Especial Vigesimoquinto Aniversario, 9
Un cuarto de siglo en la red
por Antonio Quintana Carrandi

Con un cuarto de siglo a sus espaldas, el Sitio de Ciencia-Ficción es ya un referente para los amantes del género en lengua española. En cuanto al aficionado que suscribe, dar con esta web fue, sin duda alguna, una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida, y por muchas y variadas razones, que quizás resultarían demasiado tediosas de enumerar. De todas formas, relataré, de modo breve pero completo y ameno, cómo llegué hasta aquí.

Empezaré por el principio: o sea, por mi primer encuentro con la ciencia-ficción. En realidad, este se produjo cuando todavía era un crío de muy corta edad, pues, según me contó mi difunta madre, siendo prácticamente un bebé solía aferrarme a los barrotes de mi corralito, para mirar hipnóticamente la televisión. Como es obvio, no tenía ni idea de lo que veía, pero durante mucho tiempo guardé en mi recuerdo imágenes difusas que, un montón de años después, pude identificar como pertenecientes a Guardianes del espacio y Perdidos en el espacio, series que hicieron furor en la TVE de finales de los 60 y comienzos de los 70.

Pero mi primer contacto consciente con el género se produjo a través de la serie Espacio 1999, primera que pude disfrutar en su totalidad, y la novela MISIÓN EN OULAX, de A. Thorkent, publicada por Bruguera. Como en el Sitio tengo varios trabajos sobre Espacio 1999, y en mi artículo El Orden Estelar o mi primer contacto con la ciencia-ficción narro cómo empecé a leer obras de este género, remito a los lectores interesados a dichos textos.

El caso fue que, durante toda mi adolescencia y buena parte de mi juventud, me sentí terriblemente solo como aficionado a la ciencia-ficción. Maticemos la cosa: me refiero a la parte literaria de la misma. Las series televisivas y las películas de esa temática gustaban bastante, pero la ciencia-ficción impresa era otro cantar. En un pueblo pequeño, como el mío, la única ciencia-ficción que llegaba eran los bolsilibros, y a veces con cuentagotas, ya que a la mayoría de la gente no le interesaban esas novelitas tan raras. En cuanto a obras de más empaque, las de Asimov, Henlein, Clarke y demás, brillaban por su ausencia, ya que los libreros locales, como buenos conocedores del paño, optaban por no traer esos libros tan especiales a un lugar como este, apartado de la mano de Dios, en el que, como mucho, venderían uno o dos ejemplares. A las nuevas generaciones, que han crecido en un mundo tecnificado e interconectado, les costará creerlo, pero en los años 70 del siglo pasado, sin ordenadores, Internet y tal, en lo que a ciencia-ficción literaria se refiere, este lugar era un auténtico páramo. Ni siquiera era posible encontrar en los quioscos la revista Nueva Dimensión, con eso lo digo todo. Un ejemplo: conocí UN MUNDO FELIZ, de Aldous Huxley, gracias a un esbozo que aparecía en uno de los tomos de una enciclopedia juvenil que me regalaron mis padres, concretamente en el titulado Dime, cuéntame. Pero pasaría más de una década antes de que pudiera acceder a esa obra capital de la ciencia-ficción literaria.

Con el paso de los años, la situación varió, normalizándose un tanto. En la biblioteca local empezaron a aparecer, si bien en contadas ocasiones, algunos libros interesantes del género; pero sólo aquellos que, por las razones que fueran, se consideraba que tenían algún valor literario, muchos de los cuales se me antojaban auténticos peñazos. Los de la espléndida colección Nebulae, por ejemplo, sólo podía conseguirlos en Oviedo, Gijón o Santander, y como me desplazaba a esas ciudades de Pascuas a Ramos, ya os podéis figurar el cuadro. No obstante, a partir de 1981 aparecieron por aquí puestos de libros de lance, que permanecían abiertos casi las 24 horas del día durante todo el verano, y en ellos conseguí gran parte de las obras con las que inicié mi hoy vastísima biblioteca de ciencia-ficción. Los bolsilibros seguían interesándome, pero, aunque huroneaba por todos los rincones en busca de algún ejemplar, nunca encontré ni una sola novelita de La Saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos. Escribí al autor y me envió media docena de títulos, pero tardaría más de tres décadas en poder leerme la serie completa y por el orden en que fue publicada.

Llegó la red de redes, y con ella el Sitio de Ciencia-Ficción, con el que di por casualidad allá por 2006, mientras buscaba información sobre George H. White y su Saga de los Aznar. Me percaté al instante de que este Sitio era muy distinto a otros de temática similar. Lo que primero me llamó la atención fue su diseño, atractivo y funcional, pero elegante a un tiempo. De inmediato lo marqué en favoritos, y durante varias semanas lo exploré, leyendo con avidez cada artículo, empezando por las secciones de La Saga de los Aznar y La gran historia de las novelas de a duro, que me fascinaron. Pero lo que más me fascinó del Sitio fue su gran número de colaboradores, así como la inmensa variedad de temas relacionados con la ciencia-ficción que trataba. Puedo asegurar categóricamente que, desde que este Sitio entró en mi vida, nunca más he vuelto a sentirme solo como aficionado a la ciencia-ficción.

Son tantos los momentos maravillosos que he disfrutado gracias a la lectura del Sitio, que me resultaría imposible escoger uno en concreto entre todos ellos. Pero algo por lo que siempre me consideraré en deuda con esta web, es por haberme dado la oportunidad de compartir con otros aficionados mi pasión por la ciencia-ficción a través de mis trabajos.

El Sitio cumple veinticinco años. Llevo quince colaborando en el mismo, con la misma ilusión y entrega que al principio, y aquí seguiré, mientras el cuerpo aguante. El Sitio de Ciencia-Ficción es un orgullo para todos nosotros. Ojalá llegue a cumplir el medio siglo, y nosotros estemos aquí para celebrarlo.

© Antonio Quintana Carrandi
(998 palabras) Créditos
Antonio Quintana Carrandi es colaborador habitual del Sitio