Luchadores por la libertad
por Álvaro Carrión de Lezama

Uno de los temas recurrentes en la space-opera (los otros son los ladrones simpáticos y las invasiones extraterrestres) es la lucha por la libertad de pueblos oprimidos, o que al menos sufren de un tirano que no les deja desarrollar con plenitud su plan de vida.

Como paradigma de lo que digo tenemos el primer Flash Gordon, nuestro héroe galáctico luchando a brazo partido con el malvado Ming el Despiadado, en colaboración con otros príncipes y caciques locales, para librar a los habitantes de Mongo de su cruel dominio.

Derivado de él tenemos LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, recordemos que Lucas en realidad quería llevar Flash­ al cine, pero por las cosas de los derechos acabó rodando otra cosa parecida pero distinta. De nuevo un tirano cruel y despiadado contra un héroe predestinado a echarle de la poltrona, pero como no se podía estar quieto adornó su universo con un montón de añadidos donde la MagiaFuerza y los peluches simpáticos se desparraman por los rincones como una plaga.

Si se fijan, tanto en Flash­ como en LA GUERRA DE LAS GALAXIAS no hay una explicación o indicación, más allá de la afirmación de que tanto Ming como el Emperador son dos tiranos requetemalvados, nada de porque tanta crueldad o como se manifiesta la tiranía. No hace falta decir que ni Raymond ni Lucas estaban dispuestos a meterse en disquisiciones políticas, y por eso en ambas sagas quedan cojas ese sentido.

Por supuesto, aquí y allá hay demostraciones de violencia y arbitrariedad, pero no se nos informa con precisión y amplitud de que pretenden en realidad Ming y el Emperador. ¿Acaso fríen a impuestos a sus gobernados? ¿Les impiden viajar entre sus dominios? ¿Pretende una sumisión callada ante medidas caprichosas?

No lo sabemos, al menos en el ámbito de las series regulares, en Flash Gordon no se informa de mucho al respecto, y ni en las series ni las películas de Star Wars se dan demasiadas pistas. No obstante, en esta última queda por explorar el batiburrillo imposible del universo expandido, a los estudiosos se lo dejo.

Para poner las cosas en contexto, cinámosnos a una definición clara, concisa y concreta, la libertad no es otra cosa que la ausencia de coacción.

Esas coacciones podrán ser ajenas o autoimpuestas, de tipo moral, ya sea por ética o por educación, o físico, por obvias limitaciones funcionales o mediante la violencia. Olvídese de cualquier otro aserto alambicado que le presenten: usted es libre cuando nadie le impide alcanzar sus propósitos. Y digo nadie, y no añado nada porque por mucho que lo pretenda, habrá imponderables éticos, físicos y materiales que le dificultaran alcanzarlos.

Siempre he tenido la duda de lo que no podían hacer los ciudadanos de ambos Imperios. Hasta donde yo se poco les estaba vedado, es más, visto el movimiento casi incontrolado entre planetas y reinos nos encontramos ante sociedades de corte más bien anárquico donde, de nuevo me ciño a lo visto en el material audiovisual, el comercio apenas tiene cortapisas, y los tentáculos de Imperio siempre llegan tarde, mal y con el pie cambiado.

Todo lo más, nos encontramos ante caciques locales que no están dispuestos a ceder parte de su influencia y beneficios al Imperio, con la consiguiente irritación del Emperador, y esa me temo que es la clave del asunto. No es tanto que el Imperio quiera imponer nada a nadie como que interfería de manera mucho más eficiente con la recaudación de impuestos que la extinta y ya poco eficiente República.

A los caciques locales un poder central fuerte, con su policía y Hacienda renovadas, les incomodaba en grado sumo, y de ahí que la Rebelión estuviera dirigida por nobles y gobernadores, y fuera bastante ajena a comunes y pecheros que, total, apenas había visto cambiar su vida entre la decadente República y el emergente Imperio. Nada nuevo bajo ningún sol: estudie cualquier movimiento revolucionario y descubrirá perplejo que siempre los promueven las élites, nunca el pueblo llano.

Porque tengámoslo en cuenta, las condiciones de vida que se muestran no se crean en cuatro días, eso ya estaba ahí cuando Palpatine se hizo con la poltrona Imperial.

Donde si tenemos un contexto político y económico más claro es DUNE. En resumen, se trata de la lucha por el monopolio de unos recursos naturales (la melange) arrebatado a los nativos por superpotencias de origen exógeno.

En realidad, a los fremen nadie les ha reducido a su miserable modo de vida. Sin entrar en como llegaron los humanos a Arrakis y como se desarrolló la civilización fremen, ni el Emperador ni los Harkonnen les obligaban a vivir como vivían, eso ya era así antes de que los Harkonnen aterrizaran en el planeta para hacerse cargo de la recolecta de la especia.

Entonces ¿por qué luchan los fremen? En primer lugar para quitarse de encima a los molestos Harkonnen, que les cazan por deporte, y por supuesto estarían encantados de zurrar al Emperador por la pasividad que demuestra ante la brutalidad de sus testaferros. También están muy interesados en convertir Arrakis en un vergel y dejar de tragar el polvo del desierto.

Pero sobre todo luchan por algo que consideran en justicia suyo: el control del comercio de la melange. Ellos estaban allí antes de que el resto de los actores les empezaran a incordiar. No tengo muy claro si en las interminables secuelas y precuelas, se explica algo al respecto, pero al menos en DUNE se da a entender que los fremen se sacaban un buen capitalito exportando de matute la melange, cosa que les fue en gran parte arrebatada con la llegada de los Harkonnen.

En resumen: por dinerito baila el monito. Aunque en el caso de Star Wars y Flash Gordon tengo que admitir que mi teoría está un tanto cogida por los pelos, en DUNE queda claro cual es la motivación principal de los luchadores de la libertad: la plata.

© Álvaro Carrión de Lezama
(988 palabras) Créditos