Especial Vigesimosexto Aniversario, 4
Shangri-La, Cuando los violentos se devoren entre sí
por Magda Revetllat

HORIZONTES PERDIDOS, película dirigida por Frank Capra, rodada en blanco y negro y emitida en 1933, se ambienta en el año 1935 iniciando la trama con las angustiosas escenas de hombres y mujeres occidentales que esperan un avión para salir de una China convulsionada por los revolucionarios, el protagonista encarnado por Ronald Colman dirige la evacuación. Finalmente, él mismo subirá al último avión junto a su hermano y unos pocos pasajeros, dos hombres y una mujer, pero algo ocurre en la cabina, el piloto es sustituido por la fuerza y, sin sospecharlo, el grupo será llevado a las cumbres del Himalaya, a un extraño lugar entre las nieves. Conway y sus compañeros llegarán a Shangri-La, al monasterio fundado doscientos años atrás por un monje belga.

Pasado un tiempo Conway sabrá el propósito del rapto, ha sido llevado allí para que a la muerte de su fundador siga conduciendo el destino de la ciudad y sus habitantes, para que una vez los violentos se hayan destruido entre sí, Shangri-La emerja con personas que puedan dirigir el destino del mundo basándose en la bondad. El efecto que el lugar tiene en los humanos es trascendental, allí pueden vivir más años, el propio monje es bicentenario. Por esa misma condición al pasar el tiempo no podrán abandonar el lugar pues recuperarían inmediatamente la edad real.

La película difiere en algunos detalles con la novela original de James Hilton pues en ella no existen los personajes de Sondra, la joven de la que Conway se enamora, ni Gloria, la mujer agriada por su enfermedad terminal que llega a sanar del todo y a establecer una relación con Barnard. Por otra parte, el personaje de George, hermano de Robert en la película, en la novela es en realidad su secretario con lo que la relación fraternal entre ellos no existe y no hay esa connotación emocional que la película muestra.

La propuesta del monje es tan clara como tentadora, vivir más años en una serena madurez pudiendo trabajar para el bien de una comunidad local y más tarde mundial. Esa propuesta ya se ha visto en relatos de ciencia-ficción como DIFICULTADES CON LOS LÍQUENES de John Wyndham, en la que por medio de una sustancia se podía extender dos o tres veces la vida humana. Otros relatos llegan al mismo resultado con injertos de órganos naturales o artificiales para lograr el mismo resultado, vivir más. El objetivo en Shangri-La es dedicar ese tiempo añadido a conseguir una sociedad mundial que pueda vivir en paz.

Por otra parte, el relato se acerca a la trilogía Fundación de Asimov en la que un colectivo preservará la información para que la humanidad no caiga en milenios de caos, idea que el autor elaboró a partir de la desintegración del Imperio Romano.

Vivir más años, seguir trabajando

Vuelvo a ver el filme y me sigue fascinando, ese lugar apartado, casi inaccesible, con un clima estable, sin perturbaciones sociales, donde es posible vivir por más tiempo en una madurez extendida de manera natural, donde es posible seguir trabajando en la labor que cada uno decida por el bien de la comunidad. En la película cada personaje va encontrando su lugar, Barnard, de apasionarse por los yacimientos de oro en las montañas pierde interés por ellos y se embarca en la instalación de un sistema de conducción de agua para que llegue a todos los hogares del pueblo, a la vez que establece una relación con Gloria que de manera milagrosa ha sanado de su enfermedad. Barnard se hace además gran amigo de Lovett, el paleontólogo quisquilloso y desconfiado al principio, el cual se decide por ofrecer sus conocimientos impartiendo clases y siguiendo sus investigaciones sobre fósiles. El que no estará satisfecho es George, hermano de Robert, que buscará la manera de escapar de ahí y en ningún momento valorará lo que Shangri-La le puede ofrecer, su intención de marchar se verá reforzada por Maria, una bella joven, aunque al final se descubrirá que en realidad ella no es tan joven.

Fascinante, pero todo queda en el terreno de la fantasía pues, ¿Sería posible extender los buenos propósitos de esa sociedad a todo un mundo? ¿Con qué medios se puede lograr una paz mundial? ¿Llegarán los violentos a exterminarse entre sí o surgirán nuevos conflictos y dirigentes con afanes supremacistas? La tendencia de la llamada civilización vista con la suficiente perspectiva es que siempre hay nuevos candidatos para impulsar a la humanidad a la guerra y la destrucción.

En la película Conway obtiene un beneficio inmediato por el hecho de aceptar hacerse cargo de la comunidad, en ese lugar paradisíaco conocerá a Sondra, mujer tan bella como inteligente, la compañera ideal para un hombre como él desengañado del rumbo que la humanidad ha tomado. Conway es tan feliz allí que en un momento del filme dice ahora despertaré y el avión habrá aterrizado y todo esto no será más que un sueño. En el libro no es así, no hay un quisquilloso y gracioso Lovett ni un Barnard, americano inquieto y alegre, ni Sondra. Pero sí está Maria, la joven que quiere escapar de ahí y convencerá a Robert para que abandone el lugar al que más tarde volverá. ¿Querría alguien dedicar su vida en un remoto lugar, lejos de su cultura y civilización, lejos de las personas a las que ha conocido, por un lejano objetivo? La distinta actitud de Robert y George con respecto a permanecer en Shangri-La me recuerda a LOS HUMANOIDES de Jack Williamson, en la que para evitar males mayores unos humanos aceptan ser dirigidos por unos robots alienígenas que les protegerán limitando sus acciones mientras que otros humanos son reacios a este sometimiento. El relato de Hilton también habla de fe y entrega, las cualidades que desde un principio muestra Robert pues confía completamente en la palabra del monje sobre la longevidad que el lugar proporciona y la misión que se le encomienda. No así su hermano George que recela de todo cuanto ve y su único pensamiento es volver a la vida que ha dejado en Londres.

¿Puede la especie humana ser pacífica o siempre aflorará el primitivismo de la lucha y la conquista? En términos de antropología se dice conducimos coches con instintos paleolíticos por lo que se debería hablar de una evolución humana que hiciera desaparecer esa tendencia agresiva innecesaria para una sociedad mundial estabilizada. Y aquí la historia de la humanidad podría continuar como en 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, con un cambio evolutivo provocado por extraterrestres o como en Akira, y convertirnos en seres de luz con consciencia. Eso si no la fastidiamos antes como dice la doctora Arroway en la película CONTACT, basada en el libro del mismo nombre de Carl Sagan, la cual afirma que en caso de encontrarse con los alienígenas que han enviado el mensaje a la Tierra les preguntaría cómo lo han hecho, cómo han logrado compensar la avanzadísima tecnología con sus instintos como especie, pero cuando logra hablar con ellos son otros temas los que surgen en su corto contacto.

Vuelvo a ver HORIZONTES PERDIDOS y me vuelve a fascinar, le digo a Conway que no salga de Shangri-La, pero a cada nueva emisión de la película él vuelve a salir para, con gran esfuerzo, regresar y prepararse para dirigir el destino de la humanidad.

De vez en cuando conviene fantasear porque, si no lo imaginamos, no lo podremos crear.

© Magda Revetllat
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Magda Revetllat es colaboradora habitual del Sitio