Francisco Alonso se dirigía caminando hacia su lugar de trabajo un poco más tarde de lo habitual. La noche anterior había regresado noche de un viaje a Toledo, acostándose a las dos de la madrugada. Decidió retrasar algo el inicio de su jornada laboral, ya que no había ninguna cita a primera hora.

Finalmente, Alonso se plantó ante una puerta que lucía una placa, con dos únicas palabras en ella: ADN Gestión. Apuntó con el móvil hacia la cerradura de la puerta, la cual, un segundo después, se abrió, dejándole entrar.

Nada más cerrar, de una de las habitaciones surgió la cabeza de Tomás.

—¿Qué tal? ¿Muy cansado? ¿Y la reunión? — preguntó el joven, que llevaba tres meses trabajando allí, con contrato de becario.

—Si, estoy cansado, pero creo que estoy en condiciones de aguantar lo que queda de jornada —respondió Alonso, mientras accedía a su despacho—. Luego te cuento lo de Toledo, pero tampoco ha habido nada excesivamente novedoso.

—En la sala de espera hay uno sin cita, un tal Gregorio Méndez, de urgencia, para una analítica —le informó Tomás.

—Vale, de acuerdo.

Alonso decidió atender inmediatamente al cliente e ir enterándose de su problema, mientras se cargaba el ordenador y las máquinas.

Méndez aparentaba estar un poco apurado por haber tenido que recurrir a aquel servicio con tal premura.

—Disculpe por venir así, pero me lo dijeron hace tiempo, y he andado liado por un cambio de vivienda, y lo había olvidado por completo...Y lo recordé ayer a última hora, cuando miré la agenda... Es que tengo antecedentes en la familia... de problemas... y siempre tengo cuidado.

—No se preocupe —le tranquilizó Alonso— Esta circunstancia no es tan excepcional. Son frecuentes casos como el suyo. Y tenemos preparada una solución de contingencia ¿A que hora está citado para la analítica?

—A las nueve y media.

—Vale, si, hay tiempo suficiente ¿Me puede decir cuál es el número de póliza que tiene con nosotros?

—Ah, eeeh... Si... —el cliente le mostró el móvil con unas cifras en la pantalla. Alonso localizó la póliza en su base de datos.

—Perfecto. Ahora pase de nuevo a la sala de espera. Confío que en unos minutos ya esté todo resuelto, y pueda ir a hacerse la analítica.

Y, efectivamente, un cuarto de hora después, Alonso llamó de nuevo a Méndez, para que acudiese a su despacho. Allí le presentaron a Hurtado, el representante de ADN Gestión que le iba a acompañar. El cliente refirió sentirse aliviado por haberse solventado el problema, y expresó su admiración por la rapidez del servicio.

El cliente y Hurtado salieron del edificio donde radicaba el gabinete, y montaron en un coche que les esperaba en el aparcamiento. Hurtado lo arrancó, recitó en voz alta y clara el destino al navegador, y se volvió hacia el cliente mientras el coche se ponía en marcha y los encaminaba hacia allí. Debido a la premura de tiempo, el empleado de ADN Gestión no había podido consultar los datos clínicos de quien protegía, por lo que, durante el desplazamiento, le solicitó que le detallara, de manera genérica, sus riesgos. Aunque Méndez no expresó ninguna queja u objeción por aquella pregunta, Hurtado soltó la habitual perorata para asegurar al cliente que los datos médicos que pudieran obtenerse de la charla tenían la misma consideración que la historia clínica que de él existía en los archivos de ADN Gestión. Tras este trámite, una vez que el cliente terminó de enumerar los riesgos a los que estaba predispuesto, Hurtado comprendió el agobio que aquejaba al ánimo del individuo.

La extracción se iba a efectuar en una clínica privada, que tenía concierto con las principales mutuas de salud laboral. Al llegar al complejo sanitario, una mujer les atendió, llevando a cabo con agilidad los trámites, y consiguiendo las preceptivas firmas en los consentimientos de enfermo y de protector de ADN. Diez minutos después, les hicieron pasar a la sala de extracciones. Hurtado no conocía al encargado del procedimiento. De tanto frecuentar centros sanitarios con el mismo fin, era habitual que ya hubiera tratado antes con el profesional, y con algunos se veía tan a menudo que ya hasta hablaban sobre fútbol o política, cuando coincidían. Esa era la primera vez que veía a aquel individuo en la sala de extracciones y análisis rápido, pero no aparentaba ser ningún novato, porque se desenvolvía con rapidez y destreza.

Por tanto, en poco tiempo se llevó a cabo todo el procedimiento de obtención y análisis de la sangre del cliente. Hurtado permaneció apoyado en la pared, mirando lo que ocurría, sin exteriorizar demasiado su aburrimiento. El operario extrajo la sangre del brazo derecho de Méndez. Luego continuó con las centrifugaciones, retirando, tras las mismas, los diferentes componentes de la sangre, como plasma o suero. Dejando ver con claridad que no había posibilidad alguna de sustitución de los fluidos por otros, colocó los tubos en los lectores de parámetros. En menos de dos minutos ya estuvieron disponibles todos los datos bioquímicos y hematológicos del cliente. Tras esto, se continuó con el protocolo para la destrucción de las muestras. Los fluidos sobrantes fueron sometidos a los preceptivos 94ºC, durante 5 minutos, para asegurarse de la completa desnaturalización del ADN allí contenido. Mientras, Hurtado procedió a eliminar con total seguridad los datos médicos del cliente en el ordenador de la estancia —previa comprobación de la imposibilidad de transferencia alguna de información por cualquier vía—. Una vez cumplidos todos los trámites, solo quedó que, tanto cliente como protector, firmaran los certificados de conformidad de las acciones llevadas a cabo, y que por tanto se renunciaba a cualquier posible demanda o querella posteriores, por inadecuado uso de datos genéticos.

Veinte minutos después, Méndez y Hurtado accedían a las oficinas de ADN Gestión. En ese momento había una chica sentada en la sala de espera, y Alonso estaba sólo en el despacho, así que Hurtado dio dos toquecitos en la puerta con los nudillos de la mano derecha, para llamar la atención del otro.

—Si, si, pasa... —respondió Alonso— Estoy libre. Te esperaba para hablar con la cliente que está en la sala de espera —Hurtado y el otro entraron— ¿Qué tal? ¿Algún problema?

Hurtado explicó brevemente lo sucedido. Se le preguntó a Méndez si estaba satisfecho con el servicio, contestando afirmativamente, y expresando después su agradecimiento por la rapidez del servicio, ante la urgencia debida a su despiste. Tras firmar un documento, en que certificaba el servicio prestado por ADN Gestión, salió de las instalaciones.

—¿Terminas el turno o...? —empezó a preguntar Alonso a Hurtado.

—No, me toca hasta las dos —respondió el otro, interrumpiendo la pregunta del propietario del gabinete de management genético.

Alonso solía comentar, a veces, que inicialmente había denominado a su empresa Alonso Gestión Genética, pero luego le revelaron que en muchos gabinetes como el suyo se había rechazado esa denominación, porque tomando sólo las iniciales quedaba G. G., que pronunciado resultaba cómico, inapropiado para el prestigio de su negocio. Entonces cambió a ADN Gestión, y en su tarjeta de visitaba figuraba Genetic Manager.

Alonso echó un vistazo al expediente de la joven que esperaba fuera.

—Señorita Correns, puede pasar.

Unos segundos después, con los tres ya sentados en el despacho, la joven explicó su caso, por lo demás muy común.

—Verán. Tengo secuenciado el genoma desde que era muy cría. Tengo antecedentes familiares por parte de mi padre de muchas muertes por infartos o problemas cardiovasculares, y por parte de mi madre de melanomas y carcinomas. Por eso, me analizaron tan pronto el ADN. Resultó que había heredado la predisposición a enfermedades cardiacas. Me dijeron que, en mi caso, se había incluso reforzado un poco más el riesgo. Desde los dieciocho años he estado trabajando con mi padre, por lo que no ha habido ningún problema. Pero ahora me han pre-contratado en otra empresa. Y previo a hacer definitivo el empleo, me han dicho que debo hacerme una analítica y un reconocimiento médico. Entonces no sé muy bien cómo va el tema ¿Me pueden obligar a hacer el análisis? ¿también del ADN? Ellos no han mencionado en ningún momento nada referido a los genes.

—Bien —respondió Alonso— Una empresa puede ponerle como condición previa contratarla practicarle un reconocimiento médico previo, pero, si usted manifiesta su oposición a ello, no puede hacerle análisis de su ADN. Hay mucha gente que desconoce esto y, como no expresan por escrito su oposición, se lo hacen. Entonces ellos pueden descubrir que, por ejemplo, presenta una serie de mutaciones que favorecen, como es su caso, un tipo de enfermedades. Y, entonces, tal vez decidan no cogerle a usted para ese trabajo, aduciendo cualquier tipo de justificación no referida a los genes. También se conocen muchos casos de personas que firman la negativa, por lo que oficialmente la empresa sólo analiza cómo anda usted de glóbulos rojos o de colesterol. Pero, mientras están llevando a cabo los procedimientos para los análisis, reservan una pequeña cantidad de sangre, y con ella pueden estudiar su ADN. Luego, si resulta que predispone para muchas enfermedades, buscan una excusa referida a su curriculum, y no le contratan. Para evitar esto, nuestra empresa vela para que no se le practiquen otros análisis diferentes de los que usted ha permitido. Si contrata nuestros servicios, cada vez que le soliciten una analítica, o si usted desea hacérsela, irá acompañada de un representante de ADN Gestión —Alonso señaló a Hurtado—. Este vigilará todo el proceso, y se asegurará de que sólo se analiza lo que usted ha autorizado, y que, una vez se han finalizado los procedimientos, toda la sangre que se le ha extraído se elimina, previo sometimiento durante unos minutos a una alta temperatura, que asegura la completa destrucción del ADN.

Diez minutos después, la joven firmaba el contrato de gestión completa de su ADN. Se concretó una cita para practicarle una extracción, con el fin de analizar a fondo sus genes. Y se le ofreció una primera explicación sobre precauciones y medidas de seguridad en su vida cotidiana, y en los ámbitos laboral y sanitario, para evitar que, por un descuido, alguien pudiera obtener una muestra de su ADN.

Tras despedirse de la señorita Correns, y de Hurtado que salía a hacer varias gestiones, Alonso decidió aprovechar ese rato para llevar a cabo la periódica evaluación de la marcha de la empresa.

© Ricardo Manzanaro, (552 palabras) Créditos