Especial Vigesimosexto Aniversario, 13
El reto de la utopía
por David Quintero

Cuando voy a escribir sobre un tema de ciencia-ficción, trato de recordar qué libros, series o películas he visto o leído sobre ello. Me doy cuenta de que sobre sociedades utópicas, apenas tengo bagaje previo. Sí, recuerdo algunas películas como ELYSIUM o METRÓPOLIS, que muestran sociedades cuasi idílicas, al menos para unos pocos, a costa de los demás o de cierta deshumanización (o ambas); en cuanto a libros, están los clásicos como 1984 o UN MUNDO FELIZ, que van en la misma línea. De hecho, me atrevería a decir (aun a costa de mi poco bagaje en el tema) que no existe libro o película que proponga una sociedad perfecta sin mostrar también un lado oscuro. ¿Por qué?

Tenemos dos posibilidades, a mi juicio. Por un lado, la solución de tipo técnico: porque si todo fuera perfecto y maravilloso no habría argumento, ya se sabe que un sinónimo de argumento es el de nudo o conflicto. Esta situación me recuerda a lo que se contaba de los primeros guionistas de los cómics de Supermán: que no querían escribir para el personaje porque era tan poderoso que no sabían a qué enfrentarle que supusiera un problema para él. Tirando de este hilo podemos ponernos filosóficos, pasar de la escritura de guiones a la existencia misma y recordar aquella cita de Chesterton de que la vida es una lucha entretenida o una tregua miserable. Pero esto es un artículo de mil palabras como máximo, así que paremos aquí...

La otra posibilidad es la advertencia de que buscar crear la sociedad perfecta nunca debe ser llevado a cabo pasando por encima de algunos de los seres humanos para los que esa sociedad estaba destinada. Es lo que escribió Isaiah Berlin de que tener la convicción de que la sociedad perfecta está al alcance de la mano es quizá la idea más peligrosa que existe, porque serán bastantes los que estén dispuestos a sacrificar mucho (vidas, incluso) ante el altar de tal idea. (Recomiendo el gran artículo La idea más peligrosa del siglo XX , de Kiko Llaneras que desarrolla esto un poco más:). ¿Significa esto que no debemos buscar la mejor sociedad posible? Es obvio que no iba por ahí Berlin. No solo debemos buscarla, además vamos con retraso en algunas cuestiones cuya demora no se puede justificar, tales como la eliminación de la pobreza o la degradación medioambiental. Lo que Berlin propone es la flexibilidad. No hay que ceñirse a una receta utópica dada por tal o cual ideología y seguirla pasando por encima de lo que sea, como un todoterreno. Más bien hay que buscar consensos y acuerdos, sabiendo que armonizar los gustos, ideas y convicciones de ocho mil millones de humanos es tarea casi imposible. Pero esto nos lleva de nuevo a grandes complejidades: quizá en ciertos casos haya que tomar medidas draconianas en pro de un bien mayor, salvaguardando, eso sí, los límites éticos... El debate de ciertos temas está lleno de matices, es en esencia eterno, y probablemente es bueno que así sea. En cualquier caso, la advertencia de Berlin conviene tenerla presente.

Me gustaría ahora nombrar la sociedad de una novela de ciencia-ficción que me ha gustado y que parece haber armonizado bien sus dificultades (iba a escribir resolver sus dificultades, pero no creo que haya una solución definitiva). Por ejemplo, en DIÁSPORA, de Greg Egan, los humanos se han dividido en tres especies: humanos de carne y hueso, robots (o cyborgs) y entidades totalmente digitales con la consciencia descargada en algún tipo de computadora (algo que, por cierto, algunos dudan que pueda hacerse). Cada raza o especie vive la vida que quiere, los humanos tradicionales conviviendo como han hecho sus antecesores durante miles de años y las entidades digitales explorando el cosmos y viajando por el universo. Todas parecen respetarse, aunque no es una convivencia sin roces.

La novela de Egan me gustó sobre todo por los conceptos científicos espectaculares que desarrolla. Es ciencia-ficción muy hard, pero compensa el esfuerzo. De hecho, es en la ciencia en quien confío para mejorar nuestras vidas y solucionar bastantes de nuestras dificultades, pero la ciencia no puede ser la única respuesta. La mejora ética de cada uno de nosotros es esencial. Como dijo Asimov, nuestra sociedad tiene el problema de que aumenta su conocimiento más rápido que su sabiduría.


Notas
© David Quintero
(735 palabras) Créditos
David Quintero mantiene el blog Mundos Múltiples