por Alfonso de Terán Riva
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Agujero negro

Hace unos días se publicó una noticia sobre la simulación de la fusión de dos agujeros negros, realizada por la NASA. Como siempre, leyendo las versiones de 20 Minutos, El Mundo, Terra y demás medios, compruebo que el texto es idéntico, incluyendo los mismos errores, por lo que claramente los redactores se limitaron a copiar el texto de la agencia EFE, sin más. Así vemos cómo el fondo de la noticia se tergiversa:

Hasta ahora, las ecuaciones sobre la Teoría General de la Relatividad de Einstein eran tan complejas, que los ordenadores se bloqueaban.

El problema se resolvió con la supercomputadora del Centro Ames de Investigaciones de la NASA, en el estado de California (EEUU), indicó el comunicado de la NASA.

Leyendo los párrafos anteriores, uno pensaría lógicamente que gracias a la supercomputadora esa, se ha podido realizar la simulación. Pero leyendo la nota de prensa original de la NASA (algo casi obligatorio en noticias de ámbito científico), vemos que la realidad es otra. El éxito de la simulación se debió al método empleado para traducir las ecuaciones en operaciones que un ordenador pueda entender, no el uso de esa supercomputadora concreta en particular.

Y es que uno no puede sin más introducir ecuaciones en un programa. El cine y la televisión nos han transmitido una idea de lo que es un ordenador, totalmente errónea. El ordenador no es un aparato mágico o inteligente con el que nos comuniquemos utilizando lenguaje natural. Es sólo una máquina capaz de realizar operaciones matemáticas (incluyendo álgebra de Boole) y seguir distintos caminos de ejecución en función de los resultados de dichas operaciones. Todas las maravillas que vemos que puede hacer, como navegar por Internet, ayudarnos a redactar un texto, mostrarnos un vídeo, y un largo etc., son debidas al software, es decir a los programas que se ejecutan.

Esos programas pueden estar mejor o peor hechos, tener más o menos errores, ser más o menos eficientes, y por tanto, tener una gran importancia en el resultado final. El encontrar la mejor forma de traducir los conceptos más o menos abstractos que uno quiere utilizar, en instrucciones que un ordenador entienda, es la base de toda la industria del software. Puede que dos programas distintos necesiten distintas capacidades de memoria y proceso, para realizar una misma tarea.

Así que el éxito de la simulación se debe realmente a la forma en la que se ha programado. Sin tener esto claro, el párrafo final de la noticia no tendría ningún sentido:

Esta combinación sin precedente de estabilidad y reproducción, confirmó a los científicos que las simulaciones se ajustaban a las ecuaciones de Einstein, señaló la NASA.

Cualquier persona puede pensar vamos a ver, si la simulación se efectuó utilizando las ecuaciones de Einstein, ¿cómo demonios no se van a ajustar a ellas? Parece un poco absurdo resaltar eso ¿no? Pero es importante porque como ya he dicho, las ecuaciones no se utilizan directamente. El que los resultados se ajusten a ellas, nos indica que esa traducción al mundo binario se hizo correctamente.

La noticia tiene otro error destacable, y aparece en el siguiente párrafo:

Esas fuerzas gravitacionales son alteraciones del tiempo y el espacio, un concepto de cuarta dimensión que Einstein llamaba «espacio-tiempo».

Veamos, todos sabemos que el espacio tiene tres dimensiones ¿no? Alto, ancho y largo, por decirlo de forma simple. Si nos ponemos un poco más científicos (no demasiado, es una de esas cosas que se enseñan en el cole), recordaremos aquellos problemas de física con vectores, y sistemas de referencia que utilizaban tres ejes de cooredanas: X, Y, y Z.

Si intentamos comprender un poco la famosa Relatividad Especial de Einstein, descubriremos que el tiempo y el espacio medido depende de la velocidad del observador y el objeto observado. A todo el mundo le suena algo eso de que a velocidades cercanas a la de la luz, el tiempo transcurre más despacio. A este efecto se le suele llamar dilatación temporal. Pero es que también ocurre algo parecido con el espacio: la contracción de Lorentz. Resulta que la longitud de un objeto (en la misma dirección que el movimiento) disminuye con la velocidad. Y la relación entre la magnitud en reposo y en movimiento, en ambos casos, es la misma: el factor de Lorentz.

Lo mismo sucede con la Relatividad General. Es más o menos conocido el hecho de que el espacio se curva en presencia de cuerpos con masa, y que este efecto es aprecieble con objetos muy masivos, como estrellas, que curvan la trayectoria de la luz. Pero es que también el tiempo se ve afectado, ralentizándose en presencia de un campo gravitatorio.

Todo esto lleva a pensar que el tiempo es una dimensión más (la cuarta), y que tiempo y espacio están íntimamente ligados, debiendo utilizarse el término espacio-tiempo para referirnos a ellos en conjunto. Así, vivimos en un universo de cuatro dimensiones.

Una vez entendido esto, resulta evidente el error del párrafo. El espacio-tiempo no es un concepto de cuarta dimensión. Es un concepto de un universo de cuatro dimensiones, en el que el tiempo es la cuarta dimensión.

Esto me recuerda inevitablemente a las famosas ecografías 4D de las que tanto se ha hablado. Físicamente es un nombre correcto, ya que se trata animaciones tridimensionales (es decir, vemos las tres dimensiones espaciales y su variación con el tiempo, que es la cuarta), pero en mi opinión, peca de exagerado. Con este mismo criterio, teniendo en cuenta que una televisión muestra una imagen bidimensional en movimiento, podríamos decir que en realidad muestra imágenes tridimensionales (las dos dimensiones de la pantalla más el tiempo). Así que ya sabéis, si queréis quedaros con alguien, decidle en plan fardón que vuestra tele es 3D.

© Alfonso de Terán Riva, (1.139 palabras) Créditos
Publicado originalmente en MalaCiencia el 25 de abril de 2006
CC by-nc 2.5

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