Especial Vigesimosexto Aniversario, 3
La moda
por Luis del Barrio

El vestuario en la ciencia-ficción, en general todo el atrrezzo, es algo que ha despertado desde siempre mi curiosidad, lo que no deja de ser una paradoja porque en mi día a día soy, por decirlo de alguna manera, bastante descuidado. Mi señora me persigue con más ahínco que a los críos y no hace más que quejarse de mi pésimo gusto a la hora de combinar colores (¡Si solo tengo ropa gris y azul!) o mi ahorrativa tendencia a alargar la ropa hasta que se cae a cachos.

Pero, ¿qué tienen que ver los vestuarios con las utopías? Bastante, la verdad. Para mostrar como son las sociedades futuras y supuestamente perfectas, los escritores, y sobre todo directores de cine, tienen que vestir a sus personajes de forma igualmente elegante y decorosa. A la vez, cuando se nos muestran las zonas de sombra de esas utopías lo que tenemos son harapos y una variada muestra de chaquetas de cuero llenas de tachuelas y atalajes sin el menor sentido. Hay en especial un tipo de tejido grueso, de malla también muy gruesa, una especie de punto calado cruzado, que no se exactamente como se llama, que es usado ampliamente para dar sensación de pobreza.

Empezando por lo más reciente en la serie Andor se ven muy bien este tipo de diferencias abismales. Por un lado tenemos a las fuerzas vivas del Imperio que visten lujosísimos ropajes, y por otro una gran cantidad de clases y oficios, cada cual con su propio estilo y vestuario. El encargado del diseño ha sido Michael Wilkinson. Una cosa interesante de Andor es que vemos moda de la clase media del imperio. Cuando Syril Karn es despedido de la policía se ve obligado a volver a casa de su madre y aceptar un trabajo de oficinista. Ya no hablamos de grandes mandamases ni currelas miserables, sino de funcionarios, admistrativos, en definitiva una cierta clase media que hasta ahora no habíamos visto en toda la Saga y que viste de forma no muy distinta a como puede vestir un oficinista hoy día. Sin embargo, Wilkinson no se ha complicado con el vestuario de los ricos y poderosos, siguiendo la línea Jedi, ha tirado por orientalizar ese estilo lujoso, como bien se puede apreciar en la senadora Mon Mothma y familia. Curiosamente, Wilkinson declaró en una entrevista que el vestuario que más complicado le resultó diseñar fue el los reclusos de Narkina 5, precisamente por todas las implicaciones que tendría un uniforme carcelario en un ambiente tan aséptico con el de la prisión.

Clase media que, sin embargo, si teníamos bien visible en Incorporated. En ella un ejército de ejecutivos manejaban y mangoneaban a todos los niveles las corporaciones que tenían el control de, sencillamente, todo. Esta clase media vivía confortablemente en la Zona Verde, mientras la morralla lo hacía en la Zona Roja. Para distinguir a unos de otros el vestuario, diseñado por Joyce Schure, de la Zona Verde era uniformemente sobrio y elegante, sin ostentación, por su parte, la Zona Roja abundaba en los abigarrados andrajos habituales.

La elegancia contenida es una constante en otras series de más relumbrón. La propia Star Trek, más allá de las rigideces militares y las extravagancias extraterrestres, elegían también un estilo sobrio y minimalista para los civiles de la Federación. Obviamente cada serie y época (Star Trek se ha prolongado durante más de cincuenta años en diversas encarnaciones) tenía sus propios diseñadores, así, William Ware Theiss se encargó de la serie original, que en la línea de la moda sesentera adoptó unas líneas muy sencillas para los uniformes de la tripulación, algo que se mantuvo en las sucesivas series.

Donde volvemos a ver ese estilo sobrio y elegante es en películas como GATTACA, ANON (las dos de Andrew Niccol, aunque la primera la vistio Christopher Hargadon, intentando ser algo más futurista que Colleen Atwood en la segunda, Atwood no se complicó la vida y apenas aportó algún que otro detalle a la ropa que se puede encontrar hoy día.

Una película que me resultó especialmente curiosa fue BLADE RUNNER. Igualmente el vestuario ideado por Michael Kaplan y Charles Knode evocaba apenas un mundo futuro, con mínimas variaciones sobre el actual, e incluso se hacía retro y cincuentero en el caso de Rachel. Sin embargo, para la morralla, además de los harapos habituales, se incluyó una cantidad no despreciable de plástico transparente que me llamo mucho la atención en su momento. Si lo recordáis el plástico era una constante en el vestuario de los figurantes, pero se hacía especialmente protagonista y dramático en la huída de Zhora mientras Deckard la cosía a balazos.

La década de 1970, como con casi todo lo que tuviera que ver con la estética, excepto la música, nos deparó formidables aberraciones estilísticas. Destacó sobre todo por el uso de túnicas, tules y telas vaporosas, muy hippies, los diseños de Richard Butz para LA FUGA DE LOGAN incluso con lentejuelas y telas brillantes por medio, fue un buen ejemplo de aquello.

Pero quizá ZARDOZ se llevó la palma al respecto. Mientras los elegidos vivían plácidamente en la extraña comuna jipi que era el Vortex, vestidos jipiosamene como correspondía, en el exterior los brutales sobreviven como pueden. No obstante lo que a nadie se le puede borrar de la mente es la imagen espeluznante de Sean Connery semidesnudo, con coleta, mostacho, taparrabos, cartucheras a juego y botas altas. No se que se le pasaría a Christel Kruse por la cabeza para diseñar semejante despropósito, cruce entre guerrero papú, pistolero mexicano y pirata del caribe.

Los vestuarios dan para mucho más, pero en general se ajustan al binomio sucio-limpio, elegante-cutre, caro-barato de la utopía-antiutopía, que se da hasta en los propios diseños, mientras que a los primeros se dedican tiempo y dinero, para los segundos las más de las veces parece que los responsables asaltan los mercadillos de tercera mano, compran todas las tallas grandes y las distribuyen entre los figurantes un poco al azar.


Notas
© Luis del Barrio
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Luis del Barrio es colaborador habitual del Sitio