Inmortaliza la panoplia de Villanos que el género ofrece sobre todo la querencia (o desprecio) que los amantes o freakies sientan por ellos. Conviene empero señalar que es lista subjetiva, aunque logre consenso más/menos amplio. La lidera, sin duda, Darth Vader, seguido por antecedentes por Ming el Despiadado y después pesos pesados de diversa contumacia. Tanto Skynet como The Matrix tienen un carácter tan nebuloso, digital en su caso, que se tratan más de meras referencias (necesitábamos un malo de cierta consistencia para desarrollar la historia, cuyo verdadero objeto es plagarla de explosiones o revolucionarios SFX, y éste vale) que de Malvados descritos con propiedad. Incluye mi lista de los Diez Más Peligrosos tanto a Wez como a Humungus. Hasta El Kurgan. ¿Cuántos otros autores los incluyen entre sus seleccionados?
Sin embargo, hay un Villano apenas notable
por su carácter abstracto, aunque sea tan impositivo, aplastante. Determinante en numerosas vidas. Es el Gran Hermano orwelliano. Le revelo como al Gran Supervillano del género, pues supera los impactantes aparatos estéticos, como la negra coraza computarizada de Vader, o la máscara de hockey del fornido (e hipócrita) Humungus. Bajo su férula, al amparo de la careta del retrato de Stalin, un puñado de ideólogos lobotomizados por la idea de mantener el IngSoc en marcha con todos sus aleatorios preceptos coleando, disponen de la existencia de cuantos bajo su sombra caen. Ese anónimo grupo, identificado como el Gran Hermano, ente quasi divino por su inmaterialidad, pura inspiración, es el peor de todos.
Pues ¿cómo valoramos el peligro de un Supervillano de ficción? ¿Por su capacidad para dañar de manera individual, o colectiva? Por supuesto, en nuestro día-a-día, el que un tío (o tía, ahora hay que hablar en estos términos) con una careta de hockey te haga la gran puñeta (o aun a cara descubierta), es factor que puede arruinar tu existencia. Mas al estar discurseando en el reino de lo imaginario, debemos jugar con sus reglas.
Así, destacan sujetos como Palpatine, retorcido, sinuoso, insidioso, trasunto del Gran Hermano, aunque sea físico. Su férula doblega a toda la Galaxia, sus decisiones borran del plano cósmico planetas, o los somete a su cruel capricho. Tanto equivale para Ming el Despiadado, tirano tísico (alerta a la Amenaza Amarilla que por entonces Hearts estimaba la Gran Amenaza para Occidente, calco estelar de Fu Manchú), que feudalmente menospreciaba a sus sometidos súbditos quienes, pese a la corpulencia de sus recursos y ODIO por el déspota, no conseguían oponérsele por andarse entre mutuas querellas... y cierta cobardía que Flash Gordon consigue arrinconar para unificarlos en la causa contra el dictator.
Conviene considerar que la ciencia-ficción suele ser instrumento de crítica social, que a veces emplean de manera nefasta. Son extrapolaciones, parábolas, de nuestra realidad, aunque impregnadas de un sesgo artúrico, pues de alguna parte sale el paladín que, al contrario de la vida real, vence al Malvado e inaugura una Era Óptima de Prosperidad donde los estragos arbitrarios del pasado van adquiriendo carácter de sombra, pesadilla, que resucitan los intereses codiciosos de unos u otros, estimulados por una perversidad intrínseca a su ser.
Por eso, los Villanos que dan relieve y contraste a la ciencia-ficción pueden reflejar eventos que suceden durante la realización de la historia/historieta. George Orwell, tras el borrador de 1984 que es REBELIÓN EN LA GRANJA, destapa los horrores genocidas y la manipulación mental y moral, a escala mundial, del comunismo, en su momento encarnado por el criminal Stalin.
La mejor manera de calar a perpetuidad esa idea de atrocidad y dictadura era mediante una fábula, una ciencia-ficción que no lo pareciera y siguiera interesando incluso a generaciones posteriores al autor. Garantizaba así perdurara la validez del mensaje.
Un manifiesto político vale lo que su inmediatez; es documento de uso preferente de intelectuales y tertulianos radiotelevisivos. Pero no alcanza a la masa embrutecida por el fútbol (o redes sociales) y desaparece aprisa del escenario.
Empero una impactante historia con bien urdidos sesgos fantásticos, hasta familiares...
Aun existiendo precedentes a 1984, ésta puede considerarse el origen de todas las distopías que acabarán degenerando en el cyberpunk, donde el esquema Gran Hermano, como opresiva amenaza incorpórea, se camufla de Corporaciones. Palpatine es ente carnal: un viejo con halitosis y ojos amarillos sentado en su trono. Una Corporación es conjunto de hieráticos personajes más/menos dogmatizados en el culto a la Corporación, su expansión o supervivencia, y donde Luke Skywalker no puede hundir su sable láser, salvo en algún intermediario de relativa importancia, que es por otro sustituible, estimándosele con mayor competencia incluso que el muerto.
Ese argumento ceba ROLLERBALL; el Villano ¿cuál es? Puede haber en la pista un tipejo con malas pulgas y peor jeta que quiera madrugarse a Jonathan E, aunque sólo es un sicario. Ordenándole está la Sociedad Corporativa, segmentada en diversos elementos; esa dispersión procura garantizar su supervivencia; matas a una, no a todas. La faz que la Corporación de la Energía muestre es sustituible, como sucede en las Corporaciones cyberpunk que, candorosamente, caen
cuando Johnny Mnemonic (versión cine) revienta su [G:01:Arcología]. ¿En serio eso cambia el mundo, mejora la Sociedad tercermundista en que transcurre la acción? ¿O no se precisan aunados cambios más profundos de la misma Sociedad, concienciada? Firme voluntad de mejorar.
Demoler el rascacielos de un organismo, no del Organismo, nada cambia. Mas es la forma pueril como Hollywood considera es su punto de inflexión; luego, las cosas irán a más/mejor hasta ser un paraíso de esplendor material interminable y buenas maneras vecinales. Lo describe [L:01:PERSEGUIDO]. Al menos, su novela, Stephen King es más realista pues comprende que el Villano es demasiado amplio, fuerte y abstracto como para vencerlo estrellando un Jumbo contra el edificio de la Cadena.
Es un espasmo de catarsis lo más; el blaze of glory como Ben Richards quiere vengarse o pasar a la eternidad como rebelde leyenda urbana... que el Sistema se encargará de eliminar o adulterar hasta hacerla irrelevante, desaparecer.
El resumen de este análisis es que el Villano en la ciencia-ficción, como trasunto de la realidad, compendia al inmediato físico, con uniforme más/menos impresionante y actitudes violentas, y el poderoso, incorpóreo, ideológico, mucho menos glamouroso que el primero, pero cuya secuela es más dañina. Al tratarse de una idea articulada por sustituibles hombres-marioneta, carece del atractivo de Vader o Palpatine, o algún Khang trekkie, por mucho que pueda perjudicar las vidas de los que sufren su opresión.
