Adiós, Firefox, adiós
por Francisco José Súñer Iglesias

He sido usuario de Mozilla Firefox desde antes de que existiera el propio Firefox, desde cuando se llamaba Phoenix, y su breve encarnación cono Firebird. De eso ya va para quince años. Los principios fueron bastante turbulentos. Yo siempre había preferido Netscape, como navegador era muy superior al por entonces reciente Explorer, además de que era muy cómodo tener simultáneamente a mano el navegador y el gestor de correo electrónico. Pero las malas artes de Microsoft (y las peores prácticas de miles de programadores, y las propias torpezas de sus responsables) redujeron el navegador de Netscape a la irrelevancia, de modo que a principios del siglo XXI hubo una época oscura en la que Internet Explorer (ayudado por el monopolio de facto de Windows) copó prácticamente la navegación en Internet.

Netscape viendo el panorama, y abocada a la desaparición como empresa, hizo público el código fuente de su navegador a finales de los años 90, con lo que dio pie a la creación de la Fundación Mozilla, responsable entre otros del propio Firefox, y del gestor de correo Thunderbird, del que, desgraciadamente, está en proceso de desentenderse con la ridícula excusa (como veremos más adelante) de que distrae recursos del desarrollo de Firefox.

Firefox fue un soplo de aire fresco al mundo de la navegación, aportaba características que dejaban al MS Internet Explorer en muy mal lugar, y poco a poco fue haciéndose un hueco en el mercado gracias a su filosofía y respeto por los estándares. Sin embargo, las políticas de la Fundación Mozilla han sido tradicionalmente muy erráticas.

Si bien el navegador siempre se ha basado en tres pilares fundamentales: código abierto, respeto por los estándares y multiplataforma, la Fundación se ha dispersado en infinidad de proyectos que han distraído su capacidad para mejorar y pulir Firefox. Unas de las cuestiones que peor sentaban a los usuarios eran los cambios de interfaz. En la versión 4 se cambió la ubicación de botones, barras de menús, y herramientas. Pero peor aún sentó la introducción del interfaz Australis en la versión 29 que convertía Firefox en algo así como en una imitación de Chrome. Esos cambios eran desconcertantes e irritantes, porque no estaba muy claro cual era su causa y objeto, pero no eran algo catastrófico porque gracias a las capacidades de personalización del navegador resultaba sencillo dejarlo al gusto del usuario.

El fracaso más sonado, y que se llevó por delante ingentes cantidades de recursos de la Fundación fue el Firefox OS, un proyecto de sistema operativo abierto para móviles que, pese a tener un innegable interés, no solo estaba fuera del ámbito de actuación de la Fundación (básicamente, las tecnologías de Internet) sino que nació con una filosofía de recorrido muy corto, priorizando los mercados emergentes y los terminales baratos. Esto segundo fue lo que hizo nacer muerto al proyecto, apenas existieron terminales que fueran capaces de ofrecer un funcionamiento fluido del sistema, lo que unido a su propia inmadurez se tradujo en una rápida irrelevancia. A mi, particularmente, la idea me entusiasmó, y durante unos años estuve usando el ZTE Open, uno de los terminales bandera del proyecto, pero la política de la Fundación de dejar en manos de los fabricantes y operadores la actualización de los terminales, hizo que estos quedaran rápidamente obsoletos, por no hablar del poco apoyo que tuvo de los principales desarrolladores de aplicaciones. El anunció de los propietarios de Whatsapp de que no habría versión para Firefox OS fue el inicio de una lenta agonía hasta su desaparición final.

Esta distracción en asuntos que tenían que ver de forma muy remota con el origen y principal objetivo de la fundación, que era permitir una navegación libre y abierta por Internet, se conjugo con el lanzamiento por parte de Google Inc. De su propio navegador, el ahora omnipresente Chrome. Las razones de Google para hacerlo eran evidentes; tenía la necesidad de controlar como se navega y, sobre todo, saber por donde se navega. Al igual que Microsoft respecto a la fabricación de CPUs, Google ha conseguido una posición más que destacada a la hora de influir en el desarrollo de las tecnologías web, con el objetivo manifiesto, y no del todo oculto, de facilitar no solo el trabajo de indexación de su buscador, sino también mejorar los métodos de recopilación de datos y más datos acerca de los hábitos de navegación de los usuarios. Podría parecer que con las estadísticas del buscador les valdría, pero eso solo sirve para quienes lo usan como tal, que no es poco, así pues, ¿Por qué no meterse también en la cabeza de los internautas? Por eso jamás he usado Chrome, siempre han existido sospechas más o menos fundadas de que Google usa su navegador para espiarnos, así que sencillamente no me fío.

Suspicacias aparte, Google consiguió un producto más que competente, rápido y ligero. La parte más dura del trabajo, esto es, el intérprete de HTML, ya se lo había hecho originalmente el equipo de desarrollo del entorno de escritorio KDE para Linux, que lanzó allá por 1999 KHTML, el componente que interpreta y dibuja el HTML, para el navegador Konqueror. En 2003, Apple tomó KHTML y lo mejoró, llamándolo WebKit, para su navegador Safari. Como KHTML es software libre, las mejoras de Apple revirtieron al proyecto, que a su vez fue adoptado y mejorado por Google, que lo llamó Blink, y actualmente es el corazón del propio Chrome, además de haber sido adoptado por otros navegadores bastante conocidos, como Opera y otros no tanto, pero muy interesantes, como Vivaldi.

El caso es que el potencial conjunto de Apple y Google trabajando en el mismo proyecto (ni juntos ni revueltos, cosas del software libre) hizo que Gecko, el interprete de HTML de la Fundación Mozilla, se quedara rezagado en cuanto a prestaciones, lo que unido a la omnipresencia de Google fue haciendo que la cuota de mercado de Firefox decayera progresivamente (a día de hoy Chrome tiene el 60% del mercado mientras que Firefox sobrepasa por poco el 10%) Además, sospecho de ciertas maniobras poco elegantes.

Me explico. Firefox siempre ha tenido muy mala fama en cuanto a consumo de memoria, un auténtico devorador de RAM, y eso se repite una y otra vez en foros y mentideros. Lo curioso del caso es que basta hacer una pequeña prueba (con cualquier programa de medición de RAM) para comprobar que a igualdad de páginas abiertas, Firefox no consume más que Chrome. De hecho, en una prueba con diez pestañas abiertas cada uno (con servicios y periódicos digitales) un Chrome 63 limpio (como apenas lo uso, no tiene instaladas extensiones) está consumiendo 20 Kb más que un Firefox 56 cargado de extensiones (14, nada menos) Así pues ¿Cómo nació esa leyenda urbana? ¿Por qué tan poca gente se molesta en comprobarlo? A lo primero tengo una respuesta maliciosa, a lo segundo... bueno, es más fácil repetir un rumor que comprobarlo.

El caso es que por múltiples circunstancias Firefox está de capa caída. ¿Y cual es la solución de la Fundación Mozilla? Además de cambios internos, como el proyecto Servo, un nuevo interprete de HTML escrito desde cero, en teoría más rápido y ligero que el ya venerable Gecko, la Fundación decidió cargarse Firefox y lanzar un nuevo navegador: Quantum. En un alarde de astucia, por lo visto hasta ahora toda una rareza en la Fundación, Quantum es solo el apellido de Firefox a partir de la versión 57, pero en realidad es otro navegador. Así se evitan un reinicio de la serie, porque volver a la versión 1 en esta época de avance alocado de versiones sería humillante, y tener que vender una nueva aplicación a sus antiguos usuarios, además de que sería más difícil atraer a los nuevos.

¿Qué trae de nuevo Quantum? En un principio dicen que es más rápido y eficaz. Durante un tiempo pensaba que efectivamente Firefox era bastante torpón en comparación con otros navegadores basados en Blink, como el propio Opera, pero como sucedía con el tema de la RAM no era algo que me hubiera puesto a investigar. Pero un día, haciendo una instalación limpia en otro ordenador, algo menos potente que el mío, me di cuenta que Firefox volaba Instalé también Chrome y francamente, aunque Firefox parecía más perezoso, esa lentitud se traducía en un parpadeo, nada que hiciera la experiencia de navegación diferente entre uno y otro. ¿Por qué en mi PC, mucho más potente, si se notaba más pesado? Efectivamente, por la carga de esas 14 extensiones, que entre bloqueadores de publicidad, bloqueadores de seguimiento y bloqueadores de webs maliciosas hacían del análisis de cada página cargada una pequeña fiesta. Nada grave, pero si perceptible. Es decir, no era Firefox en si, eran todas las mochilas que llevaba puestas lo que le hacían menos ágil.

Además, Quantum abandona XUL como lenguaje de definición de interfaz y extensiones, eso significa que a partir de la versión 57 el grado de personalización que tenía Firefox se perdió completamente. Ahora se verá como mejor le parezca a la Fundación Mozilla, que ha optado por clonar el modelo de Chrome con mínimas posibilidades de adaptación a los gustos del usuario.

Como se dice habitualmente ¿para qué optar por la copia pudiendo tener el original?

Pero lo peor es que todas las viejas extensiones que no haya migrado al modelo WebExtensions, no ya es que dejen de de funcionar, es que son eliminadas con la actualización. Eso implica que muchas veteranas extensiones de grandísima utilidad (en mi caso ScrapBook es fundamental) pero que por unos motivos u otros no han seguido desarrollándose, desaparecen sin que exista, a día de hoy, una alternativa consistente. Se puede argüir que este cambio estaba avisado y llevaba gestándose desde 2015.

De acuerdo, pero si por algo se elige un producto es por sus características, y si las principales, por mucho que se avise con tiempo, desaparecen ¿qué motivos hay para seguir usando ese producto? En este caso, ninguno. Al menos han dado tiempo para buscar alternativas.

Desde hace mucho, cinco o seis años, que uso PaleMoon como navegador alternativo, Goanna, su intérprete de HTML es una derivación de Gecko. PaleMoon nació cuando M. C. Straver, un programador holandés, se hartó de los tempranos bandazos de la Fundación Mozilla y decidió crear una derivación del Firefox conservando el espíritu y filosofía que le dieron origen. Durante mucho tiempo no dejó de ser un Firefox aligerado, pero a partir de 2016, con la introducción de Goanna, los caminos de ambos divergieron definitivamente, hoy por hoy, PaleMoon es más Firefox que el propio Quantum. Pero hay más, Moonchild Productions, el paraguas corporativo que ampara a PaleMoon, ha lanzado Basilisk, un nuevo navegador experimental con la intención de perpetuar el modelo XUL de desarrollo de interfaz y extensiones. Pueden parecer proyectos redundantes, pero mientras PaleMoon se basa en la segunda generación de Firefox (de las versiones 4 a 28) Basilisk se basa en la última (de la 29 a la 56). ¿Esfuerzos duplicados? Si, aunque ambos usen Goanna como intérprete de HTML, veremos si los recursos de Moonchild Productions dan para mantener dos navegadores casi idénticos, si bien el ciclo de desarrollo de Basilisk parece algo más relajado.

¿Quiere decir esto que PaleMoon va a ser mi navegador principal abandonando Firefox? No, aunque el título de éste artículo lo sugiera Firefox sigue siendo el que se abre por defecto en mi sistema, y el que uso para las pruebas y desarrollo del Sitio, pero ya no es mi navegador principal. Ahora uso una mezcla de PaleMoon, Opera, el propio Firefox, ¡¡¡SeaMonkey!!! (el sucesor directo del viejo Netscape Suite) y ocasionalmente Explorer para webs que siguen sin funcionar en otros navegadores (alguna queda, si). De forma más anecdótica aún, Edge, Vivaldi, Chrome, pero solo para pruebas y experimentos. Basilisk, aunque lo he mencionado, de momento no deja de ser una curiosidad.

¿Nueve navegadores? Bien mirado hay que contar realmente los intérpretes de HTML, que se quedan en cinco, Gecko (para Firefox y SeaMonkey), Blink (para Opera, Chrome y Vivaldi) Goanna (para PaleMoon y Basilisk) Trident (para el Explorer) y su evolución EdgeHTML (en el propio Edge) ¿Son necesarios tantos? Para un usuario normal, no, por supuesto, pero hay que tener en cuenta que debo velar porque el Sitio se vea igual de bien (o eso creo) en cualquier navegador, afortunadamente eso es cada vez más sencillo, todos los intérpretes han ido adoptando con bastante competencia los estándares web, y que una página se vea igual en Firefox, Explorer y Opera no es el dolor de muelas de hace diez años.

Lo de las plataformas ya es más peliagudo, pero las pruebas que hago ocasionalmente en Linux me dan confianza en que al probar con tantos navegadores e intérpretes en Windows será raro algún fallo en Linux o Mac (ese si, no tengo opción a probarlo por mi mismo).

Como digo en los pies de mis mensajes de correo: si funciona, no lo toques. Entiendo la necesidad de la Fundación Mozilla de no quedarse atrás en el desarrollo de la web, pero sin una política consistente a lo largo de los años es muy difícil permanecer en una posición relevante. El cambio radical de Firefox por Quantum no parece el movimiento más adecuado para no ya aumentar, sino conservar una masa de usuarios fieles. Las estadísticas de navegación, en las que Firefox ni gana ni pierde cuota, no parece que estén dando la razón, por el momento, a la Fundación, aunque todavía hay que esperar algún tiempo hasta el lanzamiento definitivo de Servo.

En lo que a mi respecta, Firefox ya no es mi navegador, es uno más entre tantos. De hecho es tal la falta de personalidad de los actuales navegadores que si quiero saber con cual estoy navegando tengo que comprobarlo. Sin diferenciación, no hay realmente motivos para optar claramente por uno o por otro.


Notas

Este artículo empezó a escribirse cuando se lanzó Firefox 57, por lo que yo aún solo lo había instalado en una máquinas de pruebas. Por eso esos datos corresponden aún a la última versión XUL.

© Francisco José Súñer Iglesias,
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