Tengo que reconocer que no conocía esta formulación sobre las citas más famosas de A. C. Clarke. Las propias citas si, cada una por separado y en su contexto apropiado, pero no como un corpus
, quizá porque Asimov también tiene sus propias tres leyes, así que no sentía que otro autor también pudiera tener su propia lista. Cosas de la mente.
Pero editando el artículo de Enric Quílez Lo imprevisto se impone me las encontré. Es coña
, pensé, pero no. Las tres leyes de Clarke están fijadas hace mucho tiempo y el propio autor hacía referencia a ellas con cierta ironía.
Estas tres leyes pretenden encuadrar la ciencia y la tecnología desde un punto de vista filosófico, e intentar comprender su evolución. Tengamos en cuenta además que estas leyes son más bien observaciones ingeniosas antes que propuestas basadas en el método científico, Clarke no pretendía establecer con ellas una metodología respecto al desarrollo de la tecnología, sino una serie de constantes, más o menos estables a lo largo de la historia de la ciencia.
Por orden:
Primera ley de Clarke
Cuando un científico distinguido pero anciano afirma que algo es posible, casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, casi seguro está equivocado.
Esta apareció en el ensayo HAZARDS OF PROPHECY: THE FAILURE OF IMAGINATION (1962), donde criticaba la falta de imaginación de los expertos.
Sin duda, llegar a ser experto en cualquier área de conocimiento requiere un gran esfuerzo para el que no todo el mundo tiene capacidad o está dispuesto a hacer. Acumular conocimientos no es cosa de poco, y ser capaz de interconectarlos entre sí es más difícil todavía. Todo ese gasto de energía acaba por petrificar ese conocimiento, considerándolo definitivo, estático e inamovible. Afortunadamente nadie tiene el monopolio de la investigación y el pensamiento, y es posible abrir otras vías y proponer nuevos paradigmas que, en su momento, se convertirán en la norma y...
Ejemplos hay para llenar varias bibliotecas. Uno que me gusta mucho es el de Ignaz Semmelweis (1818-1865), un médico húngaro que observó que la mortalidad por infección en los partos atendidos por los médicos en el hospital de Viena donde trabajaba, era muy superior al de los atendidos por las matronas, e incluso al de los partos caseros. Sus compañeros de profesión, al atender diversas enfermedades, e incluso autopsias, a lo largo del día, iban transmitiendo éstas (1847, aún no se conocía el mecanismo exacto) de unos a otros pacientes, de modo que propuso, e incluso demostró, que el lavado de manos con una solución desinfectante reducía las muertes por esas causas hasta casi la irrelevancia. Esa idea fue violentamente rechazada por la comunidad médica de la época y Semmelweis fue defenestrado e incluso llegó a morir en un manicomio.
Segunda ley de Clarke
La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos hacia lo imposible.
Esta surgió como observación derivada de texto anterior, consolidándose en la edición revisada de PROFILES OF THE FUTURE (1973)
Clarke hace hincapié en la experimentación como motor de la innovación. Al hilo de la anterior ley, no se debe considerar escrito en piedra nada que la ciencia haya descrito, hay que establecer más ¿por qué?
y más ¿y si?
e intentar darles respuesta. No deja de ser una reformulación del socrático solo sé que no sé nada
. Esto en las ciencias puras parece claro, siempre hay una causa previa a lo observado y establecido que se puede estudiar hasta lo infinitesimal, pero en el campo de la tecnología sucede igualmente que se buscan incansablemente nuevas formas más rápidas y eficientes de hacer las cosas, o más allá, hacer cosas nuevas y llevar a la práctica ideas alocadas (según la Primera ley), incluso cuando todo parece haber llegado a un callejón sin salida, como el caso de la fusión fría.
Otra forma de verlo es el método Musk
de desarrollo espacial que tantas burlas ha generado ante la explosión durante el lanzamiento de muchos de sus proyectos. El prototipado rápido es común en muchas áreas, ya sea mediante moldeo en materiales plásticos y más recientemente con simulaciones informáticas, para comprobar la bondad de la teoría
.
En el caso de la industria aeroespacial tiempos y costes de desarrollo se inflaban porque se intentaba que cada equipo y cada sistema funcionaran perfectamente a la primera ¡en conjunto con todas las demás! Musk hizo sus cálculos y vio que era más barato y rápido construir el cohete con el primer
diseño y lanzarlo para conocer sus carencias antes que repasarlo una y otra vez para, además, no tener la seguridad al 100% de que no sucediera incidente alguno.
Tercera ley de Clarke
Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Es la más conocida, y bastante literal. Se publicó inicialmente en 1962 en una carta a la revista Science. El propio Clarke bromeó al respecto: Tres leyes bastaron para Newton, así que me detengo aquí
.
Viene a decirnos que la complejidad técnica trasciende a la comprensión humana, pareciendo sobrenatural. En todo caso esta ley hay que tomarla siempre desde el punto de vista del usuario de esa tecnología. Solo la ignorancia sobre el conocimiento subyacente puede llevar a tal conclusión.
A día de hoy (casi) nadie en nuestro mundo cree que la tecnología que hay tras las IAs, por ejemplo, es mágica. Hemos manejado los suficientes ordenadores, smartphones y dispositivos inteligentes
, así que el hecho de que una IA sea capaz de esas proezas es admirable pero para nada sorprendente. Se tiene la certeza de que detrás de ello hay una tecnología que se escapa al conocimiento del común de a pie, pero también se sabe que hay especialistas que conocen los entresijos de la misma, operándola y manejándola, pero sin llegar a la categoría de magos
, porque no hay conocimientos esotéricos, ni la mejor liturgia alrededor de ellas, aunque sí mucho corporativismo y demasiada tecnojerga
opaca para el no iniciado...
¡Cielos...! Como los magos...