El cohete de Yoli
por Antonio Quintana Carrandi

[...] Esas personas inmensamente ricas son conscientes, y cito palabras literales, que nos vamos al carajo. Y como nos vamos al carajo, ellos y ellas lo que están haciendo es diseñar un plan B. Y el plan B tiene que ser, para ellos y para ellas, muy restringido, muy pequeño, pero, fundamentalmente, basado en huir del mundo para protegerse ellos y ellas solas. Es el mundo de los cohetes para escapar de la Tierra, es el mundo del Metaverso, hablábamos ahora con los coordinadores y las coordinadoras del Metaverso, o es también el mundo de sus mansiones-fortalezas, por ejemplo, en Nueva Zelanda. [...].

Yolanda Díaz Pérez
Vicepresidente segunda del gobierno de España.

Si no puedes deslumbrar con tu sabiduría, desconcierta con tu palabrería.

Hubo un tiempo en que los políticos, sin ser unos genios, tenían formación y un mínimo de sentido común. Pero en la actualidad lo que parece primar entre ellos es la estulticia pura y dura, no hay más que ver cómo responden en las entrevistas de prensa, o escuchar sus discursitos en el parlamento o en cualquier otro foro. Cada vez que abren la boca es sólo para soltar perogrulladas, en el mejor de los casos, o sandeces sin límite en el peor de ellos. A la hipocresía y la doblez que, desde siempre, se les ha atribuido a los integrantes de eso que llaman clase política, se les ha sumado ahora la ignorancia absoluta. Nunca antes habían ostentado cargos públicos relevantes personas tan poco formadas. Y así, a día de hoy tenemos en España, en puestos clave y de muchísima responsabilidad, gente que, en un país normal, jamás habría resultado elegida ni para vocal suplente de una comunidad de vecinos. Pero, como dijo en su momento José Luis Rodríguez Zapatero:­: En España, hasta un barrendero puede ser presidente del gobierno. Y así nos va.

Para comprobar la veracidad de lo dicho, nada mejor que visionar los tropecientos vídeos que corren por Youtube protagonizados por la señora Yolanda Díaz, en los que la Vicepresidente segunda del gobierno de Pedro Sánchez (y Ministra de Trabajo y Economía Social, no lo olviden) demuestra su facilidad de palabra, su perfecto dominio del español y, sobre todo, sus amplios conocimientos. No importa el tema que se trate; ella siempre tiene algo que decir. Tras escuchar algunas de sus disertaciones sobre el encarecimiento de la cesta de la compra, la reforma laboral, la sanidad pública, la inteligencia artificial o la macroeconomía, uno no puede evitar pensar que esta mujer personifica como nadie aquella famosa frase del inimitable Groucho Marx: Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Anda Yoli preocupada últimamente por la posibilidad de que esos siniestros multimillonarios globalistas estén preparando su huida del planeta ante la hecatombe ecológica que, según se lleva vaticinando durante décadas, acabará con la vida sobre la Tierra. Y lo peor de todo es que, cuando suelta perlas como la que encabeza este artículo, lo hace con una seriedad y una convicción sorprendentes. Si realmente cree en lo que dice, su caso sería digno de varios especiales del programa de Iker Jiménez.

No hace faltar ser una eminencia científica para saber que, con la tecnología de hoy día, una emigración al espacio, aunque fuese la de una pequeña élite, resultaría imposible. Además, ¿adónde irían esos poderosos ricachones de los que habla Yoli? Desde la última misión Apolo, en 1972, los astronautas no han ido más allá de la órbita terrestre, y eso con un esfuerzo tecnológico y un coste económico considerable. La famosa Estación Espacial Internacional parece un mecano cutre, si la comparamos, por ejemplo, con la vista en 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO. Y al paso que vamos, dudo mucho que consigamos tener estructuras semejantes antes de 70 u 80 años. Además, los vehículos espaciales tripulados de hoy día no son muy distintos de los empleados durante la época de la carrera espacial, si bien más refinados que en la época de los Apolo, no se ha avanzado mucho en el desarrollo de nuevos sistemas de propulsión y, en consecuencia, cualquier viaje tripulado más allá de la órbita planetaria plantea unos desafíos tremendos. Las distancias en el espacio, incluso dentro de nuestro sistema, son inmensas. Tanto, que para medirlas hubo que inventar la unidad astronómica, que equivale a la distancia media entre nuestro planeta y el Sol, unos 150 millones de kilómetros. ¿Sabe Yoli algo de esto? ¿Sabe que éste en el que nos hallamos es el único planeta habitable que conocemos? ¿Sabe que, aunque hubiésemos descubierto un mundo sólo ligeramente parecido a la Tierra orbitando Alfa Centauri A o Alfa Centauri B, situadas a algo más de 4 años luz de distancia, enviar hoy una nave tripulada a ellas resultaría imposible? Y estoy hablando de una tripulación de dos o, como mucho, cuatro personas, no de los centenares de multimillonarios que, según ella, están planeando huir de nuestro planeta. Por cierto: ¿sabrá la Excelentísima señora Vicepresidente lo que es un año luz y la velocidad de la misma en el vacío? Me da que no.

Claro que, a lo mejor, Yoli se imagina que esos malvados multimillonarios planean construir una estación como la que aparece en la serie Los 100, o la de Hugo Drax en MOONRAKER, la aventura espacial de James Bond 007, en la que refugiarse cuando el mundo se vaya al carajo. Aunque algo así fuera posible, que no lo es, los que emigraran allá arriba tendrían que ser, por fuerza, una pequeñísima minoría. Una población tan reducida no tendría la diversidad genética imprescindible para asegurar su supervivencia a través de la procreación. Por otra parte, como ocurría en la citada Los 100, los recursos en un hábitat artificial, en un ecosistema cerrado, serían siempre limitados, y eso obligaría a racionarlos al máximo e incluso a fijar por ley el número de hijos que podría tener cada pareja, y hasta a prohibir los embarazos, llegado el caso. Una perspectiva nada halagüeña.

De modo que esta afirmación de Yoli sólo puede definirse como lo que es: una soberana estupidez. Hace años, cuando ese pozo sin fondo de sabiduría que es Leire Pajín atribuyó la llegada de Zapatero a la Moncloa y Obama a la Casa Blanca a una misteriosa conjunción planetaria, un servidor pensó que se había alcanzado el límite de la estulticia, que ningún político, por muy ignorante que fuera, podría superar aquella majadería. Me equivoqué.

En cuanto a lo del Metaverso y las supuestas fortalezas que los ricos tienen ocultas en Nueva Zelanda, son gansadas de tal calibre que no merecen ni un comentario. Lo único que me pregunto es si semejantes ocurrencias brotan de su cacumen, o se las escribe algún negro obsesionado, como ella, con conspiraciones imaginarias. Lo de la élite trasladándose al espacio, para escapar de la destrucción planetaria, es un tópico de la ciencia-ficción. Pero está claro que esta clase de relatos no son recomendables para personas con déficit de sentido común, que, por lo visto y a las pruebas me remito, entre la clase política española es el menos común de los sentidos.

Habría para reírse, si esta mujer fuera una invitada de El Club de la Comedia. Pero es la Excelentísima señora Vicepresidente segunda del gobierno español (además de Ministra de Trabajo y Economía Social, no lo olviden), y las decisiones que tome nos afectarán, de un modo u otro, a todos los españoles. ¡Que Dios nos coja confesados!

© Antonio Quintana Carrandi
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