Especial Vigesimoquinto Aniversario, 6
Gracias
por Eduardo Delgado Zahino

En Valladolid estaban mis padres, jóvenes y guapos, altos, muy altos, sobre todo mi padre. Había una cocina de carbón, un techo con grietas y una pequeña televisión Zenith en blanco y negro. En ella veía a Los Payasos de la Tele y me imaginaba que si la cogía y le daba la vuelta los payasos caerían hacia el techo. En un programa de los Chiripitifláuticos viajaban a la Luna, había cráteres humeantes y un actor vestido de Monstruo de Frankesntein metía el dedo en uno y se quemaba. Pase mucho tiempo creyendo e imaginando que en la Luna había cráteres humeantes. Fascinante. También recuerdo un sueño, una pesadilla en la que me elevaba hacía ese techo con grietas, atraído por unas extrañas espirales absorbentes que vi, casi seguro, en alguna película. El primer sueño que recuerdo en toda mi vida es ese. Curioso.

Después había una playa, una bebé en una cuna y una muerte, la del viejo en blanco y negro que hablaba con voz aguda y decía cosas que solo podían importarle a viejos y viejas, como él, en blanco y negro. Franco Muerto, así estuve llamándole durante mucho tiempo creyendo que era su nombre. También recuerdo haber esperado durante horas en la ventana del edificio donde vivíamos a que pasasen por la avenida los reyes de España. Ocurrió tan rápido que apenas entendí que ya lo habían hecho. Muy berlanguiano, aunque en ese momento no fuese consciente del concepto. Estos recuerdos y muchos otros corresponden a Cádiz y los años que estuvimos allí por asuntos de trabajo de mi padre y todo se entremezcla con la imagen de unos aviones sin alas sobrevolando la superficie lunar.

De los recuerdos más agradables que tengo está el de mi madre viendo conmigo Espacio 1999. Aquella época de blanco y negro en pantallita Zenith está algo confusa y no sé si ocurrió en Cádiz o en Madrid, aunque puedo decir que, junto a Los Payasos de la Tele y los Chiripitifláuticos, esa serie permanece en mi memoria como la primera que llegué a ver y medio entender que trataba de la cosa llamada ciencia-ficción. Qué maravilla ver volar aquellos aviones sin alas. Y Maya, esa mujer de exótica belleza alienígena capaz de transformarse en aguilucho o monstruo babeante según hiciera falta.

Nos vinimos a Madrid. El trabajo manda.

Espacio 1999, EL SEXTO SENTIDO, Galáctica (1980), estrella de combate, OS, la escoba espacial, La fuga de Logan y Los 7 de Blake. Por algún motivo a mí y a mi madre todas esas series nos fascinaban, pero a los demás niños y madres no. Al contrario, parecían detestarlas y denostarlas con deleite. Bueno, menos Mazinguer Z, esa le gustaba a todos los niños. Y es verdad que entre las niñas del cole había discusión sobre si era más guapo Apolo o Starbuck.

Y crecí un poco y llegó V (1983).

Explicar lo que sentí cuando vi el primer capítulo de V solo puede ser entendido por aficionados puros a esto de la ciencia-ficción. Esas naves enormes, ese sentimiento de pequeñez e indefensión ante fuerzas superiores. Recuerdo haber pasado tardes esperando, con mi hermanita que ya hablaba, otro bebé en la misma cuna y unos vecinos, merendando patatas fritas y croquetas congeladas fritas con gasesosas de sabores Guillén y Moratilla, a que empezase el capítulo. A mí me fascinaban todas las cuestiones sobre viajes monstruosamente largos y bestiales gastos de energía para poder llegar a un planeta tercergalaxista, robar el agua y comerse a los pobres mamíferos que lo habitan. A mis amigos del cole y vecinitos lo que les molaba era ver comer ratones a los lagartos y lo buena que estaba, y lo estaba, Diana, la gran lagarta jefa.

Como mención especial a lo de la serie V, el momento en el que mi hermanita le explicó con mucho desparpajo a mi horrorizado padre que Robin había hecho el amor con un visitante y había tenido un bebé lagarto.

Mítico.

Y seguí creciendo y me salieron pelos y vi en el cine REGRESO AL FUTURO. Yo fui uno de esos chavales que se la sabían de memoria a base de verla una y otra vez en vídeo. Y ya había dado el paso a la literatura, cosa que nadie de los que conocía había hecho. Bueno, Loli sí que leía, pero le gustaban cosas diferentes.

La biblioteca pública de mi pueblo me abrió las puertas a las verdaderas maravillas de los universos. Al primero que metí mano fue a Asimov con sus maravillosos Lucky Starr y Bigman. Y las V-ranas venusianas telépatas. Qué cosas. Qué maravilla. Y aquella colección de libros azules que un androide de ojos luminosos anunciaba por la tele en los que los libros ya eran más para adultos: EL FIN DE LA ETERNIDAD, 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, TROPAS DE ESPACIO....

Y descubrí a Stephen King. Y sobre esto no diré nada más, pero, joder, LA LARGA MARCHA...

Y otro bebé en la cuna, el cuarto y último de la familia Delgado.

En la mili me leí Fundación, al menos los tres primeros libros de la saga, cosa que me satisfizo cosa mala y me hizo desear que alguien valiente se atreviese, algún día, a llevarla a la gran pantalla. O a la pequeña pantalla. Nunca imaginé lo que acabó pasando en unos futuristas 32 años después. Y no creo que termine de verla.

Pero tuve más novias, aparte de la Muerte, y me metí en asuntos que me desviaron de lo que verdaderamente me apasionaba, que era la ciencia-ficción y el terror, retomé la afición y dejé apartados los otros asuntos hasta acabar abandonándolos del todo por improductivos. Como no estudié tuve que trabajar en lo que me salía y acabé especializándome en algo que ahora no importa, pero pasaron más años y, un día, la chica con la que estaba en esos momentos y yo nos fuimos al cine a ver LA JOVEN DEL AGUA.

Ahí ya había dejado de crecer y perdía pelo.

LA JOVEN DEL AGUA me gustó mucho y me dispuse a buscar, eran los modernos tiempos, información en Internet. Corría el año 2006 y Filmaffinity todavía no aparecía en las primeras opciones del buscador, pero sí que me fijé en uno de los resultados.

Era el Sitio de Ciencia-Ficción, claro, y lo que me mostraba la pantalla era una reseña de un tal Nicolás Cuadrado en la que ponía a parir la película. Como no hacía mucho que me manejaba en la Red procedí a indignarme tontamente y respondí. Si queréis saber lo que se dijo buscad en esta misma página LA JOVEN DEL AGUA y mirad en Comentarios.

El caso es que el Sitio me devolvió el interés puro por la ciencia-ficción y comencé a mirarlo con asiduidad. Me enteré de que se actualizaba cada semana puntualmente y me leía con cada vez menos indignación y más frialdad los artículos de Cuadrado. Y los de otros muchos desinteresados colaboradores que me enseñaron muchísimas cosas que desconocía sobre ciencia-ficción española, esa gran desconocida.

Una puta maravilla.

Y lo mejor, había relatos escritos por los lectores, no todas las semanas pero sí de vez en cuando. Y uno podía escribir el suyo y enviarlo y, con algo de suerte, supuse, el máster del Sitio podía incluso llegar a publicarlo.

Y lo hice. Escribí un relatito al que titulé POR FIN ESTABA EN MARTE. Era la historia de un muchacho en pleno combate contra fuerzas hostiles que había conseguido por fin su sueño de ir a Marte, aunque fuese como soldado raso en mitad de una cruenta guerra por los recursos del planeta.

Bien, lo envié y Francisco lo publicó. Esto me sirvió para dos cosas, una, saber que el relato era lo bastante bueno como para ser publicado, dos, que necesitaba urgentemente aprender de nuevo a escribir. Las faltas ortográficas eran... Bueno, buscadlo, si queréis, y leedlo. Por ahí anda.

Para mí el Sitio ha sido un lugar muy especial. No solo me ha servido para informarme de asuntos relacionados con la ciencia-ficción, también para volcar mis paranoias, miedos y esperanzas.

Gracias al Sitio he publicado un relato en Rusia. Sí, así, como suena. Tener en las manos una revista y ver un relato mío traducido al ruso y escrito en cirílico me ha hecho sentir unas cotas de satisfacción personal pocas veces alcanzadas a lo largo de mi vida. ¿Exagerado? Bueno, según quién seas te lo parecerá o no. LA ESPERANZA DE BENI también está en la página y si miráis en Comentarios entenderéis cómo ocurrió.

Y después me fui a otros lugares en la Red en los que publiqué otros relatos. Alguno en la colección Calabazas en el trastero de la editorial Saco de huesos y algún otro en Visiones, la antología anual de la, ahora, Asociación Pórtico. Incluso una vez gané el Domingo Santos y todo.

© Eduardo Delgado Zahino
(1.486 palabras) Créditos
Eduardo Delgado es escritor