Señales de fuego
por Luis del Barrio

En los tiempos de los cazadores recolectores, la mejor forma de detectar otros humanos era esperar la noche y otear el horizonte, mejor desde un alto, en busca de fogatas.

En nuestros tiempos, para detectar civilizaciones extraterrestres se ha preferido, hasta ahora, examinar el espectro electromagnético que nos llega del espacio exterior e intentar detectar pautas regulares que demuestren un origen inteligente. Efectivamente, es el famoso proyecto SETI. Hay que recordar que ya Stanislaw Lem nos lo adelantó en LA VOZ DE SU AMO, donde se detectaban ese tipo de pautas en la radiación de fondo estelar que daban lugar a curiosos resultados.

Pero ahora, científicos más avispados, han explorado el universo visible (bueno, la menos parte de él) buscando lo que falta, no lo que sobra.

Para detectar planetas extrasolares desde hace mucho tiempo se buscan eclipses, esto es, estrellas que se ven atenuadas regularmente de lo que se deduce que hay un objeto orbitando alrededor de ella y que, por tanto, la tapa cuando coincide con la línea de visión con la Tierra.

Para eso, el plano de la órbita del objeto, que además debe ser masivo para poder tapar lo suficiente la estrella como para observarlo, debe ser más o menos perpendicular a la Tierra, aunque gracias a métodos más sutiles, como la observación de las aberraciones gravitacionales los científicos también pueden inferir la existencia de estos objetos.

Pero eso no dice nada acerca de las posibles civilizaciones extraterrestres que se desarrollen en ellos. Nuestro sistema solar es un ejemplo. Lo más visible desde el exterior serían Júpiter y Saturno, pero la Tierra es una mota de polvo en comparación. Para un observador casual el Sistema Solar no despertaría gran curiosidad.

¿Qué han buscado entonces para determinar si hay posibilidades de una civilización avanzada, pero que muy avanzada? Esferas de Dyson. Recordemos que Freeman Dyson postuló que una civilización en expansión necesita ingentes cantidades de energía, la estrella de su sistema es la mayor y más potente fuente de la misma disponible, y que lo lógico sería capturarla en la medida de lo posible. ¿Cómo? A base de una red de colectores y concentradores rodeando la estrella para reemitir esa energía hacia donde fuera necesaria en forma de láser u otro método ingenioso.

Obviamente para eso es necesario un desarrollo tecnológico ya de por si impresionante y... enormes cantidades de energía para construir la esfera, llegando incluso a desmontar planetas enteros para conseguir los materiales necesarios. Lo interesante de tal proyecto es que la inversión inicial se multiplicaría progresivamente alcanzando en relativamente poco tiempo unos niveles de captación de energía impresionantes.

La idea de los científicos ha sido buscar discrepancias entre lo que percibimos de las estrellas y lo que deberíamos percibir, para ello se cruzan diversas fuentes radioscópicas (luz visible, infrarrojos) y ateniéndose a la clase de estrella suponer, y de momento nos quedamos solo en la suposición, que la estrella en cuestión está rodeada por una esfera de Dyson, y por tanto es la cuna de una civilización extraterrestre. Pero hay que insistir, se trataría solo de una suposición porque no hay otros datos que lo pudieran confirmar.

Según el estudio del proyecto Hephaistos, de la Universidad de Cornell, de 260.000 estrellas examinadas (obviamente, cruzando datos mediante una herramienta informática) al menos 260 son candidatas a tener una esfera de Dyson orbitando a su alrededor. Una de cada mil.

Teniendo en cuenta que la Vía Láctea (aquí se ha limitado el estudio) tiene por lo menos cien mil millones de estrellas, al menos cien millones darían muestras de tener una esfera de Dyson. Algo muy alejado de los resultados de la Ecuación de Drake, que apenas prevé 30 civilizaciones extraterrestres en toda la galaxia. No obstante, las observaciones del proyecto Hephaistos son tangibles, mientras que la asignación de valores a las variables de la ecuación de Drake no dejan de estar basadas en suposiciones muchas veces sin demasiada base. De hecho, estas observaciones son perfectas candidatas para incluirse como variable en una reformulación de la ecuación.

Sean mucha o poca la discrepancia, lo cierto es que esta es una nueva herramienta para descubrir esos fuegos en la oscuridad.


Notas
© Luis del Barrio
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