Nos gobernarán máquinas comunistas
por Álvaro Carrión de Lezama

Una de las causas del repetido fracaso del comunismo y el socialismo (que no socialdemocracia) en sus aplicaciones prácticas es el desprecio del mercado como dinamizador de la economía, y suponer que una planificación centralizada va a solucionar todos los problemas de la sociedad.

Las demostraciones prácticas de que eso es claramente erróneo se han repetido una y otra vez. El Planificador no es omnipresente ni omniscente, no sabe con antelación cuales serán las necesidades de la población ni los recursos de los que va a disponer para satisfacerlas.

Como mucho puede decidir cuales, a su juicio, deben ser esas necesidades, y como deben colmarse, pero son tantas las variables a tener en cuenta para todas y cada una de las casuísticas posibles que eso está destinado al fracaso.

La clave es la información, y la información en tiempo real. Eso lo da el mercado actuando libremente, siendo uno de los mejores indicadores la formación de los precios. Un precio no se pone de forma rígida por el vendedor y se asume de forma igualmente sumisa por el comprador. Que a día de hoy nos encontremos la mayoría de los productos con los precios marcados, y parezca que los tiempos del regateo quedaron muy atrás no debe engañarnos.

En el mercado actúa el mecanismo de subasta, raramente mediante el regateo directo, pero el comprador siempre busca entre las diversas alternativas, ya sean marcas o comercios, el precio que considere que se ajusta al valor que le da a la mercancía, independientemente del costo que haya supuesto para el vendedor. El vendedor, aunque haya fijado el precio, tampoco lo considera un absoluto, y juega con ofertas y descuentos como mecanismos para estimular la compra.

Obsérvese que el párrafo anterior he hablado de costo, precio y valor. Parecen lo mismo, pero pese a tener cierta relación, no dependen de las mismas variables. El costo es, propiamente, lo que cuesta poner una mercancía a disposición del comprador, el valor lo que estaría dispuesto a pagar el comprador por la mercancía en relación a sus apetencias y necesidades, y finalmente el precio el equilibrio entre costo y valor que tanto vendedor como comprador consideran justo para intercambiar la mercancía de manos.

Si añadimos al precio la demanda, la cadena de comercialización (desde la fabricación hasta la venta) dispondrá de una valiosísima información para decidir que y cuanto se debe producir.

Así, alta demanda y altos precios indican que se pueden producir más mercancías porque hay poca oferta y muchos compradores potenciales.

Alta demanda y bajos precios nos informan que el mercado está saturado y la producción es, como mínimo, suficiente.

Baja demanda y bajos precios nos informan que o bien la mercancía no tiene utilidad o su calidad es tan ínfima que nadie la quiere.

Baja demanda y altos precios nos informa que la utilidad de la mercancía es relativa, y que se puede suplir por otras de similares características, mayor oferta y mejor precio.

Toda esa información la obtiene el Planificador de forma poco fiable y con poca o ninguna inmediatez, son tantas las mercancías y necesidades a cubrir que cuando quiere poner en marcha la producción de las mismas lo hace de forma incompleta y con mucho retraso. Además, el Planificador marca unos plazos que no están en sincronía con las necesidades del comprador, y raramente llegará a colmarlas, por no hablar de que decisiones o prejuicios de tipo ético, ideológico y hasta estético considerarán que es el consumidor, pese a la demanda, está equivocado y por tanto no se producirán y menos aún distribuirán según que tipo de mercancías.

Pese a las ensoñaciones que Edward Bellamy nos trasladó en EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA, o el ideal de la Federación Unida de Planetas de, Star Trek donde ha desaparecido, el dinero como traductor de valor a precio sigue siendo insustituible, y ni los regímenes más colectivistas han podido prescindir de él, de modo que también tienen que poner precio a las mercancías. Y la falta de información hizo que en la Rusia Soviética tuvieran tales problemas para hacerlo que recurrieron a quien si tenía: el catálogo de Sears.

Los chinos han sido mucho más listos y ya olvidados los experimentos del maoismo, saben perfectamente qué producir y a qué precios: a los que demande el mercado occidental. Parece lo mismo, pero no. En el caso de los soviéticos únicamente replicaron precios despreciando el mecanismo que los establecía, en el caso de los chinos han replicado paulatinamente el sistema productivo y de mercado en su sociedad. Por supuesto, con sus matices y sin perder el control milimétrico sobre sus ciudadanos. Hasta ahí podríamos llegar.

Pero no toda la esperanza está perdida para la izquierda marxista. Lo que parecía un fracaso manifiesto tras la caída del Muro de Berlín revive gracias la tecnología (paradójicamente surgida desde el capitalismo más salvaje) que provee las herramientas necesarias para controlar y modelizar la economía, y no solo la economía, ya no de un país, sino a nivel mundial,.

MULTIVAC viene en ayuda del Planificador. Quien le iba a decir a Asimov que tras huir con sus padres de la Rusia soviética iba a inventar el aparato que daría al comunismo las herramientas para triunfar.

Como hemos visto, el problema de centralizar los medios de producción y decisión y no tener un mercado, es que no hay información fresca respecto a que producir, en que cantidad y para que lugares. Sin embargo, en estos tiempos de Internet, el Big Data, el comercio electrónico y las redes sociales ha dado un vuelco a la situación y la atomización de la información es tal que se pueden conocer al momento las necesidades de consumo de la ciudadanía y predecir con bastante exactitud cuales serán las tendencias de ese consumo. Al segundo.

Ahora Google, Amazon, Aliexpress, Facebook, hasta Mercadona y El Corte Inglés, tienen datos muy precisos de que, donde y a cuánto quieren las mercancías sus clientes, de modo que se puede organizar al milímetros que se fabrica, en que cantidad y en que calidades, y donde y cuando se debe distribuir y a que precios.

Lo que quizá nuestro MULTIVAC (cuántico, distribuido...) no sea capaz de solucionar por si mismo es la propia dinámica de la creatividad y la necesidad humana de diferenciarse. Organizar una gran red logística para que todo el mundo tenga de todo a precios razonables es factible, de hecho vivimos inmersos en ella, pero las dinámicas sociales van más allá de un plato de lentejas a diario y un abrigo para el invierno.

Amazon surgió de la hibridación de la vieja venta por catálogo con las posibilidades que las redes ofrecían. Jeff Bezos, con todas sus necesidades cubiertas y con los escrúpulos ideológicos del Planificador diciéndole lo que era bueno para él, no hubiera tenido la necesidad, ni probablemente la posibilidad, de empezar a vender libros por Internet.

MULTIVAC nos haría a todos más iguales (algunos más que otros, no lo olviden) pero sospecho que de alguna forma dejaría la sociedad paralizada en un punto del que sería difícil salir. MULTIVAC podrá ordenar la fabricación de paraguas verdes cuando detecte que son demandados, pero no sería capaz de inventarse a si mismo porque a nadie se le ocurriría buscar un ordenador cuántico distribuido en Amazon. Por no hablar de que MULTIVAC es el resultado de una cadena de innovaciones que van desde las tablillas sumerias pasando por el ábaco, las ideas de Babbage y Ada Lovelace, los experimentos de Faraday, y las patentes de Edison, a la vorágine de invenciones y descubrimientos del siglo XX.

Si, MULTIVAC nos gobernará, pero nos dejará congelados en el tiempo.


Notas

Si, se podría hablar largo y tendido sobre el tema, es obvio que hay infinidad de matices en todo lo que voy a comentar, así que supongamos la vaca esférica para no alargarme más de lo que aconseja este espacio.

No deja de ser una descripción general (recordemos, la vaca esférica), y en algunos casos puede parecer que la demanda se desacopla del precio, como en los artículos de lujo, aunque ahí entra otra variable, el deseo (mi tesssorooo) de corte más psicológico que utilitarista.

Aunque esto es confuso, en la serie y películas hay referencias tanto a la desaparición del dinero como al uso de créditos.

Al parecer, tras el advenimiento del marginalismo y las críticas al primer volumen (1867), el propio Marx no parecía muy convencido de estar en el buen camino y no llegó a terminar EL CAPITAL, procastinando hasta que, tras su muerte (1883), Engels reunió sus notas y completó los dos siguientes (1885 y 1894).

O eso decía Fukuyama. ¡Ja!

© Álvaro Carrión de Lezama
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