Una reflexión sobre cincuenta y seis años (1966-2022) de Star Trek
por Sergio Pedraja

No creo que el pensamiento de Gene Roddenberry abrigase en ningún momento la posibilidad de que la serie televisiva originalmente titulada Star Trek (de acrónimo TOS), estrenada el 8 de septiembre de 1966 con la emisión del capítulo LA TRAMPA HUMANA, y cuya producción venía impulsando desde por lo menos marzo de 1964, pudiera devenir en una franquicia audiovisual que en 2026 cumplirá sesenta años.

Una franquicia que, actualmente, tras unos años difíciles sufridos durante la segunda mitad de la década del 2000 y un paulatino remonte en su popularidad a partir de 2009, vive lo que coloquialmente se suele denominar un momento dulce. O aparentemente, al menos; véase, sino: TRES series convencionales en producción y emisión (Discovery con cuatro temporadas, Picard con dos ya producidas y una más prevista, y Strange New Worlds con una primera a punto de comenzar a ser emitida), así como DOS de animación (Lower Decks y Prodigy), videojuegos (Resurgence), y cómics, aunque estos se han seguido publicando con mayor o menor cadencia y/o fortuna. Incluso cabe la posibilidad de una cuarta entrega de la serie de películas de Star Trek producidas por J. J. Abrams desde 2009, ambientadas en la línea temporal alternativa conocida como universo Kelvin, derivada de los sucesos que tienen lugar en la primera de ellas. Y cuyas posibles consecuencias en el futuro, dado que estamos hablando de líneas alternativas y quien sabe si universos, pueden atisbarse también en la primera temporada de la serie Picard.

Solo en los años 1990 tuvo lugar una profusión de producciones comparable, aunque de menor volumen que la actual. Fueron los años de Rick Berman como productor ejecutivo, de Jeri Taylor, y de, sobre todo, Michael Piller como showrunner de La Nueva Gene ración (TNG), Espacio Profundo Nueve (DS9), o Voyager (VOY). O de guionistas como Brannon Braga o Ronald D. Moore. O de diseñadores como Michael Okuda. Nombres sobradamente conocidos tanto por el fandom Trek, como en el ámbito profesional de la televisión estadounidense. En la actualidad hay nuevos nombres con relevancia dentro de las producciones de la franquicia, pero destaca especialmente el de Alex Kurtzman, coescritor junto a J. J. Abrams del guión de la película STAR TREK 2009, al estar concentrando las decisiones de producción de la misma, al menos aparentemente en lo que al medio televisivo se refiere.

Una actividad innegablemente intensa, en mi opinión. Y pienso que planteada con visión comercial. Las diversas producciones que he indicado parecen estar destinadas, en mi opinión, a distintos segmentos de edad dentro de un potencial público telespectador. Es lo que pienso, al menos, tras ver un capítulo de Discovery, otro de Lower Decks, y otro de Picard. Dada la enorme competitividad, marcada por el fenómeno del streaming, en el panorama actual de las producciones para televisión, creo que tiene sentido. Recordemos que las series cuentan con estudios de producción que las respaldan mediante inversiones monetarias. Y parece lógico pensar en que quieran recuperar dicha inversión, e incluso obtener algún beneficio de esta.

Así pues, parece que a la franquicia le va bien. Gene Roddenberry estaría, probablemente, satisfecho; siquiera al contemplar la participación de Roddenberry Entertainment, dirigida por su hijo Gene, en buena parte de las producciones previamente señaladas. Mi sincera enhorabuena.

Y, sin embargo, creo que, a lo largo del camino recorrido durante todos estos años, se ha perdido... algo. No de forma súbita; han sido pedazos del fuselaje de la nave, desprendidos o abandonados durante el vuelo, y reemplazados por piezas similares (pero no iguales); o directamente distintas. La nave vuela: incluso mejor que antes, en cuanto a velocidad o capacidad de carga. Pero hay cierta elegancia, cierta magia en los movimientos, no puedo evitar tener la impresión de que ya no está.

Las percepciones son algo personal, claro. Pero no he podido evitar sentir lo que he mencionado tras ver de nuevo, hace unos meses, las cuatro temporadas de Star Trek: Enterprise. O revisando excelentes capítulos como CAUSA Y EFECTO, o varios de la séptima y última temporada de TNG. O algunos de DS9, Voyager, y TOS (La Serie Original). E incluso con las entregas segunda, tercera y cuarta de las películas trek protagonizadas por la tripulación original. O incluso viendo productos de otras compañías de televisión, como The Orville, combinando de forma equilibrada el humor con el consabidowhat if de la ciencia-ficción, del que hablaban J. G. Ballard y Kingsley Amis.

Y humor quizá no tanto, pero si what if, junto a una especial percepción de diferencia, pero también de cercanía a una forma de entender todo este universo de ciencia-ficción, fue lo que sentí al volver a ver STAR TREK: LA PELÍCULA (1979). Un filme dirigido por Robert Wise (ULTIMÁTUM A LA TIERRA, LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA), con guión de Alan Dean Foster, y asesoramiento científico de Isaac Asimov. Director y escritores de y relacionados directamente con la ciencia-ficción, los tres. Un filme acusado de lentitud y de frialdad cerebral en más de una ocasión, pero que muestra a Spock llorando, algo igualmente criticado en su momento. Un filme en el que la ciencia y la historia de la exploración del Espacio juegan un papel esencial. Un filme que muestra por primera vez aspectos del sueño social futuro que poco a poco fue recorriendo y cimentando la franquicia trek. Un filme que deja de lado la tendencia exagerada a la retroalimentación de la continuidad de este universo fantástico a base de referencias algo cerradas a sí mismo, para disponer solo una breve aparición de los klingon. Un instante en el tiempo en el que se perciben verdaderos momentos de algo más que el what if, y que siempre se ha atribuido a la ciencia-ficción especulativa y adulta, en el sentido en que usaba esta última palabra el gran Juan José Plans. Algo que solía denominarse sentido de la maravilla. Un aspecto, un sabor particular de este género que, cuando lo pruebas una vez, no dejas de buscar de nuevo, nunca.

En cualquier caso, y una ve más: esto no deja de ser una reflexión, como ya indicaba en el título. Y admitiré que todo lo que acabo de comentar pueda ser un inconfeso ejercicio de nostalgia. Pero, aún así, no puedo evitar pensar en la reciente remasterización de la citada STAR TREK: THE MOTION PICTURE (1979), con efectos especiales revisados y realzados, y convertida a formato 4K. La película será proyectada en varios cines estadounidenses dentro de escasos días. Posteriormente, llegará a alguna plataforma de streaming, sin estar claro aún a cuál en España, o incluso si podrá verse en salas de cine en nuestro país. Ya se verá.

Mientras tanto, quizá alguien, dentro del equipo de producción a cargo de la franquicia trek en la actualidad, haya percibido algo similar a lo que he indicado en el párrafo previo sobre este filme. Quizá haya llegado a la conclusión de que pudiera estarse corriendo el riesgo de perder a todo un bloque de generaciones de público espectador fiel al universo inaugurado por los personajes de Kirk, Spock, McCoy, Scotty, Uhura, Sulu y Chekov. Y quizá en ese hipotético caso hayan optado por aplicar la lógica de segmentación de mercado que indicaba yo al comienzo de este artículo. Porque, en caso contrario, si no hubiera público potencial para esta remasterización de un filme realizado en la época de STAR WARS... ¿Qué sentido tendría?

Sea lo que sea, larga y próspera vida a una franquicia que a algunos nos ha acompañado desde nuestra infancia, cuando en nuestro país no había más que dos cadenas de televisión.

© Sergio Pedraja
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