La Europa de las lenguas
por Francisco José Súñer Iglesias

Si algo caracteriza a Europa es que pese a su extensión, unos diez millones de kilómetros cuadrados y 750 millones de habitantes, se hablan al menos 150 idiomas diferentes, algunos no circunscritos a un único país, como el alemán, que con sus correspondientes variantes es idioma oficial en Alemania, Austria, Leichestein y Suiza, además de lengua co-oficial en regiones de muchos países de su entorno.

Del ruso podemos decir otro tanto, y ya a partir de ahí cada estado se maneja con su lengua oficial y algunas otras, dependiendo de la organización política, co-oficialidad o simplemente de intercambio (el siempre fascinante mundo fronterizo). Además de eso, existen varios grandes grupos lingüísticos, las lenguas romances, las germánicas, las eslavas, etc. etc., así, los parecidos entre el inglés y el alemán no las hace exactamente inteligibles entre si, pero si relativamente reconocibles, más cercanía tienen el italiano y el español, y ya no digamos el grupo de las lenguas ibéricas, que excepto la singularidad el vasco, permiten una comunicación laboriosa pero fluida.

Todo ese mosaico de lenguas, ha hecho que el conocimiento de las respectivas literaturas haya sido un proceso arduo. Una vez que el latín dejó de ser la lengua del estudio y la erudición, la divergencia de los diferentes idiomas no permitía, ni permite, una difusión rápida de la literatura. Sin embargo los traductores hicieron su labor trasladando las obras más celebradas en sus países de origen. Así, EL QUIJOTE, una de las obras cumbre de la literatura universal, escrita cuando España era el Imperio más poderoso de la época, fue traducido al inglés nada menos que en 1612, solo siete años después de su publicación en España (piénsese que simplemente para ir de la Villa y Corte a Alcalá de Henares, había que echar el día entero) Al francés llegó en 1614, al italiano en 1622, al alemán tardó bastante más, en 1648.

Con el tiempo y la mejora de las comunicaciones, además de la creación de verdaderas industrias editoriales, estos tiempos se acortaron, y se generalizaron las traducciones de forma sistemática, pero ya desde estrictos parámetros comerciales.

Y así llegamos al siglo XXI. La ciencia-ficción como género menor no ha gozado de esos privilegios y la opacidad al respecto entre los distintos países europeos, más allá de la omnipresente literatura anglosajona, y por supuesto Julio Verne, ha sido la norma.

¿Conoce usted algún autor italiano relevante? ¿o alemán? ¿o francés? Rebuscando un poco se encuentran, pero yo, al menos, no podría citar ninguno de memoria, Boris Vian, quizá, pero no es exactamente un autor de ciencia-ficción, Stefan Wul nos podría valer, pero no es precisamente de lo más actual que se puede encontrar. Con Polonia es fácil, Stanislaw Lem es el gran autor europeo (y si, Sapkowski, pero éste trabaja más bien la fantasía).

Hace unos años escribí un artículo para la revista peruana El Hablador en el que ya analizaba esta problemática. El panorama desde entonces ha cambiado poco, todo se mantiene más o menos igual. Apenas hay capilaridad entre las distintas ciencias-ficciónes europeas, las Eurocones son acontecimientos que suenan a exóticos y lejanos, y las novedades nos llegan un poco de rebote cuando las obras en cuestión han tenido éxito en su traducción al inglés, y han destacado en la anglosfera, como sucedió, con la finlandesa Johanna Sinisalo y su EL NÚCLEO DEL SOL, pero en general no dejan de ser casos muy puntuales.

Las asociaciones y aficionados hacen sus esfuerzos para intercambiar y traducir obras, como sucede con las antologías Visiones, que desde hace unos años incorporan cuentos de autores italianos gracias a los acuerdos a los que se han llegado con la asociación RiIL, o últimamente la iniciativa de Ricardo Manzanaro, desde Noticias ciencia-ficción, para intercambiar relatos con el blog portugués Contos de Terror.

Los propios autores también se esfuerzan por expandir y promocionar sus obras más allá de la barrera idomática, y recientemente he tenido oportunidad de leer traducida la novela OUTSPHERE, de Guy-Roger Duvert, que ya está disponible en Amazon para el público en general.

Con todo, siguen siendo gotas en el océano. Si ya de por si la literatura de ciencia-ficción está en horas bajas, pretender que transcienda más allá de su nicho idiomático es complicado. Solo hay que examinar el exiguo panorama en español, de que tenemos la suerte de contar con casi 600 millones de hablantes, para comprender la dificultad de acceder a otras formas de entender el género si no es en su lengua original.

Y con 150 idiomas diferentes, el asunto se me antoja complicado.


Notas

Lo que viene a ser Madrid capital.

Número 3 de la revista El hablador. https://elhablador.com/cienciaficción.htm

© Francisco José Súñer Iglesias
(797 palabras) Créditos