Pasadas las cinco de la tarde del siguiente día, Alonso accedía a las dependencias centrales del Ministerio del Interior. Permaneció un cuarto de hora solo, en una sala de espera. Finalmente, le hicieron pasar a una habitación. Ninguno de los presentes era los policías con los que había tratado en los últimos días, por lo que quien le había hecho pasar le presentó a los asistentes. No especificaron el cargo de cada uno, sino únicamente a que departamento o ministerio perteneciente (de la Dirección General de Policía
, de la División Genética del Ministerio de Sanidad
).
Tras sentarse todos, comenzó a hablar uno de los más jóvenes, que Alonso reconoció como el subsecretario de Seguridad. Lo primero que hizo fue interrogar, en tono muy amable, a Alonso acerca de su labor profesional al frente de ADN Gestión
. Más bien parecía querer que Alonso le confirmara lo que él ya conocía, puesto que la mayoría de las preguntas fueron precedidas de una afirmación, y luego un ¿Es así?
o un ¿Es correcto?
.
Por fin, tras aquel cuestionario, el subsecretario, apellidado Martín, empezó a explicar la situación a Alonso.
—Según nos han informado desde la comisaría, varios de sus clientes han sufrido asaltos, con la aparente intención de obtener una muestra de sangre o de tejidos, y de ellos extraer la secuencia de ADN ¿no? Bien, su caso no es el primero que se denuncia, en esta comunidad autónoma si, pero no a nivel de toda España. Hace unas pocas semanas se nos alertó, desde el Ministerio de la Presidencia, del CNI, en realidad, de un grupo mafioso que en su país de origen se dedicaba a estas agresiones genéticas, por llamarlas de alguna manera, y a traficar con las secuencias obtenidas. Los conseguimos localizar, tras lo cual comenzamos a vigilarles. Mediante ese seguimiento, descubrimos en los últimos días que estaban a su vez detrás de varias personas. Comprobamos que todas ellas eran clientes de ADN Gestión
. Pero, en uno de esos seguimientos, observamos que el individuo que seguía a su cliente se preparaba para atacarle, y por eso le detuvimos.
—Pudimos obtener información muy interesante interrogándole, e inmediatamente montamos una operación para intentar desarticular la banda. Hemos detenido a otros dos. Pero parece que los jefes del grupo han huido. Con lo que hemos sabido durante los interrogatorios se han confirmado las sospechas. Es un grupo dedicado a obtener ADN de manera ilegal, y habitualmente por procedimientos violentos. No parece que hagan otras cosas aparte de vender los genes —ante un comentario de Alonso, procedió a aclarar este punto—. Si, hay bandas que tienen laboratorios, y ellos mismos insertan el ADN robado en los embriones de los clientes. Hay otros, como este, que sólo ofrecen la secuencia y son otros los que llevan a cabo los procedimientos.
A continuación, Martín le reveló como se constituyó un grupo de investigadores del Ministerio de Sanidad, para identificar y seguir a ese y otros grupos de delincuentes dedicados al tráfico ilegal de ADN obtenido por métodos violentos. Describió como estaba la situación actual, e informaciones transmitidas por Consejerías y unidades policiales de otras comunidades autónomas, donde también se habían registrado casos similares. Durante esos contactos, se les ocurrió una solución, casi idéntica, a la ideada por la Federación.
—Se trataría que las empresas de management genético tuvieran sus archivos con información de sus clientes en una instalación segura que gestionarían las Conserjerías de Sanidad y coordinaría el Ministerio, para guardar los datos clínicos obtenidos en los tratamientos llevados a cabo en los centros sanitarios de cada Comunidad. Se trataría de recintos muy seguros. Ahí podrían estar depositados los bancos de muestras de cada una de las empresas, junto con los datos de los clientes. De esta manera, la única forma de obtener esos genes sería asaltando el archivo de la Consejería de Sanidad, que como se pueden imaginar es imposible, salvo que vengan con un ejército ¿Qué le parece la idea?
Alonso entonces reveló la nueva iniciativa de la Federación, en el sentido de crear un archivo de ADN de confianza.
—Bien —comentó el subsecretario tras asentir — Yo no veo problemas. En esta comunidad autónoma, el archivo de la Federación estará radicado en la Consejería de Sanidad. Lo digo porque puede haber gente seria que no forme parte de su federación, y no deben quedar excluidos. Pero lo que va a ser obligatorio es que los archivos estén centralizados en Sanidad.
—Veo otro problema —continuó Alonso— Estoy seguro de que la mafia que sigue a mis clientes, no ha obtenido los datos asaltando ninguna base de datos, sino vigilando mi gabinete. Lo más obvio es ellos se han enterado de la existencia de ADN Gestión
mediante nuestra publicidad. Y luego han montado un dispositivo de vigilancia. Tras determinar que tal persona ha acudido a mi consulta varias veces, la han seguido y por último asaltado. Aquí no han tenido nada que ver las bases de datos.
—Si, ya sé que son métodos distintos —respondió Martin— Habíamos detectado intrusiones en bases de datos, y por eso planeamos esa iniciativa. Hay otros que, como usted dice, actúan más directamente, llevando a cabo seguimientos y vigilancias. Para estos casos, hemos planteado otra solución.
—¿Que solución? —preguntó Alonso.
—Se trataría de ofrecer a los gestores de ADN que lo deseen, una oficina dentro de un edificio perteneciente al gobierno de la Comunidad. Así, los clientes de ese gabinete, o los que quieran informarse, irían a un centro público, que acoge múltiples actividades de varios departamentos, no sólo el de Sanidad. De este modo, si alguien está vigilando ese centro, no puede saber si los que entran al mismo van al gabinete genético, a las instalaciones de la Seguridad Social, o a la Oficina del Consumidor. Por supuesto, el acceso a los gabinetes estaría vigilado, para que nadie pueda a su vez vigilarlos.
—Pero hay decenas de gabinetes —comentó Alonso.
—Eso tampoco es problema —dijo Martín—. Varias zonas de los edificios oficiales de la Comunidad dispone de un sistema flexible de tabicación. Podemos crear mini-despachos en número suficiente para dar cabida a los gabinetes genéticos.
—Aparte, creo que puede haber gente que no le guste tener que ir a un edificio oficial para hablar de su ADN —volvió a intervenir Alonso.
—Yo creo que si se les explica claramente porque se ha tomado esa medida, a la mayoría le parecerá bien.
Tras cinco minutos más, intercambiando opiniones y posibles soluciones para los problemas planteados, se decidió suspender la reunión, quedando en volver a juntarse al cabo de tres días.
Sin embargo, el subsecretario se acercó a Alonso, y le preguntó si tenía prisa, ya que quería hablar en privado con él. En menos de diez minutos, los dos ya estaban solos en un despacho.
—Comentarle que esta segunda reunión no es secreta. Todas las personas que han estado en la previa, lo saben. Simplemente quería conversar con usted de manera más directa y reservada —le aclaró a Alonso—. Bien, el asunto es que, como ve, vamos a tener que llevar a cabo cambios importantes en la regulación de los gabinetes genéticos y, en general, en todo lo referido a la gestión del ADN. Aunque hemos visto que hay muchas cosas pendientes, creemos que la solución de centralizar este asunto, es la mejor. Pero, como le digo, es seguro que van a surgir muchos problemas, hasta que asentemos el nuevo sistema. Entonces, nos gustaría contar con uno o varios asesores, expertos en el tema. Y no solo que sean consultores, sino que también lleven a cabo ciertas tareas ejecutivas.
Martín calló unos instantes, y luego continuó.
—Vistos los informes que nos ha transmitido sobre usted el inspector Torres, querríamos que ocupase ese cargo.
—¿Me está ofreciendo un puesto oficial? —dijo Alonso.
—Si. Por ahora asesor
o consultor
—respondió Martín—. Suponemos que, a medida que se vayan complicando los asuntos, habrá que ampliar el número, cada uno especializado en un aspecto concreto de la gestión genética. Entonces sería usted el encargado de coordinarlos y ejercer de interlocutor con el Ministerio.
—Pero ¿no habrá problemas por tener yo un gabinete privado y además ejercer de asesor de la administración pública?
—No. Hay varios supuestos en los que encaja esta situación. Y es perfectamente legal asesorar, sin dejar la actividad privada.
—Bueno... tendré que trasladar el gabinete aquí... —comentó Alonso.
—Si, por lo menos lo que se refiere a archivos con datos de clientes...
La conversación se mantuvo durante unos minutos más comentando problemas o cuestiones espinosas que se podían plantear.
Finalmente acordaron que Alonso acudiría el día siguiente a ese mismo despacho, para formalizar el compromiso.