Biblioteca de ciencia-ficción de Orbis
por Armando Parva

Los que peinamos canas tenemos por casa, si no todos, si una buena cantidad de volúmenes de la colección Biblioteca de ciencia-ficción, publicada por la editorial Orbis allá por 1985. A muchos, esta colección nos llevó a conocer clásicos y no tan clásicos que, de otro modo, nos hubieran sido inaccesibles, ya fuera porque era difícil encontrarlos, ya fuera porque las ediciones originales estaban fuera de nuestro alcance económico.

Era todo un rito llegar todos los jueves con las 150 pesetas (¡90 céntimos de euro!) bien apretadas en la mano al kiosko para comprobar que nueva joya nos esperaba. A mi nunca me gustaron las portadas, con ese azul eléctrico, ese plateado que saltaba a poco que se rozara, y las ilustraciones que no eran ilustraciones sino manchas tan abstractas como genéricas. No se quien se encargó de ese diseño, pero debió pensar que esa estridencia era futurista, no acertó, pero si marcó la colección con una de sus características más definitorias: los Libros azules.

Ediciones Orbis se fundó en 1981 como editorial especializada en la distribución en quioscos, algo que ya hacían otras como Salvat y Bruguera desde hacía años. Eran colecciones baratas y muy accesibles, al alcance de casi cualquier bolsillo, lo que acercaba la cultura, literalmente, a pie de calle. Por supuesto no eran novedades de rabiosa actualidad y el concepto best-seller, todavía estaba despegando en España, pero muchos de aquellos libros si vieron su primera (y última) edición en aquellas colecciones. El caso es que a mediados de los años 1980 en Orbis se decidió lanzar una colección de novelas de ciencia-ficción. El responsable editorial de Orbis por la época era Virgilio Ortega, que echó mano de Domingo Santos como asesor y especialista en el género.

La idea era acercar los clásicos hasta el gran público sin gastar mucho dinero, para ello, se recurrió al reciclaje de ediciones y traducciones ya publicadas por editoriales especializadas, especialmente Martínez Roca y Acervo, que ya por la época contaban con un amplio catálogo. Yo no lo recuerdo, pero consultando unas y otras fuentes parece que la campaña de lanzamiento fue bastante importante y la oferta inicial de dos volúmenes igualmente potente: EL FIN DE LA ETERNIDAD, de Asimov, y 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, de Clarke, a los que siguieron, entre otras, TROPAS DEL ESPACIO (Robert A. Heinlein); ESTACIÓN DE TRÁNSITO (Clifford D. Simak); MUNDO ANILLO (Larry Niven); EL PLANETA DE LOS SIMIOS (Pierre Boulle); EL SOL DESNUDO (más Asimov); FAHRENHEIT 451 (Ray Bradbury); MARCIANO, VETE A CASA (Fredric Brown); VISIONES PELIGROSAS (en tres entregas, compilada por Harlan Ellison). Como se ve un muestrario más que significativo de la ciencia-ficción clásica que se fue incrementando con el paso del tiempo hasta llegar a los 100 volúmenes, cerrándose con una entrega doble: LA CIENCIA-FICCIÓN DE H. G. WELLS, de mano del mismísimo Domingo Santos.

La selección de títulos fue de lo más variada, abarcando todo subgénero que se puede imaginar ¿space opera? LA LEGIÓN DEL ESPACIO (de Jack Williamson) ¿hard? MUNDO ANILLO (de Larry Niven y Jerry Pournelle) ¿soft? ¡HAGAN SITIO! ¡HAGAN SITIO! (de Harry Harrison) ¡mucha! ¿new vave? EMPOTRADOS (Ian Watson) ¿humor? UNIVERSO DE LOCOS (Fredric Brown), ¿ucronías? EL HOMBRE EN EL CASTILLO (Philip K. Dick) ¿distopías? METRÓPOLIS (Thea Von Harbou) ¿ciberpunk? COMPUTER CONNECTION (Alfred Bester) como se ve Domingo Santos tuvo especial cuidado en crear un catálogo amplio y desacomplejado, que permitiera al lector no ya solo tener al alcance muchos de los clásicos (por entonces modernos) del género, sino además hacerse una idea de la amplitud de temas y tratamientos que es capaz de ofrecer la ciencia-ficción. Incluso se atrevió a incluir autores hispanos de ambos lados del charco: Eduardo Goligorsky, Rafael Marín Trechera, Gabriel Bermudez Castillo, y Angelica Gorodischer, además de algún otro, y un par de antologías dedicadas a la ciencia-ficción española e hispanoamericana, que dieron el contrapunto a una colección básicamente anglosajona donde, aparte de los mencionados, creo que solo EL PLANETA DE LOS SIMIOS­ quedó fuera del ámbito de la anglosfera.

Y digo creo porque no poseo todos los volúmenes de la colección, e igualmente creo que nadie la compró entera. El hecho de basarse en reediciones significaba que, al llegar al quiosco, no era raro encontrarse con la frustrante circunstancia de que tal o cual título ya estaba en la estantería de casa en su edición original. Por entonces encontrar libros de Martínez Roca o Acervo de saldo, incluso en grandes almacenes, no era extraño, y como era del fondo de estas dos editoriales de la que se nutría principalmente Orbis, la duplicidad era inevitable. En mi biblioteca no llegan a los 90 volúmenes, los conté hace años y rozaba esa cifra (no recuerdo si son 87, ­ 88, u 89) y supongo que poca gente, a no ser de los habituales completistas recalcitrantes, la tendrá entera.

Otra circunstancia curiosa es que la colección se exportó a Hispanoamérica de la mano de la editorial argentina Hyspamerica, con el mismo diseño, aunque sin replicar exactamente el orden. Por ejemplo, mientras que en España Orbis remató la colección con la antología dedicada a Wells, Hyspamérica lo hizo con INFIERNO, de Fred y Groffrey Hoyle, que Orbis publicó como número 55,

Lo cierto es que gracias a la selección de Domingo Santos a muchos se nos abrió un amplio abanico de posibilidades que por diversas causas (desconocimiento, prejuicios) no habíamos tenido en cuenta. El hecho de que la colección fuera regular. y barata ayudaba a adquirir novelas que de otra forna se hubieran quedado en la librería. Naturalmente se echan en falta muchos nombres (Stanislaw Lem es quizá el más destacado), pero ahí estaban codo con codo esas otras colecciones de Ultramar y Bruguera, a precios parecidos que se complementaban las unas a las otras.

Sin duda, la Biblioteca de Ciencia-ficción de Orbis cumplió con creces tanto en su misión a la hora de proporciona entretenimiento como en su aspecto educativo.

Notas

He puesto jueves y 150 pesetas fiándome de mi memoria, no creo que eso esté muy lejos de la realidad, pero si alguien tiene un dato más preciso, dígalo.

Y que la hace extremadamente difícil de escanear. Nota del SdCF.

Quien tenga curiosidad por hacer la comparativa en la Tercera Fundación están los listados de ambas colecciones:

© Armando Parva
(1.065 palabras) Créditos