusivamente, una de las rocas al suelo.

—Ese día le había pedido que se quitara los zapatos para ingresar, él no quería, argumentando que era una pérdida de tiempo. Luego de escuchar eso le pedí amablemente que se retirara —Sathiri sonrió—. Ese debilucho, habrá quedado ofendido, porque desde ese día no me visitó más.

—Creía que era un mito. Lo de los zapatos en tu casa —sonreía Mario—. Y creía que Lilo no había vuelto a visitarte porque tu compañero lo había amedrentado.

—Hoy fue el día de los mitos develados.

Al final de la jornada Sathiri informó que no trabajaría el día siguiente, era su día de descanso. Alfonso por su parte contó a Mario que el día siguiente iba a ser el último de trabajo antes de marchar a Aimitis, a su capacitación, a las conferencias en la universidad.

La joven, al comprender que ya no lo vería más, al menos próximamente, lo invitó a encontrarse en el bosque, le realizaría una limpieza antes de ir a la Comunidad del sur. Alfonso se despidió aun sin comprender bien a qué se refería cuando hablaba de limpieza.

* * *

Esa noche cenó nuevamente con Lierre e Indajani, esta vez estaban en el comedor, y con el correr de los minutos se sumó Nakawé, que venía junto a sus hijos, su progenie. El hijo mayor, Ati, se acercó a Alfonso y le dio un abrazo, el otro niño prefirió alejarse apenas llegó, para jugar con otros niños que ya estaban en el lugar.

—Hola Ati, ¿te sigues llamando así verdad?

El pequeño respondió resoplando y mirando al techo.

—El occidental cree que uno se puede cambiar de nombre de un día para el otro.

Nakawé soltó una pequeña risa.

—Tenle paciencia Ati, aún está aprendiendo nuestras costumbres.

Alfonso algo sorprendido, consultó cauteloso.

—Entonces supongo que se tarda en cambiar de nombre ¿es así?

El niño le respondió.

—Y claro. Uno no se llama de maneras distintas todos los días. Probablemente me lo cambie, pero ten paciencia.

En la mesa todos los presentes rieron, pero Ati aun no comprendía que lo hacían por sus comentarios.

Lierre había traído consigo una hoja y un lápiz. Le solicitó a Alfonso que dibujase un mapa del mundo, a grandes rasgos, pero con los detalles relevantes que recordara. Él así lo hizo. De un lado las Américas, detallando a Groenlandia, algunas islas de Las Antillas y las Islas Malvinas, luego Europa, África con Madagascar, Asia, y Oceanía, dibujando algunas islas que recordaba.

—Ahora dibuja la línea del ecuador.

Inmediatamente lo hizo, y cuando culminó Nakawé dijo en voz alta.

—Es verdad Lierre, Occidente sigue viendo al mundo con esa nefasta Proyección.

—¿Qué significa eso?

Lierre explicó al invitado.

—El mundo no es como sale en los mapas. Existe una gran y estúpida desproporción en las dimensiones de las grandes potencias económicas del mundo, que a su vez coincidentemente se encuentran cercano al polo norte, los países menos desarrollados se sitúan alrededor del Ecuador.

El señor Mercator, presentó su proyección en el siglo XVI para que fuera utilizada en la navegación marítima, y aquellos mapas presentados en los Atlas, aquellos mapas que te han enseñado en las escuelas occidentales utilizaron la base de esta proyección para ser dibujados desde esa perspectiva. Sin embargo, el globo tiene tres dimensiones, y estos mapas solo representan dos de ellas, por lo que para representar a los países del globo con la mayor precisión posible se recurrieron a las proyecciones, como manera de alcanzar algún tipo de aproximación.

En este mapa Groenlandia es casi tan grande como África, Europa es casi tan grande como Sudamérica. Algo que los números desmienten, África algo más de treinta millones de kilómetros cuadrado, Groenlandia dos millones de kilómetros cuadrados. Pero ¿quién observa los números si tienes un mapa muy bonito con tus propios países ultra exagerados? el occidentalcentrismo siempre impone su visión del mundo.

Antes de llegar a Blackland

26 de noviembre del 2141

(Restan 25 días para el Día R)

Veinte horas fueron las que permanecieron en La isla de Bougainville. El semirrígido y el bote inflable retornaban al Doce de junio. Desde la embarcación, el mecánico les saludó mientras se acercaban. Alfonso, que estaba ubicado al frente del semirrígido, le dirigió una mirada, y con ella le comunicó las malas noticias que traía.

El motor A estaba al cien por ciento, así que esa noticia alimentó los ánimos que la tripulación necesitaba para seguir camino.

El semirrígido y el otro bote salvavidas fueron amarrados en babor y en estribor respectivamente, el barco seguía camino, y la isla se perdía en el horizonte.

© Marcos Enrique, (552 palabras) Créditos