En la novela LA INVASIÓN DE LAS BOLAS PELUDAS la Tierra sufre una invasión alienígena (aunque los invasores dicen venir de un universo paralelo) por parte de unos seres redondeados y peludos muy achuchables, esto es, las bolas peludas del título. Efectivamente, como los tribbles, pero bastante más espabilados.
Las bolas peludas no han llegado a la Tierra por casualidad, tienen un plan, y este consiste en corregir todas las maldades que la humanidad ha perpetrado y perpetra contra el planeta y contra si misma. Para ello despliegan una intensa actividad propagandística. Piratean los medios y difunden su mensaje de alerta y confusión para poner patas arriba el/los orden/es mundial/es. Por supuesto esto llama poderosamente la atención de las agencias del gobierno, USA obviamente, que captura a las bolas, y preparan un juicio para condenarlas por sus delitos. Carlita Morton, uno de los miembros de la familia que protagoniza la novela por parte humana, es su abogada defensora y consigue que salgan libres de todo cargo aduciendo que, al no ser humanos, las leyes humanas no aplican para las bolas, pese haber demostrado éstas una perspicaz inteligencia, una comprensión sobresaliente de la naturaleza humana y un hábil dominio de la tecnología para lograr sus fines.
Aunque necesario para el desarrollo argumental de la novela, el argumento de Carlita es muy débil, si las bolas peludas son inteligentes pueden, por tanto, comprender el concepto de moralidad, y por tanto el de legalidad, y seguramente su civilización tendrán un corpus de convivencia similar. Incluso se les puede considerar inmigrantes ilegales ya que han entrado de matute en la Tierra, sin pedir permiso ni siquiera presentarse. Además los Morton son colaboracionistas en la reorganización
al no dar noticia a las autoridades de las bolas y sus actividades, y con ellos no hay dudas al respecto de su humanidad.
Eso da pie a una interesante reflexión acerca del concepto de Humanidad. Por lo pronto los seres humanos están claramente definidos por su taxonomía: Homo Sapiens, del reino animal, la clase mamíferos, el orden primates y el género homo. Para los límites del planeta Tierra más que suficiente, no hay duda ni posible ambigüedad.
Además de la mera biología al ser humano se le atribuyen otra serie de cualidades que empiezan por su inteligencia, a partir de la cual ha conseguido desarrollar una lengua que, más allá de los avisos guturales, es capaz de transmitir conceptos abstractos sin relación con el mundo físico. Ese lenguaje permite también la transmisión intergeneracional del conocimiento y la fijación de normas de comportamiento. Las interacciones entre los seres humanos, aún sujetas a reglas sociales escritas y no escritas, no siguen pautas rígidas y pregrabadas
, de modo que hay infinidad de matices en ellas. El ser humano incluso se permite el lujo a lo largo de toda su vida, no solo en la infancia, de desarrollar actividades que nada tienen que ver con la obtención de alimento o la reproducción, esto es, el juego, la literatura, la música, para rellenar
los tiempos muertos que deja la mera supervivencia.
Esto nos lleva a inferir que, más allá del mero ADN, se puede considerar humano
a todo aquel ser inteligente que cumpla con estas premisas y, por tanto, estaría sujeto a los mismos derechos y deberes que un Homo Sapiens.
Estamos habituados a ver en series y en películas como esto apenas se cuestiona, si hay un encuentro con alienígenas y estos interactúan con los humanos de forma poco agresiva y con una comunicación lo bastante fluida se les reconoce
casi automáticamente como humanos
. Luego ya vendrán los matices de cómo resolver y arbitrar los seguros conflictos que surjan entre ambas civilizaciones, aunque por regla general son los Homo Sapiens quienes acaban imponiendo su visión etnocéntrica del Universo haciendo prevalecer sus criterios éticos y legales.
Un paso más allá están los robots, los androides, las IA. Estos si que han generado una cantidad notable de literatura respecto a como habría que tratarlos cuando se produzca la Singularidad Tecnológica, y una de sus consecuencias: que esas inteligencias sintéticas alcancen la autoconsciencia. Asimov generó una buena cantidad de material al respecto con sus robots positrónicos, aunque quizá la serie que más profundizó en el asunto, con el permiso de Westworld, (y el de Data, y el de Ash y otros tantos) fue la Battlestar Galactica de 2004, en la que los cylon humanizados
, se infiltraban entre los humanos
reales desesperados por ser aceptados como iguales, algo que ya los centuriones originales deseaban pero que les estaba vedado a causa de los prejuicios inevitables a su armadura metálica. Era cuestión de tiempo, porque los cylon de segunda generación pensaban como humanos, y sentían como humanos, hasta se reproducían como humanos, pero obviamente su linaje genético no era humano. Que para conseguirlo el plan era exterminar a la humanidad original
y suplantarla es un detalle menor, porque finalmente el asunto se acabó convirtiendo en una relación paternofiliar bastante retorcida.
Quizá nunca lleguemos a tanto y solo tengamos que lidiar con IAs al estilo de GOLEM XIV, recluidas
en inmensos centros de datos interconectados y con centenares, miles de extensiones
en forma de robots y androides de variadas configuraciones, una poderosa inteligencia central y a la vez distribuida, autoconsciente, con la que interactuaremos mediante esos robots además de los dispositivos habituales, ordenadores, cachivaches portables. ¿Se podrá considerar humana? ¿O puede que como GOLEM XV trascienda a sus creadores y se ensimismará en un mundo interior de cálculos y reflexiones inimaginables para nosotros? Eso en realidad no debería ser un peligro para nosotros, que seremos ignorados. Eso si, procuremos no interponernos entre ella y el enchufe.
No me hagan chistes tontos.