Hacía al menos quince minutos que se había producido el cambio de turno. Cuando Raúl y Overend llegaron al Centro de Control se encontraron con Carla en su puesto, Julia ocupando aún la Consola de Navegación y Zoe y Jennes observando atentamente los monitores.
Raúl consideró oportuno dar una disculpa.
—Perdona Julia, pero a última hora se atascó el...
—Olvídate. Hemos recibido un SUB de la Agencia. Se dan por enterados del hallazgo y nos instan a seguir la operativa habitual. Pero me temo que no va a ser tan fácil. Mirad esto.
Una ventana, ocupando la práctica totalidad del monitor, mostraba una esfera de un negruzco opaco recortándose contra el fondo estelar.
Overend se abrió camino entre Jennes y Zoe hasta situarse tras Carla.
—¡Dejadme! ¡Así que es cierto! ¡Es una esfera perfecta!
Carla manipuló los botones de una pequeña ventana abierta en la parte inferior del monitor.
—Eso es, perfecta. Perfecta y muy grande. Aparentemente no tiene el casco degradado y ni siquiera parece haber recibido impactos de cuerpos libres.
Raúl, contemplando el pecio junto a Julia, no pudo reprimir un escalofrío.
—¿Qué más habéis averiguado sobre el material de construcción?
Carla hizo una pausa teatral antes de contestar con calma, recreándose en cada una de las palabras que pronunciaba.
—La composición está confirmada; sílice, carbonato cálcico y cuarzo. También sabemos que el material que faltaba por discriminar es un polímero de cadena larga.
De nuevo un silencio tenso inundó el Centro de Control.
Sólo Raúl parecía dispuesto a romperlo.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Que nos encontramos ante una esfera de cemento y plástico.
Overend se incorporó estupefacto.
—No es posible. Nadie en su sano juicio usaría el cemento como material para una nave de tránsito.
Carla abrió varias ventanas rompiendo la imagen pero presentando todos los datos que hasta ese momento habían permanecido ocultos a la vista.
—Pues una de dos; o eso no es una nave de tránsito o el ingeniero que la diseñó estaba como una cabra. No sólo no es de Clase Oval, sino que además no está construida con un material, digamos, clásico. Y si eso os parece poco, hay un detalle que me hace pensar. Si el casco del pecio está intacto, quiere decir que no hace mucho que ha quedado abandonado.
Zoe se rascó la nariz y aventuró otra hipótesis.
—¿Y si tuviera un sistema de barrera? Sería capaz de detectar y destruir todo lo que sobrepasara la distancia de seguridad.
Jennes resopló ante esa posibilidad.
—También puede ser que todavía no sea un pecio.
La sola posibilidad de hacer un Contacto llenó la sala de una inquietud casi sólida.
Carla se encargó de disipar todas las dudas.
—No os preocupéis. Quien lo abandonó se aseguró de desconectar todos los sistemas y descargar las baterías. Ese trasto no emite ni un milivatio de energía. Está abandonado, muerto.
Overend, consciente de su responsabilidad, tomó la iniciativa.
—Eso puede parecer tranquilizador pero no hay que fiarse. ¿Qué recibimos del Mosquito?
Carla, segura tras su barrera de conocimientos, contestaba con firmeza y celeridad.
—Nada que no podamos saber desde aquí. Sólo cuando se acerque lo suficiente sabremos si tiene activa una barrera de defensa o está desprotegido.
—¿Cuándo llegaremos?
—Nos quedan todavía unas ocho horas.
—Tiempo de sobra. En cualquier caso hay que redoblar la vigilancia. Zoe, ve al Centro de Mantenimiento y ayuda a Carla con la Consola de Observación. Tú, Jennes, descansa un rato y echa una mano a Raúl con la navegación. Julia y yo debemos dormir todo lo que podamos.
Nadie puso ninguna objeción a las disposiciones de Overend y cada uno se dirigió al puesto asignado.
Raúl y Carla al fin se quedaron solos. Raúl carraspeo antes de hablar.
—Carla, si te soy sincero, lo que pasó en el gimnasio fue...
Carla trabajaba con desusado interés en la consola.
—Una equivocación. Reconozco que sigo sin adaptarme y lo mejor es que procure no cometer más errores como aquél.
Raúl se sintió ofendido.
—¡No fue un error! Los dos queríamos hacer lo que hicimos y no niego que me gustaría repetirlo.
Carla no le miraba. Moviendo ventanas en el monitor estudiaba los datos que, sobre el pecio, recogían los instrumentos con cada vez mayor precisión.
—Si lo dices por... el orgasmo a mí también. Pero considero que esas cosas deben hacerse en la intimidad y de mutuo acuerdo. No sé si me entiendes, pero aquí la palabra intimidad parece no existir. Así que, por favor, no te acerques más a mí.
—Pues como no salga a cascársela al casco lo va a tener un poco difícil.
Jennes, desde la esclusa, se reía estruendosamente de su propio chiste. La reacción de Carla fue instantánea. Dejó la consola y cayó sobre Jennes atravesando la sala de un salto.
En vez de golpearle le agarró del cuello con ambas manos y apretó con todas sus fuerzas. Jennes, sorprendido por aquel ataque inesperado, no había hecho nada por esquivarlo, y su único afán era apartar las manos de Carla de su cuello. Sin embargo, los músculos de Jennes, acostumbrados hacía ya mucho tiempo a la ínfima gravedad de las naves de prospección, no podían nada contra los de Carla, recién llegada de un planeta en él que sus habitantes consideraban una hazaña saltar a pies juntos más de medio metro sobre el suelo.
Si Raúl no se hubiera interpuesto, apartando a Carla de un codazo en las costillas, Jennes habría muerto estrangulado.
El golpe de Raúl no sirvió más que para devolver la frialdad a Carla, que aún considero oportuno despedir a Jennes con un par de puñetazos en la cara.
—La próxima vez que te pesque espiándome te saco los ojos. Ahora vete de aquí.
Jennes escapó boqueando hacia el Centro de Mantenimiento. Raúl contemplaba fascinado el reguero de sangre que iba dejando por el suelo del pasillo. Ni en sueños había supuesto que la tímida y recatada analista fuera capaz de un arranque de ira como ese.
—No esperaba esto de ti. Jennes siempre se pasa, pero lo que has hecho no creo que...
La mirada de Carla hizo retroceder a Raúl hasta su consola, rehuyendo un enfrentamiento directo.
—De momento vamos a olvidarnos y a concentrarnos en el trabajo. Pero por favor, antes de volver a perder el control de esa manera...
Raúl calló. Cuando se dio cuenta de que Carla le ignoraba, volviendo a su consola y reanudando el estudio del contenido de las ventanas, sintió la urgente necesidad de huir de allí.
—Creo que voy a comer algo. Echa una miradita de cuando en cuando a la ventana de navegación ¿Vale?
No esperó la contestación de Carla y corrió hasta el Centro de Mantenimiento. Allí Zoe intentaba cortar la hemorragia de la nariz de Jennes que, todavía conmocionado, no se atrevía a moverse.
—¿Cómo te encuentras?
Jennes se había sobresaltado al notar su presencia, y resopló aliviado al comprobar que era él.
—Jodido.
Zoe sujetaba nerviosamente una compresa esterilizada contra las fosas nasales de Jennes. Estaba asustada.
—¿Qué ha pasado? Jennes no me ha querido decir nada, pero ni esas magulladuras, ni las marcas del cuello, las provoca una esclusa mal cerrada.
Raúl, desde la Consola de Impulsores, se conectó con la cabina de Overend mientras contestaba a Zoe.
—Este imbécil, para variar, estaba en la esclusa del Centro de Control espiándonos. Entonces, cuando ha hecho uno de sus ingeniosos comentarios, la Chica de Hielo se ha puesto como una furia y casi lo mata.
—¿A golpes? ¿Ella, a Jennes, a golpes?
—No, lo cierto es que sólo quería estrangularlo.
Overend no debía estar dormido porque contestó de buen humor.
—Este es el contestador automático de Brian Overend. Le advierto que como lo que diga sea una tontería, puede darse por ignorado. Hable después, y sólo después, de escuchar la señal.
Y eructó sonoramente.
Raúl contestó impasible.
—Déjate de gilipolleces y ven al Centro de Mantenimiento. Nuestra querida analista se ha vuelto loca y casi estrangula a Jennes.
—¡Hostia! Voy enseguida. Un momento, ¿has dicho qué casi lo estrangula?
—Sí, he podido actuar a tiempo y quitársela de encima.
—Estás tonto. Tenías que haberla dejado acabar.
Jennes bufó airado y los demás prefirieron esperar a Overend en silencio.
Éste llegó de mejor humor que nunca, silbando y dando golpecitos llenos de ritmo por todas las superficies a su alcance.
—¡Vamos a ver qué tenemos aquí! ¡Nada menos que al terrible Joost Jennes salvajemente golpeado por una simple analista!
Jennes ya respiraba con normalidad aunque no podía contener la humillación y la rabia.
—Debes hacer algo, esa tía está loca.
—No mucho más que tú. ¡Ah! Reconforta saber que tenemos entre nosotros alguien con reacciones normales. ¿No os habéis parado a pensar que tanto tiempo metidos en un sitio tan pequeño acaba por convertirnos en unos bichos muy singulares?
El humor de Zoe no era tan jovial.
—Métete tu filosofía por el culo. Como la Chica de Hielo se haya vuelto loca tenemos un problema bastante gordo.
—No tanto como tu culo ¡Bah! Llamáis locura a un simple enfado. Voy a ver que tal está. Vamos Raúl, vosotros quedaros aquí, y sobre todo tú Jennes, no se te ocurra volver a pasar por el Centro de Control hasta que acabe el turno.
Dejaron el Centro de Mantenimiento y volvieron con cautela al Centro de Control. Overend hizo que Raúl entrara primero y luego pasó él mismo.
Carla seguía estudiando las ventanas de la consola. Nada, a excepción de la dureza de su mirada, dejaba adivinar su participación en el incidente.
—¿Cómo anda la cosa Carla? ¿Qué más se sabe del pecio?
Carla se volvió hacia Overend recelosa.
—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar durmiendo?
—Sí, pero se me ha ocurrido algo que... El polímero del que hablabas antes..., ¿de qué está compuesto exactamente?
—De lo que lo están todos los polímeros. Carbono, hidróxidos, cloro... ¿Por qué lo preguntas?
—He pensado que si forma una capa de recubrimiento exterior la...
—No. En este caso forma parte de la mezcla. Podríamos decir que realmente el pecio está construido de hormigón, aunque en este caso la grava ha sido substituida por ese polímero. Supongo que cuando lo examinemos de cerca aclararemos de que forma y porqué.
Overend fingió fastidio.
—¡Oh! Si hubiera sido una cubierta exterior nos hubiera ahorrado muchos problemas, pero siendo así... En fin, me voy a dormir.
En el marco de la esclusa se dio la vuelta rascándose la cabeza, como si repentinamente hubiera recordado algún detalle sin importancia.
—Por cierto Carla, acabo de ver a Jennes y no parecía en muy buena forma.
—Ha tenido suerte. Le hubiera matado de no haber intervenido Raúl.
Las miradas de Overend y Raúl se buscaron inquietas. Overend se aclaró la garganta antes de hablar de nuevo.
—Verás, no es que tenga mucha simpatía a Jennes, pero ante todo debemos tener en cuenta las condiciones en las que se desarrolla esta expedición, de hecho todas las expediciones. Somos muchos, hay poco espacio, tenemos que vernos las caras de continuo. Ya sabes. Si no transigimos con algunas pequeñas cosas la vida se nos puede hacer imposible. ¿Comprendes lo qué te quiero decir?
—Sí. Y aguantaré todas vuestras salidas de tono hasta que considere que son inaceptables. Lo que no pienso hacer es controlarme si alguien va más allá de lo que se puede considerar como tolerable.
Carla hizo una pausa efectista.
—¿Comprendes lo qué te quiero decir?
Overend y Raúl se volvieron a mirar. Ninguno de ellos se sentía capaz de manejar aquella situación. Hasta entonces las expediciones estaban compuestas por tripulantes elegidos, entre otras muchas cosas, por su capacidad para afrontar situaciones de gran tensión sin perder el control sobre sí mismos.
La inclusión de alguien como Carla, incapaz de liberar esa tensión sin recurrir a la violencia, estaba explícitamente prohibida por las directrices de la Agencia y, en consecuencia, el proceso de selección de los tripulantes era tan duro que jamás había ocurrido un incidente ni remotamente parecido.
Overend se encogió de hombros antes de marcharse definitivamente.
—Procura controlarte, sólo eso. De lo contrario tendremos que tomar medidas.
Al salir hizo una seña a Raúl indicándole que entrara en la sesión de mensajería de la consola.
Raúl abrió dos ventanas estableciendo un enlace entre ambas. Una de las ventanas correspondía a la sesión de mensajería, la segunda contenía la representación de un teclado alfanumérico.
Los mensajes y textos de los SUB solían dictarse, asimismo, el control de la nave también podía hacerse de viva voz, dando las indicaciones oportunas al ordenador. Sin embargo, nadie hacía esto último. La lista de órdenes era tan amplia que ningún tripulante se molestaba en aprenderla, además, una charla insustancial entre los dos tripulantes de turno, podía convertirse en un caos si el ordenador consideraba que cualquiera de las palabras pronunciadas era una orden, y actuaba en consecuencia.
Por eso, los tripulantes preferían usar intensivamente el sistema de ventanas y botones de las consolas antes que perorar interminablemente con el ordenador.
En el caso de Raúl, la necesidad de renunciar al dictado para mantener oculto a Carla su diálogo con Overend era algo obvio.
El primer mensaje que envió a la dirección de Overend no pudo ser más escueto.
DE 03 A 01: ¿QUE TE PARECE?
Overend no tardó apenas en llegar al Centro de Mantenimiento, sentarse frente a una de las consolas y contestar al mensaje de Raúl.
DE 01 A 03: NO SE QUE PENSAR. MIENTRAS ESTE CONCENTRADA EN SU TRABAJO CREO QUE NO DEBEMOS TEMER NADA.
DE 03 A 01: ¿Y SI DEJA DE ESTARLO?
DE 01 A 03: NO LO SE. ES LA PRIMERA VEZ QUE ALGUIEN HA HECHO ESTO. DE MOMENTO DEBEMOS PROCURAR NO CABREARLA. TU OBSÉRVALA Y DESPIÉRTAME SI OCURRE ALGO MAS.
DE 03 A 01: MENUDO TRABAJITO. HARE LO QUE PUEDA. DE TODAS FORMAS ME SIENTO UN POCO RESPONSABLE POR TODO ESTO.
DE 01 A 03: ¿POR QUE? ¿POR QUE ECHASTEIS UN POLVO Y LE HA SENTADO MAL? NO DIGAS MEMECES
DE 03 A 01: NO ES ESO. ME DIJO QUE NO LE HACIA NINGUNA GRACIA ESTAR INCLUIDA EN UNA EXPEDICION, Y LE ACONSEJE QUE MANTUVIERA UNA ACTITUD LO BASTANTE DESAGRADABLE CON EL RESTO DE LA TRIPULACION. ASI SU EXPEDIENTE SERIA TAN FUNESTO QUE NO VOLVERIAN A EMBARCARLA NUNCA MAS.
DE 01 A 03: TE PODIAS HABER CALLADO ¿NO TE DECIA TU MAMA QUE ESTAS MAS GUAPO CON LA BOCA CERRADA? PERO NO TE PREOCUPES. CONOCIENDO A JENNES TAMPOCO RESULTA NADA EXTRAÑO LO QUE HA HECHO.
DE 03 A 01: DESDE LUEGO. SIN EMBARGO PIENSO QUE NO VOLVERA A PERDER EL CONTROL OTRA VEZ.
DE 01 A 03: YO TAMBIEN CONFIO EN ELLO. EN CUALQUIER CASO DESPIÉRTAME MEDIA HORA ANTES DE LLEGAR.
DE 03 A 01: DE ACUERDO. DUERME BIEN.
DE 01 A 03: A ELLO VOY.