Sobran las palabras
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace no mucho el autor Stephen R. Donaldson anunció orgullosamente que había terminado su última novela.

Se trata de la tercera parte de la trilogía The Great God´s War, de la que ya había publicado SEVENTH DECIMATE y THE WAR WITHIN, la primera de poco más de 300 páginas y la segunda de casi el doble.

Con esta última se le ha ido un poco la mano: 1100 páginas y 283.000 palabras.

El editor, desde mi punto de vista con buen criterio, le dijo que o recortaba al menos un tercio de eso o no se lo publicaba. Por supuesto, Donaldson se indignó todo lo que se puede indignar un autor al que se le obliga a mutilar a su niño. Sin duda, y sin entrar en vericuetos contractuales, tanto el escritor está en su derecho de escribir las novelas de la extensión que le de la gana como el editor de publicarlas, o no, según considere oportuno.

Sea como sea, lo que siempre me ha sorprendido es la existencia de novelas de tal extensión. No conozco en profundidad los arcanos de las políticas editoriales que han fomentado tal exhuberancia, pero si que mis apetencias como lector, entre otras muchas cosas, no permiten que un único autor me robe más tiempo del que tenga la deferencia de dedicarle.

Extenderse en un solo libro de esa manera solo puede comprenderse desde tres puntos de vista: la incapacidad del autor para la síntesis; un ego infinito que le hace suponer que merece que el lector le dedique más tiempo que a otros autores; o el simple aburrimiento, que le impele a sumergirse en una única historia hasta que, de nuevo, el aburrimiento le obliga a dejarla.

Por lo demás, éste tipo de libros acaban adquiriendo generalmente una estructura muy similar, no tratándose de una única novela siguiendo los pasos del protagonista principal, sino varias historias diferenciadas, cada una con su propio argumento y protagonistas, más un puñado de estampas anecdóticas de un interés desigual. Finalmente, todas acaban por converger con más o menos coherencia.

Se dan casos, por supuesto, en la que vemos que efectivamente se trata de una única historia extendida largamente en el tiempo o contada con una minuciosidad extrema, pero no suele ser lo habitual. Lo más querido por los escritores son las historias convergentes y finalmente fusionadas. De hecho hay libros que se pueden leer prescindiendo de alguna de sus partes sin que la comprensión final sufra demasiado, o directamente nada. Así lo hice con EL FIN DEL MUNDO Y UN DESPIADADO PAÍS DE LAS MARAVILLAS, de Haruki Murakami, saltándome los pasajes de EL FIN DEL MUNDO, y no por ello fui menos feliz.

Otra variante del tocho es la trilogía, en la que el autor, astutamente, divide su libro en ¡tres! Desde EL SEÑOR DE LOS ANILLOS han estado muy de moda tanto en el fantástico como en la ciencia-ficción, y si el universo que ha creado el autor ha sido exitoso, la aventura se extiende en forma de n-logía, con sus correspondientes precuelas y secuelas.

Durante un tiempo tanto los tochos como las n-logías interminables (desde los tiempos de los folletones, en realidad) han estado de moda, hay quien prefiere sumergirse durante largo tiempo en la lectura de una única aventura, eso tampoco es extraño, y tanto autores como editores detectaron esa tendencia y ofrecieron productos del tamaño adecuado, aumentando cada vez más la extensión de los libros. Gracias a la colaboración de Juan José Parera, administrador de Terminus-Trantor y bibliotecario de La Tercera Fundación, he podido constatar esa tendencia que ya percibía de forma intuitiva.

En una consulta realizada contra la base de datos de Términus-Trantor a partir de 1980, contando solo ediciones en papel, y descartando bolsilibros y novelas cortas, aunque incluyendo ediciones ómnibus, el incremento paulatino es evidente, 255 páginas de media en 1981, subiendo poco a poco a 316 páginas en 1991, se mantiene en 2001 con 314 páginas, y alcanza el pico en 2011 con 386, para volver a descender a partir de entonces hasta las 281 páginas de media en 2020.

Ver datos de la consulta

Sin duda, no deja de ser una estadística orientativa y poco homogénea. No es lo mismo una edición en rústica en tipo 8 arañando los márgenes, que ediciones de lujo en letra capitular y márgenes enormes. Sería más fiable conocer el número de palabras, pero es una información que raras veces se conoce, aunque no sería imposible hacer una aproximación a tantas palabras por línea y a tantas líneas por página. Quizá alguien, en alguna tesis doctoral o uno de esos infinitos papers que se publican casi a diario, haya hecho algún estudio al respecto. Si tengo tiempo y ganas, lo buscaré.

El editor de Donaldson, más versado en estos temas, habrá detectado que los libros interminables ya no están alineados con los usos y costumbres de los nuevos lectores (y muchos de los antiguos). Internet y el mundo digital nos ha hecho cambiar nuestra relación con ellos, y ante el bombardeo de textos ultracortos la impaciencia se ha hecho hueco, y un volumen de 1100 páginas no parece ajustarse a esas tendencias.

Estamos en una época en la que se demandan textos no excesivamente largos, con historias precisas, autoconclusivas, que no se extiendan tanto en el tiempo, o bien no lo pierdan en descripciones prolijas y exquisitas.

Durante gran parte del siglo XX la literatura se dividió de forma bastante equilibrada entre la novela de extensión media, entre las 200 a 400 páginas, y la llamada literatura popular, esos bolislibros de apenas 100 páginas, más alguna novela de gran extensión que generalmente era mirada con cierto recelo, y solo se publicaba porque el editor había visto un gran potencial en ella o bien el autor era una estrella consagrada que se podía permitir el lujo de hacer un poco lo que le viniera en gana, siempre bajo la brida del editor, y si no ver el caso de APOCALIPSIS, de Stephen King.

Como indican las cifras, parece que los tiempos están cambiando.

Desde mi punto de vista, por supuesto, para mejor.


Notas

En palabras del propio autor: https://www.stephenrdonaldson.com/fromtheauthor/news.php

© Francisco José Súñer Iglesias
(12 palabras) Créditos