Llevamos décadas creyéndonos únicos en el Universo, no porque seamos especiales (que también), sino porque los científicos nos convencieron de que nuestra existencia era tan improbable como ganar el gordo de Navidad año tras año. Pero ahora, un nuevo estudio publicado en Science viene a decirnos: tranquilos majetes, igual no sois tan raritos ni estáis tan solos en el Universo
.
Este tema se remonta a 1983, cuando el físico Brandon Carter se puso a dar vueltas a una coincidencia curiosa. Resulta que el Sol tiene una esperanza de vida de unos 10.000 millones de años, y a nosotros nos ha llevado más o menos la mitad aparecer en escena. ¿Casualidad? Carter pensó que no, y propuso algo que hoy conocemos como el modelo de los pasos difíciles
.
Carter propone tres escenarios posibles: uno donde la vida inteligente aparece en poco millones de años, otro donde tarda justo lo que tardó en la Tierra, y un tercero donde normalmente se necesitan billones de años. Es evidente que la Tierra no pertenece al primer grupo, rechazó la segunda por considerarla demasiado conveniente: ¿por qué iban a coincidir los tiempos de la fusión nuclear del Sol con los de la evolución biológica? Así que optó por abanderar la tercera, que implica que somos unos suertudos, porque según esta teoría, nuestra existencia es fruto de una serie de eventos tan improbables que normalmente no tendrían tiempo de ocurrir antes de que la estrella madre se apague.
Para catalogar como difícil
un paso éste debe cumplir dos reglas: primero, tiene que ser imprescindible para nuestra existencia, y segundo, debe ser tan improbable que necesite escalas de tiempo cercanas a los 10.000 millones de años para producirse. Estos incluyen el origen de la vida misma, la aparición de las células con núcleo (eucariotas), la fotosíntesis, que produce el oxígeno del que dependemos imperiosamente, los animales multicelulares y, por supuesto, la inteligencia asimilable a la humana. Todos reúnen una característica común que los hace difíciles
, solo han sucedido una vez en toda la historia de la vida de la Tierra.
O no.
Por supuesto, quizás ocurrieron varias veces, pero solo sobrevivió un ejemplo (del que somos fruto) hasta hoy, es innegable que el registro fósil es incompleto y no hemos encontrado —o no hemos reconocido— otros ensayos
. O puede que, y esto es tan interesante como inquietante, el primer caso de éxito
cambió tan radicalmente las reglas del juego que cerró el camino a unas posibilidades pero lo abrió a otras.
Eso queda claro con los organismos que desarrollaron la fotosíntesis. Estos, al saturar la atmósfera de oxígeno, gas que puede llegar a ser tóxico según su concentración pudo acabar con formas de vida para las que era letal. Pensemos en los respiradores de metano, como las Arqueas metanogénicas existentes en la Tierra, y que han dado pie a imaginar exóticos alienígenas, como los T´ca o los Knnn de la Saga de Chanur. Para ellos el oxígeno es letal, y no es extraño preguntarse si serán las supervivientes de aquellas primeras guerras de supervivencia
.
Esto significa, además, que la vida, tal y como la conocemos, no pudo desarrollarse antes: durante el 90% de la historia de nuestro planeta, la atmósfera no tenía suficiente oxígeno para mantener a nada vivo sobre la superficie. Durante la mitad de la historia terrestre, ni siquiera había oxígeno suficiente para las células eucariotas.
Así pues la Tierra, y la vida sobre ella, han evolucionado juntas. A medida que el planeta cambiaba modelado por la geofísica y la propia vida que se iba desarrollando, se creó una diversidad de hábitats y posibilidades evolutivas, y los humanos surgimos cuando esto fue posible, que en términos geológicos fue hace unos pocos minutos. O dicho de otra forma, no somos producto de unas circunstancias improbables, sino que llegamos justo cuando las condiciones fueron las adecuadas.
Si Carter y la teoría de los pasos difíciles
es cierta, estamos solos en el Universo o, como mínimo, somos algo tan raruno que encontrar otra civilización es prácticamente imposible. Pero si la nueva propuesta es válida, esto es, que la inteligencia es el resultado de la evolución planetaria cuando se dan ciertas condiciones, entonces las probabilidades de tener vecinos
dejan de ser despreciables.
De hecho, es algo que, incluso antes de la propuesta de Carter, el astrónomo Frank Drake había intentado determinar mediante una fórmula que combina diversas variables, algunas relativamente fáciles de establecer, como pueden ser el número de estrellas de la Vía Láctea o la cantidad de estrellas similares al Sol, con otras más aventuradas, aunque con el tiempo y los avances en la tecnología de observación estelar se han ido ajustando, como la cantidad de estrellas con planetas y, de estos, planetas con condiciones similares a la Tierra.
Puede que descubramos que no somos la rareza cósmica que creíamos ser, y francamente, eso estaría bien, porque significaría que ahí fuera, en algún lugar de este Universo inabarcable, hay otros planetas donde las condiciones también llegaron a ser las adecuadas en el momento adecuado. Y no es imposible que, allá lejos, alguien (¡o algo!) también esté mirando las estrellas preguntándose si está solo en el Universo.
Y no, no lo está.