por Alfonso de Terán Riva
MISIÓN A MARTE
MISIÓN A MARTE

Y seguimos con el calor (sí, debo estar obsesionado, pero es que paso un frío por las mañanas...). En el último envío hablé de pasada sobre la transmisión por radiación. Ésta forma de transmisión de calor es la única que puede producirse en el vacío. Depende únicamente de la temperatura del cuerpo, de la superficie y de sus características intrínsecas. Es importante notar que no depende en absoluto de la temperatura exterior.

Sabiendo esto, estamos en condiciones de descubrir un par de errores en la película MISIÓN A MARTE. En una escena, unos micrometeoritos atraviesan la nave donde viajan los protagonistas. Un tanque con combustible es perforado, y éste se escapa por el agujero. A medida que el líquido sale, se congela casi inmediatamente. También ocurre eso mismo con el líquido de un refresco que utilizan para averiguar dónde está el agujero de la zona habitable. En otra escena, en la que Tim Robbins se sacrifica (tras una secuencia que ya comenté hace varios meses), al quitarse el casco de su traje espacial muere, y vemos como su cara queda agrietada y congelada.

Veamos, como ya he dicho, la transferencia de calor por radiación es la única posible en el vacío, por lo que es la única que ocurre en ambas secuencias. Pero la emisión de calor por radiación sólo depende de la temperatura del cuerpo, y no de la temperatura del entorno. Es decir, la pérdida de calor por radiación es la misma en una tórrida tarde de verano que en una helada noche de invierno. Es la misma en el desierto que en el polo. Y es la misma que en el vacío del espacio.

Uno pierde más calor un día frío en la Tierra, que en el espacio, ya que además de la pérdida por radiación, hay que sumar la debida al contacto con el aire (transferencia por conductividad y por convección). Y si no nos congelamos al instante aquí en nuestro planeta, cuando la temperatura no es demasiado alta, mucho menos en el vacío, donde la pérdida de calor es menor.

Es más, puede ser que incluso sea más bien al revés, y que estando en una zona iluminada por el Sol (como en la película), el calor absorbido debido a la radiación solar sea mayor que el disipado debido a nuestra propia radiación. Hay que tener en cuenta que en la Tierra, el calor por radiación del Sol es absorbido en gran parte por la atmósfera, antes de llegar al suelo. También es verdad que Marte está bastante más lejos, así que tampoco puedo asegurar que sea así.

Lo que sí es bastante seguro es que el líquido que sale al exterior, lejos de congelarse, más bien herviría. ¿Cómo? Pues resulta que el punto de ebullición depende de la presión atmosférica. Cuanto menos presión, más bajo es. Todos sabemos que el agua hierve a 100 ºC. Pero esta temperatura está medida a una atmósfera de presión (101,325 kPa) En lo alto del Everest, donde la presión atmosférica se reduce hasta casi la cuarta parte (26 kPa), el agua hierve a tan solo 69 ºC. No sabemos el punto de ebullición del combustible de la nave, ni a qué temperatura se almacenaba, pero precisamente por ser el combustible, podemos suponer que su punto de ebullición no debería ser exageradamente alto y que se almacenaba a una temperatura no demasiado baja (después de todo, hay que inflamarlo para utilizarlo). Así que es bastante seguro que debería hervir o al menos evaporarse, al salir al vacío. Y lo mismo con el refresco, ya que en este caso sí estamos seguros que su temperatura debería ser más o menos la temperatura ambiente de la zona habitable.

© Alfonso de Terán Riva, (618 palabras) Créditos
Publicado originalmente en MalaCiencia el 21 de diciembre de 2005
CC by-nc 2.5

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