Especial Vigesimoquinto Aniversario, 10
Murphy, solo somos humanos
por Alejandro Caveda

Una de mis normas sagradas a la hora de empezar un texto es no echar nunca mano de introducciones tales como Recuerdo que... o Me piden que.... Pues bien, en esta ocasión no me va a quedar más remedio que saltarme dicha norma a la torera ya que lo que me piden los amigos del Sitio de Ciencia-Ficción es que rememore, precisamente, como llegué hasta aquí (uno) y donde nació mi pasión por el género (dos). Así pues, abramos el baúl de los recuerdos y rebusquemos hasta dar con el momento exacto o. al menos, el más aproximado a cada ocasión.

Un servidor vino al mundo hace ahora cincuenta y dos años, poco antes de que Neil Armstrong pisase la superficie de la luna. No que tenga nada que ver, simple coincidencia cronológica. Así pues mi infancia y adolescencia discurrió a caballo entre dos décadas: los psicodélicos setenta, y los primeros ochenta. Y aunque suene un poco a cliché, era otra época, aún no había Internet, ni teléfonos móviles, ni videoconsolas, ni ordenadores personales; ni siquiera había librerías especializadas en comic, y mucho menos en una humilde ciudad de provincias de las Asturias de Oviedo, que non de Castilla. A falta de presupuesto no nos quedaba más remedio que echarle imaginación y recurrir al trueque, o pasarnos mucho tiempo rebuscando entre las secciones de saldos de las librerías de segunda mano.

Supongo que fue en una de ellas donde encontré un viejo ejemplar de la SELECCIÓN 1 de Isaac Asimov, que fue el peregrino título con el que Bruguera rebautizó THE EARLY ASIMOV en castellano. El resto, como se suele decir, es historia. Del buen doctor pasé a Murray Leinster, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein. Por aquel entonces todavía llegué a tiempo de conseguir completa la colección de antologías de Luis de Caralt editor, para enlazar a continuación con la Biblioteca Básica Orbis de ciencia-ficción, que recuperaba, a un precio relativamente asequible (aunque para mi entonces fuese una fortuna) una más que interesante selección de títulos de colecciones ya agotadas, como Acervo ciencia-ficción, Minotauro, o Súper Ficción de Martínez Roca.

Creo que ya comenté en algún artículo anterior para el Sitio lo difícil que era ser aficionado al género por aquel entonces, cuando que te tildaran de friki no era motivo de orgullo (como ahora) sino más bien sinónimo de bicho raro. La mayoría de la gente tenía otros intereses y pasiones más mundanos, y nos faltaba Internet como punto de encuentro donde conocer gente con gustos y aficiones similares. Los lectores de mi generación nos curtimos el trasero en oficinas de correos, esperando largas horas para recoger ese paquete de libros que habíamos encargado a una librería de Madrid, Barcelona, América Latina o, incluso, anglosajona, al menos hasta que tuvimos la edad y los medios suficientes para poder viajar y realizar dichas compras por nosotros mismos.

Después llegó la red y nada volvió a ser lo mismo. De hecho, sin Internet, usted y yo no estaríamos aquí ahora mismo. Lo cual me lleva a la segunda parte de estas memorias encontradas en una bañera, aunque sin el encanto de las de Ijon Tichy: El Zoco de Lakkmanda. Un nombre que homenajeaba el ciclo clásico de relatos de C. L. Moore protagonizados por el aventurero espacial Norwest Smith.

Por alguna razón, que no termino de recordar, en 2006 inauguré el Zoco. Quizás, como Peter David, en aquel momento pensé que podía ser una buena idea. Una forma de poder escribir y reflexionar sobre lo que me diese la gana, sin más límites ni restricciones editoriales que los que yo me autoimpusiese a mi mismo. Ahora, en la época de Instagram, Tik Tok y Youtube, un blog puede parecer algo retro e incluso arcaico, pero en su momento mucha gente interesante (no como yo) se animó a publicar su propio blog. Gente como Rafa Marin, Rafael Roig, Jorge Iván Argiz, Miguel Cane, Nino Ortea, Bef, y tantos otros que ahora mismo no me vienen a la cabeza, pero que también estuvieron ahí. La generación Blogger, si es que se puede aplicar semejante etiqueta a un grupo tan heterogéneo de personas. Y con sus más y sus menos, he mantenido el Zoco en pie hasta el día de hoy. Al principio intentaba actualizar contenido todas las semanas. A estas alturas me conformo con poder hacerlo una vez al mes. La paternidad, el trabajo, la falta de ideas, o el hecho de que parece que ahora la gente sólo te lee para discutirte o, incluso, insultarte, han ido haciendo mella en mi resolución, aunque al final siempre termino pensando: Venga, una entrada más. A estas alturas el Zoco es otra parte de mi, y supongo que aún no me siento preparado para dejarla ir. Algún día, como vaticinaba el electrobardo de Asimov. Algún día, pero aún no.

Y precisamente a través del blog fue como conocí el Sitio de Ciencia-Ficción. Un buen día el administrador del mismo me pidió permiso para reproducir alguna de las entradas del Zoco en la sección Firmas. Después vinieron algunas colaboraciones expresas, y las sucesivas invitaciones a participar en el aniversario del sitio desde el doceavo hasta el presente. ¿Trece años ya? Parece mentira como pasa el tiempo. Con los años, el Sitio ha ido creciendo en calidad y contenidos. Cuesta creer que haya tan poca gente detrás, y no puedo dejar de admirar su determinación y compromiso. Después de todo, sólo somos humanos. ¿Verdad, Murphy? Sirvan, pues, estas líneas a modo de sentido homenaje y compromiso. Porque cuando el Sitio esté celebrando su quincuagésimo aniversario, me gustaría seguir estando ahí, aunque fuese con una mínima fracción de su energía, y seguir publicando el Zoco, aunque fuese por inercia. Después de todo, los viejos hábitos son los más difíciles de erradicar, y un servidor, de viejos hábitos sabe mucho.

© Alejandro Caveda
(979 palabras) Créditos
Alejandro Caveda mantiene el blog El zoco de Lakkmanda