Tattoo
por Enric Quílez Castro

Actualmente, se ha puesto bastante de moda, especialmente entre los futbolistas y otros famosos, el hecho de tatuarse. Antiguamente, era algo mal visto, más propio de presidiarios o de gentes de mal vivir. Ahora, la cosa ha cambiado y parece que el que no tiene al menos uno en alguna parte de su cuerpo, no es nadie en el mundo de los famosillos.

En la ciencia-ficción, los tatuajes han tenido un papel curioso. Aunque no abundan, sí que están presentes, tanto en la literatura, como en el cine. Me centraré en los primeros.

Tal vez el caso más paradigmático sea el del personaje de Gully Foyle, de la novela LAS ESTRELLAS MI DESTINO (THE STARS MY DESTINATION, 1956), de Alfred Bester, conocida también en España como TIGRE, TIGRE, en la que la cabeza del protagonista es tatuada a la fuerza. Después, eliminará el tatuaje, pero quedarán unas marcas indelebles que lo delatarán en momentos clave y que también justifica uno de los títulos con que fue traducida la novela (TIGRE, TIGRE), en referencia al conocido poema de William Blake.

Otro caso de tatuajes en la ciencia-ficción, es EL HOMBRE ILUSTRADO (THE ILLUSTRATED MAN, 1951), de Ray Bradbury, un libro que contiene 18 relatos del género, en los que el hilo conductor es un vagabundo con el cuerpo repleto de tatuajes, realizados por una mujer viajera del tiempo y que sirve como marco para las diferentes historias del libro, en las que se exploran la tecnología y la psicología de la gente. El libro fue adaptado al cine en 1969, con una película de nombre homónimo dirigida por Jack Smight y protagonizada por Rod Steiger, Clarie Boom y otros.

Finalmente, me gustaría citar el relato TABLEAUX VIVANTS, de Elaine Vilar Madruga, contenido en la antología CIUDAD NÓMADA Y OTROS RELATOS, editada por Spotrul a, en la que la atribulada protagonista vende su cuerpo tatuado al mejor postor, en una época en que los tatuajes son la regla general y no la excepción. Se trata de un relato bastante duro, por no decir que despiadado y que, desde luego, no deja indiferente.

© Enric Quílez Castro
(352 palabras) Créditos Créditos Créditos Créditos
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 25 de marzo de 2020