Mientras MultiOverend caía hacia el fondo del agujero, Carla contempló la perspectiva de las paredes que recogían los ojos-cámara del multípodo a la vez que escuchaba los gritos alborozados de Overend, tanto de viva voz como a través del canal de órdenes.

Overend había conseguido ponerse cabeza abajo en el bastidor y giraba sobre sí mismo encantado con la nueva experiencia que le brindaba el pecio.

La voz de Jennes se mezcló en un fárrago inconcebible con los gritos de Overend.

—¿Se pude saber que coño pasa por ahí?

Carla, en un esfuerzo por mantener la calma, contestó pausadamente.

—Parece que Overend ha encontrado un acceso al interior del pecio. Abrid las ventanas Siete, Ocho y Nueve, conectaros al canal de órdenes y os enteraréis de todo.

Jennes no insistió más y cortó la comunicación. Zoe, también alarmada por los alaridos de Overend, salió de la Sala Anterior del ordenador.

—¿Qué le pasa ahora a ése? ¿Se ha roto la cabeza o qué?

—No. Sólo se está divirtiendo un poco. ¿Qué has encontrado en la sala del ordenador?

Zoe se encogió de hombros mientras resoplaba.

—¡Una chapuza de tamaño planetario! Los ventiladores del sistema de aireación tenían montadas las aspas al revés, de modo que el ventilador que debía meter aire frío lo sacaba, y el encargado de sacar aire caliente lo metía. Con el aire recalentado de la ventilación, más el propio calor de los equipos, teníamos montada ahí dentro una sauna de primera. Pero no te preocupes, ya lo he arreglado.

—¿Y la alarma de temperatura?

—Otra pifia. El sensor que tenía puesto no era de temperatura, era de humos, así que malamente podía detectar nada.

Carla se inclinó sobre la consola sacudiendo la cabeza.

—¡Bah! ¡Ojalá hubiera ardido todo! ¡Qué ganas tengo de acabar esto y salir de aquí!

Overend se había erguido y miraba hacia arriba, hacia el lugar por el que debía estar cayendo a su vez MultiRaúl.

—¡Vamos chaval! No seas cagueta.

—Tranquilo, hombre. Ya voy.

MultiRaúl se dejó caer y llegó al fondo del agujero posándose con suavidad.

Aquel agujero era mucho menos profundo que los otros cuatro. Apenas cien metros, lo que le convertía en un cubo casi perfecto. Los focos de los multípodos iluminaban sin problemas el suelo y las paredes de la cavidad.

Aproximadamente en el centro de cada pared, se abrían lo que parecían ser enormes nichos, de veinte metros de altura por cuarenta de ancho. El fondo del agujero lo empedraban plataformas achaparradas, dispuestas a intervalos regulares, de cinco metros de lado y dos de altura.

MultiOverend se encaramó a la más cercana inclinándose para observar mejor la superficie de la plataforma.

—¡Qué me den por culo si esto no está diseñado para soportar una carga fuera de lo común!

La pregunta de Raúl, Zoe y Carla fue simultánea.

—¿Por qué?

—¿No lo veis? Esta plataforma está construida para que pueda soportar una estructura muy pesada. Mirad las nervaduras y los taladros que tiene por el perímetro. Seguro que estos son los basamentos de algo muy grande.

MultiOverend se movía rápidamente enfocando apenas unas décimas de segundo los detalles que Overend indicaba.

Zoe golpeó con la mano abierta el borde de la consola.

—¡Estáte quieto de una vez! No dejas ver nada.

MultiRaúl llegó junto a MultiOverend y empezó a examinar la plataforma.

—Eso que has dicho está muy bien, ¿pero serán todas iguales?

MultiOverend saltó a la más próxima.

—Vamos a verlo.

Todas las plataformas disponían del mismo tallado y la misma cantidad de nervaduras y taladros. Un examen más meticuloso demostró que se trataban de troncos de pirámide, lo que elevó aún más el entusiasmo de Overend.

—Perfecto, de esta forma soportarán mejor las cargas.

La voz de Carla llegó monótona hasta los oídos de Overend.

—Ahora sólo hace falta saber que cargas debían soportar.

—Sigo diciendo que alguna clase de estructura, no se me ocurre nada de momento, pero esto parece ser era el fondo de...

Zoe sentenció la frase de Overend.

—Un ascensor, un enorme ascensor que subiría hasta el exterior del casco para usarlo como pista de aterrizaje.

Durante unos segundos todos estuvieron en silencio. MultiOverend enfocó hacia las aberturas rectangulares que se abrían a cuarenta metros sobre ellos.

—Y esos nichos serían las entradas a los hangares y almacenes... Pudiera ser.

Jennes habló desde el Centro de Control.

—No me creo nada. ¿Para qué querrían ascensores tan pequeños? Tened en cuenta que nuestra propia nave mide más de quinientos metros. Cualquier clase de pista, plataforma, o como lo queráis llamar, debería tener unas dimensiones más amplias.

La voz de Zoe rebosaba irritación.

—No seas absurdo Jennes. No estamos hablando de naves de tránsito. Creo que esa pista estaría pensada para transbordadores y contenedores de naves de carga. Una nave de tránsito no tiene porque atracar, de hecho, las naves de tránsito sólo atracan para las operaciones de mantenimiento, y no siempre resulta necesario.

—Ya, y según tú el pecio no estaría dedicado a esa clase de trabajos.

—No tiene porqué.

—Desde luego que no. Pero hay otra cosa que no cuadra En los cincuenta metros que hay entre el agujero central y los laterales no me parece que puedan caber demasiadas cosas. No sé si me explico.

—No te explicas.

—Quiero decir que los nichos son casi tan anchos como la distancia que separa los agujeros entre sí, y no pienso que tengan mucha profundidad.

—Ya veo, pero imagina que en realidad sirvan para comunicar los pozos entre sí.

Zoe se volvió hacia los bastidores gritando.

—Overend, Raúl, ¿visteis algo de eso cuando bajabais?

—No me fijé, pero tiene fácil solución.

MultiOverend se elevó hasta uno de los nichos seguido de cerca por MultiRaúl.

—Joder, a ver si te estás quieto de una vez.

—Calla y sígueme.

MultiOverend, en una peligrosa maniobra, apagó el impulsor a la altura del nicho, y cuando empezaba a caer, se agarró del borde con los manipuladores.

MultiRaúl se había posado de una forma bastante más ortodoxa en el suelo del nicho y desde allí ofrecía la imagen de MultiOverend encaramándose hasta él.

—Que lástima que no te puedas matar.

—Tranquilo chaval, estas cosas le hacen a uno sentirse como un chiquillo.

Ambos multípodos ya estaban emparejados, dirigiendo los focos hacia el fondo del nicho. Éste terminaba abruptamente en el lugar donde desembocaba en el siguiente agujero, a cincuenta metros de donde estaban.

MultiOverend inició la marcha hacia el frente.

—¡Zoe, preciosa! Tenías razón, estos nichos comunican entre sí los agujeros. ¿Qué dices ahora, Jennes?

Jennes contestó con desgana.

—Vale, me he equivocado, pero ahora decidme tíos listos, ¿para qué sirve todo ese montaje?

—No nos toques las pelotas. De momento quiero ver como está construido esto y más tarde, con conocimiento de causa, teorizaremos todo lo que os dé la gana.

MultiRaúl había parado en seco, dirigiendo los focos hacia una de las paredes del pasaje.

—Espera, mira esto. Aquí hay una bifurcación.

En la pared se abría otra monumental abertura de diez por diez metros.

Fue Julia entonces quien hizo una observación sobre la peculiar construcción del pecio.

—Esperad un momento, ¿no os habéis dado cuenta de que no hemos encontrado todavía ni un puñetero rastro metálico en toda esa estructura?

Nadie supo contestar a eso. Carla, desde la consola de la Plataforma de Carga, se encogió de hombros.

—¿Y qué?

—Pues que es muy raro. Por lo poco que sé de arquitectura, no es demasiado frecuente utilizar el cemento por sí sólo. Se lo refuerza con estructuras metálicas para que gane en consistencia.

—En este caso tendremos que suponer que el polímero que hemos detectado se encarga de eso, ¿no?

—Tendremos que suponerlo. Por ahí me vale, pero hay otra cosa que me preocupa; ¿por qué esas paredes tan desnudas? Hasta ahora sólo se ha visto cemento, cemento y más cemento.

Overend interrumpió las reflexiones de Julia bruscamente.

—Repito que las hipótesis para más tarde. De momento vamos a seguir las directrices de nuestra Analista y a recoger datos y más datos, hasta que revienten el ordenador y nuestras cabezas, y le podamos meter los trozos por el culo a quien yo me sé para que los pueda procesar a su gusto.

Carla desplazó un par de ventanas por el monitor de la consola y el caos se hizo dueño de las acciones de MultiOverend y MultiRaúl, hasta que ambos multípodos quedaron inmóviles, mientras Overend y Raúl intentaban comprender lo que ocurría.

—¿Overend? ¿Qué pasa aquí?

—¡Y yo qué sé! Estaba llegando al final del nicho y de repente me he encontrado con una pared de cemento.

—¡Mierda! ¡Se han cruzado las señales! Yo estaba examinando los alrededores de la abertura lateral cuando me he visto a punto de caer por el borde del nicho.

Jennes empezaba a divertirse con el espectáculo.

—¿Qué os pasa? ¿Ya estáis borrachos?

Overend gritaba con toda la potencia que le permitían sus pulmones.

—¡Carla! ¡Devuélvenos el control de nuestros multípodos!

La voz de Carla volvía a ser fría y desapasionada.

—Os devuelvo cada uno a vuestro multípodo, pero te advierto que no vuelvas a reirte de mí.

—¡Reírme! ¡Vas a ver como me río de ti!

Overend se había descolgado trabajosamente del bastidor y, mientras se dirigía trastabillando hacia la consola, se arrancó el visualizador de la cabeza, tomó impulso y lo lanzó contra Carla.

Ésta, aunque había contemplado todo el proceso tranquilamente desde la consola, no se esperaba el lanzamiento de Overend, y el visualizador le alcanzó en pleno rostro, haciendo saltar diminutas gotas de sangre en todas direcciones.

Zoe, también sorprendida por la increíble reacción de Overend, se quedó paralizada junto a la consola, contemplando impávida el espectáculo que se desarrolló a continuación.

Overend llegó hasta Carla, que arrodillada, intentaba contener con las manos la hemorragia, la agarró del cuello del mono y la levantó del suelo hasta que tuvieron los rostros frente a frente.

—¡Idiota! ¿Dónde te crees que estás? ¡No quiero volver a verte por aquí ni por el Centro de Control! ¿Entiendes?

Carla no reaccionó, más preocupada por la sangre que le corría entre los dedos. Overend la zarandeó golpeándola contra la consola.

—¡Contesta, imbécil!

Carla miraba atónita a los ojos de Overend, que sin esperar ya contestación, la llevó en volandas hasta la entrada de la plataforma y la empujó hacia el corredor.

—¡Lárgate de aquí, gilipollas!

Carla desapareció tambaleándose. Zoe, ya recuperada de la impresión, se plantó junto a Overend que jadeaba a causa de la cólera y el esfuerzo realizado.

—Vamos tú, déjalo ya, tampoco ha sido para tanto.

—Esa cerda podría habernos matado sino...

—Si no, nada. Respira y cálmate. A este paso vamos a terminar asesinándonos los unos a los otros.

Raúl también se había descolgado y reunido con ellos.

—¿Qué te ha pasado?

—¿No lo has visto? ¡Esa hija de puta podía habernos...! ¡Imagínate que en vez de multípodos tripulamos Sondas Personales! ¡¡Nos hubiera matado!!

Raúl se volvió dejando que Overend se desahogara por sí sólo.

—¡Bah! Machácatela con una piedra. Zoe, ayúdame a aparcar los multípodos. Ya seguiremos cuando este imbécil se haya calmado un poco.

—Si, más vale.

Zoe recogió del suelo el visualizador manchado de sangre y, sosteniéndolo reflexivamente ante sí, siguió a Raúl hasta los bastidores, dejando que Overend descargara su ira a base de puñetazos y patadas contra los mamparos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.889 palabras) Créditos