Se había decidido que los dos policías que vigilaban la nave en el momento del asalto, permanecieran donde estaban, reduciendo al mínimo posible la comunicación con la comisaría.

Habían pasado cuatro horas desde que identificaron como miembros de la Guardia Civil a los miembros del operativo. Durante ese periodo, observaron, desde el punto de vigilancia, cómo se desenvolvían los guardias, tanto de uniforme como de paisano, registrando el lugar y estudiando documentación y archivos. Pero, a pesar de todas las precauciones que se habían tomado, finalmente les habían descubierto. En pocos segundos, varios guardias rodearon la camioneta.

Sin embargo, no hubo ningún problema, tras la identificación de los policías, y la explicación por parte de éstos. Se sucedieron en las horas siguientes, numerosas comunicaciones entre las Direcciones Generales de ambos cuerpos de seguridad.

Apenas abandonó la comisaría, Alonso recibió una llamada de Martín, convocándole unas horas después a una reunión en la sede del Ministerio del Interior, entre varios mandos policiales, altos cargos de la administración y Alonso en calidad de experto asesor.

Martín y Alonso volvieron a explicar los acontecimientos de los últimos días. Tanto uno como el otro, expresaron su sorpresa por un lado ante la intervención de la Guardia Civil, y por otro el constatar que nadie en la Benemérita sabía de los asaltos para robar ADN.

Luego uno de los mandos de la Guardia Civil, un coronel, ofreció sus propias explicaciones.

—Como ya se ha comentado, nosotros no nos habíamos enterado de esas agresiones en territorio nacional. En nuestro caso, nos hemos implicado, a raíz de diversas informaciones reveladas en reuniones con mandos de la OTAN durante nuestra intervención en varias Misiones de Paz. Nos dijeron que habían constatado como en algunos conflictos regionales el ejército invasor, además de confiscar armas, dinero, joyas y otros objetos de valor, estaba obligando a presos, y en general a la población civil, a hacerse análisis de sangre. Según afirmaban los informantes, algunas de aquellas personas a las que se les hacían analíticas desaparecían uno o dos días después, o a veces el ejército directamente los liquidaba.

—A partir de estos datos ciertos, el resto son conjeturas —continuó el coronel— pero es muy lógico deducir que toda esa forma de actuar es para obtener ADN de calidad, y luego asegurarse que nadie más va a poder acceder a él.

—Lo de ejércitos y mafias robando ADN para luego venderlo en el mercado negro —intervino Alonso—, es un rumor que lleva desde hace bastante tiempo circulando. Pero, habitualmente, en ambientes profesionales se considera como perteneciente a la categoría de las leyendas urbanas — detuvo un momento su intervención y puso gesto como de estar pensando en algo y luego prosiguió—. Entonces... ¿de verdad que ustedes no han tenido conocimiento de los asaltos para conseguir ADN aquí, en España? —preguntó al guardia.

—Nosotros, es decir, la Guardia Civil directamente no ha recibido denuncia de ningún caso. Pero habíamos sido informados de esas prácticas en Europa del Este. Se nos había dado datos de los principales grupos de delincuentes que se estaban dedicando a eso. Tampoco crean que es práctica habitual, pero ya son varios, sobre todo de las repúblicas balcánicas. De las repúblicas ex soviéticas no tenemos ninguna información, pero es muy probable que allí también haya unos cuantos.

—Tanto por la información recogida por nuestros servicios de información destacados en las Misiones de Paz —intervino otro de los mandos del la Guardia Civil — como por los datos recogidos en las reuniones de la OTAN, se tenía constancia de que antiguos combatientes en aquellos conflictos eran sospechosos de apropiarse y traficar ilegalmente con ADN, y se les había detectado viajando y circulando por España. Cuando se localizó la nave industrial, que parecía el centro de operaciones, se solicitó la correspondiente orden judicial —el mando miró significativamente a Martín— y se procedió a montar el operativo.

—Del que, por supuesto —apuntó ácidamente el subsecretario—, no se informó a la Dirección General de Policía, no fuera a ser que alguien quisiera ponerse las medallas que no le correspondían.

—En Interior, se sabía —respondió indiferente el coronel—, como y cuando se transmita la información dentro del Ministerio, no nos compete.

Aunque la conversación, en tono tenso, duró unos minutos más, los mandos no revelaron mucho más de la investigación. Quedaron en mantenerse en contacto.

Sin embargo, sólo dos días después, Martín citó a Alonso en su despacho.

—Nos ha llamado nuestro amigo el coronel de la Benemérita. Ya han identificado a los individuos que vigilamos y ellos detuvieron, y, efectivamente, algunos son exmilitares de países del Cáucaso. No nos han concretado nada más. Sólo me ha dicho que el eterno conflicto regional en el que viven esos países, está actualmente un poco en standby. Los enfrentamientos tienen sus ratos de tranquilidad alternando con otros moviditos, y ahora está un poco parado. Mientras tanto, se sabe que los altos mandos están aprovechando para hacer negocios, como tráfico de armas, de drogas, y ahora parece que han encontrado el filón, y se dedican a vender secuencias de ADN, que obtienen de habitantes de las regiones que controlan. No queda claro si a los donantes los eliminan, o simplemente toman la muestra y se largan.

—¿Y qué pintan aquí? — preguntó Alonso.

—No es seguro, pero probablemente vienen a vender las secuencias que han acordado suministrar a algún proveedor del mercado negro de ADN que trabaja en España —explicó Martín—.

—Buf, que espanto — exclamó Alonso.

—Ya le he comentado que siempre se ha hablado de tráfico de ADN, por parte de mafias.

—Si, ya he oído eso muchas veces. —interrumpió Alonso—.

—Pero se pensaba que era en países de Asia o de Europa del Este. Sin embargo, ahora, tras descubrir esto, me parece que el problema es más grave. Están robando ADN allí, para venderlo aquí. Y además están implicados militares con muy pocos escrúpulos.

En ese momento, Martín interrumpió la conversación con Alonso, para atender a un subordinado.

—¿Está usted libre? —le preguntó cuando acabó—. Tenemos novedades y nos interesaría que estuviera aquí presente.

Se trasladaron a un laboratorio forens de de Interior, donde le revelaron que se había aislado ya un número considerable de secuencias de ADN, del material requisado, y le solicitaban su asesoramiento para intentar desentrañar su posible uso. Alonso abrió en su móvil los archivos con las bases de datos de genes, tras lo cual comenzaron a revisar las secuencias.

—Este presenta genes de protección del tejido hepático. Viene bien si se supone que el receptor acabará consumiendo mucho alcohol —bromeó.

Este...es para la piel. Parece que tiene una doble utilidad. Las pieles con estas secuencias se broncean bastante rápido, y resisten mejor las radiaciones solares, con lo que tienen menor riesgo de cáncer.

Esa zona codifica para la inteligencia. Esas mutaciones no las conozco, pero es muy típico ofrecer configuraciones de estos segmentos, de personas muy inteligentes,, para que el niño salga más listo.

Secuencias de estas características dificultan la aparición de celulitis.

Tenemos nosotros una secuencia casi idéntica, que se usa en tejido muscular, para obtener musculación de culturista con menos esfuerzo.

De las más de veinte secuencias de ADN que se mostraron a Alonso, siete eran desconocidas para él. No las tenía registradas, ni poseía ninguna información sobre las mismas. Se comprometió con Martín a buscar bibliografía sobre esas mutaciones, con el fin de descubrir que beneficios aportaba.

Dos días después Alonso había conseguido información de casi todas las secuencias, por lo que contactó con Martín. Tras anunciar a su interlocutor los descubrimientos, el otro comentó.

—Tenemos una reunión hoy por la tarde en la sede del Ministerio. Nos interesaría que estuviera usted.

A medida que se fue desarrollando aquella sesión, y se iban informando de las novedades, cundió entre los asistentes la sensación de que el problema del ADN se estaba descontrolando.

—Los asaltos para robar ADN se están extendiendo. Ya hay numerosas denuncias, presentadas en comisarías de otras autonomías, de ataques sospechosos de tener dicha intención —informó un alto cargo policial.

—Visto lo visto, habrá que centralizar todo en edificios oficiales, del ministerio que se prefiera, Sanidad o Interior—afirmó Martín.

—Si, pero está el problema de las personas que figuran en las bases de datos de los gabinetes que han sido asaltadas en estos últimos días. Las mafias ya tienen los datos de esas personas ¿Cómo les protegemos?

—No podemos proteger a tantas personas. Les avisaremos y les explicaremos el riesgo que corren, pero es completamente imposible proteger a todos.

—Aparte de esto, tenemos el problema de detenidos en la operación de la Guardia Civil. Se han identificado a varios y se confirman nuestras sospechas.

—El caso es que —volvió a intervenir Martín— cada vez más a menudo recibimos informaciones en este sentido. Eso indica una extensión de estas prácticas que ya se pueden considerar como un problema a nivel mundial. Habrá que hablar con Europol e Interpol.

—A nivel práctico, lo que nos importa es que las mafias están expandiendo su negocio por España importando ADN ilegal, obtenido bajo coacción y violencia, y tenemos que intentar pararlo.

—No sé... se me acaba de ocurrir —comentó Alonso un poco balbuceante— si no sería mejor revelar a los medios la existencia de las mafias de ADN —los dos funcionarios expresaron gestos de extrañeza—, pero alertando que es muy probable que sea ADN falso. Decir que se han analizado las muestras requisadas a las mafias, y que, aunque efectivamente tienen algún efecto positivo, presentan también intensas predisposiciones a patologías graves. —Los asistentes empezaron a cambiar su semblante, al entender lo que señalaba Alonso—. En mi gabinete me ha pasado muchas veces. He rechazado muestras que, por ejemplo, codificaban para piel más resistente a la oxidación y al envejecimiento, porque también portaba secuencias que favorecían mucho el cáncer de piel. Para encontrar secuencias con ventajas y sin inconvenientes, tenemos que rechazar muchas. Supongo que esas mafias no harán ninguna comprobación. En cuanto hallen un gen con las secuencias tipo, que tienen efectos positivos, lo copiarán y luego lo ofrecerán a sus clientes, sin preocuparse. En unos años las cosas cambiarán, cuando se generalicen las nuevas técnicas que permiten insertar secuencias concretas de ADN, pero hasta entonces...

© Ricardo Manzanaro, (552 palabras) Créditos