Oikos: sistema solar localizado en el extremo más distante del centro de la galaxia de Sirón VII Está conformado por una pequeña estrella blanca (Zarjás) en torno a la que se desplazan, en órbitas no muy distantes, los planetas Sorit, Blisos, Roits, Solcar, Sener, Aleutia, Nevaleáns, Ecspont y Talamant. Aunque los últimos seis poseen condiciones favorables para el desarrollo de la vida, sólo Aleutia, Ecspont, y Talamant se encuentran habitados. Si bien la órbita de Neavaleáns es cercana a la de Ecspont, su geografía accidentada y sus grandes desiertos, donde los ojos de agua son difíciles de hallar, dificultan el establecimiento de comunidades humanas. En cambio, Solcar y Sener, más distantes del sol, orbitan detrás de un cinturón de asteroides que los aísla de los demás planetas, por lo que su población es escasa y se compone de piratas espaciales y algunos monjes ralikianos consagrados a la vida contemplativa.

Uno de los diversos que distingue a Oikos es que Talamant es el único mundo que posee satélites: Sailluv y Bellumterre, que cuentan con depósitos abundantes de minerales que les han permitido erigirse, con el paso de las centurias, en los centros mineros e industriales por excelencia del sistema.

En materia política, Aleutia, Ecspont y Talamant forman una unidad conocida como Imperio Talamita, llamado así por ser el último planeta su capital. A la cabeza se encuentra el emperador cuyo poder es absoluto y alcanza todos los rincones del territorio gracias a la intervención de sus dos virreyes, uno en Aleutia y otro Ecspont, y de un aparato burocrático amplio y eficiente que cuenta con un efectivo sistema de espionaje que cubre todo el Imperio y mantiene informado al monarca de lo que sucede en él.

Según los datos proporcionados por el censo del año 4890 d.f., la población de Aleutia, Ecspont y Talamant asciende a cincuenta millones de habitantes, concentrándose las dos terceras partes en el planeta capital. Las actividades económicas fundamentales son la agricultura, el comercio, la minería y la robótica, que se complementan con la ganadería, la pesca y la construcción de aeronaves. Es práctica común que familias enteras se dediquen a desarrollar alguna de estas actividades, si bien ello no es una regla inquebrantable pues quienes lo desean pueden optar por ejercer la medicina, abogacía, ingeniería, etc., o integrarse en el gobierno, donde los cargos bajos y medios se obtienen por examen y no por herencia, o la navegación espacial, siempre dispuesta a enrolar a nuevos tripulantes.

La sociedad Talamita es homogénea dado que gran parte de sus miembros comparten idioma (producto de la fusión de las diversas lenguas habladas por los primeros colonos terrestres); alimentación, basada en los cereales, legumbres y pescado; festividades, como las de la entronización, el nacimiento de dios Ralike y la cosecha; y elementos culturales (artes, educación e historia, entre otras) que en poco varían de una región a otra.

Los hombres y mujeres del imperio son gente de paz que, desde la La Conflagración de Kálika (2492-2495 d.f.), ha gozado de más de dos milenios de armonía y orden en los que lograron construir una sociedad próspera y equilibrada que, poco a poco ha sido capaz de solucionar por la vía del diálogo los problemas que le son inherentes, como...

Extracto de La breve enciclopedia universal Talamita, Editorial Tagmaei, CCCV edición, disco 30, archivo 5872, año 4988 d.f.

Recibió el sobre esa misma tarde pero no quiso abrirlo hasta llegar al palacio. Una vez en él, el virrey Alicord dio la orden su mayordomo de no ser interrumpido bajo ningún motivo y se encerró en la biblioteca. Era una estancia acogedora tapizada con pequeños estantes ocupados por filas enteras de libros que, en su conjunto, eran una memoria generosa de la Casa Xemijo que comprendía desde los tiempos en que ésta fue fundada por Joanes Xocoyotl (colono que arribara en la octava migración terrestre) hasta los de su último representante, Lord Alicord. Era el primer Virrey que los Xemijo habían dado a Aleutia y sabía que por ello su misión era la convertir su Casa en una de las más poderosas del planeta.

Deambuló por la habitación con el sobre en la mano. Sin abrirlo, disfrutando de las buenas nuevas que, estaba seguro, contenía. Jamás había sido un hombre que gustara de lanzar las campanas al vuelo con premura o de guiarse por corazonadas... pero, esta era una situación especial.

Antes de sentarse en el sillón, se dirigió a la ventana. Ráfagas furiosas de viento estrangulaban las gotas de lluvia contra el cristal para transformarlas en pequeños riachuelos que se pintaban de plata con cada rayo que rasgaba el firmamento. No, esa no era una vista propia para la ocasión.

—Tarish, querida —dijo sin dejar de contemplar la lluvia.

—Es un placer volverle a servir, señor —respondió una voz eléctrica y aterciopelada—. ¿En qué puedo ayudarle?

—Haz el favor de cambiar la imagen en la ventana.

—¿Tiene alguna preferencia?

Por un momento dudó.

—Una atardecer en la playa estará bien.

—¿Desea la vista con sonido?

—No —respondió tajante—, y cambia también la configuración de la luz de la biblioteca. Voy a leer.

—Inmediatamente, señor.

La lluvia cesó y en su lugar apareció una puesta de sol en las playas de Grunfat. A su vez, las luces subieron poco a poco de intensidad hasta que iluminaron por completo la habitación.

Satisfecho, se sentó en el escritorio y abrió el sobre. De él salió una pequeña carpeta sellada que tenía por portada la leyenda Confidencial —. Urgente. Alicord sacó con cuidado el contenido. Era el reporte que un mes atrás le había encargado a su secretario particular, Cahel de Codán. Lo leyó.

Para el noble Alicord, Virrey de Aleutia, Primer Gran Duque de Montaira y fiel servidor de nuestro glorioso Emperador, Panarcas II.

En función de la misión con la que usted tuvo a bien agraciarme, presento a su consideración el siguiente reporte.

Desde la fundación de Aleutia, Dortmidord y Pereiro han sido dos de sus Casas más ricas y poderosas dadas las grandes extensiones de tierra que comprenden. La primera posee la totalidad de las comarcas de Dortmond, Saelceh y Nolocia y una gran parte de la región costera de Grunfa y de las regiones bajas de la cordillera de las Montañas Nubilosas. Por su parte, la segunda es propietaria de las provincias de Bolocia, el granero de Aleutia; Molacue, Desán, Dirocea y las grandes extensiones que rodean al puerto espacial de Montaira.

Para nadie es un secreto que, a causa de lo anterior, sus hombres hayan ostentado los cargos políticos y religiosos más importantes del planeta y gozado del favor de los emperadores talamitas, algunos de ellos salidos de ambas Casas.

En el pasado remoto, las relaciones entre las familias no eran cordiales pero si buenas o, al menos, tan buenas como los intereses económicos y políticos comunes lo permitían. Era habitual ver a los Dortmidord y a los Pereiro reunirse en Montaira para tratar asuntos relacionados con el precio del grano y las legumbres, las rutas de distribución de sus productos, los mercados a los que llegarían, el uso de las aguas de los ríos Ucua y Liebna (que compartían), la adquisición conjunta de maquinaria agrícola...; es decir, se trataba de una relación de negocios y nada más, tal como quedó demostrado en el año 2169 d.f. cuando Lord Manro de Dortmidord fue asesinado por Lord Sanos, de la Casa de Dujá. Contrario a lo se pensaba entonces, la familia Pereiro guardó silencio y no participó en la venganza que llevaron a cabo sus socios.

Sin embargo, el panorama cambió cuando Lord Mahcoc, cabeza de la Casa de Dortmidord quiso casarse en segundas nupcias con Lady Selía de Pereiro en el 2181 d.f. Nadie supo, y dudo que alguien lo haya sabido alguna vez, qué motivó a Lord Mahcoc a llevar a cabo una unión que, desde el inicio, fue repudiada por sus hijos y por el resto de la familia. Como usted bien sabe, la situación empeoró cuando, dos años después, Lady Selía dio a luz a Taino pues, abolido más de un siglo atrás el derecho de primogenitura, éste podía ser el heredero universal de ambas casas. A partir de este momento la historia se pierde en un mar de leyendas en torno a diversos intentos de asesinato contra Lord Mahcoc y Taino y de supuestos arreglos entre los Dortmidord y otras Casas para declarar la guerra a los Pereiro; mitos que llegaron a su fin en el 2201 d.f. con la muerte, por causas naturales, de Lord Mahcoc.

Si el enlace fue una sorpresa, el testamento lo fue más. Lord Mahcoc legó a los hijos de su primer matrimonio todas sus posesiones a excepción de Bolocia, que dejó en manos de Taino. Aunque los temores de los Dortmidord no se cumplieron, lo cierto es que tampoco estuvieron dispuestos a ceder la mejor de sus propiedades a un completo extraño, por lo que se volcaron en la tarea de iniciar un litigio de restitución testamentaria. Después de varios años de pleitos y de apelaciones, su ilustre antecesor, el Virrey Namedi, dictó el fallo final a favor de Taino en el 2204 d.f., y, con él, también se dio el rompimiento definitivo entre ambas familias.

Alicord interrumpió la lectura.

—Basura y más basura —bufó molesto mientras golpeaba el escritorio con el puño cerrado—, nada de información que no pueda encontrar en los libros de historia. Debí buscar alguien con más experiencia para hacer este trabajo.

Convencido de que aquello era una pérdida de tiempo, Alicord continuó revisando el documento.

En un principio, visité el Archivo General de Aleutia para consultar los expedientes de gobierno desde el año 2204 d.f. a la fecha para encontrar alguna evidencia que ayudara a sustentar la petición que los Dortmidord extendieron a usted. Sin embargo, el trabajo fue infructuoso dado que no hallé pruebas que vincularan a ambas familias en un juicio o causa posterior a la fecha citada.

Ante este fracaso, y sin otra fuente para obtener la información necesaria, pensé en regresar al Archivo y examinar toda la documentación vinculada con el caso. Estudié cada uno de los legajos del expediente sin encontrar una prueba que pudiera ayudar a la causa de los Dortmidord... y, claro está, a la suya también. Llámelo premonición o tozudez, pero quise hacer una segunda revisión del juicio para constatar que no hubiera pasado por alto algún detalle importante. Y, créame, que no fue tiempo perdido.

—Parecer ser que, después de todo, no me equivoqué con Cahel —murmuró Alicord satisfecho.

Al estudiar el fallo del virrey Namedi (último documento del litigio y cuya copia anexo al final del informe) encontré algo que llamó mi atención. Recordará que antes de la Reforma de Doconard, en el 2229 d. f., era obligatorio que los fallos virreinales contaran con la firma de, al menos, ocho de sus diez consejeros para tener validez, y no las seis que la ley exige hoy en día. Pues bien, el veredicto de su predecesor cuenta con siete firmas.

Alicord pasó apuradamente las hojas hasta encontrar el anexo. Cahel no mentía. Faltaban las firmas de los tres últimos consejeros: Madahu, de la Casa Dajú; Ladern, de la Casa Codán, y Maituc, de la Casa Véracer. ¡Al fin tenía la posibilidad de convertirse en uno de los hombres más ricos y poderosos de Aleutia!

El reporte continuaba...

En función de lo anterior, sería factible que la Casa Dortmidord exigiera la anulación del fallo, la restitución de la propiedad y una compensación por las perdidas sufridas a partir del 2204 d.f. Ahora bien, si a ésta se suman los intereses producidos en los años transcurridos desde el juicio, no resulta difícil adivinar que la Casa Pereiro afrontará una deuda a todas luces impagable que sólo podrá liquidar, como la ley lo indica, con la cesión de todas sus propiedades al acreedor, en este caso los Dortmidord.

A manera de complemento, quisiera señalar que...

Alicord lanzó el informe sobre el escritorio y esbozó una sonrisa torva. Ya había tomado su decisión y ahora podría ponerla en práctica.

© Íñigo Fernández, (1.999 palabras) Créditos