En Blackland
08 de diciembre del 2141 / 18 de Pradial del 12054
(Restan 13 días para el Día R)
Siete de la mañana, frente al albergue se ubicaba la oficina de trabajo
, y su puerta estaba abierta. Luego del viaje de retorno desde Turcaid, antes de dejarlo en la puerta del albergue, Nakawé le había comentado que la oficina abría las puertas a las seis AM, de igual manera esa mañana se había despertado una hora más tarde.
Dentro de la oficina ya se encontraban algunas personas completando unos formularios. Se acercó al mostrador y habló con un hombre.
—Creí que abrían las puertas después del medio día —comenzó Alfonso de modo algo jocoso, a modo de chiste interno ya que estaba recordand el día en el que había descubierto la tecnología digital, ya que no había nadie.
—Al mediodía, nos tomamos un descanso —dijo el hombre seriamente, sin una mueca de empatía—. ¿Qué es lo que necesita?
Fueron unos días de mucho contacto con las personas, sentía la necesidad de descansar mentalmente. Optó por ocupar su mente en la realización de actividades manuales, en este caso trabajando. Le había quedado claro que en Blackland, el trabajo es una de las patas en la que se sostenía, junto al estudio y la solidaridad, por lo que trabajar en algún oficio ofrecido para los primeros meses
sería interesante. Al mismo tiempo, pensaba que desde su llegada, había sido alimentado sin ofrecer nada a cambio, quería alejarse del sentimiento de holgazanería.
—Yo soy Alfonso y quisiera postularme para trabajar.
—Todo Blackland sabe quién eres —el hombre mantenía su talante hostil—. De todos modos, hace pocos días que has llegado, no es necesario, aunque brindes tus servicios.
—De igual manera desearía tener la experiencia de obrar en un trabajo socialmente necesario.
—Insisto. Te puedo recomendar que, por ejemplo, ofrezcas tu servicio dando alguna clase de ingeniería en la universidad, o si quieres te anoto para dar clases en la escuela de Citrin.
—¿Me muestras la computadora? Me gustaría ver qué ofertas hay y elegir una.
—Así no funciona este sistema.
El hombre al parecer tenía poca paciencia y cierto nivel de mal humor. En ese momento llegó una mujer, aquella que hacía unos días le había dicho, que la oficina abría después del mediodía.
—Relájate Kabil, mostrémosle al invitado los trabajos que hay y así veremos cómo lo podremos ayudar —los tres se acercaron al cuarto en donde se encontraba la computadora—. Eres ingeniero, ¿te interesa algún trabajo en una obra en construcción?
—Así es.
La mujer tomó asiento mientras los hombres observaban parados a su lado.
La computadora mostraba una lista con los trabajos que en la actualidad se estaban desenvolviendo en todo Blackland. Alfonso divisó uno en especial, el cual estaba siendo efectuado del otro lado del lago.
—Ese me interesa, están extendiendo las vías férreas.
Kabil le objetó sobresaltado.
—En ese ya están todos los puestos ocupados, ahí al lado lo aclara. Además, está muy lejos, deberías hospedarte allí.
—Lo siento.
—¿Puedes relajarte Kabil? —repitió la mujer con una sonrisa, mientras le dedicaba una mirada de complicidad a Alfonso—. Aquí encontré uno que comienza en una hora, a unos kilómetros. Es en el camino que llega a los poblados del Oeste, están reparando un Puente.
—Me interesa, lo tomo.
Kabil, inmediatamente, salió de la oficina.
—Perfecto. El transporte que sale de Citrin partió hace media hora, así que no tienes transporte. ¿Sabes usar motocicletas?
—Si, hace mucho que no subo a una pero no tengo problemas.
—Bueno, a dos calles de aquí te encontrarás con el centro de vehículos, allí puedes tomar una motocicleta para usar. Antes de ir, toma la hoja que saldrá por la impresora, la acabé de mandar, en ellá están todas las indicaciones que especifican las tareas que tienes que realizar, y las coordenadas para llegar al lugar.
Kabil había retornado y le otorgó al nuevo trabajador una indumentaria acorde a la labor a realizar.
—Cuando termines devuelve esta indumentariaa —al terminar de decir esto miró el ojo acusador de la mujer, y luego nuevamente a Alfonso devolviéndole una fingida sonrisa. Gesto que causó algo de gracia a este último.
* * *
El camino en motocicleta iba a ser sencillo, solo debería seguir una ruta durante una hora hasta el puente. Efectivamente la motocicleta era eléctrica, todas en aquel centro de vehículos lo eran; no emitía casi ningún ruido. Los paisajes se convertían en un motivo para dedicarles unos minutos, después de algunos días de estar alojado en Blackland, por fin se encontraba en soledad, y lo disfrutaba. Detenía su mirada en los contoneos de las copas de los árboles. Detenía su oído en el rumor proveniente de un arroyo que no veía, pero sentía cercano. Detenía su olfato en disfrutar el aroma a eucalipto fresco.
Ese día Alfonso tenía un humor especial, estaba realmente relajado, por primera vez desde que pisó la isla. En el puente Mario lo estaba esperando. Era un hombre de unos treinta años, con el cabello largo, recogido, y una larga barba, portaba una sonrisa amable. En el puesto de trabajo ubicado a las cercanías del puente había recibido un llamado desde Citrin para informarle de la llegada de Alfonso.
—Buenos días. Tu primer trabajo en Blackland, soy tu compañero y te asistiré en lo que necesites.
—Muchas gracias.
—Conoces de ingeniería por lo que dice el informe.
—Así es, de todos modos, tengo en claro que aquí soy un albañil y me debería olvidar de mi título universitario.
—No, para nada,, siempre son bienvenidos conocimientos nuevos de Occidente que sumen al trabajo de la construcción —Mario señaló a una joven que estaba acercándose a ellos—. Ve con Sathiri, ella te mostrará por dónde empezar.
—Difiero con Mario —comenzó Sathiri—, o por ahí se expresó mal. El título te lo puedes olvidar, ya que es solo un trozo de papel. Lo que si puedes aplicar son tus conocimientos —la joven le estrechó la mano y se presentó—. Sathiri.
—Alfonso —se presentó el hombre.
—Mira, lo que vamos a hacer ahora, es acompañar a aquellas personas que están allá, trasladando la arena que nos acabaron de traer.
Por primera vez en su vida, él, estaría del otro lado de la oficina, aquí no era el ingeniero, aquí era el obrero, un miembro más del equipo.
Sathiri, era una joven de unos veinticinco años, baja estatura, piel morena como las ramas del arrayan, ojos pardos almendrados, y largo cabello negro cuervo, grueso y lacio, pero suelto y sedoso, lo que le hacía danzar al ritmo de cada dulce palabra.
La muchacha estaba preparando hormigón en un trompo que mezclaba los materiales. Al observarla, Alfonso seguía sorprendiéndose por la poca y a veces nula división sexual de trabajo. Veía que los hombres llevaban dos bolsas de arena en sus hombros, ella, lógicamente, no lo hacía exactamente de la misma manera. En lugar de llevar las dos bolsas llevaba una cada la vez, pero a un paso más ligero, y al final el resultado terminaba siendo casi el mismo si bien tardaba algo más, pero nadie apuraba a nadie. Recordaba como él mismo apuraba a sus obreros, aquí el ingeniero paleaba cemento al igual que los demás.
El puente estaba siendo restaurado, utilizando como base el anterior, estaban en la fase de rellenado de los pilotes. Alfonso y Sathiri se encargaban de llevar el hormigón. Él lo había visto miles de veces, conocía cual era la composición química exacta del hormigón necesario para los pilotes que próximamente estarían sumergidos, sin embargo, aún no sabía usar el trompo mezclador. Mario estaba constantemente al lado de ellos intentando enseñarle a utilizarlo, ya que Sathiri no contaba con la suficiente paciencia.
* * *
El día le pasó muy veloz, pero al fin llegó la hora de terminar. Los obreros dejaron todo en orden y de a grupos reducidos, se fueron marchando, otros preferían quedarse a alimentarse allí. Había sándwich de hamburguesas de lentejas. Sathiri invitó a Alfonso a comer adentrándose en el bosque. Decía que allí era más tranquilo. Alfonso aceptó amablemente. Por un lado, lo hacía para demostrar agradecimiento por haberlo acompañado durante su primer día de trabajo, y, por otro, creía que disfrutaría de una charla con una blacklander que no está vinculada a tareas asamblearias y por ende se alejaría de un dialogo de carácter administrativo.
—¿En qué pueblo vives? —inquirió Alfonso.
—Soy de la Comunidad de Citrin, vivo al sur, cerca del Bosque. ¿Te estás hospedando allí verdad? Mi progenitora me dijo que te ha visto en la asamblea. ¿En cuánto tiempo dices que vuelves a Occidente? —se comunicaba de una manera curiosa y algo acelerada.
—Creo que en unos meses. Tengo que comprender a la perfección el arte de la navegación.
—Es un gran riesgo el que vas a tomar.
—Así lo creo, pero al mismo tiempo considero que va a valer la pena.
—¿Que vas a hacer allá? En ese mundo signado por el capitalismo, ¿vas a seguir haciendo cosas de ingenieros? —indagaba Sathiri mientras mordisqueaba el sándwich.
—Muy probablemente. Pero ya nada volverá a ser lo mismo después del paso por esta sociedad tan distinta a la mía.
La joven tocó el crucifijo que llevaba el hombre.
—Crees en algún Dios ¿verdad? —volvía a expresarse de una manera acelerada. El hombre no podía distinguir si era naturalmente nerviosa o simplemente era la manera en la que los adultos jóvenes se comunicaban allí.
—¿Lo dices por esta cruz? —alegó con algo de pudor ya que no quería discutir sobre el tema.
—Si, además he leído que los occidentales, en situaciones de incertidumbre siempre encomiendan
su alma a Dios y creí que en esta situación lo tendrías en cuenta.
—Nací en una familia católica, y a eso me aferré durante toda mi vida. Hasta que comencé a viajar, y dejé de profesar mi fe de manera estricta. Conocí muchos países del mundo, conocí personas con diversas religiones. Aunque nunca me comprometí con las realidades sociales locales, ya que solo iba a hacer mi trabajo e inmediatamente me marchaba, en esos lugares pude concluir que el mal está en todos lados, la naturaleza humana se corrompe con facilidad. Por lo tanto, si existe un mal, si existen personas malvadas, creo que también debe existir el Bien en algún lado, personas con bondad y un Dios creador, que a pesar de que a veces me cuesta encontrarlo probablemente esté allí viéndolo todo. De todas maneras, en aquellos lugares horribles que conocí era muy difícil encontrar señales de la obra de Dios.
—Yo conocí a un cristiano, en una cosecha hace unos años, me contó que su familia era la única cristiana de Blackland, y me habló de cosas similares. De que a veces le cuesta ver a su Dios Jesús ¿Jesús es el nombre del dios verdad?
—Se puede decir que si — simplificó el hombre.
—Me contó que, en los momentos de mayor temor, en los que se acerca la muerte, en su momento más desesperado, todas las personas volvían a ver los ojos a Dios, si habían perdido la Fe, en ese momento volvían a creer. ¿Cuándo naufragaste y estabas en medio del océano, tuviste alguna experiencia divina?
—Honestamente solo recuerdo que recé y mucho, básicamente encomendé mi alma a Dios. No recuerdo nada milagroso ni divino, quizá que haya sobrevivido y ahora esté en la isla sea eso milagroso
.
—Yo no creo que haya sido algo milagroso, pero tampoco creo que fue azaroso. Deberíamos ubicarnos en algún punto medio quizá. En definitiva, y por lo que dices crees que sí existe Dios, pero evidentemente en Occidente es difícil encontrarlo a primera vista.
Alfonso se detuvo a mirar su crucifijo y no respondió. Solo dirigió su pregunta a otro lado.
—En Blackland ¿hay más cristianos? ¿hay personas con otras religiones?
—Aquí se toleran todo tipo de creencias, judías, musulmanas, budistas, hinduistas, cristianas, sin embargo, con el correr de los años todos aquellos que habían traído desde Occidente este tipo de credos ha ido muriendo, además eran pocos, la mayoría de las personas provenían de movimientos vinculados al socialismo, y en su mayoría Agnósticos, así que esos credos iban siendo abandonados y olvidados progresivamente.
—Creo que en Occidente se está lejos de abandonar a Dios. Siempre se creyó que la ciencia lo reemplazaría, pero no. Todavía existe su creencia, aún está allí, como para justificar cada pesar, o para legitimar cada pecado, a veces lo veo como una necesidad social, y a la religión como la institución que mantiene este sistema.
—Dios es una construcción humana, Dios es cultural creado para intentar entender al mundo, entender el porqué de las injusticias, o entender el azar de la naturaleza, y cuando ya no existe necesidad de aferrarse a algo intangible como a un Dios en forma de Elefante o cosas por el estilo, ya que las necesidades comienzan a ser otras, como formar un nuevo mundo, estos dioses quedan obsoletos.
Por mi parte —continuaba Sathiri, indicándole a su compañero que comenzara a comer su sándwich—, yo no creo en un dios con rostro como el cristiano y menos en si ese Dios es parecido a Mario — Alfonso no pudo evitar reírse a carcajadas.
—Perdón, me resultó graciosa la imagen.
—Es gracioso ver a Mario en forma de Dios. ¿Ves? Por esto lo digo, la imagen de Dios es una construcción cultural, Dios no creó al humano, el humano creó a dios, y a veces a su imagen, o parecido.
—¿El humano creó a sus dioses? Nunca lo había pensado así. Se dice lo contrario, el ser omnipresente es el creador de todo, y creó al ser humano a su imagen y semejanza. Nosotros somos los que nos parecemos a él y no él a nosotros.
—El humano creó a los dioses, el humano creó a DIOS
. Con forma de satélites vinculados.
La efusividad de la joven la llevó a ponerse de pie.
—En Blackland es mayoritario el ateísmo y agnosticismo, sin embargo, a veces muchos caen en otro dogma, en el dogma de la ciencia —el hombre estaba deslumbrado por el ímpetu que la chica imprimía en su discurso y analizaba esta distinta percepción que estaba escuchando—. Se le rinde culto a la ciencia como la verdad final. Aquí muchos creen en DIOS, como su dios, como el dios científicamente objetivo y justo, que eligió a este pueblo por sobre los demás, que eligió al pueblo más cercano a él, el pueblo que mantiene un equilibrio entre sociedad y naturaleza. Básicamente sería el dios de la objetividad, el dios de la naturaleza, el dios que protege al planeta Tierra. Aún hay características de él que me cuesta saber si son parte de verdad o mito.
Sathiri se detuvo un instante para analizar lo hablado hasta ese momento, aprovechando para tomar un sorbo de agua.
—Yo creo que Dios sí que estaba en Occidente, pero estaba escondido por el cemento, por el humo, detrás de las lluvias ácidas, es un dios maltratado, está ahí en el aire, en el sol, donde se siente, pero allí, en tu tierra, no se ve, esta opacado.
A veces creo que cada pueblo tiene el dios que merece. El Occidente capitalista a veces tiene un Dios de papel, rectangular, con el rostro de Benjamin Franklin, a veces es un Dios Gris, y aburrido, gris cemento, gris humo.
—Y tú ¿en qué dios crees? —preguntó Alfonso— ¿En el ios de Blackland? ¿En el Dios antropomórfico? ¿En el Dios con la cara de Mario? ¿En el Dios gris?
—Mi Dios es verde. Mi Dios está en el bosque, está aquí en el sonido de los pájaros. En la tierra. Mirándonos mientras ilumina la espalda de DIOS con su luz amarilla.
Mario llegó en ese momento. Estaba algo agitado, al parecer había venido corriendo.
—Los había perdido, quería hablar contigo Alfonso. Quería saber cómo te has sentido trabajando con nosotros.
Sathiri volvió a sentarse y aprovechó este impasse para volver a hidratarse.
—En primer lugar —respondió Alfonso—, muchas gracias por la paciencia que me has dedicado Además, la manera en que se organizan es muy efectiva, van a terminar muy rápido.
—¿Mañana vas a volver?
—Si absolutamente, volveré siempre que no se me reclame para cualquier otro asunto.
—Mañana si puedes deberías tomarte el transporte que sale a las seis desde la oficina de trabajo. ¿Sí?
—Perfecto así será.
Mario dirigió su mirada a Sathiri.
—Está por salir el último a Citrin.
—Gracias —se despidió de Alfonso—. Adiós, me voy, Jesús me acompañará.
Alfonso volvió a reír, cuando, mientras se alejaban Mario iba preguntándole ¿Qué Jesús? Hoy no ha venido ningún Jesús
.
Desandó el camino a Citrin con la motocicleta. Se quedó pensando en la mirada de Sathiri inicialmente pesimista, pero a que al mismo tiempo matizaba con cierta esperanza en lo sobrenatural.
Llegó a la oficina de Trabajo. Solo se encontraba Kabil.
—Hola Kabil, vine a avisar que mañana voy a volver a trabajar.
—Perfecto, entonces quédate con la indumentaria, y trata de llegar a las seis, a esa hora sale el transporte desde la puerta de esta oficina —el rostro de Kabil tenía el mismo gesto severo de la mañana. Continuó—. Te informo que Lierre se acercó hace unas horas, me dijo que cuando llegues vayas a verlo a la casa donde vive.
—Allá voy, muchas gracias Kabil.
Pero antes de ver a Lierre se tomaría un baño. Éste vivía del otro lado de la estación, cerca del centro asambleario. Alfonso consideraba muy llamativa aquella la manera de hablar, no decían: mi casa
, decían: la casa en donde estoy viviendo
, decían: mi ropa
, dicen: la ropa que uso
. El colectivismo estaba impregnado hasta en el vocabulario, pensó que una vida colectivista llevaba a transformar toda la idiosincrasia de un pueblo.
* * *
Lierre estaba jugando al futbol con Indajani y con tres de los cuatro hijos, el más pequeño estaba durmiendo. Sus cuerpos estaban algo sudorosos. Interrumpieron la actividad para recibir a Alfonso, que, a diferencia de ellos, se había bañado minutos antes.
—Hola querido Alfonso, ¿cómo estás? —le saludó Lierre.
—De maravillas, continúen jugando, yo los observo.
—Hace una hora que estamos jugando, ya estoy agotado.
—Agotado de que no te dejemos ganar —contradijo Indajani, que se estaba secando el sudor.
—Ya sabes que lo mío es el basquetbol —se excusaba Lierre mientras se servía un vaso con agua. Luego se dirigió hacia recién llegado—. Y tú, ¿por qué has ido a trabajar?
Los niños seguían jugando con la pelota. El invitado que tomó la jarra con agua para acompañarlo le respondió:
—Quería tener esa experiencia antes de marchar a Aimitis. No sé si tendré otra oportunidad cuando vuelva.
Lierre que ya estaba ingresando a la casa, lo miraba pensativo.
—¿No hubo nada que haya dicho Nakawé que te haya influido para querer trabajar?
—No lo creo... —intento hacer algo de memoria—. Aunque quizá sí. En Turcaid me había recordado aquel momento en el que yo había hablado sobre la holgazanería. Quizá, quise alejarme de esta idea, lo que me empujó a querer encontrar una actividad durante los días siguientes.
Lierre resignado, levantó su voz, lamentándose.
—¡No puede ser! — Alfonso no lograba comprender la desazón de su anfitrión, y el rostro risueño de Indajani lo confundía aún más—. Otra apuesta perdida. Nakawé me había asegurado que irías a trabajar antes de marcharte a Aimitis, yo había dicho que ni siquiera te ibas a ofrecer.
—¿Pero ¿Qué has apostado? ¿Otros meses de asistencia?
Indajani se entrometió mientras aumentaba su goce.
—Si ella ganaba, Lierre debería leer solo autores latinoamericanos durante el siguiente año, algo que no lo divierte.
—Y si yo era quien ganaba, Nakawé leería antiguos best sellers, libros de Sídney Sheldon o Dan Brown.
—Nakawé le dice que estos libros son románticos, vulgares y que tienen la capacidad de convertir en un zombi a quien los lea.
—Yo creo que exagera, he leído algunos, no recuerdo cuales eran, y me gustaron —aportó.
—Nakawé dice que aquella novela que ha sido best sellers en Occidente está cargada de capitalismo, creo que tiene la mentalidad cerrada —Indajani aumentaba el volumen de su risa, algo que contagió a Alfonso, y luego al resignado Lierre—. Ahora vamos a comer. Ya está preparada la comida.
Indajani se acerca a Alfonso, tomando una bebida.
—¿Quieres tomar una cerveza?
Él hombre respondió asintiendo con su cabeza.
La mujer le acercó una jarra.
—Trajeron cerveza de Zamrud, pruébenla es riquísima —todos probaron de la jarra, Hacía meses que Alfonso no tomaba una de tal calidad, su amargor despertó los recuerdos de sus noches de borrachera con William Le echaba de menos.
—Hoy vamos a comer algo que el huésped debe conocer bien. Es una receta que los occidentales aman desde hace siglos, es una receta de Italia... Pizza con salsa de tomate, pero con queso de papa.
Se sentaron en el jardín, posaron una manta en el pasto y allí comieron. Cada bocado lo trasladaba a su infancia, a su adolescencia, y cada trago de alcohol a sus reuniones con amigos.
—Cuéntanos de tu día laboral —inquirió Indajani.
—Trabajé como albañil, reparando el puente que va hacia el Lago. Allí conocí a una mujer, una compañera, con la cual comimos en el bosque, vive aquí en Citrin, en el Sur.
—¿Con quién has compartido tu día?
—Sathiri.
—Ah sí. Es aquella joven que vive cerca del bosque. Conozco a su madre, suele frecuentar la asamblea, es una mujer muy amable y parlanchina.
—Ella también es parlanchina. Hablamos de la religión. Me contó que los fundadores, en su mayoría, eran ateos y agnósticos. Me llamó la atención, que a pesar de la juventud que llevaba, tenía muy clara su visión en lo referido a Dios. Hablamos de dioses, y de DIOS —detuvo su relato para comprobar si su auditorio estaba prestando atención mientras tomaba de la jarra con cerveza, al captar que así era continuó—... y me quedé pensando en eso, En DIOS, el Ojo. Creía saber mucho del tema, pero al final estoy más cerca de no saber nada —se detuvo en seco, puso en orden las palabras que iba a decir y prosiguió—. La frase que me quedó en la cabeza fue una referida a El Ojo: Aun hay características de él que me cuesta saber si son parte de verdad o mito
.
Lierre algo extrañado y curioso preguntó.
—¿Por qué te ha llamado la atención esa frase?
—El hablar con ella me ha remitido a una experiencia que tuve, en la época en que dudaba de su existencia, aquel día en el que fui testigo de su poder.
—Necesito que nos lo cuentes —Lierre sugirió expectante.
—Yo era muy joven, estudiaba en la universidad, junto a unos compañeros le estábamos brindando apoyo técnico a una base militar noruega de la OTAN. Iban a experimentar con tecnología digital, encendiendo una computadora, algo que habían hecho, por última vez, hacía veinte años. Los encargados de tal experimento habían tomado profusas medidas de seguridad. Estábamos en un cuarto cubierto con plomo, a varios metros de profundidad, en ese cuarto la computadora fue encendida. Luego de unos minutos de encendida habíamos cantado victoria. Sin embargo, lo que presenciamos después fue algo espeluznante, el bunker había quedado intacto pero el pueblo que yacía en la superficie había sido desolado.
La pareja que lo miraba atento estaba compungida por el relato.
—Ese día fue el último en el que se realizó algo parecido, y yo tuve la desgracia de haberlo presenciado. Este hecho conllevó a que la Organización Internacional por la Paz prohibiera este tipo de actividades de experimentación científica. Si se tenía alguna duda de la existencia del Ojo, si se tenía alguna duda sobre su capacidad, ese día había quedado claro quién mandaba. Hasta ese momento, había muchos que creían que solo atacaba a aviones y misiles, otros más escépticos, creían que ya no iba a actuar, que había perdido el interés por La Tierra, pero todos estaban equivocados, todos estábamos equivocados.
Lierre algo estupefacto.
—Que relato tan fuerte. Eres testigo de su existencia...
—¿De qué manera había respondido DIOS? —interrumpió uno de los hijos que hasta el momento había estado escondido detrás de una pared escuchando la conversación, pero salió a la luz vencido por el interés y la impaciencia. Alfonso acarició el cabello del niño conmovido por su interés y a él le respondió.
—Tristemente ese día no conseguimos registrar el modus operandi del Ojo... — se detuvo al percibir que utilizó el término más aplicado por los habitantes de Occidente, por lo que agregó—... de DIOS. Los presentes supusimos que había lanzado un ataque de misiles. Pero nunca hallamos pruebas de eso, ni supimos en que habíamos fallado para que pudiera localizarnos.
Lierre, que seguía escuchando muy atento, le dio una patada amistosa a su hijo regañándolo por su intromisión, luego lo subió en sus hombros y le preguntó.
—Para ti ¿de qué manera respondió? Cuéntale a nuestro invitado italiano tu opinión — Luego se dirigió a Alfonso—. El año pasado habían hecho una tarea escolar y analizaron el procedimiento de DIOS ante posibles amenazas, por ende, la opinión de este muchacho es una opción fiable —su tono tenía cierto ímpetu burlesco, no obstante, iba acompañado con un tufillo de orgullo.
El niño tomó algo de aire, de una manera muy similar a como lo hacía su padre, con la misma sonrisa de orgullo, aunque lógicamente sin el bigote acompañándolo y comenzó.
—DIOS también conocido por ustedes en Occidente como El Ojo, probablemente ese día —el niño pausó su exposición para otorgar suspenso, algo que había logrado ya que Indajani se había impacientado—. DIOS envió drones automatizados de reconocimiento, y ya con los datos de su actividad prosiguió con un ataque con misiles.
—Si, es posible — admitió Alfonso—. Conocía la existencia de este sistema de registro vía drones. De todos modos, consideraba que básicamente eran descartables, por lo que en algún momento se le agotaría esa herramienta y por ende ya no conseguiría rastrear nuestras actividades.
—Literalmente esos drones son descartables — confirmó Indajani— bajan a la Tierra y no tienen la fuerza suficiente para volver a su lugar de origen. Están destinados a un solo ataque, exclusivamente a cortar las comunicaciones,.
Lierre quitó a su hijo de sus hombros y lo depositó en los hombros de Alfonso y sumó.
—Otra de las armas que hasta ahora solo había utilizado en el Día del Arcoíris, funciona con un principio similar al Rayo Mortal de Arquímedes.
El niño ya sobre Alfonso, completó.
—Esa arma está compuesta por un conjunto de espejos de cobre posicionados en cada satélite, de tal forma que pueden concentrar la luz solar y enviar un rayo de alta potencia calcinando al enemigo, incluso a objetivos en movimiento como los misiles de largo alcance.
—Nosotros consideramos que ese arma probablemente era solo un mito, y que en el Día del Arcoíris solo había atacado con misiles —le respondió al joven.
—Ese día atacó con todo lo que tenía —indicó Lierre—. Según nuestros fundadores la información sobre la existencia del Rayo de Arquímedes fue ocultada por la Unión.
—¿Pero con qué finalidad? ¿Para que el pueblo no tema?
—Suponemos que la Unión aun fantaseaba con recuperar el control del DIOS, y quería seguir ocultando el arma a los países de la Coalición.
—En lo que respecta a la frase de mi compañera de trabajo Aun hay características de él que me cuesta saber si son parte de verdad o mito
¿Se refiere al Rayo de Arquímedes?
—Definitivamente no, precisamente todos saben de la existencia del arma —agregó la mujer—. Este tipo de información es oficial. Fue recopilada por los fundadores, a partir de aquellos compañeros que cayeron en la purga
de los terroristas, la comunicaron a sus pares que sí lograron llegar a Blackland y estos la divulgaron plasmándola en los libros de historia.
Lierre continuó, con un tono que evidenciaba su pasión al hablar de DIOS, de los fundadores, de los orígenes de Blackland, tal como ya lo había demostrado en el tren unos días antes.
—Probablemente su frase refiera que hay información que no se oficializó, por lo cual se acerca a la categoría de mito. Por ejemplo, algunos decían que en realidad no eran cuatro los satélites, si no seis, e iban a anclarse: dos en los polos y los otros cuatro a lo largo del ecuador, pero solo llegaron cuatro al espacio.
Aunque algo más difusa, nos llegó también la información de que DIOS está equipado con nanotecnología, y que con esta nanotecnología crea sus propios drones constantemente, utilizando los escombros de antiguos satélites, que orbitan la Tierra.
—Esto último que me están manifestando no me lo hubiese imaginado nunca, no obstante, como bien dijeron es una información difusa, no oficial, es muy interesante pero claramente parece más un mito.
Indajani intervino.
—Puedo apoyarte en la idea de poner en duda la existencia de nanotecnología, Sathiri probablemente, con su frase, haya hecho mención a este tipo de información no oficial. Sin embargo, y lo que verdaderamente importa, es que la real existencia de DIOS, y de su funcionamiento, como nos has confirmado.
Los blacklanders solo sabemos de su existencia por los experimentos realizados en medio del océano, y por la historia escrita. En definitiva, DIOS visitó la tierra Occidental, pero en Blackland técnicamente nunca se hizo presente.
—Yo difiero amor —retrucó su compañero—. Sí que se hizo presente y más que en ningún otro lugar. Aquí nos permitió utilizar computadoras. ¿Qué mejor señal que esa para confirmar que DIOS, en su misión de proteger al planeta, a la naturaleza, a los seres que la habitan, ha tomado partido por una sociedad de libertad y ecologismo?
Al escuchar esto último Alfonso recordó lo dicho por Sathiri, al parecer Lierre le rendía una especie de culto al dios de la objetividad y la ciencia
, al Dios de Blackland.
—¿Conseguimos aclarar tus dudas?
—Si, es una cuestión compleja. Los Dioses son complejos.
Esa noche quiso irse a dormir temprano, ya que al otro día debía madrugar para volver a trabajar. Aun debía recuperarse de ese agitado día. Hacía años, desde antes que comenzara a estudiar en la Universidad, que no trabajaba de esa manera. Le ilusionaba retornar al puente. Aunque también tenía muchas ganas de volver a cruzarse con Sathiri, un personaje muy particular que le cayó de maravillas.
Antes de llegar a Blackland
25 de noviembre del 2141
(Restan 26 días para el Día R)
En la escuela, ya habían comenzado a comer el guisado caliente. Algunos estaban descansando, sentados alrededor de la hoguera, otros comían parados, algo distendidos, pero William y el capitán estaban especulando sobre cómo procederían con el viaje.
—¿Cuál debería ser el siguiente paso? —inquirió William, señalando al capitán e intentando captar su atención.
—Volver a nuestro punto de partida es lo primero que viene a mi mente, aunque nos arriesgaríamos a que el núcleo del tifón, cuya actual dirección es hacía el sur, nos encuentre en el trayecto y nosotros ahora solo contamos con medio motor. Creo que, como mucho, solo vamos a contar con un motor o motor y medio, si es que existen los milagros, por lo que no vamos a tener la potencia suficiente. Por tanto, ir a la isla grande de Micronesia es lo más ademado.
—De cualquier modo, al parecer, sigue siendo arriesgado, pero debemos marcharnos de inmediato de este lugar infectado.
—Yo soy el capitán del Doce de junio pero tú y Alfonso son los que tienen la última decisión.
—Los hemos metido en una misión comprometida, pero a la vez tengo entendido que ustedes han pasado por situaciones similares —intentaba encontrar algún tipo de alivio en las palabras del capitán.
—Hemos estado durante meses en alta mar, con piratas acechándonos, pero nunca llegamos hasta Nueva Guinea.
—Por esto mismo —William hablaba algo acongojado—. Podríamos haber esperado algunos días más en Filipinas, pero la muerte de uno de nuestros trabajadores y la consecuente presión por parte de ellos para marcharnos, sumado al interés rotundo de Alfonso por querer estar en Japón lo antes posibles, nos llevó a acelerarnos. Llevamos tres años lejos de nuestras casas procurando unir
el mundo, intentando dejar nuestra huella en la reconstrucción de la sociedad civilizada. Extraño a mis hijos; Alfonso ni siquiera conoce a su única hija, se encuentra desesperado por volver, se marchó con su mujer embarazada, y aún nos quedan semanas de viaje hasta nuestros hogares. Creo que ya es necesaria la recompensa de volver a casa.
—Trabajo con el líder Cho hace diez años. Cho quien los resguardaba en el Hotel en donde se hospedaron. Más allá de que nos encargue algunos trabajos de dudosa honestidad, yo creo que a veces ese hombre se comporta como un verdadero caudillo que ambiciona crear una Nación fuerte, con pueblo y líderes unidos, por eso creo que, de algún modo, en este momento, todos los que tripulamos el Doce de junio también estamos dejando alguna suerte de huella en el mundo — concluyó con una risa algo sarcástica—, y honestamente creemos que el dinero que nos pagaron vale mucho la pena, por eso nos embarcamos en esta odisea.
* * *
Los exploradores llegaron a la escuela, el cocinero ya les tenía preparado tres cuencos con guisado caliente, el viejo y el joven mecánico no aguardaron para comer, la caminata les había provocado mucha hambre.
Alfonso prefirió acercarse al capitán y a William para informar e informarse y postergó la comida para después.
—No hemos encontrado nada útil para los motores. Considero que en el caso de que el motor A esté listo para mañana deberíamos partir lo antes posible, no tiene sentido que sigamos aquí.
—Debemos dirigirnos a Micronesia con el motor que nos queda —confirmó el capitán—. Aguardar el paso del tifón y allí si podremos reparar el otro motor para seguir camino a Japón.