En Blackland
Alfonso de pronto dejó de prestarle atención al hombre que tenía en frente ya que recordó el descolorido calendario de papel que llevaba en su bolsillo, y se detuvo en él, Nakawé lo notó y le comentó.
—Aquí usamos otro tipo calendario. Hoy es catorce de Pradial
. Equivalente a cuatro de diciembre
de tu antiguo calendario gregoriano.
Cuatro de diciembre
—Piensa mientras realizaba la cuenta con sus dedos— Quedaban diecisiete días para que llegue el Día R, debería anotarlo de alguna manera, quizá remarcando el número de las fechas que ya no se perciban, en aquel papel débilmente impreso
.
04 de diciembre del 2141-14 de Pradial del 12054.
(Restan 17 días para el Día R).
—Necesito un bolígrafo —tomó el implemento que estaba en su bolsillo e intentó escribir en aquel papel, pero no funcionaba. Mientras intentaba hacerlo funcionar y remarcar con la punción que le brindaba la punta del bolígrafo preguntó:
—¿Qué tipo de calendario utilizan?
Lierre giró su cabeza para dirigir su atención al náufrago, y luego darle un bolígrafo explica.
—Los blacklanders usamos el calendario republicano francés, pero con algunas modificaciones —una sonrisa de regocijo se delineaba en su cara y lo acompañaba una inhalación de aire que, como si tomase carrera para dar un gran salto, lo llevaba a continuar hablando, pero ya con placer en su dicción—. Aquí los años siempre empiezan en el equinoccio de otoño, entre el veinte y veintiuno de marzo, por lo que no coinciden exactamente con los meses del calendario gregoriano. Posee doce meses de treinta días cada uno y los meses se dividen en cuatro semanas con siete días cada uno. El ciclo largo anual coincide con el ciclo solar, y el ciclo corto mensual coincide con el ciclo lunar de cuatro semanas.
Nakawé lo interrumpe.
—Sin embargo, Este sistema está adaptado para el hemisferio sur, no para el norte.
—Es todo lo que necesitamos... —continuó Lierre— En cuanto al año ¿En Occidente, en qué año estarías?
¿En Occidente?
pensó se referirá a Europa, a Italia
aceptó.
—En el año dos mil ciento cuarenta y uno.
El hombre de bigote asentía.
—Aquí utilizamos el año del holoceno, con la intención de que represente simbólicamente a la totalidad de la civilización humana y no a un porcentaje cristiano. El comienzo de la época holocena comenzó hace aproximadamente doce mil años, la época geológica en la que estamos ahora —se detuvo, miró al náufrago—, ¿me sigues?
—Si hablas más lento te voy a seguir a la perfección.
—Genial querido Alfonso. El Holoceno es ideal e insuperable, porque coincide con la historia de la humanidad de la Edad de Piedra y después de la Edad de Piedra — se detuvo y tomó algo de aire nuevamente—. Aquí estamos en el año 12054.
—Mas allá de que optaron por elegir arbitrariamente
un año, este sigue siendo un estimativo —seguía sacando cuentas con sus dedos, y al mismo tiempo quería recalar algo más de nueva información—. ¿Qué tomaron como referencia para determinar el año cero, mejor dicho, con el año doce mil y así ser más específicos?
Lierre giró su cabeza nuevamente para hablar, pero Nakawé lo interrumpió.
—Esa es otra de las cosas que no podemos responder hasta después de la asamblea, ya que decirle que es lo que se tomó como referencia seria develarle demasiada información.
Persistía el fastidio en el rostro de Alfonso, no le gustaba para nada que le siguieran ocultando información.
Nakawé se percató del malestar que estaba padeciendo y para cortar con ese momento le preguntó.
—¿Te acuerdas en qué fecha naufragó el barco?
—Entre el veintisiete y veintinueve de noviembre —Alfonso registró en su calendario—. Ya ha pasado casi una semana desde ese día.
Lierre escribió en aquella planilla que anteriormente estaba haciendo los registros la mujer.
Naufragio: Entre el veintisiete y veintinueve de noviembre aproximadamente
.
Nakawé se detuvo un instante para girar el automóvil nuevamente hacia la izquierda e ingresaron a un parque.
Recorrieron un camino rodeado de grandes árboles, y a pocos metros se toparon con un edificio antiguo.
El vehículo se detuvo, los tres bajaron, y enfilaron hacia ese edificio. Gritos y voces graves ya se escuchaban desde el exterior.
Dentro del mismo había unas cuarenta personas, todas ellas acomodadas en asientos, éstos estaban dispuestos circularmente de modo concéntrico, con cuatro pasillos que conducían al interior de dicho círculo. Todas las miradas se dirigían al ingeniero italiano.
Estas personas estaban vestidas informalmente, Alfonso pensaba que sería como algún tipo de parlamento o algo similar a una antigua asamblea legislativa. Pero los presentes no mostraban solemnidad, no llevaban tantos trajes ni corbatas como recordaba que iban vestidos en aquellas fotografías de los libros de historia, iban vestidos heterogéneamente, en su mayoría con vestimentas neutras, muy parecidas a la que él llevaba.
No dejaban de hablar, pero las voces en alto que se escuchaban desde el exterior del edificio se convertían en murmullos a viva voz. Aunque dentro de Alfonso existía mucha tensión por la presión que estaba sintiendo, las personas presentes le seguían transmitiendo calidez, pero sin dejar de mostrar mucha curiosidad.
Los tres ingresaron al centro y una vez que todos guardaron silencio, un hombre, de unos treinta años de edad que estaba colocado en uno de los asientos, levantaba la mano al mismo tiempo que se ponía de pie.
—Soy el secretario coordinador de esta asamblea— se acercó al extranjero y le tomó la mano— Bienvenido Alfonso.
Luego Nakawé le devolvió una sonrisa y comenzó a hablar.
—Secretario, Si los demás compañeros y compañeras así me lo permiten, quisiera tomar la palabra —los demás, en su mayoría, asintieron con la cabeza—. Antes que nada, quisiera contextualizar a nuestro visitante, ya que probablemente no comprenda algunos de las normas sociales y conceptos que usamos. Desde ya comenzar informando que nuestras tomas de decisiones se llevan a cabo mediante asambleas. La asamblea es concebida como la única soberana de todas las decisiones. Los compañeros y compañeras han hablado con delegados de las siete Comunidades de Blackland y ahora, al conocerte, van a exponer qué se ha propuesto.
El hombre que anteriormente había saludado a Alfonso respondió.
—Antes de presentar las propuestas nos interesaría que el invitado exteriorice su deseo, en lo que refiere a su futuro próximo.
Él observó a los ojos del hombre que le había hablado y recorrió la mirada de los demás presentes, distinguía miradas de intriga y de expectativa.
—Quiero ir a mi hogar lo antes posible, tienen que llevarme a Sicilia. Deseo estar con mi familia, ellos deben saber que estoy vivo. Pero sobre todo necesito conocer a mi hija que aún no he visto.
Luego de escucharlo, el hombre que estaba de pie, habló.
—Su deseo es lógicamente comprensible. Mi deseo, y creo que hablo por todos en este recinto, es que usted no se sienta prisionero en la Isla. Entendemos que tenga sus dudas, incertidumbre y ansiedad, sin embargo, en la historia de Blackland nunca había ocurrido algo parecido y queremos actuar de la mejor manera, de la manera en la que menos afecte a nuestra sociedad.
Hasta hace unos días ni siquiera sabíamos si ibas a lograr despertar, por lo cual decidir algo tan prematuramente, como por ejemplo el escoltarte a tu país, resulta muy difícil, por los peligros que conllevan viajar tan largas distancias, tanto para ti como para ese alguien del pueblo que te acompañe. Pero, a la vez, que te vayas de este lugar, no es algo improbable, por lo cual deberíamos encontrar la manera para que logres tu cometido, y que lo hagas sano y salvo.
Por tanto, nuestra propuesta es, que se forme una Asamblea Extraordinaria a reunirse en la actual sede del Consejo Regional en la Comunidad de Citrin, y la cuestión
para debatir en las asambleas de cada Comunidad se expresará en la siguiente enunciación: Es aceptable que Alfonso viaje hacia Occidente
cuya respuesta debe expresarse en afirmativo o en negativo. En el caso de que la afirmación sea considerada negativa, hay que explicar el por qué y si es positiva traer propuestas en el que se explique la manera que se deba proceder.
Inmediatamente que concluyó el parlamento del hombre, que actuaba como secretario, todos aquellos miembros de la asamblea comenzaron a aplaudir, lo que llevó a Alfonso a concluir que habían aceptado esta propuesta en conjunto.
El hombre agregó.
—La asamblea del buque Vanuatu sugiere que hasta que se encuentre una solución superadora, usted sea asistido por sus actuales acompañantes, Nakawé y Lierre, aprovechando su localidad en Citrin, si así ellos lo aceptan.
Lierre sonriendo, al parecer se deleitó con la idea.
—Por mi parte acepto asistir a Alfonso.
Nakawé en cambio no estaba tan contenta, ella quería sacarse de encima el asunto. Está metida en esta cuestión, solo porque estuvo involucrada en los primeros cuidados de Alfonso. Lierre, por su lado, estaba metido simplemente porque había ayudado en el cuidado del debilitado náufrago, ya que compartía una gran amistad con ella, desde hace varios años, conviviendo en la misma Comunidad.
—También acepto. —A esto agregó— el día de mañana tomaremos el tren que nos trasladará a Citrin.
* * *
Ya estaba terminando la tarde, Nakawé conducía el automóvil, estaba llevando al invitado a los hogares de albergue temporal, en donde pasarían la noche.
—¿Lierre va a venir? —consultó Alfonso.
—Lierre va a venir más tarde, en estos momentos se dirige a un comedor para realizar su labor. En Citrin, él oficia de cocinero y aquí se ofreció a cocinar para uno de los centros de alimentos de esta comunidad.
Desde el automóvil ya se podía ver el océano, estaban en la zona del puerto, se notaba el paso de la guerra, claramente los bombardeos habían alcanzado esa zona, completamente destruida, sin embargo, estaba llamativamente muy prolija, había escombros que estaban curiosamente acumulados con meticulosidad.
El auto se acercó a una pequeña playa, a lo que parecía ser un cementerio de barcos, ya que había una cantidad considerable de estos encallados.
Uno de esos barcos estaba volcado, el casco apuntaba al cielo. Allí pudo ver, por primera vez, una bandera. Estaba empotrada en la quilla, era enorme, de unos treinta metros de largo, de todos modos, su diseño no referenciaba a ningún país conocido, a ninguna bandera, era un paño completamente negro mate.
—Considero que después de todo lo que has vivido estos últimos días sería sano que te relajaras un instante, y así poder enfocarse en las humildes
y a la vez grandes
cosas que nos puede regalar la naturaleza.
Cuando estoy cansada disfruto de mirar el crepúsculo, apacigua mi mente, de algún modo tengo la sensación de que la cura. Siento, que estoy viendo una obra de arte en movimiento. Quizá a ti también te transmita alguna linda sensación, aunque sea mínima, o no.
Nakawé sentía algo de pudor al haberle dicho eso, creyó que al enseñarle algo que a ella le parecía lindo
, le estaría demostrando a Alfonso, y al mismo tiempo a ella misma, que aún puede ser sensible
, pero instantáneamente se arrepintió de hacerlo, descubrió que estaba forzando esa situación.
—La verdad que no se para que te traje —yo no soy Lierre
, pensaba—, Disculpa, volvamos al auto, es una pérdida de tiempo.
—No —interrumpió Alfonso que emitió una palabra después de unos largos minutos sin abrir la boca—. Si a ese crepúsculo, cual obra de arte, le debiera poner un título, yo lo llamaría: al fin algo de paz
.
Nakawé caminaba hacia el agua, acercándose a los barcos encallados, Alfonso la siguió. Ambos se quedaron disfrutando del mar y del sol.
Luego de estar callados durante quince minutos Nakawé suspiró y rompió el silencio.
—Muchas historias épicas y hasta fantásticas rodean a la fundación de Blackland. Pero la historia del nombre Blackland
no es una de esas —sin dejar de mirar el paisaje prosiguió—. Luego de unos años de haber llegado, los fundadores querían rebautizar el lugar poniéndole un lindo
nombre, ¿por qué no? pensaron, pero no se ponían de acuerdo con cual. Tierra de libertad
, Isla de Esperanza
, surgieron, entre otros nombres, pero todavía no les convencía. Uno de ellos dijo. Si cada uno propone un nombre distinto no nos vamos a poner de acuerdo nunca ¿por qué no elegimos un nombre que ya este dado por algo o por alguien?
. ¿cuál?
Preguntó otro. ¿Por qué no elegimos el nombre del primer barco que llegó a esta isla?
Esta idea les pareció superadora, evitaría cualquier controversia, además sería una historia romántica para contarla en el futuro. El barco que les dio esperanza, que les permitió llegar a una nueva y mejor vida, sería aquel que le pondría el nombre a la isla. Bueno, ese día vinieron aquí a esta playa y comenzaron a ver a estas embarcaciones encalladas, y llegaron a la primera embarcación.
Se estaban acercando al sector en el que estaba escrito el nombre. Era un barco enorme, precisamente había sido robado a una compañía petrolera. Era sumamente grande, lo que hacía que la espera y ansiedad de Alfonso fueran aún más emocionantes. Finalmente llegaron al nombre.
—El barco se llamaba... —Nakawé se detuvo y sonriendo observó fijamente a Alfonso—... El nuevo mundo se debería llamar... ¿SS Golden Obelisc? Todos los fundadores estaban desilusionados, un mundo nuevo, libre, anticapitalista, lejos de la heteronormatividad, ¿iba a tener un nombre tan fálico? y encima ¿un falo dorado?
Él comenzó a reír, la historia le hizo gracia, pero sobre todo el modo en que Nakawé lo había contado lo llevó a soltar su risa.
Al parecer no era tan agria como ya la estaba considerando
.
Ella, aunque había escuchado la historia muchas veces, también río.
—Si, encima de Oro, oro simbolizándonos, el material materialista
—Ambos estaban caminando por la playa. Alfonso observaba si podía encontrar de entre los barcos cual sería el SS Golden Obelisc.
—¿Y cómo llegaron a Blackland? —se encontraba fuertemente intrigado.
Nakawé señala uno de los barcos.
—Ya que el nombre de la nave era asqueroso, prefirieron otro nombre que también estaba escrito en este buque.
Alfonso leyó.
—The Blackland Co.
—Optaron por elegir el nombre de la empresa. Blackland. Esta isla, territorio de igualdad, colectivismo y libertad tiene el nombre de una compañía petrolera.
Los dos continuaron riéndose.
—Lierre es un romántico, si prefieres la versión más poética sobre Blackland que te ha dado, eres libre de elegirla para que la relates a futuro.
Antes de llegar a Blackland
22 de noviembre del 2141
(Restan 29 días para el Día R)
El barco, de nombre Doce de junio, era un barco pesquero, de unos veinticinco metros de eslora, con un robusto casco azul y el puente de mando de color blanco rodeado por doce ventanas. Para ganar liviandad y, consecutivamente, ganar velocidad se desmanteló parte del equipamiento utilizado exclusivamente para la pesca. Se retiró de la cubierta dos de las tres grúas que llevaba, la tercera les fue imposible de desinstalar, solo consiguieron desacoplar parte de ella, se retiraron los estibadores y la báscula.
Su tripulación acostumbraba a ser de quince personas que se redujo a solo diez, a estos se les sumaron diez pasajeros, integrados por William y Alfonso, los cuatro hombres de seguridad, los cuatro obreros; y un onceavo pasajero, hijo de uno de los tripulantes.
Al inicio, durante la confección del itinerario, William, observó el mapa de Filipinas y según sus cálculos iniciales, comparándolos con los registros oficiales creyó que tomarían la ruta norte, ya que era la habitual, sin embargo, el capitán del barco le comentó que por ese sector abundan los piratas chinos, por lo que prefirió optar por el paso existente entre las islas del centro del país.
El camino por ese paso fue algo lento, se debían costear algunas de las islas internas, los pasajeros sintieron una tensión vibrante, percibían las miradas atentas y amenazantes provenientes de las costas. Pero solo fueron eso, miradas inquietantes. Cuando se consiguió alcanzar alta mar, la embarcación se vio favorecida por las corrientes marinas, que allí eran más ventajosas que en el norte.