A las nueve de la noche, Martín y Alonso salieron del ministerio tras planificar, por un lado, la campaña de divulgación para desacreditar a los chiringuitos genéticos y gestores independientes de origen dudoso, y por otro intercambiar ideas e impresiones sobre la constitución del archivo nacional de material genético propiedad de los managements.

Tres días después se empezó a difundir la noticia, basada en mensajes directos y comprensibles.

Mafias venden ADN perjudicial, Mercado negro de genes. Lo confirman las autoridades, El Ministerio centralizará todos los ADNs de gabinetes legales.

Pero esa noche, mientras Alonso iba peregrinando por los distintos canales televisivos, para comprobar el seguimiento de los comunicados en telediarios y tertulias, se encontró con un inesperado reportaje.

En relación a la denuncia del Ministerio acerca de la presencia de mafias vendiendo ADN, esta cadena puede ofrecerles un reportaje exclusivo, que va más allá de lo revelado por Sanidad, y que llevábamos tiempo preparándolo, y que, por razones lógicas de actualidad, hemos decidido adelantar su emisión.

Un equipo de nuestra cadena ha estado varias semanas viajando por territorios de la antigua Unión Soviética en los que actualmente existen conflictos armados. El reportaje completo lo emitiremos en unos días, pero ahora les podemos mostrar imágenes que demuestran que las advertencias del gobierno tienen fundamento. Aquí pueden ver cómo las tropas invasoras obligan a todos los habitantes del territorio ocupado a que se les extraiga sangre. No lo podemos probar con imágenes, pero está claro que tal medida se hace para examinar el ADN de los habitantes. Y lo más grave es que algunos residentes han denunciado a los reporteros que, en los días siguientes a esas extracciones, varios habitantes de la región fueron detenidos por soldados invasores y llevados fuera de sus pueblos. Según los vecinos, estas personas pertenecen a familias caracterizadas por su longevidad, su excelente estado de salud, o mejores capacidades intelectuales o físicas.

Tras entrevistar a dos personas, con el rostro difuminado, que confirmaban lo revelado, finalizó el reportaje.

Alonso murmuró: A ver si esto consigue impactar en los jefazos, y el asunto del archivo único nacional se pone en marcha rápido.

El día siguiente, ya desde primera hora, se presentó movidito. Nada más llegar al cubículo del edificio de la Conserjería de Interior, a donde había trasladado su gabinete, Martín solicitó su presencia en una dependencia del área de seguridad.

Alonso pudo asistir en directo a la operación para coger con las manos en la masa a un médico que trabajaba en uno de los hospitales de la Comunidad. Tras varios meses de investigación, se había llegado a la sospecha de que dicho sanitario estaba suministrando ADN valioso a una mafia. Una vez detenido, se descubrió en su vivienda un laboratorio genético, con multitud de muestras. Ahora tocaba comprobar si aquellas eran de pacientes a los que había tratado.

A media tarde, de nuevo, Martín contactó con él, convocándole para una reunión. Tenía una noticia importante que comunicarle.

—Bien. Parece que los últimos acontecimientos han preocupado mucho a mis jefes, es decir, el Ministro y el Presidente. Se han movilizado y me han instado para queel archivo nacional de ADN se constituya lo antes posible. Incluso están decididos a crear una división genética en la Policía, con delegaciones en todas las provincias, y con coordinadores generales aquí en Madrid.

Alonso susurró un breve comentario de aprobación de la iniciativa.

—También quieren que haya una sub-secretaría genética en el Ministerio de Sanidad, con colaboración de cargos tanto de Sanidad, como de Interior. Aparte de los mandos y el personal de administración, desean contar con algunos expertos, no sólo como consultores, sino trabajando e involucrándose en la organización del archivo. Y... bueno, pues tras ver cómo has actuado en los últimos días, les parece que serías la persona adecuada en ese cargo. —Martín hizo una breve pausa para que Alonso asimilara la noticia y continuó—. Pero no como un experto, sino como el jefe.

—¿Cómo el jefe? —repitió Alonso mostrando cierta estupefacción.

—Efectivamente. Por supuesto, tendrás por encima de ti varios niveles de mandos policiales, de Interior y responsables de Sanidad. Muy probablemente seré yo tu inmediato superior. Pero quieren que seas el administrador general de ese archivo. Han visto que tienes buenas ideas, que sabes cómo funciona el mundillo del ADN y puedes idear soluciones para organizar el cristo que va a suponer el archivo.

—Y... ¿voy a poder continuar con mi gabinete?

—Si, porque, como te digo, vas a tener varios jefes, y ellos se encargarán, al menos teóricamente, de evitar que pongas en marcha medidas que supongan una ventaja para tu negocio. También te digo que si puedes desvincularte, al menos de forma pública, de su dirección y gestión nos evitaríamos algún que otro problema de relaciones públicas en el futuro.

Tras confirmar Alonso la aceptación del cargo, la conversación finalizó poco después, porque no había nada más concretado, aparte de la decisión del nombramiento de Alonso. Ya tendrían tiempo en los siguientes días para diseñar estructuras, planes y protocolos.

Esa noche Alonso regresó a su domicilio cerca de las diez. En vez de dirigirse a su piso, subió hasta la última planta del edificio, donde poseía un trastero. Abrió la puerta del mismo, y accedió a su interior, de considerables dimensiones ya que en realidad eran tres unidos. Sorteó una estantería llena de cajas y botellas, una bicicleta vieja y un perchero con ropa, colocados ante la puerta a modo de barrera visual, para que desde el descansillo solo se vieran, propiamente, trastos, y accedió al fondo donde tenía montado un bien equipado despacho.

Pasó un par de minutos delante de un ordenador, esperando a que se cargara. Entonces se colocó un extraño casco en la cabeza, mientras presionaba con el dedo índice derecho una tecla localizada en una pequeña plataforma elíptica. En la pantalla del ordenador aparecieron varias palabras en inglés, que confirmaban que identificación ocular y dactilar habían sido correctas.

Cambió entonces la imagen que mostraba el ordenador, y se vio una de tonos claros, con varios apartados, y presidida por el logotipo del MI6, el servicio secreto británico. Alonso cliqueó en el encabezado Send a email. Tecleó la dirección de su contacto en el MI6, y comenzó a escribir el texto, en el que comunicaba a su jefe la noticia de su nombramiento como coordinador del archivo único español de ADN.

Cuando el servicio secreto británico contactó con Alonso, ya había otros dos gestores de ADN trabajando como espías. Su labor era revelar a los británicos aquellas muestras de interés que obtuvieran en sus gabinetes, así como comunicar posibles novedades sobre normativa, rumores sobre movimientos empresariales en el sector genético, etc. La iniciativa del MI6 se había extendido por numerosos países, y, de esta manera, había conseguido varios genes relevantes que, de otra manera, hubiera sido bastante más engorroso conseguir. Pero lo que no se podían imaginar era que uno de sus agentes se iba a convertir en el coordinador general del archivo único de ADN de España.

Pronto, los británicos iban a poseer todo el ADN español.

© Ricardo Manzanaro, (552 palabras) Créditos