—Realmente no encuentro necesaria esta entrevista; ya quedó suficientemente explicada por televisión la postura oficial de American Robots con respecto a este tema.
—Discúlpeme, mister Jackson, pero cada medio de comunicación utiliza sus propios métodos; sin menospreciar ni mucho menos a la televisión, pensamos que es nuestra obligación informar a nuestros lectores de una manera totalmente independiente y particular.
—Estoy plenamente de acuerdo con ustedes; —comentó de mala gana el encargado de las relaciones públicas de la American Robots mirando fijamente a su interlocutor— pero comprenda usted, mister White, que mi empresa ya hizo público en su día un comunicado oficial que fue en el que se basó la entrevista televisada. Todo lo más que puedo hacer es proporcionarle una copia del mismo.
—Temo que no me ha entendido; —insistió el periodista— nosotros ya tenemos en nuestro poder su comunicado. Si sólo fuera por esto, mi presencia aquí sería innecesaria.
—¿Qué es, pues, lo que desea saber? —preguntó el ejecutivo con una sombra de temor esbozada en su rostro.
—Datos, opiniones... El informe es muy completo, casi diría que exhaustivo, pero adolece de una excesiva frialdad, de un exagerado tecnicismo. Eso estará bien para profesionales y científicos, pero no para el gran público. Nosotros lo que queremos es un reportaje sobre todos los factores implicados en este asunto, algo que resulte ameno y a la vez esté al alcance de todos nuestros lectores.
—Bien, dígame entonces qué es lo que desea saber —se resignó el empleado con desgana—. Procuraré responderle lo más verazmente posible dentro de mis atribuciones, que no son ilimitadas.
—Mi periódico y yo se lo agradecemos, mister Jackson —respondió el periodista haciendo caso omiso de la velada advertencia de su interlocutor—. Y ahora, dígame; ¿es verdad que han disminuido las ventas de robots en todo el planeta y que la American Robots es una de las compañías más afectadas por la crisis?
—Utiliza usted, no sé si deliberadamente, unas palabras excesivamente alarmantes y en modo alguno ajustadas a la realidad; le puedo asegurar que no hay ninguna crisis de ventas en nuestra empresa.
—Pero mi periódico efectuó un sondeo entre los principales distribuidores de robots y todos coincidieron en señalar una importante caída en las ventas, tanto en el mercado interior como en el exterior.
—Perdone que le interrumpa, pero habría que puntualizar bastante esta afirmación tan gratuita. Sí, es cierto que el número de ventas es actualmente inferior al de hace unos meses, pero esto se debe exclusivamente a factores coyunturales que están perfectamente contemplados en nuestras previsiones de mercado. Si examina nuestros gráficos de ventas comprobará que éstas siguen un comportamiento periódico con alzas y bajas, algo similar a una ley sinusoidal. Ahora mismo nos encontramos en una zona baja, nunca lo hemos negado, pero no nos hemos salido en modo alguno de la banda considerada como normal.
—En este caso mi pregunta queda contestada de una forma definitiva —argumentó el reportero maniobrando con habilidad hacia aguas más tranquilas—. Lo que sí es cierto, y de ello se han hecho eco las principales agencias de noticias, es que varios países han prohibido la entrada en su territorio de nuevas partidas de robots.
—Sí, así ha sido. Pero sólo son tres los países que han adoptado esta medidas, y todos ellos son pequeñas naciones con un peso específico prácticamente nulo en la economía mundial, amén de que nuestra compañía no operaba en ninguno de ellos.
—Pero pueden sentar un precedente; las razones que han esgrimido para tomar esta decisión bien podrían mover a adoptar idénticas medidas a otros países más importantes.
—Esas razones a las que usted alude resultan ser muy turbias, y no creo que ningún gobierno responsable se deje arrastrar por ellas; y aquí incluyo a los de todos los países occidentales que son, en definitiva, los que constituyen la práctica totalidad del mercado mundial de robots. Además, en nuestra sociedad desarrollada los robots constituyen un imprescindible pilar de la economía, por lo que prescindir de ellos sería un retroceso poco menos que suicida en nuestro progreso. No, mister White, la American Robots no teme al futuro aunque sí lo respeta. Ignoro cual será la situación del resto de las fábricas de robots, pero vuelvo a repetirle que nuestros estudios de mercado son plenamente optimistas.
—Bien, mister Jackson, le agradezco su amabilidad —se despidió el periodista comprendiendo que la entrevista había finalizado. Instantes después, y tras estrechar la mano de su interlocutor, abandonaba el despacho.
—Señorita, póngame con mister Mackenzie —solicitó por el intercomunicador un nervioso Jackson una vez que el periodista hubo desaparecido tras la puerta de entrada.