En Blackland

06 de diciembre del 2141 / 16 de Pradial del 12054

(Restan 15 días para el Día R)

En el albergue había dormido durante diez horas, hacía tiempo que no descansaba así; la cama era cómoda, la higiene seguía presente, tenía hambre y estaba solo, supuso que en el comedor encontraría respuestas, junto a un desayuno o almuerzo.

Observó la hoja de calendario y tildó el dieciséis de Pradial, Restan 15 días para el Día R. se dijo a sí mismo.

En una habitación adjunta se escuchaba el sonido de un violín, y enfrente había una puerta abierta, una joven adulta estaba pintando sobre lienzo, ella le sonrió.

Frente al albergue había otro edificio, con las puertas abiertas por lo que decidió ingresar. No había nadie dentro, se encontró con unos escritorios, y en uno de ellos había una pila de formularios, explicitando el oficio o actividad sugerida para los segundos meses. Al parecer se encontraba en la oficina de trabajos. A unos metros, cruzando el vestíbulo, se hacía presente un mostrador con una pila de papeles en blanco, y a su lado una especie de máquina de escribir. Se tomó el atrevimiento de cruzarse hacia el otro lado del mostrador, allí se encontró con una impresora, y en su interior había una hoja que indicaba el trabajo designado de un tal Magpi, que indicaba que debía dirigirse a un centro de reciclado. Al no haber más detalles supuso que sería para el trabajo designado para los primeros meses. Siguió el recorrido del cable de la impresora, este lo llevaba hacia un cuarto que también estaba vacío. Dentro se topó con algo completamente inesperado, algo que nunca había visto en su vida, allí había un ordenador, era una computadora personal encendida.

Todos los paradigmas que tenía en su mente sobre la producción de tecnología digital se le cayeron. ¿Cómo es posible? ¿Por qué solo en este lugar del mundo utilizan esta tecnología se preguntó ¿otro dato que se negaron a contarme o simplemente lo pasaron por alto? En algún momento se había preguntado cómo hacían para tener toda una sociedad tan organizada sin la necesidad de algún método de control y allí estaba la respuesta, con una PC. Así sabían de inmediato los trabajos que necesitaban cubrir.

Cerró esa puerta y cruzó el vestíbulo nuevamente para salir del edificio. Continuó su caminata hacía el comedor, su cabeza, sus pensamientos marchaban a mil kilómetros por horas. Una mujer se le cruzó en su camino y con apuro le dijo.

—La Oficina de Trabajo abre en una hora.

—Gracias, ahora me dirijo al comedor.

—Si, allí te espera Lierre.

Alfonso continuó el camino casi trotando, quizá así sus ideas se acomodarían.

Lierre estaba en la puerta del comedor tomando un jugo de naranja.

—Alfonso, al fin te levantaste, come algo y marchemos a la asamblea.

— ¿Ya llegó el tren con los otros delegados?

—Si, esta madrugada. Tengo noticias, la asamblea de Citrin designó a Nakawé como delegada de la Comunidad.

— ¿Eso es bueno o malo?

—Es solo un dato.

Alfonso desayunó un té, con tostadas y mermelada y luego se comió una naranja.

—Quería reunirme contigo para acompañarte, y al mismo tiempo explicarte lo que va a suceder. La siguiente asamblea será lo que denominamos como Asamblea Extraordinaria de Delegados, estará coordinado por el Consejo Regional. Este tipo de asamblea se forma en casos que se debe tomar decisiones urgentes, generalmente a cada comunidad se le envía un informe con las propuestas para ser tratadas en las asambleas locales.

—Ustedes me han dicho que la asamblea es la única soberana de todas las decisiones. Y ¿los parlamentos, y el poder ejecutivo?

—En Blackland no existe división de poderes, no existen primeros ministros, no existen reglamentaciones parecidas a leyes más allá de los acuerdos tomados, a partir de la democracia directa, en los Congresos Anuales Regionales, estos acuerdos se plasman en un documento que llamamos la Estructura Orgánica.

En estos Congresos Anuales Regionales participan delegados de las siete comunidades, Las del norte Yakut y Rav, en el centro Citrin, del este Zamrud, del oeste Turcaid, Zafir en el suroeste y Aimitis del sur. Los acuerdos que se toman estarán vigentes hasta que otro congreso los reemplace, elimine o ratifique. La celebración de los congresos se realiza una vez al año. En la sede del Consejo Regional, la cual había sido determinada en el Congreso Anual Regional anterior. Este año la sede es en Citrin y los co-secretarios son los compañeros Yavi y Endive. Este puesto es rotativo cada seis meses.

—Pero la toma de decisiones sobre la vida de Blackland ¿se realizan solo una vez al año?

—No, mensualmente existe lo que se llama Asamblea del Consejo Regional. Este Consejo Regional se encarga de coordinar este tipo de reuniones integradas por los delegados de cada Comunidad, y los delegados de cada comité. Los comités son los organismos que administran los diversos sectores de la vida de Blackland. El Comité de Trabajo, el Comité de Sanidad que se encarga de la salud, el Comité de transporte, Comunicación y Defensa, el Comité de Ciencias, Cultura y Educación, el Comité de Manufactura e Industria, el Comité de los Sectores Agropecuarios y Alimenticios; y el Comité de Viviendas y de Obras de la Comunidad. Previo a cada una de estas asambleas, cada comité y cada comunidad envía propuestas para que sean tratadas en asambleas locales, luego los delegados de las comunidades toman acuerdos en base a esas propuestas.

—Tienen un sistema más burocrático de lo que creí.

—Yo lo defino como organizado. Y aquí, estas actividades administrativas van rotando, se proponen a compañeros, o se ofrecen voluntarios para ocupar esas funciones.

— ¿Tú participas en las asambleas?

—En la asamblea local hace bastante tiempo que no participo orgánicamente, pero actualmente integro el Comité de Transporte. Pero en funciones menores, lo cual me da tiempo a cocinar, ya que viajo a la sede de Rav, una vez cada mes.

* * *

La asamblea se realizaría en un edificio que anteriormente había sido una gran iglesia, paredes blancas, un techo con tejas a dos aguas azul oscuro y una estructura que hacía las veces de campanario con techo en punta, también azul oscuro. En el interior había asientos, dispuestos de la misma manera que estaban en la asamblea de Rav, en círculo, y en el interior una suerte de estrado.

Dentro estaban todos los asientos ocupados, unas quinientas personas, en su mayoría eran observadores de Citrin, pero también habían venido observadores de otras comunidades, la gente también se hacía presente afuera, mirando por unas ventanas. Alfonso ingresó con Lierre, tenían unos asientos reservados para ellos. Pero antes de sentarse saludó a cada uno de los delegados que estaban en los asientos más cercanos al estrado, al mismo tiempo que los saludaba, él los observaba intentando dilucidar quién es el progenitor del pequeño Ati, que compartía la paternidad con Nakawé.

Nakawé se sentó junto a las otras ocho personas, cuatro hombres y cuatro mujeres. Ella se puso de pie y comenzó a hablar, a su lado, también de pie, estaban los co-secretarios del Consejo Regional.

—Comencemos con la asamblea. Tomando como base lo ya previamente propuesto en la asamblea de los obreros del Vanuatu. Hoy se presentarán los acuerdos que se tomaron en cada Comunidad, de lo formulado en la siguiente enunciación... — luego de la pausa giró su cuerpo hacia el secretario—. Por favor compañero ¿podrías leer la enunciación?

—Si absolutamente, la enunciación es la siguiente : Es aceptable que Alfonso viaje hacia Occidente cuya respuesta debería de expresarse en afirmativo o en negativo, en el caso de que la enunciación sea considerada negativa, hay que explicar el por qué y si es afirmativa traer propuestas en el que se explique la manera que se deba proceder. .

Una delegada se puso de pie y expuso:

—Mis compañeros me permitieron comenzar hablando. Antes que nada, como ya se lo habrán dicho con antelación, queremos darle la bienvenida a Alfonso —éste último había registrado casi un total de treinta veces la palabra bienvenido, por lo que creía que, como era el primer extranjero de su historia y nunca antes habían tenido una situación similar, los blacklanders suponían que sería algo grato el darle la bienvenida con tanto ímpetu, a un extraño—. Las asambleas de todas las Comunidades han tenido, entre ellas una constante comunicación desde el día de la asamblea de los trabajadores del Vanuatu, del mismo modo, internamente cada asamblea tuvo sus tiempos para debatir sobre cuál sería la situación. Hemos tenido en cuenta también el deseo de Alfonso, de volver a su territorio, como ya lo ha mencionado, por la enorme satisfacción de llegar al hogar y tener contacto con los parientes.

La asamblea de Rav, me ha dado el mandato para comunicar el acuerdo que hemos tomado, para nosotros la enunciación debe considerarse Negativa. Hasta que no existan las condiciones óptimas y necesarias de seguridad para realizar la travesía hacia Occidente, se sugiere que ningún habitante de Blackland viaje allí, considerando que ese viaje es sumamente arriesgado.

Un hombre, delegado de la asamblea de Turcaid tomó la posta para exponer la decisión de la asamblea de su Comunidad.

—Desde Turcaid, también consideramos la enunciación como Negativa, nos sumamos a los motivos comunicados por la delegada de Rav, y a eso le agregamos una inquietud más. Si Alfonso se marchase de la isla y mencionase a Occidente sobre la existencia de Blackland, estaría poniendo en riesgo nuestra seguridad.

Al escuchar a este segundo delegado, Alfonso se llenó de cólera e impotencia; Lierre notó su estado por lo que lo tomó de la mano intentando calmarlo.

El siguiente delegado que iba a manifestar el acuerdo de su asamblea fue el de Aimitis. Este sería el primero que la consideró afirmativa, agregando una propuesta, en el que se explicaba la manera a proceder.

—Desde Aimitis consideramos afirmativo el enunciado; es aceptable que Alfonso viaje hacia Occidente. Nosotros también nos sumamos a la preocupación que la delegada de Rav manifestó, también consideramos que ese viaje es sumamente arriesgado y que no existen las condiciones óptimas y necesarias de seguridad para realizar tal travesía hacia ese territorio que para nosotros aun es tan oscuro; sin embargo la propuesta que traemos es la siguiente, Alfonso debería asumir los riesgos que acarrea su deseo, y aconsejamos que, de querer marcharse, los blacklanders debemos poner a su disposición una embarcación equipada con combustible y provisiones, y una previa capacitación náutica.

Inmediatamente Nakawé se puso de pie y enunció los acuerdos de Citrin.

—La asamblea de Citrin considera afirmativa la posibilidad de que Alfonso marche hacía su país, y apoyamos la iniciativa de la asamblea de Aimitis de poner a su disposición una embarcación y respectiva capacitación —ella hablaba al auditorio, pero sin perder de vista a Alfonso, este sonreía, ahora estaba más relajado—, a su vez también proponemos como otra alternativa la posibilidad de que se sume a la tripulación de la expedición hacía Occidente, prevista para el año que viene.

Siete de las diez Comunidades consideraron positiva la posibilidad de una próxima travesía hacia Occidente. Endive, la co-secretaria del Consejo Regional se acercó a Alfonso.

—Esta asamblea extraordinaria de delegados apoya, en su mayoría, tu arriesgado viaje hacia Occidente —las personas comenzaron a aplaudir, Alfonso también lo hizo—. A su vez consideramos que esta decisión solo es un consejo, ya que la decisión final la deberías tomar tú. En el caso de que el resultado hubiese sido negativo, tú mismo ibas a decidir sobre tu vida, eres quien tomará los riesgos del viaje. Al mismo tiempo si decides quedarte, también lo aplaudiremos, ya eres un blacklander.

Alfonso estaba esperanzado, él decidiría el siguiente paso, si capacitarse y marchar lo antes posible o esperar un año para formar parte de la tripulación de la expedición. Su anhelo por llegar a su tierra antes del Día R había quedado sin posibilidades, ya que faltaba poco para tal día. Por esto tomaría la decisión en las siguientes jornadas, no obstante, quería marcharse lo antes posible, ya que cuando el Día R llegara, el mundo se revolucionaría, y podrían pasar infinidad de cosas.

Deseaba fervientemente que el objetivo compartido con William pudiera cumplirse, que llegara el fin del oscurantismo. Pero todo proceso revolucionario traía consigo serias consecuencias, por lo tanto, ir solo significaría irrumpir prontamente a un Occidente caldeado, signado por la imprevisibilidad de una abrupta transformación social. Pero de ir más tarde, en la expedición que organizaban los blacklander, diminuiría las probabilidades de encontrarse lo peor del cambio.

Cuando los aplausos mermaron el delegado de Aimitis tomó la palabra.

—Cuando llegaste, uno de nuestros primeros acuerdos fue no mencionarte nuestra ubicación, hasta que, por lo menos, no se decidiera el futuro de tu situación, pero ya es suficiente —el occidental sabía que ese no era lo único que ocultaban, estaba la cuestión de la computadora que había encontrado en la Oficina de Trabajo, pero de todos modos celebraba que calmaran su incertidumbre y le indicaran esa nueva información—. Esta isla, hoy día la habitan cien mil personas, distribuidas casi equitativamente por las siete comunidades. Hay universidades en el Sur, un gran puerto en el norte, escuelas y fábricas en todas las Comunidades. Toda esta estructura se forjó desde las mentes de los fundadores, reutilizando los recursos que encontraron en ella. Voy a proceder a revelarte su ubicación —su ansiedad crecía, de la misma manera en que crecía la ansiedad de todos aquellos que esperaban ver la reacción que tendría al escuchar la nueva información—. Blackland floreció en lo que anteriormente era la isla norte de Nueva Zelanda. Aquí estas parado.

Él, aun incrédulo, no comprendía. Los libros de historia y los registros indicaban que aquella isla prácticamente había desaparecido del mapa. Primero por los ataques constantes de la coalición a los depósitos militares y luego, a eso, se sumaba la gran explosión nuclear de Australia. Todos los posteriores registros indicaban que estas islas estaban vacías, estaban radioactivamente contaminadas.

—Muchas gracias Roman por actualizar su información.

Agradeció Nakawé al delegado de Aimitis. Luego se detuvo en la reacción de Alfonso.

—Comprendemos tu sorpresa, tantas teorías occidentales derribadas de un solo disparo deben ser una enorme sorpresa —no solo estaba conmocionado por la información, sino que además había caído en la cuenta que el delegado de Aimitis era el progenitor de Ati. Roman y Nakawé habían sido pareja.

El secretario del Consejo Regional levantó la voz.

—Bueno compañeros damos por finalizada la asamblea extraordinaria.

Los presentes comentaron a levantarse de los asientos, la gente que estaba afuera comenzó a marcharse y a cruzar palabras con aquellos que salían del recinto.

Roman acomodó una carpeta con papeles.

—Espero que tus dudas hayan menguado. Sin embargo, me gustaría tener una conversación contigo. Yo soy investigador y desearía tener una entrevista para registrar varias cosas. ¿Es posible?

—Sí, absolutamente.

Posteriormente Roman se dirigió a Lierre y a Nakawé.

—Muchas gracias compañeros, su función como asistentes en la estadía de Alfonso en Citrin finalizó con esta Asamblea. Si no les molesta me voy con él, para tener una pequeña conversación.

—Para nada —dijo Lierre—. De todos modos, Nakawé ya quería deshacerse hace tiempo del extranjero.

La risa de Lierre se vio cortada con la mirada acusadora que le había dirigido Nakawé al escuchar ese chiste, que para su criterio era de mal gusto, aunque en verdad la había avergonzado ya que realmente desde el comienzo había sido clara en querer terminar con la responsabilidad de asistir al náufrago.

Roman se acercó a Lierre.

— ¿Nos quieres acompañar a ese lugar que me has mencionado?

—Si. Yo los llevaré.

Caminaron unas calles, hacia un comedor, distinto al que habían ido en la noche anterior, Lierre no trabajaba allí, pero los trabajadores lo conocían, y el mismo, quería presentar al invitado.

Antes de ingresar Alfonso dijo:

—Quiero que me sean sinceros con algo que descubrí hace unas horas.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Lierre.

— ¿Te refieres al ordenador? — se interpuso Roman.

— ¿Cómo sabias que te iba a preguntar eso?

—Una trabajadora de la Oficina de Trabajo te vio salir de allí y nos informó. Supuso que habías visto algo que no esperabas.

—Efectivamente, hoy ingresé a la Oficina de Trabajo y me encontré con un ordenador encendido.

—Te lo iba a comentar en nuestra charla, junto a otras cuestiones, pero ya que te nos adelantaste te lo diremos ahora, ¿quieres comentárselo tu Lierre?

—Si absolutamente. En Blackland hace unos veinticinco años creo, un grupo de científicos se arriesgó a realizar experimentos para confirmar que DIOS está funcionalmente activo. Estos experimentos fueron divididos en dos etapas. Por un lado, se quería confirmar el poder de fuego que tenía para con los objetos voladores. Para ello se envió una embarcación sin tripulación lejos, en el océano, previamente se programó el lanzamiento de un misil desde ella. A los pocos segundos del lanzamiento fue derribado por otro que había sido enviado desde DIOS, probando así que Él aún vivía.

La otra etapa consistía en realizar pruebas con tecnología digital, también tomando todos los recaudos ya que DIOS podría tomar cartas en el asunto. Lo mismo, en una embarcación se envió un ordenador, el cual se encendería en un tiempo programado. Sin embargo, para nuestra alegría DIOS no los atacó.

Roman, que estaba escuchando atento agregó.

—Inicialmente creíamos que no había atacado porque la tarea de evitar que se usara este tipo de tecnologías no era realmente para lo que estaba asignado, que solo se encargaba de impedir que aviones y misiles levanten vuelo, pero la compañera Bice de Aimitis nos dijo que le comentaste que en Occidente solo existía tecnología analógica, por lo que quedamos anonadados. En Occidente usan tecnología analógica, y aquí ya podíamos usar tecnología digital.

—DIOS favorece a las sociedades con la Libertad como estandarte. — Intervino orgulloso Lierre.

—Aun se debe investigar cuál es la causa. Cuando los científicos supieron de la información que nos proporcionaste, propusieron investigarlo. Así que debemos esperar un tiempo para ver de qué se trata, recién en estos días van a comenzar a trabajar en esto.

* * *

Lierre había presentado al invitado occidental, a los cocineros y trabajadores del lugar, y luego de esto, el primero se marchó y los otros dos se dispusieron en una mesa ubicada en la terraza.

— ¿Qué quieres tomar?

—Sentí aroma a café ¿puede ser café?

—Suponía que querías un café, sabía que en Occidente acostumbran a tomar café en este tipo de conversaciones, y te traje aquí porque hacen el más delicioso de todo Citrin, aguárdame que ya te lo preparo.

Roman, era un hombre de unos cuarenta y tantos años, de cabello rapado, barba algo larga y de piel aceitunada, con pequeñas bolsas que se vislumbraban bajo sus ojos. Su contextura era menuda, con brazos que, puestos al lado de los fuertes brazos de Alfonso, parecían los de un niño. La impresión que le había causado en la Asamblea Extraordinaria indicaba que tenía una personalidad fuerte, con características de líder positivo En el tren ya habían hecho mención de él; Lierre dijo que se trataba de un amigo suyo, de Nakawé, muy probablemente lo habrá dicho irónicamente. Un investigador dijo que era, ¿será un intelectual dentro de estos territorios? Consideraba la charla como una gran posibilidad de sacarse algunas dudas que aún estaban dando vuelta. Roman volvió con dos tazas de café.

—Iba a tomar un té, pero ese aroma me hizo desearlo mucho. Te voy a acompañar.

Endulzó su café, y dejó de prestar atención a su anfitrión que seguía hablando, se había perdido en el aroma de esa caliente infusión. Lo trasladó a aquellas tazas tomadas junto a su esposa en su hogar, tazas que le resultaban deliciosas. Desde que salió de Italia en su gira mundial no pudo conseguir degustar uno tan rico como el que estaba probando.

—Discúlpame, me detuve a saborear y no logré escucharte.

—Es sumamente entendible, en Occidente probablemente no debe haber el nivel de materias primas que se manejan en estas tierras. Pero pierde cuidado, estoy a tu disposición para aclarar las dudas que quieras.

— ¿De qué disciplina eres investigador?

—Me formé en ciencias sociales, en estos momentos estoy en la rama de la Historia, he escrito varios artículos que puedes encontrar en las bibliotecas y ateneos.

—Apelando a tu formación en historia quizá puedo aprovechar y preguntarte algo que aún no me había quedado claro. No puedo negar que quede estupefacto cuando escuche que estamos en lo que era Nueva Zelanda ¿Cómo llegaron los fundadores a estas tierras?

—Los fundadores pertenecían a una agrupación de carácter ecologista que se había formado en Siria y en Europa. Inicialmente, su objetivo era boicotear las grandes empresas multinacionales, y revelarle al público información confidencial proveniente de las bases de datos de los bancos y gobiernos. Luego de un tiempo el grupo comenzó a crecer y dejaron de lado la propaganda para fijarse en otro objetivo, el crear una sociedad de libertad e igualdad. Rápidamente sumaron varias personas de Latinoamérica y Norteamérica, se había formado una Federación. Pero los planes se truncaron cuando estalló la guerra La Última Guerra. Muchos de los miembros de este grupo esparcido por el mundo se exiliaron en el norte de Siria, allí se sumaron más personas de los otros continentes. Había un gran número de Hacktivistas que habían realizado ataques a sistemas gubernamentales y a grandes multinacionales, a partir de ellos se fijó un nuevo objetivo, un gran plan de infiltración para terminar la guerra.

Al desastre nuclear en Australia le siguió la evacuación histórica de las islas. Para ese momento el plan de infiltración ya estaba dando resultados, y los compañeros infiltrados captaron información vital. Por un lado, se conoció el plan de La Unión, que aliada ya con Rusia, estaba creando un arma final, El Ojo, diseñado para acabar con La Coalición, pero el mismo, había sido considerado, por parte de la Organización, como una gran ayuda para alcanzar el gran objetivo de terminar la guerra.

Por otra parte, otro grupo de piratas informáticos obtuvo datos que revelaban, no solo de la existencia de un territorio inhabitado, si no su ubicación, eran datos que resucitó uno de los objetivos que había motorizado la creación de la Organización, crear aquella sociedad de libertad e igualdad. Era una oportunidad única que se debía aprovechar.

En esos años se realizó un gran trabajo de difusión, intentado organizar la gran travesía hacia estas islas desiertas. Cinco años habían pasado del ataque masivo a las islas de Oceanía y por ende cinco años también del comienzo de construcción de El Ojo. Llegó el Día del Arcoíris. Este gran día, fue el último impulso que necesitó la Organización para poblar Nueva Zelanda. Un grupo de doscientos expedicionarios se hizo con una embarcación abandonada, el Golden Obelisc que anteriormente funcionaba como buque petrolero y marchó con él hacía Nueva Zelanda. Allí inspeccionaron la isla norte y la encontraron efectivamente apta para la creación de su sociedad ideal.

Un reducido número de aquellos que había integrado este grupo de expedicionarios volvió hacia Occidente, reuniéndose con otro grupo que estaba activo en México, desde allí iba a acontecer la primera gran migración. Habían recibido la información de que, en el Caribe, el brazo armado de la Organización, durante el transcurso de la Guerra, se había robado un crucero turístico, con habitaciones equipadas, baños en perfecto estado, provisiones, todo lo esencial para un viaje tan largo. Con esta herramienta de su lado comenzaron a contactar a personas que apoyaron incondicionalmente al movimiento y marcharon hacia el Caribe, y desde allí, los primeros doce mil emigrantes utilizaron el crucero para ser transportados hasta Nueva Zelanda, hacia el nuevo mundo.

Unos meses después aquellos cientos de miembros que quedaban activos en Occidente, al presenciar el éxito de esta empresa, utilizaron el mismo modus operandi que los emigrantes anteriores, robaron otro crucero turístico y se llevó a otras trece mil personas. Estos pidieron, a los últimos miembros activos que quedaban, que reunieran a veinte mil personas más ya que en un tiempo tenían decidido volver con los dos cruceros que tenían en su poder, el punto de encuentro seria Tierra del Fuego en la Patagonia.

Dos años habían pasado del Día del Arcoíris, y se organizó el último éxodo occidental hacia estas tierras. Veinticinco mil personas. Esta última migración fue la más complicada. En el océano se libró una batalla con unos piratas que quisieron abordar las embarcaciones. Luego de terminar con ese periplo no se dejó volver a ningún pirata con vida, para que no arruinara el plan secreto, aquellos que habían sobrevivido fueron invitados a vivir junto a nosotros.

Esos fueron los últimos Veinticinco mil emigrantes, no se volvió a traer más gente, para que no peligrara la ubicación de esta nueva sociedad.

— ¿En total cuantos fueron los primeros fundadores?

—Cincuenta mil ciento cincuenta y siete es el número exacto de aquellos que recolonizaron estas tierras.

— ¿Los cruceros también están encallados en Rav?

—No, solo el Golden Obelisc está allí. Uno de los cruceros está en el puerto de Aimitis, y otro en un puerto de la Isla Sur.

La isla sur de Nueva Zelanda Pensó Alfonso.

— ¿Por qué no poblaron la isla sur?

—En la parte más septentrional de la isla Sur aún se registran niveles de contaminación radioactiva, es leve pero aún no es apto para la vida. Según los últimos estudios realizados, en los próximos cincuenta años ya será habitable. Creemos que será necesario ese espacio para la llegada de otros pobladores y el consecuente crecimiento demográfico. Sin embargo, se prefiere que la isla norte sea la habitable y la isla sur destinarla como reserva natural y a su vez utilizar otros sectores para obtener recursos naturales.

Roman le dio un sorbo largo al café, mientras recordaba algo que Nakawé le había comentado.

—Tengo el conocimiento de que con la intención de no revelarte demasiada información antes de la Asamblea Extraordinaria, Nakawé y Lierre no quisieron decirte cual fue el hecho que se había tomado como referencia, como año cero, como año doce mil, para iniciar con el año holoceno. ¿No? —Alfonso asintió sonriendo—. El punto de partida para el año doce mil fue la llegada del último grupo de emigrantes, es decir la llegada de los dos últimos cruceros con las veinticinco mil personas.

Ojalá que logres disculparnos por haber sido tan herméticos, pero trata de comprender que nunca habíamos contactado a un occidental.

—Al comienzo me frustraba, pero mientras pasan los días comienzo a comprender la necesidad y el porqué de sus actos.

—A la larga todo tiene una razón de ser, causa y efecto.

—Como historiador ¿Has escrito sobre la historia de Blackland, ¿verdad?

—Así es, pero otros antes han escrito también, y mucho mejor que yo, Actualmente me estoy dedicando a investigar la historia de Occidente y su cultura, por eso, quizá, si lo deseas, podrías ayudarme a terminar la publicación, de esta manera me voy a adentrar en el estudio de la alteridad occidental, voy a poder especificar detalles culturales, sobre todo los actuales.

—Voy a tener bastante tiempo.

—Primero tienes que decidir entre una de las dos opciones que tienes para volver a tu país.

—Claro y luego capacitarme.

—Me contaron que el último trabajo que tuviste fue el de ingeniero enviado de la OIP, para conectar cables interoceánicos ¿verdad?

—Exacto. Con el objetivo de realizar instalaciones telefónicas.

—Cuando los primeros fundadores habían llegado a Blackland, la OIP estaba dando sus primeros pasos, es sorprendente como ha crecido.

—La Organización Internacional por la Paz, reemplazó a la ONU en sus funciones, haciéndose cargo de sus obligaciones para facilitar la cooperación en asuntos como el Derecho internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos, pero sobre todo en asuntos que atengan a la restauración de la paz y seguridad internacional de los países que integran el acuerdo.

—Con ese nombre se parece más a una ONG destinada a la caridad, financiada por un grupo de aristocráticos para evadir impuestos.

—Está financiada por grandes empresas, cuyos dueños pertenecían a países que integraban ambos bandos de la Unión y de la Coalición.

—En la época de su fundación se hablaba de que sus intereses estaban más vinculados a administrar y controlar una economía mundial globalizada, que alcanzar la paz, en lugar de gestarse una nueva ONU se estaba gestando un nuevo Fondo Monetario Internacional.

Con algo de fastidio, y con la idea de acallar algo que, al parecer, sentía que Roman no tenía muy en claro, ya que no había vivido en Occidente y por ende no lograría comprenderlo inmediatamente, Alfonso arremetió:

—Sus intereses reales escapan de mi conocimiento. Luego del Día del Arcoíris y la finalización de la guerra, la ONU se había desmoronado, estaba socialmente desacreditada. Grandes capitales de ambos bandos vieron que existía una necesidad de vincular al mundo en una sola entidad para que de esta manera la sociedad pudiera resurgir, y se unieron donando grandes sumas de dinero, creándose así la OIP. Esta muestra de filantropía, esta muestra de que ambos bandos aún se podían unir, llevó a que la opinión pública le diera el visto bueno a su formación, legitimándola.

Los gobiernos de los países más poderosos se acercaron a ellos y los reconocieron como abanderados de la paz mundial, y así pasó a ser la entidad que cubriría las necesidades que la ONU ya no podría satisfacer. En los últimos años se estaban haciendo grandes avances en materia de comunicación y desarrollo social —Alfonso le había dado muchos años a la OIP; el sentido de pertenencia era muy grande en él, por lo que no le atraía la idea de que alguien la prejuzgara.

—Comprendo a la perfección, y permíteme registrar todo esto que me dices. Simplemente opinaba de acuerdo a lo que había leído, pero respeto tu punto de vista ya que es de primera mano —eso último que dijo Roman le cambió el humor—. Mira, disfruto hablar contigo, sé que voy a seguir disfrutándolo mucho más en este tiempo que te quedas, estoy en mis segundos meses de trabajo y creo que lo voy a hacer aquí, en Citrin, te voy a ayudar con lo que necesites y voy a escribir el libro. Pero te voy a pedir un favor, algo más relajado.

—Si, dime.

—Te voy a pedir que escribas sobre tu trabajo, sobre la Organización Internacional por la Paz, sobre la actualidad de Italia, de Europa, de lo que puedas, y en base a lo que escribas voy a enfocar mi trabajo.

—No hay ningún problema, solo si pones mi nombre en la portada del libro —bromeó.

—Si estuviéramos en Occidente pondríamos nuestros nombres como autores del mismo, aquí no somos personalistas y no los firmamos. A pesar de eso tu nombre va a estar en muchas de las páginas —ambos rieron y le dieron al mismo tiempo el último sorbo a la taza de café.

Antes de llegar a Blackland

25 de noviembre del 2141

(Restan 26 días para el Día R)

Alfonso llevó consigo al Viejo y a Rodrigo, el hijo del mecánico que se había quedado arreglando el motor A. Solo llevaron una linterna y el contador Geiger, les sería de mayor utilidad a ellos que al grupo que se quedó en la escuela.

Caminaron por el poblado, los edificios estaban algo maltratados, las casas estaban solo habitadas por los muebles prácticamente intactos, solo dañados por el paso del tiempo y la humedad. La luz natural estaba apagándose, pero a lo lejos, a un kilómetro del lugar, divisó un galpón que daba la impresión de ser un hangar. A los exploradores, se le vino a la mente la idea de que si allí había aviones, encontrarían material mecánico al que sacar provecho.

—La luz tenue, y el silencio sepulcral, me da temor— expresó el más joven.

—Si, comparto — sonreía Alfonso ya que honestamente sentía algo de inquietud.

El viejo se sumó.

—Sobre todo lo que me aterra es que este entorno fantasmal está acompañado del sonido del detector de radiación. Sentir que estamos rodeados de material radioactivo me estremece.

—Aquí al menos hay reminiscencias de una vida cotidiana. Tengo la sensación de que Nueva Guinea me hubiese dado más miedo — Alfonso expresó un viejo recuerdo—. Hace unos años vi unas fotografías de unos exploradores que habían llegado hasta la isla grande de Nueva Guinea y se quedaron allí algunas horas. En esas fotos se mostraba una total desolación. El ambiente estaba completamente contaminado, pero lo que más escalofrío me daba era la inexistencia de edificaciones en pie, estaban todas derruidas. Comparé esas fotos, con fotos de unas décadas anteriores extraídas de un atlas turístico y la verdad que daba tristeza.

Rodrigo se inquietó con algo que le venía dando vueltas en la mente desde que tomaron la decisión de dirigirse a esta isla, y preguntó:

— ¿Por qué esta isla no quedó tan devastada como la isla grande de Nueva Guinea?

El viejo, que le gustaba contar historias y para hablar necesitaba una sola bocanada de aire, inició su relato.

—El núcleo de la primera gran explosión, fue el centro-sur de Australia, allí se ubicaba la central nuclear.

En una de las pruebas nucleares que formaba parte del programa de armamento, hubo una gran falla en el reactor nuclear. En ese momento, a todos los pobladores de Australia y de las islas que estaban dentro del primer y segundo anillo de la onda expansiva de un potencial desastre nuclear, se les exigió marcharse. Por lo que hubo un éxodo masivo en aviones y barcos.

Alfonso adicionó.

—Fue la mayor emigración de la historia de la humanidad. En una semana se vaciaron, literalmente, todas las islas. La gran mayoría se dirigió hacia Chile y Argentina.

El viejo volvió a tomar la palabra.

—Sin embargo, de esa carrera contra el desastre algunos sacaron algo de provecho. Estas islas estaban oficialmente desiertas, pero en Nueva Zelanda y Nueva Guinea, donde se encontraban las fábricas de armamento más grandes de La Unión, se seguían realizando actividades fabriles, y en Australia se seguían creando bombas nucleares. Estratégicamente se les estaba haciendo una gran jugarreta a la Coalición, se les estaba ocultando estos lugares, por lo que estos últimos los habían descartado.

Siguieron con la caminata y se encontraron con lo que parecía ser un supermercado completamente saqueado. El adolescente tomó un carrito. Creyó que sería de gran utilidad cuando encontraran los componentes necesarios para los motores.

—Luego de un tiempo en el que la Unión maximizaba el uso de estas grandes fábricas, la Coalición descubrió este engaño y las atacó junto a los depósitos, destrozando gran parte de Nueva Zelanda, Indonesia y Papúa, desapareciendo estas Naciones. Dentro de esos ataques, el más grande fue dirigido hacia la central nuclear de Australia, lo que provocó una gran explosión, azotando a toda la isla, destruyéndola casi por completo. Pero su onda expansiva, acompañada con material radioactivo, y los efectos del pulso electromagnético, dejó contaminado y frito el resto de las islas aledañas. En el sur, Tasmania y Nueva Zelanda y por el norte a la isla de Java, el sur de Borneo, Sumatra y el sudoeste de Nueva Guinea y las islas Salomón. Dejando así estos países inhabitables por décadas, y hay quienes dicen que quedaran así por siglos.

En resumidas cuentas y para responder a tu pregunta, esta isla solo se vio afectada con material radioactivo y por el pulso electromagnético, a diferencia de la devastada Nueva Guinea que sufrió junto a nueva Zelanda, un ataque directo e intensivo —se encontraban a cien metros de la puerta del galpón—. Luego del incidente en Australia, comenzó la guerra nuclear.

Alfonso volvió a hacer un comentario.

—Lo que desembocó en las bombas del Arco Iris, que apagaron el mundo.

Rodrigo reaccionó a lo dicho por Alfonso, mostrando incertidumbre en su rostro. El viejo lo notó, por lo que aclaró.

—Las bombas del Arcoíris, los Ataques simultáneos de pulso electromagnético de gran altitud, desarticularon completamente las infraestructuras vitales de las naciones del planeta.

Un gran portón cercaba la entrada del galpón. Alfonso y el joven comenzaron a empujarlo, al abrirse, se produjo un gran rugido cuyo eco, probablemente, resonara a varios kilómetros a la redonda.

Lo que vieron en el interior fue decepcionante, y la voz de Alfonso así lo expresó.

—Tan solo cinco camionetas y completamente calcinadas.

Aunque esa decepción se transformó, en un instante, en ilusión al escuchar las palabras del Viejo.

—Allí, el portón de atrás nos dirige hacia un playón abierto, quizá se presenten mejores cosas.

© Marcos Enrique, (552 palabras) Créditos