Especial Vigesimocuarto Aniversario, 6
El último héroe
por Armando Parva

Pasamos por una época en la que se pretende deconstruirlo todo, desmontarlo en sus piezas más pequeñas, eliminar las que sobran y volver a montarlo al gusto del ingeniero de turno desechando elementos que han funcionado durante milenios.

Es una lástima porque muchas de esas piezas que sobran son los viejos valores sobre los que se ha construido la sociedad en la que nos hemos desarrollado, y que por mor de no se sabe muy bien que modas sociológicas e ideológicas han sido calificadas como tóxicas.

Por fortuna, siempre surge un último héroe que retoma todos esos valores y los vuelve a poner donde nunca deben moverse: dominante pero lógico, agresivo pero prudente, valiente pero analítico, orgulloso pero inteligente, directo, dinámico...

Como un soplo de aire fresco, y si tenemos en cuenta la vorágine deconstructiva en la que está inmersa la empresa, la Disney nos ha ofrecido a Mando, el mandaloriano, un remedo galáctico de Clint Eastwood en los tiempos en los que estaba a las órdenes de Sergio Leone.

Mando es el típico misántropo al que le gusta trabajar solo y rehúye, en lo posible, el contacto humano. En parte la filosofía de su pueblo, los mandalorianos, así lo exige, el aislamiento que implícitamente les impone la prohibición de mostrar su rostro ha quedado interiorizado. No obstante, la intimidad que reclama para si no es óbice para que vaya demostrando capítulo a capítulo su empatía, su lealtad, y su ética. Cuando descubre cual es la naturaleza de su encargo, e intuye sus implicaciones, no duda en alterar el signo de su misión. Por supuesto, eso disgusta al cliente y atrae las iras de los Imperiales.

Tenemos pues a un individuo marginal que, pese a todo, ha sido capaz de ser un visionario y de forma enérgica hace aflorar la formación ética que le han inculcado sus mayores. Recordemos que se gana la vida como cazarecompensas despiadado, sin dejar por ello de profesar una lealtad a toda prueba hacia los suyos.

Mando se deja guiar por esa ética y juzga como innobles las intenciones de sus patronos, no le importa por tanto romper un contrato que le parece perverso. Eso implica que las dificultades y peligros se acumulen a su alrededor, y para salir de ellas no desprecia ninguna ayuda que se le cruce por el camino.

Supera así sus miedos: odia a los androides y duda sobre la conveniencia de la compañía de IG-11, pero acaba tolerándolo por una simple cuestión de practicidad. Su temperamento solitario le hace desconfiar de Cara Dune, pero cuando conoce sus capacidades no duda en dejarse acompañar por ella en su aventura. Incluso perdona a Greef Karga, su agente, por haberle hecho un encargo tan despreciable, algo de lo que Greef, una vez puesto al día, es también consciente uniéndose a él en la causa común.

Finalmente, el silencioso y solitario Mando se ha convertido en un líder, uno de esos héroes arquetípicos, honestos, fuertes, templados, capaces de enfrentarse a situaciones injustas que precisan actuar con contundencia.

Hay otra cuestión que no hay que desdeñar: si exceptuamos a los tristes habituales, la serie ha sido mayoritariamente celebrada. La razón es simple: se ensalzan valores claros y sólidos, nada de múltiples facetas que distorsionan innecesariamente la visión de un mundo ya de por si complejo. Se recurre a lo esencial, a conceptos que no cambian en milenios, servían hace dos mil años y servirán dentro de diez mil: fuerza y honor.

Mando es, en definitiva, el último héroe, nuestro último héroe, quien quiera ver en ello toxicidad solo puede hacerlo desde un prisma retorcido y delirante.

Esperemos que no sea realmente el último.


Notas

Algo que incluso viene originado por meras cuestiones técnicas: https://www.youtube.com/watch?v=FOxUAMuBtMM

© Armando Parva
(625 palabras) Créditos
Armando Parva es colaborador habitual del Sitio