Lo imprevisto se impone
por Enric Quílez Castro

A veces, se le ha querido dar a la ciencia-ficción una función prospectiva que realmente no acaba de tener. Muchas veces se considera que un escritor es un buen autor de ciencia-ficción si es capaz de predecir el futuro, aunque tal cosa sea del todo imposible.

Yo creo que el buen escritor de ciencia-ficción, más que hacer predicciones de nuevos inventos, utiliza el presente, proyectándolo hacia el futuro (o hacia el pasado, según convenga) y hace extrapolaciones o trata de identificar tendencias y sus causas o consecuencias.

¿Quién predijo la caída del muro de Berlín dentro del mundillo? Prácticamente, nadie. O los smartphones. Ha habido mucha literatura sobre la capacidad adictiva e incluso idiotizadora de la televisión en el mundo, pero quien se ha llevado la palma ha sido un dispositivo electrónicamente muy potente, omnipresente, como es el smartphone.

Se ha hablado largo y tendido de hecatombes zombis, ¿pero quién predijo que la población mundial tendría que encerrarse semanas en sus casas debido a un virus y que la economía se ralentizaría hasta extremos inimaginables? Pues no mucha gente.

Y lo encuentro normal. La realidad es sorprendente, compleja, llena de matices y de giros inesperados. El escritor de ciencia-ficción no puede tener una bola de cristal. Debe tener unas buenas gafas, para ver qué hay hoy en el tintero y prever cómo las tendencias actuales nos afectarán en el futuro.

Por poner un ejemplo clásico: Isaac Asimov. No predijo la existencia de calculadoras de bolsillo, pero cuando estas aparecieron sí que predijo la extensión del analfabetismo digital. Los robots ya eran viejos como idea cuando él empezó a escribir sobre ellos, pero sus ideas de cómo nos afectarían individualmente y como sociedad, fueron de lo más avanzado. De hecho, aún no hemos llegado en absoluto al reino de las inteligencias artificiales que él trató en sus relatos y novelas.

También Arthur C. Clarke jugó en alguna de sus obras a hacer prospectiva, pero tal vez el legado por el que será conocido serán sus 3 famosas leyes, apodadas de Clarke.

Y es que lo imprevisto se impone. La psicohistoria asimoviana tal vez pueda existir en algunos ámbitos concretos, con el uso intensivo de estadística y computación, pero al final, un virus que no podemos contemplar a simple vista aparece en el horizonte y se carga todas las previsiones.

Para algunos esto es terrible. Yo creo que es una de las grandezas del Universo. No se me ocurre nada más espantoso que un mundo totalmente predecible, en el que la sorpresa no existiese y todo estuviese contemplado y previsto.


Notas
© Enric Quílez Castro
(438 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 06 de julio de 2020