Especial Vigesimoséptimo Aniversario, 13
LA SÉPTIMA VÍCTIMA o la deportivización de la violencia
por Gastón Germán Caglia

A esta altura de la vida ya estamos todos de acuerdo, más o menos, acerca de que podemos entender por distopía a como una sociedad ficticia indeseable por causar la alienación humana. De inmediato nos vienen a la mente obras fundantes del género como 1984, FAHRENHEIT 451, UN MUNDO FELIZ o NOSOTROS, entre muchas otras.

Estas obras distópicas no han hecho otra cosa que reflejar los miedos que las sociedades, a partir del siglo XX, han sabido sufrir a lo largo de nuestra cada vez más compleja sociedad. En términos generales han reflejado el miedo a los totalitarismos extremos, el dominio total del ser humano, el desarrollo de tecnologías difíciles de controlar, las catástrofes nucleares, los colapsos civilizatorios sean biológicos o cibernéticos, o en definitiva, de la manera que prefiramos matarnos.

Sin embargo un elemento rector de estas obras de la ciencia-ficción distópica es la reiterada idea de que el totalitarismo de turno debe controlar a su grupo humano por los medios que tenga a su alcance y uno de esos medios es la regulación de la violencia humana ya sea a través del control de la mente, el direccionamiento del pensamiento, los deportes o las falsas noticias.

La ciencia-ficción puesta a opinar sobre el deporte ha tenido una visión más bien negativa. Así podemos ver en 1984 como el personaje principal debe hacer ejercicio obligadamente frente al televisor cada vez que despierta o en ROLLERBALL vemos cómo una sociedad híper violenta canaliza ese estado a través de disputas a muerte televisadas para las grandes masas reprimidas. Es decir la violencia es reglada para canalizar esa violencia, es la deportivización de la violencia que podemos ubicar casi como un subgénero literario. Ejemplos abundan, algo similar vamos a encontrar en LA CARRERA DE LA MUERTE DEL AÑO 2000 o LOS JUEGOS DEL HAMBRE, por solo mencionar algunas obras al azar.

En abril de 1953 en la revista Galaxy Science Fiction se publica el cuento LA SÉPTIMA VÍCTIMA de Robert Sheckley, (Estados Unidos. 1928-2005). Este escritor apareció en la escena literaria norteamericana allá por el año 1952 en la revista Imagination y desde sus comienzos se caracterizó por el tono inteligente e imaginativo de sus relatos, a la par que cargados de un humor muy peculiar. Esta obra se ubica entre lo que los críticos consideran su mejor etapa, la que corre de 1952 a finales de la década. Por ello parece ser un experto en estas lides de correr por tu vida ya que por otro lado también ha participado en filmes de la talla de FREEJACK, de 1992 o DEAD RUN, de 1967.

En este breve relato nos encontramos con una sociedad capitalista que ha sobrevivido a la cuarta o sexta guerra mundial, no lo saben bien, pero lo que sí saben es que el control de la violencia de los hombres fue canalizada por el MCE, el Ministerio de la Catarsis Emocional. A través de esta oficina han encontrado la manera de acabar con las guerras, dada la imperiosa necesidad de una paz duradera, de una paz permanente, y a la par obedecía a una razón puramente práctica pues el mundo estaba al borde de la aniquilación.

Una de las sentencias más interesantes en el relato es el que hace referencia a que:

...aquellos que establecieron la paz se vieron obligados... a tener en cuenta el postulado según el cual una fracción importante de la humanidad es movida por la violencia. Los hombres no son seres celestiales. Tampoco son monstruos infernales. Sencillamente, son seres humanos que manifiestan un elevado grado de agresividad, de combatividad.

La trama del relato es sencilla, para canalizar la violencia se crea este Ministerio que será el encargado de gestionar la violencia humana desde un punto de vista casi deportivo, una cacería humana a muerte urbana. Quien resulta sorteado como asesino debe matar a quien ha sido asignado como su víctima, pero esta víctima puede defenderse y asesinar a su perseguidor. Quien sobreviva debe invertir su rol en la próxima contienda. Así quien se cargue a diez víctimas, y por consiguiente a diez victimarios, podrá ingresar en el selecto grupo de El club de los diez.

Este grupo está rodeado de lujos y privilegios que los coloca en la cima de la sociedad y por ende es esta cacería una forma de ascenso social para los menos beneficiados. Capitalismo puro y duro que considera que la competencia, el amor a la lucha, el valor frente al adversario, son valores positivos y una idea que deja pasmado:

...el gusto por la violencia estaba unido a la ingeniosidad, a la adaptabilidad, al dinamismo humano...

El relato fue llevado al cine, aunque no de una forma tan cruda, en 1965 por Elio Petri y protagonizado por Marcello Mastroianni y Ursula Andress. Si bien el film tiene algunas diferencias con el cuento mantiene su espíritu.

Por otro lado cabe acotar que el relato tiene un giro inesperado pero previsible que lo cierra dignamente en lo que podría ser una influencia en Sheckley del creciente rol de la mujer en la sociedad de segunda mitad del siglo XX, aunque para el personaje principal el hecho de que una mujer participe en estas competencias es algo muy poco femenino.

Unas pequeñas obras de la distopía sesentera que nos dice que la guerra había dejado de ser un problema colectivo para serlo ahora individual y si es televisado, como en el caso del film, mucho mejor.

© Gastón Germán Caglia
(907 palabras) Créditos
Gastón Germán Caglia es colaborador habitual del Sitio