La ciencia-ficción ha estado presente en el cine casi desde sus inicios, no hay más que recordar VIAJE A LA LUNA (LE VOYAGE DANS LA LUNE, Georges Méliès, 1902), un cortometraje que todavía conserva la simpática ingenuidad de las primeras producciones fílmicas, pero que en su momento significó una verdadera revolución. Aparte de ser el primer gran éxito de taquilla del novedoso arte, influyó muchísimo en el desarrollo del cine, tal como hoy lo conocemos. Antes de VIAJE A LA LUNA, prácticamente no existía la ficción cinematográfica como tal, pues las películas eran, básicamente, como las de los hermanos Lumière, ya que mostraban aburridas estampas de la vida cotidiana, tales como llegadas de trenes, partidas de barcos, desfiles militares o salidas de obreros de tal o cual fábrica.
Al igual que otros géneros cinematográficos, la ciencia-ficción iría desarrollándose y evolucionando durante la época del mudo. El realizador más importante de este periodo fue, con diferencia, el alemán Fritz Lang, que rodaría en su país natal, y en el seno de la UFA, METRÓPOLIS (METROPOLIS, 1927) y LA MUJER EN LA LUNA (FRAU IM MOND, 1929).
A pesar del éxito de estas cintas, la ciencia-ficción fílmica, como la literaria, todavía se consideraba una rareza, acta sólo para ciertos chiflados. Habría que esperar a la llegada del sonoro para que, a través de dos míticos seriales, dedicados a los héroes del cómic Flash Gordon y Buck Rogers, las películas de SF alcanzaran una gran difusión, si bien el grueso de su público era entonces básicamente juvenil. No obstante, en ese tiempo se estrenaría también LA VIDA FUTURA (THINGS TO COME, William Cameron Menzies, 1936), una propuesta seria, basada en una novela de H. G. Welles, hoy considerada una auténtica obra maestra.
Durante algún tiempo, el género apenas fue cultivado por el cine, dando la impresión de que la SF había desaparecido definitivamente de las pantallas. No obstante, el inicio de la Era Atómica, con los horrores desatados sobre Hiroshima y Nagasaki, propició el regreso de un cine de ciencia-ficción que, sin renunciar al entretenimiento, proponía a los espectadores una reflexión sobre los peligros y posibles consecuencias de los experimentos atómicos o la guerra nuclear. Esta línea argumental abarcaría desde mutaciones fantásticas, como la mostrada en LA HUMANIDAD EN PELIGRO (THEM! Gordon Douglas, 1954), hasta el realismo más aterrador de LA HORA FINAL (ON THE BEACH, Stanley Kramer, 1959).
La ciencia-ficción desembarco asimismo en la pequeña pantalla, cuando esta inició su andadura comercial en USA, allá por 1949. En esa época, la televisión sólo buscaba entretener, de modo que las series que se produjeron eran amenas y poco más, evitando argumentos delicados y con personajes estereotipados, con poca o ninguna profundidad psicológica. A pesar de ello, hubo algunas que destacaron sobre la media, como la fabulosa En los límites de la realidad / La dimensión desconocida (The Twilight Zone), creada por el gran Rod Serling, y Más allá del límite (The Outer Limits), concebida por Leslie Stevens para aprovechar el tirón ciencia-ficciónero de la anterior. Ambas producciones, convertidas en objetos de culto por los aficionados estadounidenses, conocerían nuevas versiones actualizadas.
Y no podemos olvidar a mi amada Star Trek, la serie clásica, que en puridad fue la primera serie televisiva de ciencia-ficción ideada para un público adulto, y que trataba temas que otras producciones de la época no se atrevían a tocar.
Ray Bradbury decía que, para él, la ciencia-ficción no pretendía predecir el futuro, sino que utilizaba este para advertir de lo que podría ocurrir si no se remediaban a tiempo los problemas del presente. Consciente de que las masas, fascinadas por la televisión, se alejaban de la lectura, en 1953 publicó FAHRENHEIT 451, obra en la que presentaba una sociedad totalitaria futurista, en la que los libros estaban prohibidos, porque leer estimula el pensamiento crítico, y, por tanto, el cuestionamiento de las normas de comportamiento social impuestas desde el poder. El gran François Truffaut la llevó al cine en 1966.
De modo que la SF, en sus vertientes televisiva y cinematográfica, que siempre han tenido un impacto mayor sobre el público, es un vehículo formidable para transmitir a los espectadores mensajes positivos, que le inciten a pensar. Por desgracia, también puede utilizarse para lo contrario, de modo que hoy asistimos a una degeneración absoluta de la SF cinematográfica y catódica, con producciones cuya función primordial parece ser la de propagar, entre un público cada vez más adocenado, los valores
sin valor de la modernidad
más desaforada.
La verdad es que este es un defecto común a casi toda la producción audiovisual, pues en la actualidad las industrias televisiva y fílmica están controladas por unas élites muy concretas, afines a las perniciosas ideologíaspostmodernas. La mejor prueba de esto la tenemos, por seguir hablando de ciencia-ficción, en las últimas entregas de la saga de Star Wars, que literalmente son panfletos políticos, disfrazados como películas de entretenimiento.
Es casi imposible encontrar un largometraje o serie de televisión, de cualquier género, que no incluya algún toque woke
, por lo que este cinéfilo examina con lupa los que caen en sus manos, descartando por sistema aquellos que tengan un tufo progre
, aunque sea ligero. Así, he renunciado a ver NCIS Hawaii, así como las nuevas versiónes de A través del tiempo o Cuentos asombrosos. Valoro demasiado las neuronas de mi cerebro, para freirlas viendo según qué cosas.
A pesar de todo, algunas producciones ofrecen, quizá no intencionadamente, un sombrío adelanto de lo que puede acontecer en este desquiciado mundo actual, si la sociedad no reacciona a tiempo. Continuum fue una estupenda serie canadiense sobre viajes a través del tiempo, en la que una agente de policía de 2077 llegaba a 2012, persiguiendo a unos terroristas de su época. Si bien la producción apostaba mucho por la acción espectacular, también era mucho más profunda argumentalmente de lo que se quiso admitir en su momento. Los flashbacks en los que la protagonista, Kiera Cameron (Rachel Nichols), rememora algunos hechos de su pasado, nos muestran una sociedad globalizada regida por Corporaciones empresariales, con un Congreso Corporativo que impone a una nominada Unión Americana un totalitarismo de estricta índole comercial. Kiera, que al principio sólo quiere acabar con los terroristas y encontrar el modo de regresar a su época, con su esposo e hijo, acaba descubriendo que la sociedad de su tiempo es profundamente injusta e inhumana, y a partir de entonces tratará de alterar los acontecimientos del pasado, para evitar un futuro tan desolador.
La presentada en Continuum es, posiblemente, la distopía que más papeletas reúne para convertirse en una pavorosa realidad, aunque la mayoría de los fans de la serie no sean conscientes de ello. Hoy estamos asistiendo a la cada vez más descarada sumisión del poder político al empresarial, con corporaciones multinacionales cada vez más poderosas, que influyen a su antojo sobre las relaciones internacionales, utilizando su poderío económico para apoyar al político que más se comprometa a defender sus intereses comerciales, aunque vayan en detrimento de su nación. Así que, aun asumiendo que esa no fuera la intención de sus productores, Continuum, además de ser una entretenidísima serie, se alza, también, como un aviso a navegantes: el globalismo es una amenaza real y cada vez más cercana.
Todo lo que la ciencia-ficción, catódica y fílmica, ha ganado en espectacularidad gracias al empleo de infografías, realidad virtual e IA, no puede ocultar su degradación argumental, consecuencia del sometimiento de productores y guionistas a la dictadura de lo políticamente correcto
. Por esa razón, este cinéfilo y buen aficionado al género reniega de la inmensa mayoría de las producciones actuales, salvo honrosas excepciones, como la mencionada Continuum. Porque una cosa es que se introduzcan, en una serie o película del género, determinadas situaciones o determinados personajes para ilustrar una historia concreta; y otra, muy distinta y perniciosa, que dichos personajes y dichas situaciones obedezcan a la intención de adoctrinar políticamente al espectador en ciertos valores
deleznables.
