por Alfonso de Terán Riva
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DEEP IMPACT

El mismo año que se estrenó ARMAGEDDON, lo hizo también la película DEEP IMPACT, con lo que tuvimos doble ración de desastres relacionados con meteoritos (lo mismo ocurrió con VOLCANO y UN PUEBLO LLAMADO DANTE'S PEAK, o con BICHOS y HORMIGAZ). Hace poco, han hecho lo mismo en la tele: ARMAGEDDON el fin de semana de Reyes, y DEEP IMPACT el siguiente. Ya comenté en alguna ocasión que DEEP IMPACT es algo más realista que ARMAGEDDON, en lo que al pedrusco se refiere, aunque no se libra de sus fallos.

Uno de ellos, ocurre al final. No, no hablaré de la ola, sino de la inocua (sic) lluvia de meteoritos que sigue a la destrucción del fragmento mayor del cometa. ¿Qué problema hay? Pues que si sucediese en la realidad, de inocua no tendría nada. ¿Por qué? Bien, recordemos una de esas leyes que nos enseñaron en el colegio, y que habremos oído infinidad de veces en numerosos contextos: La energía ni se crea ni se destruye; sólo se transforma.

Cualquier cuerpo en movimiento, por el mero hecho de moverse, tiene energía cinética. Un coche, al frenar, está transformardo su energía cinética en calor, mediante el rozamiento de los discos de freno, o incluso de los neumáticos cuando el coche derrapa. En caso de colisión, la energía cinética es utilizada para deformar la carrocería del coche, y transferida parcialmente al objeto contra el que impacta. Los efectos catastróficos del posible impacto de un asteroide, se deben precisamente a la inmensa cantidad de energía cinética que debe disiparse de alguna manera en el momento del choque.

¿De qué depende la energía cinética? Pues como todos recordaremos del colegio, de la masa y de la velocidad. Concretamente, la energía cinética es la mitad del producto entre la masa y el cuadrado de la velocidad (mv2/2). Esto quiere decir que si volamos un asteroide en cientos de pequeños fragmentos, la energía cinética del conjunto seguirá siendo la misma, ya que la masa es la misma (aunque repartida en trozos), y la velocidad media también.

¡Eh! ¡Un momento! ¿Seguro que la velocidad media es la misma? Sí. No menos importante que la conservación de la energía, es la conservación de la cantidad de movimiento. En un sistema sin acción de fuerzas externas (o con resultante nula), la suma del producto entre masa y velocidad de cada objeto, es constante. Es decir, que si multiplicamos la masa y la velocidad de un asteroide, y después lo hacemos saltar en pedazos, al multiplicar la masa y velocidad de cada fragmento y sumarlo todo, nos debe dar lo mismo. Habrá fragmentos más rápidos que otros, que se compensarán mutuamente, de forma que la energía cinética total debe ser igual (o incluso mayor, ya que la explosión ha proporcionado más energía cinética a los fragmentos). Hay que tener en cuenta el detalle de sin acción de fuerzas externas. Esto quiere decir que la forma de destrozar el asteroide debe ser con una explosión desde el interior, no golpeándolo con otro pedrusco más grande.

Bueno, una vez ha quedado esto claro, volvamos a la película. Al final, los tripulantes del Mesias se sacrifican haciendo detonar unas cabezas nucleares en el interior del cometa. Éste explota en miles de fragmentos, que casi inmediatamente caen a la tierra, ardiendo y consumiéndose totalmente al entrar en nuestra atmósfera. Pero la energía cinética total de los fragmentos es la misma que la del cometa, y en este caso se está disipando toda en forma de calor. La misma devastadora energía del impacto cuyos efectos nos pormenoriza Morgan Freeman, transformada en calor.

Así que la lluvia de meteoritos no puede ser inocua. En el mejor de los casos, provocaría un calentamiento global brusco que alteraría significativamente el clima. Posiblemente se altere el ecosistema de forma radical y se produzca un ELE igualmente, aunque más gradual. En el peor, el calor producido sería mortal y calcinaría todo aquello que esté en la zona donde caen los fragmentos.

¿Podemos saber cuánto calor se generaría? Bueno, para ello debemos conocer la energía cinética del cometa, y para ello es necesario conocer la masa y la velocidad.

Creo que no se daba ningún dato de la masa, pero el fragmento mayor (el que explota) tenía unos 10 km de diámetro. Aún hay incertidumbre en la composición de un cometa, y por tanto, en su densidad, pero podemos utilizar una de las estimaciones de la NASA para el cometa Tempel 1 (el de la misión Deep Impact), que es de 0'35 g/cm3, o sea 350 kg/m3. Suponiendo que es una esfera (no lo es, pero es una buena aproximación), entonces su volumen sería de unos 524.000 millones de m3, y por tanto, su masa sería de unos 183 billones de kg. La velocidad era de unos 40 km/s (no recuerdo el dato, así que me he fiado de lo que aparece en Bad Astronomy). Eso nos da una energía cinética de 146.400 trillones de julios.

Esa inimaginable cantidad de energía debe disiparse en forma de calor en pocos segundos durante la lluvia de meteoritos. ¿Cuánto calentaría nuestra atmósfera? Veamos, en el colegio también nos enseñaron que la cantidad de calor necesaria para aumentar la temperatura de un cuerpo es el producto de su masa, su calor específico y el incremento de temeratura (Q=mCsT). El calor específico del aire oscila entre 1005 y 1030 J/ (kg K), dependiendo de la humedad. La masa total de nuestra atmósfera es de 5,1 trillones de kg. Poniéndolo todo junto tenemos que con esa cantidad de energía, si se distribuyera por igual en toda la atmósfera, ésta incrementaría su temperatura entre 27 y 29 ºC.

No parece mucho, pero pensad que se trataría de un incremento mundial, en apenas pocos segundos. Los efectos climáticos y ecológicos serían como mínimo catastróficos.

Además, estamos suponiendo que el calor se reparte por toda la atmósfera. En realidad, el calor se transmitiría únicamente a la zona donde caen los fragmentos, por lo que el incremento de temperatura sería mucho mayor, tal vez por encima de lo tolerable para el ser humano (si sólo se disipa en la mitad de la superficie terrestre, el incremento sería de entre 54 y 58ºC, y si se concentra en la cuarta parte, sería de más de 100 ºC). Por otro lado, este brusco incremento aumentaría también con la misma brusquedad la presión, provocando terribles vientos desde la zona caliente hacia el resto del globo, peores que cualquier huracán.

En fin, que la lluvia final no tiene en realidad nada de inocua.

© Alfonso de Terán Riva, (1.101 palabras) Créditos
Publicado originalmente en MalaCiencia el 19 de enero de 2006
CC 2.0

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