—Señores, es un placer y una satisfacción infinita anunciarles que nos encontramos ante el mayor descubrimiento en el campo de la astrobiología desde que el proyecto SETI, que digo, desde que Galileo invento el telescopio y abrió el camino a los millones de mundos que orbitaban en el espacio, más aún desde que hombre alzó la vista hacía las estrellas y comenzó a imaginar maravillas que ocultaban. Antes de continuar, debo dejar claro el hito que ha supuesto Domus Prima en relación a la vida orgánica, un hito sin parangón en la historia de la exploración interestelar, pero hasta ahora, nunca hasta ahora —insistió alzando un dedo y recorriendo la mesa con la mirada, asegurándose de que todos prestaban la debida atención— hemos contactado con una inteligencia superior, con una raza, ente o lo que sea que puedan imaginar capaz de comunicarse de tú a tú con el ser humano.
—Lamento interrumpir su discurso —Aunque el buen humor de Aulio Jofman engordaba alimentado por la amplia gama de expresiones perplejas reflejada en los rostros de su estado mayor, todo tiene un límite y la verborrea del astrobiólogo amenazaba con sobrepasarlo de largo—, se acerca la hora de comer y convendría que concretar qué es lo que han descubierto.
—Sin la adecuada contextualización y dada su ignorancia en astrobiología no creo que alcancen a comprender el...
En ese instante todo el estado mayor observó al astrobiólogo con claras muestras de desagrado. Aulio Jofman controló una carcajada.
—Considere que todos estamos contextualizados.
Estrabón enarcó una ceja nada convencido.
—Bien, en ese caso debo anunciarles que hemos detectado una transmisión y para confirmar su procedencia es necesario cambiar de rumbo.
—¿Una transmisión de quien?
Estrabón nunca confió demasiado en la capacidad de los militares al embarcarse en la expedición, pero tanta torpeza...
—Una señal inteligente, es lo que trataba de explicarles antes.
Los rostros del estado mayor alternaron ahora entre el almirante, inseguros de sus intenciones, y el científico, dudando de su cordura.
—Una señal detectada por una máquina que funciona —comentó el almirante con inocencia.
—Así es, el sargento puede confirmarlo.
Todos los ojos enfocaron a Cayo.
—La máquina no se equivoca —farfullo este en su defensa.
—¿Y es posible saber cual de todas las máquinas que trabajan en esta nave es la culpable? —Aulio decidió que era el momento de dirigirse a Aquila y el comandante le esquivó fijando sus ojos claros en el Cayo.
—La sibila —Respondió Cayo con un gruñido de animal acorralado, ronco, fiero y desafiante.
Tenía que ser la sibila, pensó Aulio Jofman. La nueva generación de computadoras cognitivas que algún ingenioso había bautizado con un nombre que se estaban ganando a pulso por la naturaleza de sus análisis y conclusiones. Certificar su funcionamiento en condiciones reales era uno de los objetivos secundarios de su misión. Suspiró. Aquila no se volvería a escapar.
—¿Hay algún problema con la sibila, comandante Aquila?
¡Qué pregunta! Se dijo el interpelado, esos son asuntos de subalternos no del oficial superior. ¿Donde se habría metido Marco?
—¿Da su permiso?
Justo a tiempo.
—El capitán Nuño es nuestro experto en este tipo de máquinas —explicó Sexto, tragándose un suspiro de alivio, — y me tomado la libertad de pedirles que se incorpore a la reunión.
Muchas libertades te tomas, fue el silencioso mensaje del almirante antes de fijarse en el recién llegado.
—Pase capitán, tome asiento, por favor.
—El capitán está al tanto de todo y podrá informarnos en detalle —remató Aquila con aplomo.
—Todos sabemos quien hace que ingeniería funcione —susurró el oficial de navegación a la de artillería.
—No tengo nada contra el capitán —Estrabón no entendía tanta dilación absurda— y puede explicarse todo lo que quiera una vez estemos en marcha hacía nuestro objetivo, como les he dicho tengo a punto los parámetros para establecer las nuevas ecuaciones de ruta y...
Nadie le hizo el menor caso.
—Bueno capitán —dijo Aulio— parece que aquí su comandante no tiene muy claro lo que sucede con las nuevas CC.
Marco Nuño estaba acostumbrado a la inoperancia de su inmediato superior, que se había limitado a citarle en la sala de reuniones sin más. No necesito más información que la presencia de Cayo y Estrabón para darse cuenta de lo que se cocinaba y sin preguntar nada, desplego su lámina de órdenes, pulso un par de veces y proyectó en medio de la mesa un gráfico repleto de ondas que interferían unas con otras.
—Hace dos semanas, navegando en el espacio normal, captamos esta señal —señaló la gráfica—, en otras circunstancias habría sido descartada como ruido fondo o archivada para nuestros cosmólogos de Domus Prima, pero la sibila la clasificó como posible clase IE1 con un veinte por ciento de probabilidades.
—¡Clase IE1! ¿Lo comprenden ahora? —Estalló Estrabón que no aguantaba más— ¡La primera transmisión de una civilización...
—Si no le importa esperaremos a que el capitán termine su exposición —Aulio recurrió a su tono más tajante para contener al Astrobiólogo durante un segundo, un segundo que Marco aprovechó para continuar.
—Veinte por ciento es un porcentaje bajo y hay bastantes huecos en la señal que han sido rellenados mediante los nuevos algoritmos de análisis heurístico, algoritmos nunca probados hasta ahora. El resultado final es este.
La gráfica, liberada de casi todo el ruido secundario, mostró una onda más decente.
—¡Lo ven! ¡Lo ven! —gritó Estrabón.
—Si no se calla le echo de la sala —Fue un día especial para Aulio Jofman, el día en que descubrió que podía ser mucho más tajante de lo que jamás hubiese creído. Todos incluido el científico enmudecieron.
—A pesar de la aparente regularidad, se trata de una secuencia sin un significado claro —continuó por su lado Marco— y como he dicho, más de la mitad, es una estimación de la sibila —casi dos tercios de la señal se colorearon de rojo—. Por eso encargué al Sargento Cayo realizar varias operaciones de verificación de los circuitos cuánticos implicados que no demostraron ningún error apreciable. Vistas la posibles implicaciones, envié el informe completo al comandante Aquila que tomó la decisión de reajustar los algoritmos.
—¿Yo tomé esa decisión? —Sexto Aquila tuvo la habilidad de no expresarse en alto y controlar, a medias, su sobresalto.
Aulio se dispuso a dar el golpe definitivo. De esta no se escapaba ni con alas.
—¿Y podría explicarnos porqué, comandante?
Sexto no recordaba ni el informe ni los detalles ni los motivos que le habían llevado a ordenar tal cosa, una ignorancia que en ese como en tantos otros asuntos a su cargo suplía con mucha soberbia y dosis de astucia. La amplia porción de rojo en la proyección le señaló la salida.
—A la vista de esa gráfica puedo afirmar —y lo hizo tan ufano—, que tanto la sibila como el sargento y el civil aquí presentes se exceden en sus fantasías.
Lo que faltaba, inteligencias artificiales imaginativas. Aulio Jofman no confiaba demasiado en las nuevas máquinas, a su edad en casi nada novedoso y a punto estuvo de darle la razón al escurridizo comandante. Lo hubiese hecho con toda seguridad de haberse tratado de cualquier otro.
—¿En qué dirección está la fuente de esa emisión?
—En la de Domus Tertia —respondió Marco.
Tertia, tras Domus Secunda, era el siguiente destino de su misión con el mismo criterio de prioridad que el que el usado por los cosmólogos al bautizar los sistemas. O sea ninguno.
—¿Cecilio, cuando retraso supondría cambiar el rumbo?
El oficial de navegación tardó poco en responder.
—Un día, más o menos tanto Domus Secunda como Tertia distan lo mismo de Domus Prima, no hay ninguna razón de peso para dirigirnos antes a un sistema o al otro y aún estamos a tiempo de invertir el orden. Puede que menos si los parámetros calculados por el doctor son correctos.
—Por supuesto que lo son, he revisado nuestra distribución de inmersiones en el gigaverso y dado que nos movemos en un triángulo equilátero casi perfecto de unos doce años luz de lado...
—Calma, doctor, calma —ante la amenaza de una nueva perorata nadie cayó en la cuenta de que un científico civil no tenía, o no debía tener, acceso a las ecuaciones de ruta—. ¿Qué opina usted capitán?
Marco tecleo en su lámina de órdenes y mostró una nueva imagen y más cifras.
—Como se pude apreciar, la señal es muy débil, si alguien o algo está emitiendo ahí fuera es probable que el foco se encuentre mucho más allá de Tertia, yo seguiría hacia Secunda, aprovechando los periodos en superficie para recoger nuevos datos y triangular su origen con precisión.
—Es cristiano —cotilleo de nuevo el navegante al oído de la artillera como si ese hecho explicara la excesiva pulcritud y falta de emociones en la exposición del capitán.
—¿Y eso que es, un gentilicio? —replicó esta.
—Una especie de secta rara que se coló en la diáspora.
—¡Ah!
—Son gente extraña —terció el comandante de la legión— Un primo de mi madre también es de esos.
—¡Ah! —repitió la artillera.
Estrabón sentado a su izquierda no se enteró del cotilleo, solo entendió que el abismo de una nueva espera se abría a sus pies.
—¡Eso supondrá un retraso inasumible!
—¿Inasumible para quién? —Aulio Jofman no estaba en absoluto de acuerdo. La propuesta del capitán era perfecta. Por un lado dejaba al aire el culo de Sexto Aquila y por otro, cubría el suyo no variando el plan de ruta por algo que al final podía resultar simple ruido de fondo. Una nimiedad que la familia del susodicho aprovecharía sin duda para desprestigiarle.
—¡Para la humanidad! —gritó el astrobiólogo ajeno a las reflexiones de Aulio.
—La humanidad ha esperado muchos siglos, bien puede esperar unas semanas más.
—Pero...
—Por si no lo ha comprendido todavía, es usted un civil a bordo de una nave militar y su papel se limita a hablar cuando le pregunten.
—No tiene porqué ser tiempo perdido —a Marco el científico le caía bien, aunque como todos procuraba mantenerse alejado de su labia—, sería bueno que alguien intentase descifrar el significado de la señal y confirmar su carácter inteligente.
Los ojos y el espíritu de Estrabón se expandieron como un pequeño universo tras su Big Bang. ¡Por todos los dioses de la antigua Roma! con la excitación del descubrimiento había obviado lo más importante, lo elemental. Agitó las manos en lo que pudo ser un gesto de despedida y abandonó la sala llevándose por delante un par de sillas vacías y a la pobre teniente que montaba guardia.
Aulio Jofman se permitió una amplia sonrisa antes de dar por terminada la reunión. Un chico listo este Nuño, un hombre a tener en cuenta.
* * *
Quitando los momentos en que los aburridos legionarios y la marinería montaban sus reglamentarias broncas, la cantina de la tropa era un remanso de paz. Un par de raros echaban de menos las historias sobre la conquista del espacio y la mayoría observaba con curiosidad el nuevo yo del peculiar científico enfrascado en su rincón en trabajos sobre los que nadie, por si acaso, se atrevía a preguntar. El porqué Estrabón continuaba frecuentando la cantina habría que atribuirlo a sus peculiares normas de comportamiento, tal vez a la costumbre, el caso es que cerebro daba lo mejor de sí en aquel ambiente.
Marco pidió una cerveza que el camarero le sirvió a desgana. El capitán entendía que su presencia en una de las pocas zonas reservada a la tropa no era bien vista, por eso señaló al científico a modo de disculpa y dejó una buena propina.
—¿Que tal va?
Tuvo que repetir tres veces la pregunta y callar durante el siguiente cuarto de hora disfrutando de su cerveza a pequeños sorbos.
—Observe, ¿Ve? El problema es que las interpolaciones que usted nos mostró, no son las únicas posibles, en realidad la CC propone un número demasiado elevado de alternativas, estoy intentando acotarlas con diversas hipótesis. Es razonable suponer que la intención del emisor es hacer comprensible su mensaje a cualquier ente inteligente extraño a su cultura, pero no tenemos ni idea de la estructura básica.
Marco asintió.
—¿Qué sentido tendría sino emitir un mensaje a lo profundo del espacio? También es razonable pensar que se trata de un mensaje breve y repetido en un lenguaje universal como las matemáticas. He intentado trasladarlo sonido o imágenes en los intervalos de frecuencias del odio y el ojo humano, sin ningún resultado. No tenía muchas esperanzas con eso pero me ha permitido descartar un veinte por ciento de las alternativas. Ahora estoy tratando de buscar unidades de significado, fragmentos de información que se repitan de forma periódica, si logró encontrarlas daríamos un paso casi definitivo para descubrir si se trata de un código numérico o de un alfabeto. Más bien me inclino por lo primero, usar el propio alfabeto el equivalente en su cultura sería absurdo. Podría ser binario que cumple las condiciones de simplicidad y universalidad aunque si se manejan en una lógica ternaria...
Marco apuró su bebida y palmeo la espalda de Estrabón que siguió pensando en voz alta como si el capitán nunca hubiese estado allí.
Uno de los marineros acodado en la barra giró un dedo sobre su sien.