El futuro en que vivimos, 48
Frágiles
por Francisco José Súñer Iglesias

El 28 de abril la realidad ha vuelto a atropellar al primer mundo, instalado hace tiempo en un ensueño engañoso. Por causas todavía bajo investigación (inserte aquí su paranoia favorita) España y Portugal se quedaron sin electricidad. Nada. Diferencia de potencial inexistente. A cero voltios, ni un amperio corría por la red de distribución eléctrica de la península ibérica. Apagón total. Todo lo que mueve la electricidad y no contara con su propia fuente de energía autónoma dejó de funcionar. Iluminación, trenes, telecomunicaciones y todo aquello que necesite un enchufe para cumplir su función pasó durante horas a convertirse en un cachivache inútil.

Esto, que en otras partes del mundo es tristemente habitual, provocó un desconcierto total durante las primeras horas. Aunque infrecuentes, en España son normales los apagones localizados por avería en la red eléctrica, un transformador que se quema, un generador que no genera, una sobrecarga que desconecta un sector por seguridad, pero la red está concebida en forma de malla interconectada, de modo que normalmente en minutos, una hora a lo sumo, el suministro queda reestablecido. Pero en esta ocasión fue distinto. El primer síntoma alarmante fue la caída de las telecomunicaciones. Los móviles no funcionaban, nadie tenía Internet. Los viejos del lugar, acostumbrados allá por la era analógica a que el teléfono nunca fallara, incluso durante los más prolongados apagones, no entendían por qué sucedía esto.

Las centrales telefónicas, al igual que los hospitales y otros muchos edificios sensibles o gestionados con previsión, cuentan con sistemas de alimentación de emergencia a base de baterías y grupos electrógenos que les hace inmunes durante un tiempo a los cortes de suministro eléctrico, pero en estos tiempos de fibras ópticas y antenas la gran mayoría de elementos de interconexión deben estar alimentados para funcionar, y muchos, sobre todo en los domicilios, no cuentan con fuentes de energía alternativas, así que los routers apagados no cumplían su función, y las antenas de telefonía móvil conectadas directamente a la red eléctrica, tampoco. Silencio total. El colapso de la red de telefonía móvil ya se describe en el episodio EL FIN DEL FUTURO de la serie británica Primeval, más bien el sorprendente no colapso, como Alfonso Terán nos explica en MalaCiencia

Eso ya hacía pronosticar que el asunto era de gravedad. Hasta que, gracias precisamente a los viejos del lugar que aún conservaban receptores de radio a pilas, las noticias empezaron a llegar y se pudo saber la extensión del suceso a través de las emisoras de radio, que seguían emitiendo precisamente por disponer de grupos electrógenos.

Y hete aquí enfrentados al baño de realidad: esta sociedad sin electricidad no funciona. Tan simple como eso. Además de los mentados trenes y telecomunicaciones, prácticamente todos los negocios tuvieron que cerrar ante la imposibilidad de usar los medios electrónicos de pago mientras que el efectivo se convirtió en un bien muy preciado, la gente se quedó atrapada en vagones y lugares públicos, y no digamos nada de los ascensores. Quienes usan aparatos de respiración forzada lo pasaron realmente mal durante esas horas... en algún caso con trágicas consecuencias

Confiar ciegamente en la infalibilidad del suministro eléctrico supone devolvernos a principios del siglo XX a poco que éste falle. La fragilidad demostrada ha sido de tal calibre que si las autoridades no toman nota de ello serán candidatas a pasar a pan y agua el resto de su vida.

Lo chusco del caso es que se había predicho. Se era plenamente consciente de que esto podía suceder y, de alguna forma, también refractario a la idea de ser previsor al respecto. Mera negación de la realidad, el suceso era de tal magnitud que simplemente no entraba dentro de lo razonable, aunque sí de lo imaginable... y fabulable.

En el best-seller ­ CIBERTORMENTA, Matthew Mather nos cuenta pormenorizadamente y con bastante precisión las consecuencias de un apagón masivo, en este caso en Estados Unidos. Para complicarlo le añade plagas y tormentas apocalípticas. Afortunadamente este suceso ha ocurrido en la península Ibérica en plena primavera, con buenas temperaturas y muchas horas de luz natural. Nada que ver, pero a la vez algo chocante puesto que al no estar ya las calefacciones encendidas y quedar aún tiempo para conectar los aires acondicionados, la demanda eléctrica no es la más alta del año.

Una serie que plantea que será del mundo sin electricidad es Revolution: igualmente, el mundo se queda sin electricidad y la cosa se pone desagradable en todos los sentidos, nada de comodidades modernas. Nada de civilización y sí mucho de vuelta a los métodos rústicos, los señores de la guerra y las comunidades tribales.

Otra serie, esta vez española y algo más realista, es Apagón, basada a su vez el podcast El gran apagón En esta ocasión el corte eléctrico generalizado se debe a una intensa tormenta solar y todo lo que depende de la electricidad queda inutilizado, con la consiguiente sucesión de situaciones dramáticas,

Un ejemplo interesante de apagón lo encontramos en La Saga de los Aznar, en la novela CEREBROS ELECTRÓNICOS. Los buenos sabotean el suministro eléctrico de una ciudad habitada por robots para rescatar a un camarada. Por supuesto, todo queda a oscuras y los propios robots neutralizados. Lo relevante es la dependencia absoluta de los androides del suministro eléctrico, y su neutralización cuando este falla. Al respecto, algún chistoso ha sugerido que el apagón lo ha causado una IA desbocada con ánimos de conquistar el mundo y exterminar a la Humanidad. Obsérvese que en este caso la I es de Idiota. Cortado el suministro eléctrico, y aún teniendo alimentación autónoma, ¿qué va a dominar semejante IA si, como he descrito, quedaría literalmente ciega y sorda, sin poder comunicarse con el exterior? Además de morir de hambre en poco tiempo.

En la novela EL SILENCIO, Don DeLillo también imagina como será un apagón de estas dimensiones, aunque lo reduce a una serie de introspecciones que apenas aportan unas pinceladas costumbristas a la catástrofe general.

Un efecto preocupante, que no se suele relatar en las novelas, aunque KRAKEN ACECHA da algunas pinceladas, fue la proliferación de expertos en radios y, una vez recuperado el suministro, televisiones. Para mi sorpresa, en ninguno de los programas que escuché o vi (no sé si en otras emisoras fueron más diligentes) se molestaron en principio en contactar con ingenieros especializados. Era ciertamente difícil por las casi inexistentes telecomunicaciones, pero algo de prudencia no habría estado de más.

Los contertulios habituales, todólogos de todo tiempo, eran los encargados de explicar el fenómeno, instalados en la oscuridad literal y la ignorancia total, aprovechando para soltar inexactitudes de todo tipo e insinuaciones torticeras a la vez que, paradojas de las paradojas, advertían gravemente sobre la propagación de bulos y mentiras. En estas ocasiones es recomendable de todo punto cambiar de cuando en cuando de emisora para contrastar la información. Con el paso de los días las voces de los ingenieros fueron poniendo orden entre tanto indocumentado, pero las primeras horas fueron un festival de majaderías.

Una vez vivido este viaje en el tiempo, la reacción más evidente ha sido la de proveerse de pilas, transistores, linternas y velas, hacer acopio de comida envasada y agua para al menos una semana. Algo que en otras épocas no era nada raro simplemente por la poca eficiencia de las cadenas de distribución, había un poco de todo en casa porque no siempre el comercio estaba disponible, pero a día de hoy y en según qué lugares, hasta es posible comprar una lata de atún e incluso carne y pescado (congelados) un domingo por la tarde, lo que nos lleva a mantener una política de stock cero en nuestros hogares.

También se ha hablado mucho de la reacción cívica, tranquila, y hasta festiva, de la ciudadanía. Olvídese de eso, pura propaganda, se ha frivolizado obscenamente al respecto. Las molestias se han sufrido en diversos grados y con diferentes grados de tolerancia. Desgracias personales aparte, diez horas no dan para sufrir grandes penalidades a nivel general. Por fortuna la electricidad ya había vuelto en la mayor parte de la península alrededor de la anochecida, pero imagínense que el apagón se hubiera prolongado 24,48,72 horas. Los generadores de emergencia habrían consumido el combustible, los suministros que aún funcionaban habrían colapsado definitivamente, la poca comida almacenada estaría acabándose, la falta de información y noticias sería absoluta, los saqueos nocturnos cosa común. En el horizonte vislumbraríamos un panorama a caballo entre MAD MAX y LA NOCHE DE LAS BESTIAS. ¿Improbable? Yo no me reiría, recuerde la no muy lejana riada de Valencia y las escenas que se vivieron.

¿Conclusiones? Hay que esperar a saber las causas del apagón, pero la principal apunta a que ideología e ingeniería casan mal, mejor dicho, no hay forma de hacerlas encajar. Empecinarse en diseñar sistemas de importancia vital como la generación y el suministro eléctrico desde parámetros sectarios es encaminarse con paso resuelto hacia el Apocalipsis.

No se puede decir que no estemos viviendo épocas interesantes: tormentas apocalípticas, plagas mortales y apagones masivos. No tengo ni idea de lo que será lo siguiente, pero no me apetece saberlo, y menos aún vivirlo.


Notas

Probablemente, cuando se publique este artículo el misterio ya esté resuelto, pero a grandes rasgos, al día de la fecha la hipótesis más aceptada es un desequilibrio en la red debido al exceso de fuentes asíncronas, esto es, que no son capaces por sí mismas de producir electricidad a 50Hz, la frecuencia usada en Europa. Por tanto el ondulador electrónico que crea la corriente alterna necesita un reloj externo que proporcionan las fuentes de generación síncronas, que por diseño generan la electricidad a esa frecuencia. La falta de señal de sincronía en algunos sectores llevó a la desconexión de las centrales, lo que sobrecargó los sectores adyacentes provocando una reacción en cadena.

Vale, está harto de leer y escuchar esto pero no lo visualiza. Este vídeo, algo técnico pero a nivel FP (y en chileno), lo explica gráficamente:

https://www.youtube.com/watch?v=nC-yslNn94o

Esta circunstancia ha producido un debate ideológico extremo, puesto que las fuentes asíncronas son las que dependen de fenómenos naturales como la solar fotovoltaica, eólica, maremotriz, mientras que las síncronas son las turbinadas, esto es, hidráulica, nuclear, carbón, gas, etc. Por no hablar de que era una situación ya advertida en diversos informes de entidades especializadas.

¿Qué provocó exactamente la caída? Chi lo sa, los investigadores dirán, pero al parecer hay que buscar las causas en la inestabilidad natural de la generación renovable, la gran proporción de la misma en el momento del suceso y la imposibilidad de una recuperación rápida debido por un lado a la relativa lentitud a la hora de reactivar centrales de ciclo combinado y nucleares, y por otro que en un apagón de tal magnitud ha de hacerse por sectores, para que la red no acabe atrapada en un bucle de sobrecargas-desconexiones.

Otra explicación técnica es la de Jorge Sanz, Expresidente de la Comisión de Expertos para la Transición Energética:

https://www.youtube.com/watch?v=ixamuVE1Y4k

Pero esto nos da otra pista sobre la situación actual: la demanda de energía eléctrica ha crecido tanto que la red (paradójicamente no la generación) está al límite de su capacidad, y lo peor, de su fiabilidad. De hecho en algunos lugares ya está sobrepasada, y no es raro que Red Eléctrica Española, el gestor, apague industrias electrointensivas a ciertas horas para no afectar al transporte y al suministro doméstico, o la negativa de las suministradoras a conectar nuevas industrias de alta demanda eléctrica porque con ello superarían la capacidad del sector donde se ubicarían.

https://sdcf.es/varios/malaciencia/mc214.htm

Lo que también nos advierte de la volatilidad de las criptomonedas, sean comunitarias, sean patrocinadas por los estados, sin electricidad ni telecomunicaciones no valen nada porque no se pueden usar.

https://www.cronicabalear.e[...]r-tras-el-apagon-electrico/

https://electomania.es/red-[...]ionadas-con-las-renovables/

https://www.podiumpodcast.c[...]s/el-gran-apagon-podium-os/

https://sdcf.es/varios/firmas/f20250202.htm

Sorprendentemente, en mi barrio no faltaron en ningún momento el agua ni el gas que se impulsan hasta los hogares mediante bombas... ¡eléctricas! Habrá que intuir que compañías de suministro disponen de generadores propios.

© Francisco José Súñer Iglesias
(2.041 palabras) Créditos