Especial Vigesimosexto Aniversario, 1
Fachadas bonitas, colores brillantes
por Francisco José Súñer Iglesias

Una de mis escenas favoritas de las películas de ciencia-ficción son los planos aéreos en los que la cámara se acerca a toda velocidad a una formidable ciudad llena de edificios asombrosos, coloridos y arquitectónicamente colosales (aunque muchos desafíen las más elementales leyes de la física) Todo ello da sensación de poderío, de riqueza, de dominio de la tecnología.

De lo que no hablan esos vertiginosos planos aéreos es de lo que hay, no ya a pie de calle, que de eso también tenemos muchas muestras, sino tras los callejones y las trastiendas. Las utopías nos suelen regalar una serie de predicciones optimistas sobre lo bien que irá el futuro, tanto en la Tierra como más allá, en el espacio, pero no se si por suerte o por desgracia, esas fachadas bonitas, esos colores brillantes acabaron por dar que pensar a más de un creador, y sin tener que ir muy lejos, bastaba con echar un ojo alrededor y comprobar como es la realidad, les hicieron reflexionar y plantearse que había más allá de esa estética fastuosa.

Un ejemplo venerable de esas utopías con trastienda son LOS VIAJES DE GULLIVER. Al tratarse de una serie de estampas con intenciones moralizantes y críticas, no todas ellas son descripciones de lugares maravillosos y utópicos, pero entre ellos se encuentra la isla flotante de Laputa. Gulliver se entusiasma ante tal prodigio tecnológico y los hombres capaces de construirlo, pero su entusiasmo dura poco. Descubre que los laputinos, brillantes científicos, son un auténtico desastre en lo que respecta la gestión del día a día, y aunque la isla tiene el potencial para convertirse en un paraíso, sus habitantes, ensimismados en tareas intelectualmente superiores, no se preocupan en lo más mínimo de lo cotidiano. Además eso creo problemas a Gulliver, que se ve desbordado por la brillantez intelectual de sus anfitriones y acaba convencido de ser un perfecto estúpido, así que pide abandonar Laputa y visitar Lagado, la ciudad más importante del reino, de donde pasa a Luggnagg, allí descubre a los struldbrug, los inmortales, lo que le devuelve el entusiasmo... hasta que los conoce. Gulliver, fantaseando con ser inmortal, se llena la cabeza de grandes proyectos, de estudio y de acumulación de riquezas. Pero lo que descubre es que los struldbrug son unos ancianos patéticos, llenos de achaques y condenados por decreto a la pobreza. Swift nos advierte claramente de que lo que parece bueno no tiene porqué ser lo óptimo.

Dando un salto en el tiempo nos plantamos ante UN MUNDO FELIZ. La historia es bien conocida. En un futuro indeterminado la sociedad se ha dividido en castas genéticamente conformadas donde reina la paz y la armonía. Todo perfecto, los Alfas rigen el destino de la humanidad con benevolente sabiduría mientras en el otro extremo de la escala los Epsilon se encargan del trabajo manual sucio, pesado y repetitivo. Pero como no podía ser menos esa perfección se ha conseguido a base de reducir la esencia humana a algo aburrido y anodino, sin emociones, sin alteraciones, pura rutina amable. Con todo, algo queda en el fondo y se han preservado poblaciones humanas en estado salvaje para que los jóvenes comprendan como es vivir con las emociones intactas.

UN MUNDO FELIZ influenció muchas obras posteriores, como LA FUGA DE LOGAN, que sin tanta carga filosófica, se centra más en la acción y la aventura. El argumento es también conocido, la sociedad perfecta en la que vive Logan lo es gracias a un estricto control de población, a lo que éste se rebela. Más recientemente, la película EQUALS nos muestra una sociedad muy similar a la imaginada por Huxley, donde la población, modificada genéticamente, se comporta con una urbanidad de lo más uniforme, pero un virus introduce factores imprevisibles que obligan a eliminar a los individuos enfermos.

Una serie que apenas duró una temporada pero que ofrecía una visión más dura de la antagonía utopía/distopía fue Incorporated, en ella, dos zonas claramente diferenciadas y separadas por un muro (otro clásico) eran las estampas típicas del mundo limpio, hipertecnificado y educado, la Zona Verde, en contraposición con el mundo salvajes y sucio que era la Zona Roja. Sin embargo, ambas zonas no vivían de espaldas la una a la otra, la cantidad de interacciones entre los habitantes de una y otra era más que notable, además el aparente bienestar de la Zona Verde se conseguía solo desde la competitividad más agresiva, algo que tenía su contraparte en la Zona Roja donde lo salvaje era simplemente la supervivencia.

Lo interesante de las utopías es verlas enfrentadas a si mismas, contraponerlas con su imagen especular, y tener bien claro que no dejan de ser un deseo, para nada cercano a la realidad.

© Francisco José Súñer Iglesias
(786 palabras) Créditos
Francisco José Súñer es el master de universo, al menos en las limitadas cuatro paredes de éste Sitio