Acababa Alonso de entrar en su despacho cuando recibió una llamada. Aunque inmediatamente se identificó, Alonso ya había reconocido la voz desde el inicio de de la comunicación. Era el inspector Torres. Media hora después, Alonso volvía a la comisaría.

—No ha habido movimientos en el polígono donde estuvimos ayer —le informó el policía—. Le hemos llamado porque, a pesar de la operación de ayer, dos policías han seguido vigilando las inmediaciones del edificio donde está su gabinete, y parece claro que siguen vigilándoles. Por eso se nos ha ocurrido una estrategia para confirmarlo y, tal vez, detenerlos —comenzó a explicarle Torres—. Nuestro punto de partida será que su empresa se dedica a hacer llamémosle marketing de ADN bueno de sus donantes.

—Efectivamente, ya se lo expliqué. Yo mismo lo denomino marketing genético —aclaró Alonso—. Represento a varias personas que poseen un ADN con numerosos genes que previenen ciertas enfermedades y/o poseen potencialidades en cuanto a inteligencia, desarrollo corporal, belleza, etc. Con ese catálogo llevo a cabo activas campañas de promoción de en las clínicas de reproducción asistida para que se lo ofrezcan sus clientes.

—¿Qué tipo de campañas?

—Nuestros comerciales visitan regularmente las clínicas ofreciendo los catálogos actualizados, y también insertamos vídeos en webs relacionadas con la industria genética ¿No ha visto ninguna? Vale, le pongo un par de ejemplos, si me permite... —Alonso tocó varias veces la pantalla y, unos segundos después, la movió un poco, para enseñar al policía un video— En este, por ejemplo, se describen las propiedades de tres muestras reales, usadas en el pasado, y los efectos beneficiosos que han tenido sobre los receptores. Por supuesto, les hemos pedido autorización a los padres de los receptores, de esos genes para usarlos en el anuncio, aunque como ve no se da ningún dato personal.

Los dos permanecieron unos instantes en silencio, observando el anuncio de ADN Gestión.

Se veía a un médico que decía: ¿Desea que su futuro hijo tenga el mejor ADN, los mejores genes?. A continuación, aparecía el logotipo de la empresa, mientras el otro continuaba hablando: En ADN Gestión le ofrecemos genes que reducen casi a cero la posibilidad de padecer muchas enfermedades —la imagen del logotipo se sustituía por una sucesión de imágenes de tema genético—. Asimismo, los genes que ofrecemos son de personas con elevadas capacidades físicas o intelectuales. Tenemos muchas variedades de contrato, que se ajustan a sus necesidades. Contacte con nosotros. En ese momento cambió radicalmente la imagen, apareciendo unas letras grandes blancas sobre fondo negro: Aviso. La dotación genética del ADN que ofrece ADN Gestión posee las características descritas en cada caso, pero no se garantiza el desarrollo completo de las mismas. El ADN presenta potencialidades, pero sobre el desarrollo de las mismas también influyen factores ambientales, familiares y educacionales. Recomendamos leer atentamente las condiciones de nuestros contratos en la web de ADN Gestión.

—Jobar... Curiosa la advertencia —comentó Torres.

—¿Cree usted? —preguntó Alonso, mientras tecleaba con el ratón para detener la emisión—. Pues ya lo incluyen muchas empresas del ramo. Quizás nuestro anuncio es uno de los que más claro lo difunden, porque en otros se pronuncia a toda velocidad, mientras el texto corre por la parte de debajo de la pantalla. Pero yo quise que se dijese muy claro, para reforzar nuestra imagen de seriedad —el otro volvió a decir jobar y se calló, por lo que hubo unos segundos en que ninguno de los dos habló— Si quiere le enseño otros spots —dijo entonces Alonso, respondiendo Torres con un Ah, si, si.

El segundo era idéntico al anterior en los primeros segundos, pero luego se continuaba de un enunciado diferente, aunque las imágenes eran casi las mismas. Se anunciaba que ya era posible insertar secuencias concretas del ADN del donante, y no todo entero. En este caso, el epílogo aclaratorio fue un poco más largo, porque se incluía la siguiente frase: ADN Gestión no lleva a cabo la inserción selectiva del ADN, pero le ofrece dichos servicios a través de centros sanitarios de confianza.

El tercer spot tenía una finalidad diferente. Su objetivo era captar nuevos donantes de ADN. ¿Cree usted tener protección genética contra alguna enfermedad? ¿En su familia hay alguna patología o factor de riesgo siempre muy por debajo de la media?. Tras aquellas preguntas, se destacaban los beneficios de ser donante genético de ADN Gestión, así como las medidas de seguridad y confidencialidad. En este caso, no había ningún texto final de advertencia.

Al acabar la reproducción del spot, el policía intervino.

—Bueno, de acuerdo. Entonces le explico la idea que se nos ha ocurrido. Queremos saber si hay más grupos vigilando su oficina y sus movimientos, que, por las informaciones recibidas, parece ser así. El plan trataría de atraer la atención de los agresores con respecto a un par de mis hombres, que se harían pasar por supuestos donantes de ADN Gestión.

—Ah, o sea... —interrumpió Alonso—. Difundimos que tenemos algunos donantes con un ADN dotado de propiedades extraordinarias. Y ustedes vigilarían a quienes siguieran a estos supuestos individuos con genes fuera de lo común.

—Eso es —exclamo el otro—. Ha acertado.

Alonso se mostró de acuerdo con el plan.

Los siguientes minutos se consumieron en diseñar el operativo necesario y las tareas de las que había que encargarse: escoger a los falsos donantes, determinar las características de ese ADN maravilloso que serviría como cebo, y diseñar el plan de vigilancia.

No esperaba Alonso tanta eficacia y rapidez, puesto que la mañana siguiente ya estaba en marcha la operación.

Alonso comenzó a apuntar en un archivo nuevo la identificación y los datos de la gente que acudía al gabinete. Se había instalado un micrófono que grababa las conversaciones, para luego ser revisadas por la policía. Alonso fue mencionando, a quienes venían a informarse, de esos supuestos poseedores de un ADN fantástico.

—Le comento que en estos días hemos tenido la fortuna de poder incorporar a nuestra cartera de donantes tres personas con un ADN extraordinario. Se les ha detectado numerosas mutaciones catalogadas como positivas, que está demostrado que protegen de patologías como el cáncer, que consumen en alto grado calorías aumentando el metabolismo basal y dificultando engordar, y con antecedentes de elevados coeficientes intelectuales entre familiares.

La segunda parte del plan de simulación consistía en que dos hombres de Torres acudieran frecuentemente a la consulta de Alonso, para que, en caso de que alguien le estuviera vigilando, sospechase que eran los poseedores de aquel ADN tan interesante.

Además, según indicaciones de la policía, Alonso se vería con ellos en lugares públicos, y hablarían sobre genes y enfermedades. Así, cuando uno de los clientes-gancho visitara la sede de ADN Gestión, éste y Alonso saldrían juntos del gabinete y se dirigían a una cafetería. Ahí permanecían un breve rato, manteniendo una conversación previamente fijada, centrada en genética, y tratando aparentemente de asuntos relacionados con la gestión de ese ADN tan formidable.

Otro de los montajes para reforzar el interés hacia los ganchos, fue que uno de ellos acudió dos veces en el mismo día, permaneciendo bastantes minutos en el gabinete.

Durante ese tiempo se intentó que no dieran opción a ser abordados. Se montaban en taxis que les llevaba del gabinete a pisos francos de los que no salían en todo el día.

La estrategia diseñada preveía mantener una reunión, tras un par de días con el plan en marcha. Si parecía oportuno, según los resultados del seguimiento, entonces se dejaría que los cebos comenzasen a dejarse ver por la calle, solos, caminando por lugares poco concurridos, por supuesto vigilados por otros compañeros. La reunión para evaluar el progreso de plan consideró que la operación se desarrollaba adecuadamente, y que el montaje se había representado bien. Aparte, le informaron que los dos tipos de la nave industrial habían accedido a la misma en dos ocasiones, y durante media hora escasa. No parecía que se hubieran dado cuenta de nada.

En la jornada siguiente, los cebos llevaron a cabo la fase dejarse ver. Nuevamente visitaron la sede de ADN Gestión. En esta ocasión estuvieron poco tiempo en la oficina, tras lo cual salieron a la calle. Luego, caminando, fueron haciendo varias gestiones, como ir a un banco o algunas compras. Tras finalizar los recados, deambularon tranquilamente por la calles.

Por la tarde, Alonso se llevó una sorpresa, cuando recibió una llamada de Vriés para informarle.

—A los cebos les han estado siguiendo dos grupos diferentes.

—¿Eeeh? —Exclamó asombrado Alonso.

Se había constatado que dos personas vigilaban y seguían los movimientos de cada uno de los supuestos donantes de ADN Gestión. Aparentemente, se trataba de individuos no relacionados entre si. Uno de los grupos parecía más experimentado en esas tareas, porque costó descubrir que estaba siguiendo al cebo. Del otro resultó bastante fácil concluir que realizaba tal labor.

—¿Podría haber dos bandas diferentes? —preguntó Alonso.

—Podría ser —respondió Virés—, aunque también manejamos otras hipótesis. Pero ciertamente una de las explicaciones es que hay varios grupos mafiosos que se dedican a traficar con las secuencias genéticas.

—Mierda —susurró Alonso mientras pensaba que cada vez se complicaba más el mantenimiento de su gabinete.

—Hemos conseguido que nos asignen dos personas más para esta operación. Se van a encargar de vigilar a los vigilantes.

En ese momento sonó de fondo el móvil del policía. Tras atender la llamada, le informó a Alonso.

—Como le acabo de comentar, desde hace un rato teníamos a un compañero vigilando a uno de los que a su vez estaba siguiendo al cebo. Me comunican que unos tipos han salido de un coche, han agarrado a ese y lo han metido dentro a la fuerza.

—¿Al cebo? —preguntó Alonso.

—No, no —aclaró Virés— al que le estaba siguiendo—. Alonso susurró de nuevo ¿Queee?—. Aventuro que puede ser la otra banda, que ha pillado a éste para sugerirles que abandonen.

Volvió a sonar el móvil.

—Además del que le estaba siguiendo a pie, teníamos a otro compañero circulando en moto por los alrededores. Ya ha localizado el coche de los secuestradores. Espere... —el policía pareció manipular algunos botones—. Ahora puede oír también lo que me cuentan los compañeros, y no le tengo que estar repitiendo lo que me dicen.

En ese momento una voz surgió del altavoz.

© Ricardo Manzanaro, (1.706 palabras) Créditos