Especial Vigesimoquinto Aniversario, 3
Trasferencia genética. Por parte paterna
por Antonio Santos

Debo retrotraerme mucho para precisar cuándo me enganché a la ciencia-ficción, el género de los majaretas... con su inquietante carga de Síndrome de CASANDRA. ¿Por qué de majaretas? Seamos serios: crononautas, hombres invisibles, platillos volantes, marcianos macrocéfalos... y todo lo anejo a semejante fauna. Las distopías. Las ucronías. Cyberpunk. ¿Os parecen temas del común popular, obsesionado con el sexo, o el fútbol? Normal acaben mirándote de esa manera, si empiezas a hablar de estos temas.

Y ¿por qué ciencia-ficción, habiendo géneros más accesibles, de mayor aceptación? Por su inmensa carga de evasión, of course. Porque iluminaba los márgenes de una ramplona cotidianeidad que exigía escapada aun durante un rato. El sentirse especial aunque fuese fantaseando. Una aterradora novela social retrata, en el fondo, tu día-a-día. Personajes conocidos/familiares en ciudades conocidas/familiares y viviendo situaciones conocidas/familiares más/menos sofocantes. En resumen: una repetición, en prosa, de tu vida. Que si va cojitranca, ¡lo que la faltaba para acabar baldada! Leerme no me ayuda a superar el mal rato. ¡Me deprime! En cambio, si consigues soñar que cortejas a Dejah Thoris... ¡hey hey! LOS MISERABLES no permite esa opción. No.

Tengo claro que debo esta afición a mi padre, a los Superman (el auténtico, no el actual bujarrón) y algún Batman que tenía. Esto explica también mi vinculación con los TBOs, desde los que regalaban con las magdalenas La Bella Easo, cuadernos enormes con historietas de Spirou o Lucky Luke, hasta los Mortadelo y Filemón, pasando por Vértice y sus superhéroes Marvel. Reforzando a las viñetas, venía la TV (The Wild Wild West, La Conquista Del Espacio —ajá, sí, ese es uno de mis prístinos recuerdos. ¡Remembranzas trekkies en un warsie como yo!—, UFO, Espacio 1999...), todo sucesión de fantabulosos portales a pintorescos escenarios extraterranos con sujetos metálicos haciendo trastadas. Mi vivaz imaginación infantil iba comprendiendo el valor de todo eso; no podía ignorarlo, sino atesorarlo.

Disfrutaba de la alternancia multimedia: novela, TBO, TV. No veía diferencia en si uno u otro formato superaba a otro. Valoraba la calidad intrínseca de la fábula, sin discriminar el medio. Entras así ahora en el territorio de los escrupulosos, de los que adoptan un afectado aire airado del sublime mohíno que te espeta, desde la frialdad de sus querencias sublimes, que toda novela de SAN Isaac Asimov (ese fatigoso nombre que se repetía en las baldas, eclipsando a los restantes —y más interesantes— escritores aledaños) resalta sobre todo relato procedente de lo gráfico. Lo comento por ser anécdota sufrida en el mundo de la historieta. Aunque no soy el único que puede contar vivencia parecida, me parece.

Esa... cortedad de miras... nos afecta a todos, debo admitir. Empero cuando tienes una preparación algo por encima de la media, sabes reconocer que del medio menos pensado pueden llegar sorpresa. Siempre manifestarás un afecto mayor por A que por B, aunque serás lo bastante honesto como para admitir que B tiene también sus buenos momentos.

La acumulación de lecturas (más que contactos con otros aficionados, porque esto de leer ciencia-ficción tiene baldón, lo apuntado más arriba sobre que no es tema para todos), unido al prurito de querer contar tus historias impulsado por aquellas otras que te han influenciado, o sorprendido, para ver cuántas caen en terreno fértil y producen algo (editores, lectores, prestigio), va desinhibiéndote para exponer aquello que piensas sobre según qué tema en alguna parte (la democrática Era de Internet ha facilitado los orgasmos de prepotencia hedonista en las redes sociales). Centrados en el género, hacer la reseñita sobre el último Philip José Farmer leído, por ejemplo, es obligatorio. ¡Debes ilustrar al Universo con tu apabullante sapiencia!

Hasta hace poco, existían las grapadas revistas especializadas (que ahora generan nostálgicos comentarios laudatorios), donde un grupo de escogidos vertía información a los que estábamos por querer saber más Más MÁS sobre EL IMPERIO CONTRAATACA. Al arribar internet, Blogger, las citadas redes sociales... los escogidos informadores expertos se han multiplicado por millón.

Yo soy uno. Más que experto, o informador, soy de los que expresan vehementes lo que les ha parecido DUNE, rematándolo en seiscientas palabras virtuales en mi blog. Sean conclusiones atinadas, o puros disparates, esto deben ahora juzgarlo otros.

Trajinar en esta obsesión divulgativa semeja hacer un ejercicio muscular. Primero eres un alfeñique del alfabeto, mas la constancia te robustece. Obtienes confianza, instinto, herramientas literarias. En mi caso, alentaba este esfuerzo el que dos novelas estuvieran próximas a aparecer, acontecimiento que debía comunicarse a la red con urgencia.

Ergo contacté con todo Dios que consideré (desde un punto de vista ingenuo, quede esto bien claro) capaces tanto de promocionarme como de debatir sobre cuestiones anejas al género. Buscaba epistolar amistad con otros freakies que me entendieran, y en respuesta les comprendiera. De todos esos contactos frustrados (y fueron mogollón), el más próspero, constante y afortunado ha sido el longevo Sitio de Ciencia-Ficción.

Sitio, fui descubriendo (aunque lo capté al comienzo), poseía la virtud de contar con una larga experiencia y multitud de contactos impostados como diversidad de opiniones publicadas, lo cual constituía algo sumamente valioso: información adicional freakie. Se ha ganado su actual sólida reputación, y eso no se obtiene funcionando a caprichos o de forma zalamera, sino con constancia y capacidad de reconocimiento del esfuerzo, o talento, ajeno. Este conjunto de elementos fue lo que me gustó de Sitio, que destilara una nítida sensación de profesionalidad que, o no poseían, o no veías en otros... sitios.

Empero imposible es precisar un momento especial específico, porque posee un continuo flujo de información cargado con su propio valor intrínseco, el cual me ha permitido reflexionar, o aprender, sobre el diverso material reseñado. Verle posibilidades a lo que tenía prejuzgado en primera instancia, descubriendo cuan equivocado podía estar.

Quizás sea eso lo especial de Sitio, más que un instante determinado: su capacidad de catalogación y condensación de información, accesible para que podamos perfeccionar ora nuestra formación, ora nuestra labor, ora obtener ese rato de deleite que nos haga escapistas de la ramplona realidad.

© Antonio Santos
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Antonio Santos es escritor e ilustrador y mantiene el blog Una historia de la frontera.