Especial Vigesimocuarto Aniversario, 2
Big Gun
por Antonio Santos

La persecución del individualista

El estudio de la función histórica del héroe, estampa del individualista, muestra que debe presentar un ejemplo. También brindar esperanza. Ilusión. El héroe surge de conflictivos momentos complicados, durante la opresión sobre todo. Idealiza al ser humano (masculino, femenino) e insta a mejorar, al tiempo que su aura semidivina le hace inalcanzable. Empero ahora toca analizar su futuro.

Por lo común, un héroe no es un sujeto vestido con más/menos colorido. O uniforme bizarro. Es un cachas, o tiene una inteligencia superior que le permite resolver dificultades obteniendo éxito, justicia, la esperanza de un prometedor Mañana-Mañana. En la realidad, es alguien (macho o hembra) a quien repentina crisis saca de sí lo mejor, siendo más valeroso, generoso, facilita esa esperanza de la que andamos todos escasos ahora. Una persona vulgar a la que destaca la irregularidad.

Sin embargo, tratamos lo grandioso y fantabuloso. Los Flash Gordon o Mad Max, John Carter o Snake Plissken. Gente que sabemos no existe (o no así) aunque sacian algo de nuestro interior ceñido al primitivo estímulo de la adoración a un ser superior, forjador de todas las cosas, terrenales o celestiales, con apetitos más/menos carnales (estilo ZEUS).

El ancho mundo actual padece la revolución feminista (designan). Está trastocando el culto al mito. Coloniza todos los ámbitos del ocio. Donde quizás más se palpe es el cine. Censura a los culturistas robotizados o que blandieron espadas atlántidas por mor de pretendidas conductas que sólo bullen en la pútrida mente de unos pocos que, por desgracia, encontraron un poderoso altavoz y un légamo de seguidores desnortados que les corean... hambrientos de un ideal, un líder, héroe. Gente sin amor propio real.

Aprecio que el cínico iconoclasta individualista Plissken, perseguido por un absolutismo ultraconservador, ahora desaparecerá por orden de ¡una fuerza progresista intolerante! ¿Causa? Resuelve cosas a su manera. Tiene ideales o principios incorruptibles los cuales sabe son correctos. No persigue poder, gloria. Sólo que las cosas se hagan bien. A su modo. Su brújula moral no sufre variaciones. Apunta adonde debe, siempre.

Plissken, paradigma a voleo, no comparte. No es diverso. No está por el conglomerado de las orientaciones sexuales. Es un tío, hecho y derecho, que sabe cuándo decir, como Judge Dredd, aquí acaba la tontería. Es ficción que se nutre de esos principios. Nosotros lo sabemos. Cumple un factor de catarsis.

Mas parece que lo ignora el cine actual (ejemplo del ocio en general). Está no por contentar, distraer, o hacer función social moralizante. Hollywood se ha convertido en una adoctrinadora máquina misándrica, como Johnny Deep puede constatar. Legiones de peleles eunucos la lubrican con su fanatismo. ¿Resultado? Carreras arruinadas. Vidas perjudicadas por una injusticia más. Es la era del FemeMcCarthysmo.

Amamos esos héroes íntegros/de una pieza, irreductibles (como el terco Dredd) porque afrontan las adversidades que nos doblegan manteniéndose firmes. Su brújula apunta adonde debe. La nuestra, por desgracia, varía, aplastada por cúmulos de circunstancias o complejos que nos niegan hasta preguntarnos: ¿Qué haría Riddick ahora?.

Los tíos duros, a lo John Wayne, que resuelven cosas, son despreciados hoy. Les designan machistas misóginos de repelente paradigma. Los ametralla una hueste de liberales de limusina desde sus rosáceos despachos para mostrar adhesión con causas que, en su interior, abominan. Todo, no obstante, por miedo a ser acribillados...

Por el bando rosa la cosa no va mejor. Las Ripley o Beatrix Kiddo, ejemplares per se, mutan a misándricas desesperadas por cumplir el dogma. Destrozan las películas donde salen (confirma la Trilogía Patética); guerreras que, cuanto más hacen, es imitar abominados patrones masculinos. Ves el engaño. La parodia. La estafa. Ni son femeninas. Sino algo de exiguas curvas (no sea caigan en lo de la cosificación) disparando un arma de quince kilos y brutal retroceso que siega, como Rambo, arrozales infestados de sanguijuelas que no se pegan a su piel.

Habrá atléticas capaces de hacer esa proeza. Mas, como pasa con el hombre, ni son tantas ni tan dedicadas. ¿Qué tenemos, pues? Copia del exterminador masculino. No algo genuino (Ripley).

Porque, caveat lector, quien ve a Ángelina Jolié de Lara Croft no analiza su emulación de Indiana Jones, sino que la tía rebosa erotismo por doquier; ella lo sabe, posee esa atracción magnética, una sexualidad castrante incluso, y la explota a su favor.

Una Lara Croft neumática, destinada a mujeres, ¿qué mensaje manda? ¿El del empoderamiento femenino de marras, o colma sáficas fantasías? Debe verse así. El cine se llena de varones que quieren ver una tía buena prieta en látex por impulsos naturales. Por ocio. Punto. Dudo esa imagen convenza a la mujer convencional.

Si todo es cine misándrico (porque el feminismo murió), ¿quién irá a las salas? ¿Cuántas escuálidas copiando a Joe Hallenbeck diciendo sandeces antimasculinas sexistas como las voceado por la estrafalaria gurú Oprah Winfried puede soportar Hollywood estrenar antes de quebrar?

Persiguen al (masculino) héroe íntegro en virtud a su resistencia. Su no venderse a las modas o mariconadas de turno. El mundo diverso de los niños con faldita (pronto oiremos que es actitud machista que el hombre lleve pantalones) que están diseñando en laboratorios progresistas de ingeniería social paritaria no puede dejar sueltos sujetos íntegros por ahí, porque miedo a su fortaleza anímica... la cual envidian en secreto.

El último cabronazo ha sido Riddick. No ha habido nadie más. Hasta su franquicia de los coches supersónicos cede espacio a un protagonismo femenino rampante que, de no mediar esa sórdida política, nos hubiera sido tan natural como aceptable.

El misandrismo emasculador incuba al héroe-junco. Sin criterio, credo, consistencia. Voluble en su sexualidad. Hoy dirá lo que mañana desdecirá. Su fortaleza consiste en agradar, no defender valores necesarios para proteger la Sociedad.

Bonnie Tyler preguntó dónde estaba el héroe de manos de Hércules; afirmó Tina Turner que no necesitábamos otro héroe. Ha acertado. Más: no es que no lo necesitemos; ¡no se quieren! Incitan valores (mérito, esfuerzo, familia, patria, honradez) incompatibles con una Sociedad-junco obsesionada con las etiquetas progresistas. Les permite, al aplicarlas, excluir más deprisa, sin remordimientos, a los contracorriente. Los infatigables. Los intocables individualistas que se mantienen like a rock en sus trece, dixit Bob Seger.

© Antonio Santos
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Antonio Santos es escritor e ilustrador y mantiene el blog Una historia de la frontera