El futuro en que vivimos, 40
¿Volverán? las cartillas de racionamiento
por Francisco José Súñer Iglesias

Tal y como se están desarrollando los últimos acontecimientos, la subida de precios, destrucción de industria y sector primario, no parece ninguna idea alocada la vuelta de las cartillas de racionamiento que, durante todas las post-guerras ha pretendido mantener abastecida por igual a la población sin que la escasez signifique precios desorbitados ni falta de alimentos y/o cualquier insumo necesario para la vida diaria.

Ahora bien, ¿qué pensaría usted si esa cartilla de racionamiento se orienta al gasto de energía? ¿Si le limitaran la cantidad de CO2 que le está permitido emitir?

Hasta ahora los aficionados estábamos habituados a que tal o cual autor propusiera sociedades al límite donde lo que estaba racionado era el aire respirable. Colonias marcianas, ciudades hipercontaminadas, naves generacionales con los recursos más que finitos, pero ahora no es tanto lo que usted puede respirar sino lo que puede quemar... aunque bien mirado, el ser humano es un importante generador de CO2... y, si la digestión se hace pesada, metano.

¿Absurdo? Para nada. Desde el protocolo de Kioto los derechos de emisión de CO2, esto es, de generación de energía (olvídese de lo verde, siempre hay un punto de la cadena de valor en lo que lo más eficiente es quemar algo, esto es, emitir CO2) se pagan a precio de oro, muchos avispados se dieron cuenta que más que los gobiernos, quienes convendría que pagaran esos derechos serían los ciudadanos. Esto es, usted, su prima, y yo. Entre otros.

Hasta ahora quienes se hacen cargo de los derechos de emisión de CO2 son empresas y gobiernos en base a los acuerdos alcanzados en las sucesivas cumbres del clima, hasta ahí perfecto porque son precisamente ellos los que tienen las infraestructuras suficientes como para lanzar a la atmósfera toneladas y toneladas de ese peligrosísimo CO2 (que, por ponerlo en contexto es el 3% de ese 1% de gases atmosféricos que no son oxígeno ni nitrógeno), que tantos males genera.

Pero la cosa se queda un poco corta a nivel de responsabilidad individual, y ya en una fecha tan temprana como 1990 hubo una propuesta en la Cumbre de Río que sugería la asignación de una cuenta individual de emisión de CO2. El sistema es enrevesado por cuanto no se apunta directamente a la emisión directa de CO2, es decir, lo que usted podría emitir circulando con su vehículo de combustión interna, cociendo quilo y medio de coliflor en su cocina de gas, quemándolo igualmente en su calentador de agua a gas, leña o pellets en la estufa o chimenea, ect, etc. Lo que viene a ser calentar cosas de toda la vida.

No. La idea es asignar a cada producto o servicio un equivalente en emisiones de CO2, darle a usted una cuota para quemar, y si se pasa de ella ya veríamos si pagaría los excesos en duros fuertes de Castilla a precio tasado, se traducirían en multas cuantiosas por gastoso y derrochón o simplemente su nombre aparecería en la lista de enemigos del pueblo que se recitaría antes de los telediarios

Es decir, que un kilo de arroz estaría tasado en, digamos, cincuenta gramos de CO2, un viaje en autobús, a cien gramos la parada, un kilovatio de electricidad a cuarto de kilo de CO2, así con todo, y a usted le asignarían, digamos, cinco toneladas de CO2 anuales para gastar. Y no se pase.

Lógicamente habrá gente que no gaste tanto, y gente que necesita gastar mas, así que se formaría un interesante mercado secundario de cupones de emisión, habría robos de cupones, se podrían usar, a su vez, como moneda en diversos mercados informales, etc, etc, etc. Ya sabe, cualquier cosa con valor puede ser usada como medio de intercambio.

¿Y con esto se solucionaría algo? A título particular no, usted estaría igual de asqueado que ahora, encima teniendo que mirar a la vez el saldo de la cuenta corriente y el de los cupones de emisión. A nivel general tampoco, ya he descrito como el tráfico de cupones se reordenaría en función de las necesidades generales y las emisiones seguirán siendo las mismas, incluso si se deflacionara la cantidad de cupones (esto es, se retiraran de la circulación), pero ya se ingeniaría el personal para no perder (más) calidad de vida.

Supongo que con los años que lleva dando vueltas la idea, si no se ha implementado aún es por cuestiones técnicas (como idea es puramente delirante), pero no se apuren, hoy quien más y quien menos está ampliamente conectado y certeramente localizado, y puede que algún desnortao en Bruselas o la ONU se le ocurra ponerse a ello.

De hecho, ya están trabajando en las CBDC (Central Bank Digital Currency), que en resumen servirán para racionarle el dinero y decirle en que y cuando lo podrá gastar.

En breve hablaré de ello.


Notas

Y que en algunos países están asentadas permanentemente.

https://www.aulafacil.com/[...]tmosfera-l11434

No se ría, la menestra portavoz, Isabel Rodríguez, ya ha lanzado la idea de que el Gobierno debería tener un espacio propio en los noticiarios para dar el parte de novedades al gusto del sátrapa de turno. Como con las propuestas de la renta antigua... digooo el control de alquileres, volvemos a tiempos grises y casposos. En España, la conexión de las radios privadas con el llamado Diario Hablado de Radio Nacional de España fue obligatorio desde 1939 hasta 1977. Solo el Estado podía informar por vía radiofónica. Además, el NO-DO, el noticiario oficial del régimen franquista, fue de obligada exhibición en los cines antes de la proyección de las películas de turno entre 1942 hasta 1975, cuando ya la televisión (igualmente controlada por el régimen) se había convertido en una competencia imbatible al respecto.

© Francisco José Súñer Iglesias
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