Viendo series
por Luis Del Barrio

Hubo un tiempo en el ver una serie de televisión no requería un gran esfuerzo de memoria. Una vez que se habían dado a conocer los personajes principales y concretado la temática de la serie, los episodios se iban desgranando aportando datos sobre la personalidad de los protagonistas, contando historias más o menos interesantes y dando al espectador lo que se esperaba, un rato de entretenimiento más o menos agradable.

Cada uno de los episodios contaba una historia diferente, y a lo sumo aportaba algún que otro detalle a la ambientación general. Se podían ver salteados, contrapeados e incluso sin diferenciar temporadas excepto por esos detalles, como la aparición de personajes nuevos o cambios de escenario, que en el fondo no alteraban demasiado el desarrollo.

Incluso los compradores sindicados, sobre todo cadenas locales, exigían que los episodios tuvieran cierta estructura ya que no podían garantizar cuando y en que orden se emitirían, además de que en muchos casos tampoco podían comprar la serie entera, limitándose a paquetes de unos cuantos episodios. De ese modo, era posible ver la Star Trek original alterando el orden de los capítulos sin que apenas se notara.

Las únicas que se escapaban a este tipo de esquema eran las series históricas, o las adaptaciones de novelas. Lógicamente ya se partía de una historia previa con su propia continuidad, de modo que cada episodio se convertía en el capítulo de un todo. Los culebrones también contaban con esa estructura, pero todo el mundo tenía claro que eran un género aparte.

Así, pudimos ver Andrómeda, Quantum Leap, Espacio 1999 o Eureka, en las que, sin llegar a los extremos de Star Trek, intercalar un capítulo con otro no suponía gran problema si no se había avanzado demasiado en la serie.

Pero algo cambió en 2007. Durante la negociación del nuevo acuerdo marco entre el sindicato de escritores y la patronal de la televisión se declaró una huelga de guionistas que duró 14 semanas. Entre finales de 2007 y principio de 2008 no se escribió ni un solo guión y las series que estaban a mitad de temporada o bien acabaron abruptamente a la docena de episodios, o se vieron interrumpidas hasta que se solucionara el conflicto. No era la primera vez, ya en 1985 y 1988 se habían producido conflictos similares, pero mientras esos dos apenas cambiaron nada más que unas mejores condiciones económicas para los guionistas, el de 2007 supuso un cambio de paradigma.

Las productoras no querían ni oír hablar de paralizar las series a mitad de temporada. Recordemos que por aquel entonces, lo normal eran temporadas de 20 a 24 episodios con algún ocasional parón navideño. Los capítulos se iban rodando casi semana a semana y se emitían prácticamente salidos del horno. Por eso la falta de guiones supuso un enorme quebranto, sobre todo en cuestiones publicitarias. ¿Qué se pensó? Por lo pronto cambiar el modelo. Como la huelga había coincidido prácticamente con la primera middle season muchas series no se habían quedado en el aire, y al espectador no le supuso un problema esperar hasta la primavera, entre especiales y reposiciones, para la reanudación, por lo que los productores comprendieron que las temporadas de no más de una docena de capítulos también funcionaban. No eran algo nuevo, pero la tradición mandaba y hasta el momento la veintena era lo canónico.

Además justo ese año se produjo otro suceso que puso patas arriba la industria de la televisión. Netflix empezó a emitir bajo demanda, y las viejas series se podían ver de un tirón cuando y como se quisiera, lo que significaba además que la rígida estructura de episodios autoconclusivos podía dejarse de lado para, al igual que los culebrones, adaptaciones y series históricas, narrar historias largas en tandas cortas sin que al espectador supusiera un problema, puesto que o bien vería los capítulos de seguido o refrescaría su memoria cuando quisiera.

De este modo The Expanse, Extant, Los 100, The Mandalorian, Orphan Black, Travelers y otras muchas pasaban del episodio autoconclusivo a la temporada autoconclusiva.

Desde luego las viejas fórmulas siguen vigentes, aunque adaptadas a los nuevos tiempos. Doctor Who ha sido fiel a ellas, Black Mirror o Love, Death & Robots recogen la herencia de La dimensión desconocida con episodios independientes, otras como The Orville recupera la esencia de Star Trek.

El cambio de paradigma no es un absoluto, pero el cambio de tendencia durante estos últimos diez años ha sido constante, por un lado de la mano del advenimiento de las plataformas digitales, y por otro de una nueva forma de producir las series.

© Luis Del Barrio
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